sábado, 23 de septiembre de 2017

La independencia de Hidalgo



Ciudad Adentro 

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Sólo hasta hace unos pocos lustros se incrementaron las discusiones en torno a si los movimientos revolucionarios del siglo XIX en Hispanoamérica tuvieron un origen de independencia entendida como separación de España, o fueron de autonomía para, de este lado del Atlántico, quedar a salvo de la invasión napoleónica.
Para algunos, la polémica es ociosa y se consideran temas de sobra abordados y estudiados como para volver a ellos; sin embargo, los trabajos revisionistas que han surgido en los últimos años, producto de nuevas visiones, nuevos marcos teórico-metodológicos y acceso a archivos otrora restringidos, están arrojando información que nos puede conducir a repensar nuestro pasado en otros términos mucho más favorables para nuestra autoestima como nación que los que han prevalecido como resultado de una historia maniquea, manipulada y manipuladora.
Claro que estos trabajos recientes en realidad no tienen una amplia difusión como deberían pero es cuestión de buscar en librerías, bibliotecas, internet y hasta en los puestos de periódicos y revistas para tener un panorama no sólo más amplio sino más cercano y preciso. ¿A dónde voy? Efectivamente, el movimiento que inició Miguel Hidalgo no tenía el propósito de separarse de España, sin embargo, dado el manejo del concepto de independencia en la época, fue fácil acomodarlo a conveniencia por los gobiernos que buscaban legitimidad y sobre todo, marcar una clara distancia con respecto a la dependencia de España. Esto por un lado, y por otro, el conocimiento de estos hechos no le resta mérito ni grandeza a quien consideramos Padre de la Patria, particularmente si tomamos en cuenta el alto contenido social de su movimiento, su relación con el pueblo y, entre otras decisiones de vanguardia para la época, la abolición de la esclavitud en diciembre de 1810 aquí en Guadalajara.

Foto: El Informador.

Miguel Hidalgo sí gritó “mueran los gachupines” pero también “viva Fernando VII”. Hace poco compartí una serie de artículos sobre lo mal que nos han enseñado la historia, pero así como creo que la pobreza en México se mantiene deliberadamente, así lo creo también con respecto a la educación en general y a la enseñanza de la historia en particular; es como si desde el poder se impidiera que tengamos acceso a la historia que da cuenta de nuestra grandeza.
La independencia por la que proclamaba Hidalgo sí tenía que ver con separarse de las autoridades virreinales por varias razones, entre otras, el desdén de los españoles peninsulares a la disposición de los criollos de navegar hacia la Metrópoli para defender al rey, es decir, despreciaron la voluntad de entregar la vida por el monarca si era preciso; y la resistencia a otorgar representación a los criollos en las juntas que se crearon en el reino para gobernarse mientras Fernando VII estuviera preso y España bajo el dominio de los franceses.
El descubrimiento de la conspiración de Querétaro detonó los preparativos de levantamiento y entre el 15 y el 16 de Septiembre en Dolores, el cura Hidalgo tomó las riendas de un movimiento que durante 10 largos años se transformó y transitó de pretensiones autonomistas a claras intenciones separatistas más o menos hacia la mitad del periodo ya con Morelos a la cabeza.
Varios historiadores sostienen que en México no había conciencia de nación al iniciar el movimiento porque no era de independencia; que surgió hasta que se enfrentó a los estadunidenses como extranjeros invasores; sin embargo, los agravios a la población desde la administración virreinal (léase reformas borbónicas) se habían acumulado por décadas y afectaban los intereses creados en estas tierras; las ofensas europeas de mediados y fines del XVIII habían despertado y alentado el patriotismo criollo y cuando la crisis de 1808 los gachupines, considerados advenedizos desde siempre (durante la Colonia), se convirtieron en enemigos percibidos ya extranjeros. El surgimiento de la conciencia de nación fue temprano, incluso antes de la consumación, y saber esto hoy puede favorecer que nos revaloremos y dejemos atrás complejos y el peso de una historia negativa que esa sí desde el poder se preocupan y ocupan por difundir.
Más allá de festejos y algarabías que no están mal, hoy puede ser ocasión para volver sobre nuestros pasos y reencontrarnos con nuestro pasado de grandeza, con esa independencia por la que luchó Hidalgo aun sin llamarla así, para hacer valer derechos y detener abusos.



Columna publicada en El Informador el sábado 16 de Septiembre de 2017.

