sábado, 17 de junio de 2017

¿Normalidad democrática?

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

El Presidente de México desea el regreso a la “normalidad democrática” en Venezuela como si en nuestro país fuera una realidad. No lo es. Ojalá en México la normalidad democrática estuviera consolidada. No es así ni disponemos de elementos para considerar que por lo menos algo de democracia es cierto o es real, pero tampoco.
Luego de los comicios del 4 de junio, específicamente los del Estado de México, la certeza generalizada es que fue una elección de Estado y se ha dado cuenta puntual en diferentes medios y plataformas, desde el análisis periodístico y desde los damnificados electorales, de la gran variedad de trampas y de las formas, ni siquiera nuevas, con las que es posible consumar un fraude.
A dos semanas de la jornada, lo que parece que se reviste de normalidad es eso: las irregularidades, la compra de votos, los votos mal contados, las estrategias de división mediante la cooptación de candidatos y la profusión de partidos que se alían con el mejor postor; la pobreza y la mala educación deliberadas y, en suma, el tinglado que tiene montado el sistema en el país cuyo principal exponente o referente es, nada menos y nada más que el Estado de México, la sede de Atlacomulco, la entidad de donde son originarias varias familias de encumbrados políticos que han perfeccionado las formas del fraude al grado de que ahí, en el Edomex, hoy por hoy, la alternancia es desconocida.
Aunque no se trata de un proceso cerrado, todo indica que se confirmarán los resultados y dentro de unas semanas Alfredo del Mazo recibirá su constancia de mayoría. La legislación electoral del Estado de México varía un poco en comparación otras leyes, incluso la federal, porque no se entrega la constancia de mayoría al candidato ganador sino hasta que se agotan los recursos judiciales interpuestos por la oposición.
Uno de los partidos a los que le fue peor, sino es al que más, el PAN, con Josefina Vázquez Mota, anunció que impugnará la elección, a pesar de que ni con eso lograría un cambio significativo en los resultados; pero también la principal afectada, la candidata de Morena, Delfina Gómez, en segundo lugar por un dos por ciento escaso de diferencia con respecto al priista. En otros tiempos, un resultado así se conocía como empate técnico, y si las impugnaciones proceden, al hacer recuentos y/o anulaciones, se podrían tener sorpresas, pero es difícil, muy difícil tratándose del Estado de México. Ya veremos qué pasa.
El caso es y no puedo dejar de comentarlo, es que la realidad electoral en esa entidad todos la veíamos venir, se documentó puntualmente en redes sociales y fue comentario de opinólogos y analistas, sin embargo, a la hora que sucede lo que todos esperábamos, las reacciones son de resignación, de “sí, ya lo sabía”, “sí, se veía venir”, “sí, el PRI no iba a permitir lo contrario”… Y expresiones por el estilo.
La normalidad democrática, el concepto real, sin tergiversaciones, debería ser una aspiración de todos los ciudadanos, independientemente de los defectos y perversidades asociadas a los regímenes democráticos; pero en México, y esto es lo que no debemos ni podemos permitir, se está convirtiendo en la aceptación del fraude, como antes, mucho antes del IFE de Woldenberg y de la alternancia, cuando los mexicanos decían que el PRI ganaría sí o sí y por eso los niveles de abstención eran altísimos, cuando no existía incertidumbre sobre los resultados.
El partido en el poder es persistente. Evitará perderlo a costa de lo que sea siempre que pueda, pero los mexicanos no debemos tolerarlo, ni resignarnos, ni olvidar cómo violan las leyes y se manipula a las masas, reitero, convenientemente en la pobreza y sin acceso a una buena educación.
La que se ha dado en llamar elección de Estado como si nada, nos debería indignar, son hechos para reclamar, para impedir que se repitan, para exigir que se corrijan. No es normal que se compren votos y conciencias, es la mejor forma de anular la voluntad ciudadana.
La normalidad democrática quiere decir otra cosa: elecciones libres, competitivas y equitativas; incertidumbre electoral; independencia de los tres poderes y las mismas reglas para todos. Las elecciones del 4 de junio, las del Edomex sobre todo, no fueron así.


