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sábado, 14 de agosto de 2010

Sindicatos

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

En México, más de 75% del presupuesto del Gobierno federal se destina a gasto corriente, es decir, al pago de sueldos y prestaciones unos tres millones de burócratas. En cálculos conservadores se estima que en todo el país, incluyendo a los servidores públicos de ayuntamientos y entidades federativas, más los de las universidades públicas, el universo es cercano a cinco millones de personas que gozan de prestaciones muy superiores a las de cualquier mexicano que se desempeñe en una empresa privada.
Con la ventaja adicional de que, con base en los contratos colectivos de trabajo y sus “conquistas” sindicales, se jubilan 15 años antes que la generalidad, de manera que con el incremento en la esperanza de vida, entre todos los mexicanos que cumplimos con el fisco, pagamos sus pensiones durante más tiempo.
Las cantidades y las cifras son espeluznantes, además de que, en realidad, no podemos saber exactamente cuánto se destina a la burocracia o cuánto se va en su sostenimiento ni el monto de los costos por su ineficiencia.
Tampoco podemos saber cuánto reciben las cúpulas sindicales de Pemex, IMSS, ISSSTE, FTSE, SNTE y CFE, los sindicatos más grandes, vía cuotas sindicales porque resulta que es información ¡privada! según la segunda sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, a pesar de que esas cuotas, que se les descuentan a los trabajadores quién sabe para qué, se cubren con recursos públicos. El presupuesto destinado al pago de pensiones de burócratas en 2010 es superior a 306 mil 500 millones de pesos, cuando en 2004, hace apenas seis años, era de 117 mil millones de pesos.
La reforma laboral y la definición de límites a las cúpulas sindicales son dos asuntos pendientes que, equivocadamente, muchos creímos que a partir del cambio del año 2000 serían atendidos.
En las administraciones de Vicente Fox y de Felipe Calderón, ha privado la inacción con respecto a las mafias sindicales seguro con la idea de que “lo arregle el que sigue”.
Esto no se puede demorar más. Por obra y gracia de las dirigencias sindicales de Pemex, SNTE, IMSS y anexos, la inversión pública se ha visto mermada de manera drástica, es decir, no hay presupuesto que alcance en la Federación, ni en los estados y mucho menos en los municipios; gracias a ellas también, propuestas rimbombantes como la Alianza por la Calidad Educativa, son, hoy por hoy, letra muerta.
Urge que esto cambie. El Gobierno federal está concentrado en la lucha contra el crimen, que es importante, pero hay muchas otras cosas que lo son. La forma en que operan los sindicatos de empresas paraestatales es una; la ausencia de políticas públicas para los jóvenes y para aprovechar el bono demográfico es otra; la pobreza extrema, una más; las deficiencias en el sistema educativo, otra. Ya basta de actitudes timoratas, convenencieras y comodinas, México y los mexicanos no lo merecemos.
Columna de opinión publicada en El Informador el sábado 14 de agosto de 2010.

domingo, 9 de mayo de 2010

Tempestades

Ciudad adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

La crisis económica no cede, la educación pública es un desastre, la violencia es rampante, la pobreza extrema avanza y la inacción de la clase política adquiere visos de perennidad, es decir, de continuidad incesable.
Y, en este contexto, mientras nos enteramos de los niveles de drogadicción y alcoholismo ahora además en niños, jóvenes y mujeres; mientras conocemos los datos de la mortalidad materna en Jalisco (la más alta del país); mientras continuamos testificando la opulencia de la clase política y tantas y tantas malas y pésimas noticias, nosotros nos vamos de “puente” y el secretario de Educación, Alonso Lujambio, convoca a los mexicanos a compartir o por lo menos a leer, las historias de la Revolución contadas por las familias.
Podría convocar, para variar, a que los mexicanos contemos nuestras historias actuales, las urgencias cotidianas, los abusos del poder, la falta de respuestas de los mal llamados servidores públicos, la falta de trabajo y de dinero, las decepciones de un día sí y otro también de la clase política por sus viajes dizque de trabajo, sus vacaciones, sus sueldos, sus prestaciones y su escaso y poco efectivo trabajo, tan escaso y tan ineficiente que no pinta, mucho menos alimenta la esperanza.
Hay un viejo dicho conocido por todos sin duda alguna que aplica a la perfección: “estás viendo la tempestad y no te hincas”. La verdad yo no sé, por más que le doy vueltas y vueltas al asunto, a qué se atiene la clase política que no modifica ni un ápice esa conducta reprobable que la sociedad rechaza de muchas formas.
Después del “puente” larguísimo e inesperado, que hasta donde yo sé nadie de la sociedad pidió o exigió, siguen los días de asueto en las escuelas: el 10 de mayo porque las maestras también son mamás o tienen mamá y el viernes 14 porque el 15, que es el Día del Maestro, cae en sábado y pues no es igual, hay que tomar un día hábil para que se sienta y con goce de sueldo por supuesto y la consabida y sempiterna negociación de su incremento salarial y en prestaciones.
¡Qué bien! Síganle… Porque tampoco sé de maestros que estén pidiendo y pidiendo esos descansos, de hecho, sé que a muchos les molesta porque se rompe el ritmo en la enseñanza y aplicación de los programas; son esas decisiones de las dirigencias sindicales con las que creen que tienen contento al magisterio, claro que los alumnos y mucho menos los padres de familia somos importantes o siquiera considerados, ya no se diga la realidad del país y la tragedia de la educación en México.
No entiendo y no veo por dónde, no atino siquiera a especular qué es lo que pasa con nuestra clase política en Guadalajara, en Jalisco, en los demás Estados, en México; en qué país viven o qué.
Mientras tanto, la tempestad se multiplica y arrecia.

Crónica sincrónica

México: un tiempo nuevo     Laura Castro Golarte     El aguacero estaba a punto. Amenazó todo el día y los charcos en las esqu...