Salarios y razones

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Ahora resulta que la discusión de los bajos salarios en México dentro de las negociaciones del TLC es un asunto de soberanía y que ni Estados Unidos ni Canadá, independientemente de sus razones, explícitas o no, auténticas o no, pueden meterse ni opinar porque México no lo hace. Aquí sí les preocupa la soberanía y no en otras áreas como la energética y la alimenticia por mencionar sólo dos (muy importantes siempre, en crisis ahora, particularmente la energética, dicho sea de paso).
Según Gerardo Gutiérrez Candiani, empresario y ahora funcionario responsable de las Zonas Económicas Especiales, México no puede ir más allá de su Constitución ni de sus leyes laborales en materia de salarios a propósito de las posturas de los socios del Norte; para Bosco de la Vega, presidente del Consejo Nacional Agropecuario, los negociadores estadounidenses y canadienses se están inmiscuyendo en temas que sólo competen a México. Por supuesto, la línea viene de arriba: Ildefonso Guajardo, secretario de Economía, ya dijo que ese punto no forma parte de las negociaciones porque es política interna.
El martes concluyó la segunda ronda y realmente no hubo novedades con respecto a la cuestión laboral, nada que haya  salido a la luz pública porque, es cierto y lo sabemos por el presidente del Consejo Coordinador Empresarial, muchos asuntos se están manejando en secreto, hasta ofreció disculpas a la sociedad por esa “secrecía”: es-que-las-cosas-así-tienen-que-ser- y bla bla bla.
No puede ni debe ser un tema de política interna en el marco de un tratado comercial trilateral en este caso y las razones de los representantes de Estados Unidos y Canadá son una muestra clara de ello, nos gusten o no las motivaciones de cada parte; en ambos casos la vinculación con cuestiones comerciales, de competitividad y productividad es indiscutible.
Estados Unidos insiste en una revisión de los salarios en México porque, afirma, nuestro país tiene más competitividad por esa vía y su intención es reducirla; es una amenaza para los empleos en la Unión Americana, de manera que anuncia que presionará para que se incrementen los ingresos de los trabajadores mexicanos. Las razones de esta postura son que las empresas estadounidenses se queden en su país. Los salarios en México, nada más para tenerlo presente (digo, por si acaso no estábamos enterados o no nos habíamos dado cuenta en este país de sueños y fantasías en el que vivimos), son de los más bajos en el mundo.
El argumento del Gobierno mexicano, además del riesgo de atentar contra nuestra soberanía por supuesto, es que nuestro país perdería competitividad y en este punto es en el que quiero destacar las declaraciones del líder del sindicato más importantes de ese país, Jerry Dias, quien no es negociador pero sí alguien muy cercano a Justin Trudeau, el primer ministro canadiense.
Claro que la difusión de sus consideraciones es escasa. Cuando las leí por primera vez me nació un “gracias” desde el fondo de mi corazón, porque con esa afirmación de que México deliberadamente mantiene a su población en la pobreza confirmé lo que, por otras razones, he señalado varias veces en este espacio: Jerry Dias sostiene que es deliberado para que (con otras palabras claro) el gobierno mexicano grite a los cuatro vientos que genera miles y miles de empleos. De pésima calidad y para mantener a toda costa una competitividad que va en detrimento de la calidad de vida de los mexicanos (yo he dicho que, además, para tener a quién comprar votos fácilmente, pobreza y mala educación intencionales).
El líder sindical de Canadá también dijo que los salarios tan bajos en México favorecen la pobreza y no la productividad (¿están oyendo?), su argumento coincide con la postura estadounidense (ejemplificó con este dato: México tiene 8 % del mercado automotriz y 45 % de los empleos del sector, pero los trabajadores de esa industria ganan nueve veces menos que lo que ganan empleados por un trabajo igual en EEUU y Canadá) pero aparte fue capaz de decir sin ambages que no tiene con quién hablar en México porque los sindicatos son débiles, sin legitimidad y trabajan a la par del gobierno, no de sus representados; y que esta política laboral de México no tiene sentido y es indignante.

Esto es cierto pero en nuestro país, ni por los empresarios ni por el gobierno es posible hablar de un incremento salarial sustancial (el de la CTM dijo que era “un sueño guajiro”) porque se desgarran las vestiduras. No quieren aceptar que mejoraría la calidad de vida de la población y que se reactivaría el mercado interno: estas deberían ser las razones en México y de paso mejoraría la relación con los socios comerciales. A ver qué pasa en la tercera ronda, esto no termina aún.

Columna publicada en El Informador el sábado 9 de septiembre de 2017.

sábado, 2 de septiembre de 2017

Buenas, malas y peores

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Esta semana fue muy intensa y ojalá las repercusiones, los efectos y las consecuencias, para bien o para mal, se sostengan hasta que lo bueno adquiera carta de residencia y lo malo  y lo peor se acabe o se castigue o se corrija. Rara vez es así. Por lo general, la vida de los acontecimientos en México y el mundo es proporcional al tiempo y los espacios que ocupan en los medios de comunicación y ahora en las redes sociales.
Deseo que las repercusiones de la Ley Kumamoto cundan y persistan, que sea ejemplo. Es un primer gran éxito de un joven y su equipo que han apostado no sólo por llevar adelante iniciativas y temas opuestos a las agendas de los partidos, sino por la participación ciudadana; y no quitan el dedo del renglón.
No hay manera de desdeñar los requerimientos de Pedro Kumamoto (a través de redes sociales  y de todos los medios posibles para hacernos participar) quien además forma parte del grupo que recién convocó a #LaOcupación, otro ejercicio alentador y que, yo creo, marca tendencia con respecto a la forma en la que las generaciones que vienen empujando fuerte, se enfrentarán a la clase política, desde el gobierno o desde la sociedad civil, para hacerla trabajar.
Es fundamental sumarse a estas iniciativas y creo que no será muy difícil convencer dados los resultados, con todo y que llegaron al órgano máximo en materia de justicia, la Suprema Corte: siete de once ministros declararon como constitucional la ley conocida más popularmente como #SinVotoNoHayDinero y que representa en términos llanos y prácticos, un ahorro superior a los 550 millones de pesos.