Columna publicada en El Informador el sábado 17 de junio de 2017.

Nos han enseñado mal la historia V

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Ahora sí, esta es la quinta y última parte. Es un texto que me sirvió también para hacer catarsis y que resume reflexiones con respecto a lo aprendido, algo de lo aprendido; y nuestra realidad ahora marcada por un contexto electoral que no es nuevo lamentablemente, de hecho, es peor. Me preocupa la naturalidad y resignación con la que algunas personas reconocen que en el Estado de México, fue una elección de Estado y se quedan tan campantes. Me escandaliza el descaro de la compra de votos y de la manipulación mediática; la única esperanza está agarrada de aquel espíritu público al que me he referido. Sigo y concluyo:
El sentimiento nacionalista, el espíritu público que nació con fuerza y dio vida a México, fue aplacado pronto, aplastado y desconocido; aunque no en el primer intento. Es tan fuerte que todavía resurge y atemoriza. Entonces vuelve a ser sometido por el desdén y la impotencia; muchas veces es reprimido con violencia y más frecuentemente de lo que quisiéramos muchos, es cooptado por quienes tienen poder para maicear, los caciques de feudos pequeños, medianos, grandes y extra-grandes que logran que talentos extraordinarios claudiquen y caigan en el juego de la deshonestidad y la desvergüenza. Lamentablemente, universidades públicas son un ejemplo.
Todavía hace unos pocos años, a fines del siglo XX, vinieron historiadores a decir que no tuvimos conciencia de nación sino hasta muy tarde. Que salvo las élites ilustradas, lo demás eran poblaciones en donde campeaba la inconsciencia. Ni sentido de nación, ni percepción de la extensión del territorio, ni orgullo, ni casta, ni espíritu público.
Nos han enseñado mal la historia.
Nos han contado relatos de héroes y villanos; la historia de una raza de bronce en realidad débil y sumisa y nos han dicho que por eso estamos así, que por eso todas las desgracias actuales las merecemos; que no exigimos lo suficiente; que nos conformamos con una despensa para votar por el peor; y que en esencia somos corruptos, que a las primeras de cambio sale de lo más profundo de nuestro ser el indio taimado y ladino que todos llevamos dentro. No es así.
Nos han enseñado mal la historia.
Con maestría y paciencia, nos han cortado con la misma tijera y todos los mexicanos de todos los tiempos quedamos reducidos a una masa ignorante, pobre, abusiva y abusada; una multitud que busca el “sueño americano”, que se solaza con la música de mal y peor gusto, que no lee y vota por el candidato “más guapo”. No somos así, no todos somos así, ni siquiera la mayoría.
Nos han contado mal la historia.
A estas alturas, con un programa bien diseñado de mala educación y pobreza extrema convenientemente mantenida; con televisoras que ofrecen producciones para la enajenación, la manipulación y la violencia, para fomentar la frustración y llenar este país de wannabes, la sociedad mexicana tiene hoy menos margen de maniobra y la clase en el poder se sirve con la cuchara grande.
Les ha funcionado enseñarnos mal la historia para actuar a sus anchas, para venerar al dios de la corrupción, honrar las bajezas, enorgullecerse por la falta de escrúpulos y por los abusos infringidos a una sociedad noble, trabajadora, aguantadora, leal, pacífica, sometida a través de la ignorancia y capaz de perder dignidad y orgullo para llevar de comer a sus hijos.
No siempre fue así. Urge ahora difundir esa parte de orgullo y decencia que priva en todos y que se ha manifestado a lo largo de nuestra historia, con irregularidad, inconstancia y diversidad en las intensidades sí, pero que puede ser el clavo ardiente que nos salve, el punto de reencuentro, recuperación, restitución, reconstrucción y auto-reconocimiento con la carga de identidad que incluye; volver a los tiempos cuando la dignidad y el honor eran costumbre (Elena Hernández dixit); aquellas épocas en las que salimos en defensa del objeto de nuestras lealtades porque creíamos en eso y éramos capaces de dar la vida por la patria, el territorio donde nacieron y crecieron los hijos y sus hijos y sus nietos, generaciones de mexicanos herederos de grandeza, sabiduría, honestidad, entereza, determinación, creatividad, ciencia, arte, intelecto, filosofía de vida, solidaridad, amor por la naturaleza, respeto por los ancestros…
Hay honor y orgullo en nuestra historia; dignidad y conciencia; cultura, raíces profundas y significativas. Alimento para el espíritu público y la unidad nacional.
Realmente Fernando VII nos hizo un gran favor al insistir en pacificar y reconquistar; también el autoritarismo y los abusos de José de Gálvez ayudaron y todos los que rechazaron lo americano: Buffon, Pauwn, Raynal y Robertson. Antes ellos, ahora Peña y todos los partidos y Trump… Es quizá nuestra forma de surgir de las cenizas. Sueño eso.

Columna publicada en El Informador el sábado 10 de junio de 2017.



domingo, 4 de junio de 2017

Nos han enseñado mal la historia IV

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Hoy presento la penúltima entrega del texto que da título a la columna. La afirmación no es de forma, sino de fondo; y realmente la forma no es la ideal, pero ese es otro tema. Esta idea de que nos han enseñado mal la historia surgió a raíz de la lectura y análisis de muchos libros y artículos, de fuentes primarias y descubrimientos que me han llevado a comprender cuestiones que nunca había entendido, que antes no había considerado; que desconocía; o las daba por buenas o de plano, no las advertí. Esta certeza me ha llevado a querer conocer más, a profundizar; ojalá, a partir de este texto, el lector sienta lo mismo, vale la pena.
Antes de dar pie a la cuarta parte del texto (creí que con cuatro bastaría pero no, habrá una quinta), simplemente quiero decir, y es un deseo, que ojalá los electores en el Estado de México sobre todo, pero también los de los demás estados en donde habrá elecciones, no voten con miedo, el miedo es la principal herramienta, la principal arma de las clases en el poder para someter a la población. Cuidado con eso.
Va la cuarta parte:
Todos los intentos fueron vanos e infructuosos (me refiero a los intentos de reconquista de Fernando VII), desgastantes, pero sirvieron para que en México surgiera, mucho antes de la amenaza e invasión estadounidense, una conciencia de nación sólida y convencida; lo que en la época se conocía como espíritu público, por el orgullo de ser mexicanos.
Después de consultar los periódicos y las hojas sueltas de la época, confirmo que los intentos de reconquista lograron la unidad nacional de los mexicanos por México, un efecto francamente perverso para Fernando VII. Y existía esa conciencia. Me referí al principio a un texto de Vicente Guerrero, cabe aquí incluir esos párrafos que me maravillaron (respeté la escritura de la época):
¡Mejicanos! debo deciros que el solo evento que nos faltaba para solidar nuestra independencia y dar estabilidad á las instituciones republicanas, era precisamente la irrupción de esos bandidos. Su ruina hará para siempre indestructible la libertad mejicana y el influjo incontrastable de esta deidad de los hombres, seguirá los restos fugitivos de los malvados hasta Cuba y Puertorico, cuyos naturales abatidos tendrán la oportunidad de levantar un brazo vengador contra sus implacables opresores.
Por lo que toca á nuestro país, primero se verá inundado en la heroica sangre de sus hijos que sujeto á la arbitrariedad de tan odiosos extranjeros. Los mejicanos estamos profundamente afectados por el oprobio de la esclavitud, para resignarnos á arrastrar sus detestables cadenas.
Nos han enseñado mal la historia. Mal, para que no tengamos conciencia de nuestra grandeza, de nuestra valentía, de nuestro valor.
Nos dicen flojos, transas y corruptos, ignorantes y acomplejados, que siempre estamos deseando ser como otros, tener una nacionalidad distinta, pertenecer a otro país. Nos han dicho que nuestra historia está plagada de traiciones y que las élites en el poder a lo largo de la historia sólo han querido eso: poder y dinero. Es tentador y hoy es cierto, pero no siempre ha sido así.
Nos han enseñado mal la historia.
Con vara en mano nos han inculcado el odio contra nosotros y contra los otros. Hemos aprendido a odiar. Y cuando estas ideas ficticias estaban ya bien arraigadas en la sique, vinieron los intelectuales y hasta uno que ganó después el Premio Nobel para decirnos que somos lo peor… Y lo hemos creído. De pronto nos atacan los sentimientos de culpa y hemos ido por la vida y por los siglos cargando remordimientos. Criticándonos y cuestionándonos como pueblo, como sociedad.
Deliberadamente nos han ocultado nuestra grandeza, nuestra fuerza, nuestro poder como pueblo creativo y trabajador, noble y alegre. Nos han dicho que tenemos el gobierno que merecemos y no es así; ni los gobernantes son reflejo de la sociedad.
Y nos han dividido. Entre indígenas y españoles, la gran masa de mestizos que somos no se reconcilia con las raíces, con las ramas primeras del gran árbol de la vida bajo cuya sombra somos, crecemos y pertenecemos; ni con los que agregaron genes, apellidos, costumbres, idiosincrasia y lengua.
Nos han enseñado mal la historia.
El sentimiento nacionalista, el espíritu público que nació con fuerza y dio vida a México, fue aplacado pronto, aplastado y desconocido; aunque no en el primer intento. Es tan fuerte que todavía resurge y atemoriza.
Nos han enseñado mal la historia.