Este es un ejemplo, el del triunfo parlamentario de Kumamoto por un lado y, por otro, el de su humildad y sencillez, dos características que lo acercan a la gente y por las que la gente se acerca a él; lejos de perder apoyo, lo gana. Esta conducta debería ser emulada por otros, por los viejos y anquilosados, muy difícilmente; pero por los “nuevos” aun cuando provengan de los partidos corruptos, con  mayor razón. Lamentablemente no es así y, como se dice en el rancho, la cabra siempre tira al monte. Me refiero específicamente a Enrique Alfaro aun cuando corro el riesgo de ser juzgada y condenada de inmediato. Los niveles de intolerancia para quien manifiesta una opinión distinta a lo que se hace en Guadalajara son altísimos: soberbia vil y vulgar, aires de grandeza y estas ideas autoritarias (ya parece enfermedad de políticos) de que la gente votó por ellos (Emilio González dixit) y saben cómo hacerlo (Ernesto Zedillo dixit).
La ratificación de mandato, en los términos que se dio, resulta increíble. Un efecto positivo sería actuar como si la mayoría de tapatíos hubiera votado por el NO, pero por lo general se actúa en términos de “sobradismo” y prepotencia. Qué lástima. Se pierden las oportunidades y los beneficios de la duda se agotan, se dilapidan.
Y las perores, por un lado, los spots presidenciales que son, otra vez, una burla para todos los mexicanos. Una actriz y activista, Karina Gidi, lo expresó perfecto en su columna “Luces ciudadanas” que se difunde a través de redes; persiste la simulación, la negligencia y la negación de los problemas más dolorosos de México.
Y el asesinato de un joven de 17 años de edad que a mi aún me tiene consternada. Fue para robarle el celular; y el muchacho, quien era un estudiante ejemplar y vivía gracias a becas y otros apoyos, defendió su posesión con la vida. ¿Cuándo va a parar? ¿Cómo o cuándo cambiará el orden de cosas? Y mientras en las calles la inseguridad campea, los políticos se disfrazan de demócratas tratan de justificar sus malas decisiones y sus omisiones; presumen que son progresistas, pero si hay oposición ciudadana la intolerancia —reitero— es inconmensurable, desproporcionada y feroz, el juicio inmediato; y la oposición política real aprovecha y lleva agua a su molino. Unos y otros celebran los errores de unos y otros porque significan posibilidades de ganar las próximas elecciones y seguir viviendo, por nada (salvo Kumamoto), del erario público. ¿Y nosotros qué? No servimos más que de parapeto y somos buenos como paganos de todo, de sus carreras políticas, de su corrupción, de sus ineficiencias y aires de grandeza… la clase política mexicana corrupta, hipócrita y manipuladora nos tiene sumidos en una crisis sin precedente. Y luego nos dicen que nosotros tenemos la culpa, encima de todo tenemos que cargar con eso, cuando la participación ciudadana se desdeña y el activismo se criminaliza; cuando voces activas, conscientes, críticas y constantes son desoídas y acalladas.
Más peores que buenas, pero algo es algo y, como Kumamoto, hay que insistir.

Columna publicada en El Informador el sábado 2 de septiembre de 2017.



sábado, 26 de agosto de 2017

Ratificación y lecciones

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Para analistas inmersos en el círculo rojo de la política y del poder; para los mismos poderosos de diferentes partidos, particularmente quienes serán expuestos el día de mañana a la evaluación de la ciudadanía (bueno, de una parte) y los opositores, quizá sea fácil y cómodo hacer cálculos, estimaciones y aventuren escenarios con respecto a los resultados del proceso de ratificación que tendrá lugar este domingo en la zona metropolitana de Guadalajara.
En Tlaquepaque, Tlajomulco, Zapopan y Guadalajara se someterá a consideración de la ciudadanía si se ratifica o no en sus mandatos, a los presidentes municipales luego de que el 11 de julio pasado se hiciera la solicitud correspondiente, en el caso de Guadalajara, en un acto especial en la Plaza de la Liberación, lo recuerdo sobre todo porque, casualmente, pasaba por ahí. Protocolario a más no poder, pero en fin, parece que eso viene en los paquetes de toma de posesión de todos los niveles y órdenes de gobierno, del partido que sea.
Fácil y cómodo porque además se dispone de información privilegiada; de la que se tiene certeza para bien o para mal o datos factibles que conducen a curarse en salud y bueno, ahí están las declaraciones tanto de la presidenta municipal de Tlaquepaque como de Enrique Alfaro, de Guadalajara, en el sentido de que cabe la posibilidad de que los opositores (léase PRI) —y estoy parafraseando— intervengan en el ejercicio y no la ciudadanía, para la que está pensado y diseñado este mecanismo de participación ciudadana (bueno, y para los medios de comunicación y las redes sociales).
Para los ciudadanos, los enterados e interesados en participar y votar por la ratificación o no de los primeros ediles de estos cuatro municipios, el resultado del ejercicio es (y así debería ser) incierto.
Será interesante sin duda conocer cómo transcurre la consulta el día de mañana: quiénes asisten, cuántos, si hay interferencias, intentos de fraude, de alteración de resultados, de ciudadanos infiltrados a favor de una no ratificación; será interesante también estar atentos al manejo de la información, las denuncias que se hagan (si se hacen), los reportes que emita, por ejemplo, el Consejo Municipal de Participación Ciudadana. Esta entidad es particularmente interesante y de verdad, ojalá funcione como debe.
Se supone que consejos de esta naturaleza no deberían ser necesarios, no si el ejercicio del poder público no estuviera pervertido como está, hablando en términos generales, porque en realidad todo esto es por el daño que las clases políticas han hecho en la confianza y en la credibilidad de las personas.
Pero bueno, volviendo al Consejo, es la institución responsable de la planeación, organización, vigilancia, ejecución, conteo y dictaminación de la validez del proceso de ratificación; esto por lo que hace al ejercicio de mañana. Con relación a otras facultades, todas son muy importantes. Su función principal es nada menos y nada más que promover e implementar (es decir, aportar los espacios y la logística para que tenga lugar) el diálogo entre ciudadanos y autoridades “que propicie un auténtico esquema de gobernanza; en el que, por su carácter vinculante, las decisiones ciudadanas se conviertan en políticas públicas y la gestión y representación vecinal, se facilita”.