Columna publicada en El Informador el sábado 3 de junio de 2017.

sábado, 27 de mayo de 2017

Nos han enseñado mal la historia III

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Nos han enseñado mal la historia III

Antes de dar pie a la tercera entrega quiero agradecer los correos que he recibido de varios lectores, creo que como nunca antes sobre ningún otro tema había recibido tanta retroalimentación. Con esto reconfirmo lo que para mí es una certeza desde hace años: hay conocimiento e interés generalizado por la Historia de México. Por mi parte puedo decir que es apasionante y no me cansaré de agradecer al periodismo que desde mis inicios, por allá en 1983, me acercó a historiadores fundamentales. Quién diría que mucho tiempo después terminaría atrapada por la historia, gracias por enseñarme a amarla: Alfonso de Alba, José María Muriá y Angélica Peregrina, y a través de ellos, Luis González y González, Miguel León Portilla y Enrique Florescano. Son muchos más considerando ahora a mis profesores y tutores, pero a ellos los mencionaré la próxima semana, historiadores, profesores de historia, maestros de maestros cuya labor poco es reconocida pero es grande y trascendente. Va la tercera parte:
Después de los Tratados de Córdova en donde se proponía una solución similar a la de Portugal y Brasil; y de alguna manera congruente con lo que había propuesto el Conde de Aranda y más tarde Lucas Alamán, diputado en las Cortes de Madrid, de que México, Perú y Tierra Firme fueran reinos con monarcas de la Casa de los Borbones (autónomos pero integrados al imperio español), tuvo lugar la primera noticia de la resistencia a perder los dominios en los que no se ponía el sol: la toma de San Juan de Ulúa por el último contingente de militares españoles a dos meses escasos de la entrada triunfal del Ejército Trigarante a la Ciudad de México. No fue fácil lograr que capitularan. Sucedió al cabo de cuatro años y decenas de presos y muertos, mercado negro y el deterioro del puerto de Veracruz, el más importante en el golfo. De noviembre de 1821 a noviembre de 1825 el fuerte de San Juan de Ulúa, un sitio estratégico en materia comercial y militar, estuvo en posesión del ejército español que recibía pertrechos y refuerzos desde La Habana; y casi al final del lapso, en 1824, circuló en México otra encíclica: Etsi iam diu. La emitió el sucesor de Pío VII, León XII, para pedir a obispos y arzobispos americanos que hablaran con la feligresía y lograran desterrar a herejes y revoltosos, que reconocieran al gran rey católico Fernando VII y todo volviera a la normalidad previa a 1808.
San Juan de Ulúa, siglo XIX. Fuente: Galería Manuel Doblado-INEHRM.
El rechazo fue brutal, se justificaba al papa pero no al rey. Empezó a considerarse la posibilidad de emitir una ley de expulsión de españoles, pero cuando las reacciones a la encíclica, en México se fraguaba la república federal y no precisamente en términos de paz y armonía. Las resistencias eran fuertes.
Falló la carta papal y aumentaron las conspiraciones, las reales y las imaginadas. Después de la capitulación de los españoles en San Juan de Ulúa, la desconfianza era grande y se llegó a proponer trabajar por la independencia de Cuba o por dominarla, para quitarle a España ese punto de apoyo. Por lo pronto, Guadalupe Victoria reforzó la presencia militar en Yucatán.
Sostiene Harold Sims, el autor de La Reconquista de México. La historia de los atentados españoles, 1821-1830, que un gran error que impidió que España reconociera pronto a México como país independiente, y que, por ende, el rey no cejara en sus intentos de  reconquista, fue la mala representación diplomática de México en Europa derivada de la lucha encarnizada entre yorkinos y escoceses o, lo que es lo mismo, entre liberales y conservadores o entre federalistas y centralistas.
Una conspiración efímera, aparentemente inocua y de un solo hombre, el padre Joaquín Arenas en 1827, fue la causa de que, por fin, se emitiera una ley de expulsión; de que las divisiones entre yorkinos y escoceses se acentuara (se acusaron mutuamente de la conspiración), lo mismo que el odio contra los gachupines, pero al mismo tiempo ofreció información a españoles expulsos e informantes del rey, de que las élites políticas en México estaban enfrentadas a muerte, literal, y que sería fácil recuperar “el reyno rebelde de la Nueva España”, los dominios más vastos e interesantes de las antiguas posesiones americanas.
Fue así que en 1829 se emprendió la última expedición de reconquista. Duró más o menos dos meses, terminó con las amenazas españolas, elevó por las nubes a Antonio López de Santa Anna y reconfirmó, una vez más, la determinación de México y los mexicanos por permanecer libres e independientes.


Columna publicada en El Informador el sábado 27 de mayo de 2017.

jueves, 25 de mayo de 2017

Nos han enseñado mal la historia II

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Continúo con la segunda parte del texto que anuncié desde el sábado pasado. El primer párrafo se refiere a algunas de las medidas contenidas en las reformas borbónicas que se aplicaron a rajatabla en las colonias españolas a mediados del siglo XVIII y que, estoy convencida, fueron una de las muchas causas de la independencia, décadas después. Va.
Alcabalas, reclutamiento de milicianos con lujo de violencia y represión contra los que se resistieran, la expulsión de los jesuitas y otras medidas contra la Iglesia católica y el desplazamiento de criollos de puestos en la burocracia virreinal para privilegiar a peninsulares, fueron cuatro de las principales decisiones reales que removieron las lealtades en América. Los intereses regionales eran fuertes. Patrimonios construidos y acrecentados, heredados por generaciones y generaciones en tres siglos, no eran poca cosa; no había lealtad real que pudiera prevalecer, mucho menos si era desdeñada, menospreciada.
Preso en Francia y en medio de una relación pésima con su padre (Carlos IV), Fernando VII regresó a España seis años después de la crisis de 1808 y, según las descripciones, estaba molesto por el rechazo de sus súbditos a Napoleón así que de un plumazo desconoció la Constitución de Cádiz, rechazó las corrientes liberales al punto del odio y reinstaló el absolutismo con la convicción de que seguía gozando del amor de sus vasallos; por eso también subestimó las revueltas en sus posesiones ultramarinas, una punta de provincias disidentes que volverían al redil. Se equivocó. Historiadores de la segunda mitad del siglo XIX lo juzgan con una dureza directamente proporcional al imperio que en 14 años dejó perder. Abyecto y traidor son algunos de los epítetos que le endilgan al que una vez fue el más deseado.