El ejercicio de mañana es importante sin duda alguna. Es inédito en una ciudad como Guadalajara y de este proceso de ratificación se desprenderán varias lecciones listas para ser aprendidas. Como es una evaluación, quizá tengamos noticias de por qué califican al primer munícipe de Guadalajara de una o de otra manera; por qué quieren que se quede o que se vaya; si todo fue correcto y transparente; si se motivó a la gente a participar; si es un teatro como tantos o un ejercicio auténtico y verdadero; si quedará en evidencia si se cuestiona o no la soberbia de los presidentes municipales en la toma de decisiones, en fin. A ver qué tanto será, al final del proceso, un ejercicio democrático, de vanguardia, auténtico y transparente… A ver.

Columna publicada en El Informador el sábado 26 de agosto de 2017.

Hasta parecen de verdad

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Si la lucha por el poder político en México tuviera como motivación el servicio público, la definición democrática y la puesta en marcha de un proyecto de nación emanado de nuestra historia, de nuestra realidad y de nuestras aspiraciones, consensuado y progresivo, seguramente no seríamos espectadores del teatro de las falsedades, de las vanidades y del ridículo como sucede justo hoy y ayer y seguramente, mañana.
Los tres grandes partidos que han llegado al poder y que han sido y son gobierno, son una muestra fehaciente de que lo que menos les importa, pese a los mandatos constitucionales, es operar como entidades de interés público y actuar en consecuencia. Los otros, hasta ahora, los que prácticamente no han sido gobierno (y me refiero al poder ejecutivo), sobreviven gracias a que se han colgado de los grandes para financiarse de recursos públicos y, obviamente, para los grandes son útiles; acuerdos no escritos de mutua conveniencia muy, pero muy alejada de lo que debería ser y de lo que en México se requiere.
Otro sería el escenario si los partidos y sus militantes funcionaran bajo la lógica del servicio, la de sacar al país adelante, la de superar rezagos, la de trabajar para recuperar el tiempo perdido en materia de salud, educación, vivienda, infraestructura, empleo; y también si los propósitos incluyeran el impulso de un proyecto de nación que tenga cabida para las mayorías. No es así, y lo sabemos.
Ahora somos testigos de un espectáculo que nos han impuesto gracias a la manipulación legal que ejercen derivada del monopolio del poder y todos los partidos, ninguno se salva, están enfrascados en las elecciones del año entrante con todos los cálculos, omisiones y decisiones que esto implica, todas por lo general en detrimento de la sociedad que los mantiene.
En las últimas semanas he escuchado cuestiones aparentemente tan simples como que se apresuren trámites este año porque en 2018 “todo mundo” estaré en campaña, tratando de acomodarse de un lado o de otro; de no perder el hueso o la plaza; pensando (y rogando) en elegir bien para no equivocarse, para no “moverse” porque si no, no salen en la foto; o para moverse si es lo que demanda la clase política de hoy, dependiendo de para dónde y con quién.
Estamos ya en la dinámica de cada seis años, se avecinan las elecciones “grandes”, las que incluyen la presidencial y en este circo también participan los proveedores electorales de cuanto material promocional. El negocio es redondo y las ganancias pingües para quienes “se ponen vivos” o para quienes tienen conocidos dentro del sistema político mexicano.
Creí muy tímidamente, de hecho fue un pensamiento en verdad precario, que quizá en esta ocasión podía ser diferente, pero no. Incluso me sorprenden muchos colegas que ya están  inmersos de plano en las adivinanzas políticas, en los cálculos, en el análisis electoral y electorero, que siguen líneas o no, pero que no hablan de otra cosa: que si la asamblea del PRI, que si la del PAN o la del PRD, estos grandes parapetos en los que hasta parecen de verdad, que hacen como que trabajan y cumplen con los mandatos constitucionales y estatutarios. ¿O a qué suena el siguiente objetivo: promover entre la militancia una participación plena, abierta y libre, así como una reflexión profunda sobre el proyecto de nación al que aspira el partido? Si no tuviéramos la experiencia que acumulamos en el modus operandi de los partidos en México, pensaríamos que ese es el instituto para votar por sus candidatos; un partido que toma en cuenta a su militancia de entrada ya va de gane; no se diga si además habla de participación plena, abierta ¡y libre! Y bueno, lo demás que el lector ya leyó. Seguramente con este objetivo cualquier partido se sentiría aludido. Ya sabemos que sus idearios y estatutos son perfectos, la cuestión es que a la hora de la práctica nada es cierto y de todos modos nos llevan al baile, de todos modos la corrupción campea, la descomposición de la clase política, la incongruencia entre decir y hacer; las promesas incumplidas y todo.

Si como sociedad civil no es posible, porque la frenan, emprender cambios reales y de fondo en nuestro sistema de gobierno ¿para que el teatro? Eso ya nadie lo cree, quizá ellos, que hasta parecen de verdad.

Columna publicada en El Informador el sábado 19 de agosto de 2017.

domingo, 13 de agosto de 2017

Fosas clandestinas

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

En agosto de 2015 escribí un artículo que titulé “Guerras” y lo encontré al buscar información relativa a aquel hallazgo de una fosa clandestina en San Fernando, Tamaulipas que, de hecho, fue en 2010. Lo leí de cabo a rabo y tranquilamente pude volverlo a publicar hoy como si apenas lo hubiera escrito ayer con base en noticias recientes.
¿Cuántos años llevamos con esta realidad de muertos y desaparecidos? ¿Con esta realidad de violencia descomunal e imparable? ¿Cuánto tiempo hace que hacemos la cuenta de homicidios, feminicidios, de víctimas inocentes, de falsos positivos, de muertos por balas perdidas, por secuestros, de fosas clandestinas? ¿Desde cuándo las estadísticas ahora nos sirven para comparar y conocer con precisión los datos de un sexenio y de otro, de un año a otro, sólo para constatar que esto aumenta y aumenta y aumenta?
En el sitio de Aristegui Noticias leí la columna de Jacobo Dayán, "Zonas y campos de exterminio en México". Él es especialista en Derechos Humanos y sostiene que el nivel de violencia en el país ha llegado a tales niveles y extremos, que la sociedad está anestesiada; en un no querer saber por el dolor que causa, por la impotencia. Afirma que los mexicanos han preferido no ver “esa violencia dura” que “en goteo permanente ha derramado tanta sangre […]”. 
Estoy de acuerdo con esto. En 2015 y seguramente antes escribí lo mismo que Dayán, con otras palabras: “Para muchos son noticias de nota roja y si es posible pasar la página, se pasa, la vida cotidiana es de por sí apremiante. No son buenas noticias, nos horrorizan, nos erizan la piel y se nos anegan los ojos. Cada vez hay más personas que tratan de alejarse de una realidad que no por eso se desvanece o desaparece. No basta con voltear para otro lado y todos son importantes, las víctimas y los testigos” (El Informador, 8 de agosto de 2015 o en este blog: "Guerras").
El punto es que esta exposición de hechos revela que nada ha cambiado, nada se ha corregido, nada ha mejorado, al contrario. Es peor ahora, porque además se perfeccionan las maneras, desde el poder, de distraer, de hacer parecer como que eso no es grave, que en otros países pasan cosas peores. Lo que tendría que hacer con el artículo de 2015 sería, dolorosamente, actualizarlo.
Hay una afirmación de Dayán con la que no coincido: que la sociedad ha aceptado esta realidad como el precio que hay que pagar por “acabar” con el crimen organizado.
No estoy de acuerdo, en primer lugar, porque considero que no se puede generalizar y porque, así como se juzga a las autoridades por minimizar y desdeñar estos hechos terribles de exterminio y de lesa humanidad como el mismo Dayán los califica (y también coincido) no se puede juzgar a toda la sociedad mexicana sometida a abusos, carencias, violencia, injusticias, pérdidas, pobreza, desempleo… de aceptar lo que sucede. Creo más en el predominio de la rabia y de la impotencia, creo más en que hay miedo, pero no una aceptación sumisa y resignada.
En todo lo demás estoy de acuerdo, particularmente en la actitud de la autoridad al respecto, del Gobierno federal de manera específica que se conduce como si no fuera gravísimo lo que pasa, minimiza y desdeña.
Hace poco más de un mes, activistas defensores de derechos humanos y académicos presentaron el informe: “Violencia y Terror. Hallazgos sobre fosas clandestinas en México” (nota). Los resultados son espeluznantes y reveladores de la inacción, de las omisiones del gobierno: en once años (entre 2007 y 2016) se han hallado mil 75 fosas clandestinas en 19 estados de la República con más de dos mil cuerpos. De las 19 entidades, las que encabezan la lista son Guerrero, Jalisco, Chihuahua, Coahuila y Tamaulipas en donde se concentra una de cada tres fosas de las localizadas en el territorio nacional. Jalisco, sí, en segundo lugar. 
Fosas clandestinas, seres humanos muertos, mexicanos y de otras nacionalidades, son datos de una realidad que nos aplasta, que no es trivial, ni normal. ¿Hasta cuándo el Gobierno federal y los locales enfrentarán esta situación para resolverla, para atenuarla por lo menos, para impedir que siga en aumento? Es real, es dolorosa y debe parar.

Columna publicada en El Informador el sábado 12 de agosto de 2017.

sábado, 5 de agosto de 2017

Alcalde: 225 años

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

El próximo lunes se cumplirán 225 años del fallecimiento de Antonio Alcalde, el fraile de la Calavera. Un hombre que llegó a la Guadalajara de Indias con 70 años de edad y una misión que cumplir en la que empleó los años que le quedaban de vida. Murió aquí, en estas tierras, en donde prevalece (no sólo como monumentos que por lo general son mudos sino como acciones que se repiten y se repiten desde entonces) su obra humanitaria y social.
El reconocimiento a Alcalde y su trabajo por nuestros antepasados ha sido intermitente, disparejo, inconstante y con diferentes niveles de intensidad. Es cierto, una de las avenidas principales de esta ciudad, que prácticamente cruza la urbe de norte a sur, lleva su nombre, pero es raro, muy raro, que alguien sepa que se llama así por el fraile dominico. Algunos piensan, y lo tengo comprobado, que se le puso ese nombre por la figura político-administrativa equiparable hoy (todavía) con la de edil o munícipe y cuando aclaro, la sorpresa es mayúscula porque ni siquiera saben quién fue y mucho menos qué hizo Alcalde.
El conocimiento del obispo y sus acciones se reduce a ámbitos religiosos, históricos, hospitalarios y escasamente de administración pública. Así de injusta es la vida y se debe, desde mi humilde opinión, a que con el cuento del mal entendido Estado laico que se debe fortalecer y promover, por supuesto, desde el poder (y ciertos partidos) se desdeña todo lo que “huela a sacristía”. Ahí falta inteligencia para saber distinguir.



Lo que se ha hecho por Alcalde en los últimos años para dar a conocer su vida y su obra a las nuevas generaciones se reduce a unas cuentas iniciativas de unos cuantos interesados y a estudios históricos pocos, muy pocos si pensamos en trabajos recientes.
Este año, al contrario, una especie de frenesí atacó a las más diversas instituciones tanto públicas como privadas, que se desviven por hacer reconocimientos, homenajes y sesiones solemnes en honor del fraile de la Calavera que este año, como decía, el próximo lunes 7 de agosto, cumplirá 225 años de muerto. Qué bueno.
Ojalá que el entusiasmo perdure más allá de la fecha porque no debería tratarse sólo de conmemorar, de recordar a alguien que fue bueno e importante para quienes habitaban esta ciudad antes que nosotros, hace dos siglos y medio; sino de profundizar en su obra, en su conducta, en su forma de resolver problemas, en su generosidad para aportar recursos de su peculio (en lugar de esquilmar como los políticos de ahora); en su espíritu de servicio; en su entrega a todas las causas posibles; en su interés por garantizar educación para niños y niñas; en su eficiencia para desatorar barreras burocráticas y en su visión clara y convencida de la urgencia, más que necesidad, de la operación de una universidad en la Nueva Galicia (a esas alturas, Intendencia de Guadalajara gracias a las reformas borbónicas).
La obediencia y la sumisión a la que su orden le obligaba no impidieron que no se conformara con el orden establecido, con las reglas del juego, con la dureza y frialdad de las reales disposiciones, con la burocracia virreinal y las rivalidades entre Guadalajara y la Ciudad de México. Insistió, no quitó el dedo del renglón y logró más de lo que nadie en tan sólo 20 años, en contraste con lo hecho en casi tres siglos de dominación a esas alturas de la historia.
Personalmente celebro que se reconozca a Alcalde en su justa dimensión, que su vida y su obra sean del conocimiento de estas y de las próximas generaciones no sólo de tapatíos y jaliscienses sino de todos los mexicanos; pero sobre todo deseo, que su ejemplo cunda en la clase política: Alcalde es ejemplo de honestidad y de servicio, de transparencia, de generosidad, de amor por el prójimo, de política bien ejercida, de gestiones en busca de beneficios y, específicamente, de obras de caridad, salud y educación a favor de las clases más desprotegidas y vulnerables.
Todo lo hizo en 20 años, los últimos de su vida, sin plantearse jamás que era mucho trabajo, sin salir de vacaciones, sin sueldo ni aguinaldo, ni bonos, ni relojes Rólex, ni vehículos costosísimos, ni viajes, ni seguros de gastos médicos mayores; sin guaruras, sin tráfico de influencias, ni prebendas ni corrupción alguna. Este es el ejemplo que debemos rescatar, honrar, repetir y exigir a quienes llamamos gobernantes.

Columna publicada en El Informador el sábado 5 de agosto de 2017.


domingo, 30 de julio de 2017

Falta de autenticidad

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Falta de autenticidad

Además de la corrupción, que no es poca cosa, la clase política adolece (*) de autenticidad. Ninguna decisión se toma con base en las necesidades de la población a la que se deben. Digo, no estoy descubriendo el hilo negro, pero si seguimos el rastro o la pista de sus manifiestos, informes, declaraciones y acciones varias, confirmaremos que nada, pero nada, se hace sin interés electorero. Dicho de otras formas: no dan paso sin huarache o se dedican a llevar agua a sus molinos.
Los ciudadanos estamos a expensas de que estas decisiones interesadas representen algún beneficio, pero también se corre el riesgo de que no y pasen a convertirse en claras y absolutas imposiciones dignas de gobiernos autoritarios, así, autoritarios, sin filtros ni disfraces.
Me veo en la necesidad de curarme en salud: estoy a favor del uso de las bicicletas y de todas las medidas que se tomen para inhibir el uso del automóvil y mejorar la movilidad en esta ciudad tan compleja. Mejorar la movilidad para mí significa agilidad, fluidez, menos contaminación, menos costos en todos los sentidos, menos desperdicio de tiempo, productividad… en suma, armonía social y urbana.
Hasta aquí bien. Lo que no me parece y lo he expresado desde hace años, es que se habiliten ciclopistas o ciclovías como si fuera lo único que se necesita, precisamente, para mejorar la vialidad. Lo peor de todo es que a pesar de las malas experiencias por las ciclovías en otros puntos de la ciudad como en Av. La Paz por ejemplo, se cometen los mismos o peores errores en la de Av. México.
Ambas vías eran fluidas y de las pocas que cubren amplios sectores de la urbe de oriente a poniente y viceversa. Av. México, entre Juan Palomar y López Mateos, funcionaba (tiempo pasado) como vía alterna en caso de accidente, obra pública, tormenta o cierre de la Minerva. Efectivamente, ya no. En la confluencia de las avenidas México y Terranova (poniente) se hace un mazacote con los semáforos y flechas que mínimo (y eso si no está lloviendo o hubo algún percance vial) hay que invertir media hora en un tramo de dos cuadras. ¿Y la ciclovía? Vacía.
Hace tiempo conversé con un promotor del uso de la bici y cuando le manifesté los problemas que generaba la ciclopista en Av. La Paz (ya saben, la supresión de un carril de cada lado del camellón, los bolardos y el estacionamiento a media vía), de inmediato me dijo que le quedaba claro que yo era una opositora. Ah, porque esta es otra cuestión: no se puede expresar un desacuerdo, con argumentos y con el ánimo de que la medida se mejore, porque del otro lado hay un cierre total de entendimiento y lo único que puede surgir de una actitud así es un juicio demoledor. Casi fui juzgada de antiprogresista y sólo faltó que me colgara alguna etiqueta partidista, bueno, de seguro lo hizo pero no me lo dijo. El individuo se enojó y prácticamente me retiró el habla. Así se las gastan en una reacción que lamentablemente cunde y que lejos de aportar limita… A ver cuándo aprenderemos.
Estas decisiones responden a una tendencia electorera a favor de la movilidad, pero se ha malentendido y se han desdeñado, reitero, los señalamientos que apuntan a hacerlo de una mejor manera. ¿Los resultados? Caos vial, pérdida de tiempo, costos, costos y más costos, más humor y lo que se acumule. Algo que podría ser bueno lo están haciendo mal. Ese tramo de Av. México, lo echaron a perder ya y con él, toda la zona de influencia que es transitada y extensa.
Otro ejemplo de la falta de autenticidad (son apenas dos botoncitos), es el tema de la escultura de José Fors. Me recuerda aquel mural que Alejandro Colunga no pintó en la Capilla Loreto porque en esta casa editorial se dio a conocer la imposición que se pretendía. Retomo las consideraciones del Dr. Roberto Castelán: es de celebrar que los gobiernos incluyan en sus políticas públicas el impulso del arte y los artistas, sobre todo en Jalisco con tanto talento y más, agrego, si la cuestión presupuestal está resuelta… Pero ¿por qué José Fors? ¿Por qué no otro? Es algo que ampliamente se podría someter a consulta. Se está manejando el asunto como una total y absoluta imposiciones, es decir, como emanada de un gobierno autoritario. La ciudad es de todos y el arte público pasas a formar parte del patrimonio de todos. Si Enrique Alfaro tuviera esto en cuenta, sus decisiones serían más auténticas y no nos recordarían tanto a los gobiernos que dice criticar y con respecto a los cuales quiere pintar una raya o poner distancia. Está a tiempo de rectificar. La carrera pretende ser larga.

Columna publicada en El Informador el sábado 29 de julio de 2017.




miércoles, 26 de julio de 2017

Derechos humanos

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)


En medio de un contexto verdaderamente complicado, como si el proceso no lo fuera por sí mismo, el tema que domina la escena pública en Jalisco en estos días es el relativo al nombramiento del próximo titular de la Comisión Estatal de Derechos Humanos en Jalisco. El asunto es polémico por varias razones pero sobre todo por los altos niveles de politización de que hacen gala todos los actores directamente involucrados. Es un sector de la población, activista, con conciencia social, que no se queda callado, que denuncia y expone y que, en pocas palabras, hace valer sus derechos.
Quienes participan como aspirantes a ocupar el cargo o como impulsores de los candidatos no sólo están perfectamente enterados de una materia compleja que requiere constante actualización sino que además casi todos pueden dar testimonio de lo que se ha hecho y los que no en la defensa de los derechos humanos en Jalisco y de cómo han sido los anteriores procesos para la renovación del ombudsman en el Estado.
Lamentablemente, como en otros organismos considerados ciudadanos o ciudadanizados, la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDHJ), sujeta a los vaivenes partidistas, de ser una institución de la que podíamos sentirnos orgullosos por el componente de vanguardia y ejemplo en el concierto nacional (como en su momento fueron el ITEI y el propio Consejo electoral de Jalisco hoy Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Jalisco) pasó a convertirse en una entidad secuestrada por cuotas e intereses de partidos políticos.

Fotografía: El Informador.

¿Habrá manera de mantener a salvo el proceso vigente de manera que quien resulte electo verdaderamente defienda los derechos humanos en Jalisco? ¿Será posible que quien llegue no responda a intereses de partido ni actúe siguiendo tendencias? ¿Será posible que el o la elegida trabaje de tal manera que el avance en la defensa de los derechos humanos sea una realidad medible y evaluable? ¿Que no nade de muertito mientras se alimenta generosamente de nuestros impuestos? ¿Podría alguien de los decisores ofrecer garantías a los ciudadanos de que la selección estará apegada a derecho, de que efectivamente se buscará y elegirá al mejor o a la mejor de entre todos los aspirantes? ¿Qué tenemos que hacer los ciudadanos de a pie para que esto suceda, para que el proceso no se vicie como el anterior y para que no pasemos otros cinco o diez años como si en Jalisco no existiera la figura defensora de los derechos humanos?
Académicos de varias universidades, tanto de la Universidad de Guadalajara como de varias de las privadas; y activistas defensores de derechos humanos especializados en distintas áreas han estado al pendiente del proceso, han opinado e impulsado ¿serán escuchados?
El tiempo es el perfecto para aprender de lo que ha sucedido en el pasado y, sobre todo, es una oportunidad para que la clase política se reivindique por lo menos en esta materia que es fundamental para la armonía y cohesión del tejido social tan violentado y maltrecho; una materia a la que se le dio importancia al principio (porque era tendencia) pero cuando los resultados implicaban el cuestionamiento severo y la exposición pública de los malos funcionarios públicos, motivaron que los mismos políticos que crearon la institución, la atacaran y debilitaran mediante la perversión de la estructura.
Esto tiene que cambiar. Y si bien todos hemos padecido la ausencia de una defensa real, profunda y auténtica de los derechos humanos en Jalisco, los activistas, los que tienen pruebas y registros, los que en muchos casos han sido víctimas del propio sistema, los que a pesar de amenazas han alzado la voz y se han manifestado en la lucha por defender los derechos de los más vulnerables, los que son los expertos, son los más indicados para vigilar que el proceso no sea infiltrado, ni alterado, ni pervertido, ni manipulado; y el juez por su casa empieza.
Estamos a unos días de que haya definiciones y los cuestionamientos contra el proceso, contra algunos de los aspirantes así como señalamientos de diversos conflictos de intereses, están a la orden del día.
Esta decisión reclama un cuidado extremo, una vigilancia puntual y una gran responsabilidad de todos los actores. Es difícil, pero debemos confiar en que, ahora sí, gracias a la presión de los activistas, Jalisco tendrá otra vez, después de 10 años, un auténtico, honesto, valiente e independiente defensor o defensora de los derechos humanos. No sólo es necesario, es urgente.

Columna publicada en El Informador el sábado 22 de julio de 2017.

sábado, 15 de julio de 2017

Romper patrones

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Desde hace varios meses, sobre todo a partir del nuevo conocimiento que he adquirido sobre nuestra historia, una idea me da vueltas en la cabeza y pienso que se puede aplicar prácticamente en todo: es urgente que como sociedad rompamos patrones. No sé, seguramente está en nuestra condición de seres humanos la proclividad a fabricar modelos y rutinas para apegarnos ciegamente en busca de algo de seguridad, independientemente de que sean viciosos o perniciosas. Es lo que aprendimos, es lo que hacemos y si no hay una fuerza externa que nos permita darnos cuenta, por lo menos estar conscientes, seguiremos así toda la vida.
Lo pienso ahora a partir de la ola de violencia en la zona metropolitana de Guadalajara, de las declaraciones y promesas de los funcionarios responsables en turno de que en un mes se reducirá la inseguridad (¿por qué hasta ahora? ¿por qué hasta que se llega a niveles extremos?) y de las cifras apenas dadas a conocer ayer en esta Casa editorial, de lo mal que andamos no sólo en la cantidad de policías por cada 300 mil habitantes según los estándares internacionales, sino en sus condiciones de trabajo empezando por el sueldo.
En esta materia que se viene planteando como problema, como pendiente en la agenda pública desde hace décadas, es fundamental y urgente que se rompan patrones. Imposible empezar de cero, aunque a veces, muchas veces, necesitamos pensar que lo utópico puede ser posible para salir por lo menos de rezagos y retrocesos.
Lo que se expone, una vez más, como problemas en las corporaciones policiacas del Estado y de los municipios es lo de siempre. Y se regresa al tema por la ola de violencia que las autoridades no tienen empacho en achacar al crimen organizado, a pleitos entre bandas, ajustes de cuentas y cuestiones por el estilo, como para justificar sus omisiones y sus ineficiencias.
Dicho así, el mensaje es que la autoridad es incapaz o no quiere combatir al crimen organizado; es como si aceptaran que así es y así será por siempre y para siempre y que no queda otra que convertirnos en espectadores impotentes y, peor, en víctimas.
Ahora, los responsables de la seguridad en Jalisco y en la zona metropolitana ¿no saben lo que pasa? ¿No se supone que se les paga para que elijan a los mejores elementos y por lo menos estén informados de la realidad en las calles? ¿O cómo es posible que a raíz de una ola de violencia —que no quieren reconocer por cierto ni del Estado ni de la ciudad de Guadalajara— se prometa que en un mes se reducirá la inseguridad? ¿Tiene que haber olas de violencia para que ellos se decidan a tomar medidas, para que se pongan a trabajar?
Tal vez lo único que quieren es pasar como sea tres o seis años en sus respectivos cargos, nadar de muertitos, echarle la culpa a otros, cosechar cheques en blanco y pedir por el beneficio de la duda, al cabo hay peores, y mantenerse en el poder confiados en eso, en que son tuertos en una tierra de ciegos.
Es lo que ha pasado con la clase política, a ninguno le conviene entrar a fondo (¿o será que no pueden? ¿que el sistema está tan pervertido, podrido y corrompido que no hay manera?) y se van acumulando rezagos hasta que empezamos a retroceder y nos arrastran por su ineficiencia y su corrupción, porque terminan bajando la guardia o de plano son cooptados por el mazacote de porquería que es el sistema político mexicano.
Ya nos habían prometido otros, hace años, que se combatiría la inseguridad. Hasta una guerra hubo contra el narcotráfico y el crimen organizado con miles de muertos y desaparecidos y se inició una escalada que persiste hasta estos días; y luego están los compromisos locales. ¿Y? ¿En dónde están los resultados? Mandos únicos, estrategias y programas rimbombantes; reformas van y vienen, alternancia, promesas y más promesas. ¿Y? En lugar de mejorar, empeoramos y la situación se consolida en su calidad de insostenible.

Urge romper patrones. Es claro que las formas y los modos que se repiten y repiten sexenio tras sexenio; trienio tras trienio, no están funcionando. Es preciso emprender una purga, una limpieza a fondo y empezar sobre nuevas bases ¿no estamos acaso entre las 20 naciones más poderosas del planeta? ¿No se supone que estar ahí quiere decir que somos un país mucho más rico que otros? Esto por el discursito de que no hay recursos para pagar mejor a los policías e inhibir con ello la corrupción. Conformarse, simular, ser omisos y negligentes en el ejercicio de gobierno, son patrones que se han reproducido a lo largo de décadas ¿quién dijo yo?

Columna publicada en El Informador el sábado 15 de julio de 2017.