Fernando VII, autor: Viente López Portaña. Fuente: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.
Fernando VII le restó valor a los movimientos en sus dominios pero eso no quiere decir que no urdiera acciones para pacificar a las dos Américas, la meridional y la septentrional. A través de sus representantes diplomáticos en el Vaticano y en un marco europeo de alianzas a favor del absolutismo, consiguió primero una encíclica de Pío VII en 1816, a un año prácticamente de la ejecución de Morelos y de un estado de ánimo más bien deprimido y desalentado en casi todo el continente sobre el sueño que ya se acariciaba, de separarse de España. Los ejércitos realistas triunfaban y todo parecía indicar que sí, que las revueltas serían sofocadas.
Los acontecimientos siguieron otro derrotero. En contextos compartidos en diferentes puntos de la geografía, al mismo tiempo que se emitía y circulaba en América con atraso la encíclica de Pío VII, Etsi longgisimo terrarum y Fernando VII y las autoridades virreinales en Nueva España pensaban que todo volvía a la normalidad, Xavier Mina se embarcaba en una empresa que reavivaría la guerra, ahora sí de Independencia. Cuando tocó tierras mexicanas el panorama era desesperanzador, pero se removieron sueños que se creían dormidos y enterrados junto con el cadáver del Siervo de la Nación.
Mientras tanto, en España los liberales se negaban a morir y trabajaban con denuedo para que Fernando VII reconociera la Constitución de Cádiz. Lo lograron en 1820 e inició lo que se conoce como Trienio Liberal. Terminó con eso el Sexenio absolutista, aunque faltaba aún la Década ominosa. Es en estos tres momentos que en España tienen títulos tan precisos e identificables, que Fernando VII intenta reconquistar primero México y después el resto de sus posesiones. Estos propósitos, sin embargo, no hicieron más que reconfirmar la determinación de los mexicanos de mantenerse libres e independientes. Vicente Guerrero lo escribió así, con puntos y comas.
Durante el Trienio Liberal, para rematar, en México se consumó la Independencia y se pasó del imperio de Iturbide a la primera República federal. El odio contra los gachupines se había alimentado de manera intensiva y progresiva desde 1808: primero, los peninsulares rechazaron la participación de criollos en Europa contra la invasión francesa, cuando pocos años antes habían sido llevados a la fuerza; segundo: habían sido desplazados por españoles peninsulares en los principales puestos burocráticos del virreinato, incluso en el clero católico americano; tercero: los gachupines negaron una representación proporcional al número de habitantes y extensión territorial en las juntas y en las cortes y, cuarto (para no ser exhaustiva), la extracción de materias primas y caudales de lo que franca y abiertamente los Borbones consideraban colonia, contra los intereses de las élites americanas, había repercutido en una transformación del proceso que de autonomista pero monárquico, pasó a separatista, independiente y republicano.

Columna publicada en El Informador el sábado 20 de mayo de 2017.

sábado, 13 de mayo de 2017

Nos han enseñado mal la historia I

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

El rey Fernando VII empeñó lo que le quedaba de vida en su propósito de reconquistar la Nueva España, ese reyno rebelde que no había sido posible pacificar desde que revoltosos y sediciosos se rebelaron contra los gachupines en 1810. Como decía mi abuela, los criollos ya tenían el hígado lleno de piedritas y ese rechazo a la vida, tan cándida y auténticamente ofrecida para salvar al monarca de los herejes franceses, fue el colmo. La lealtad se desmoronó.
Los criollos habían soportado las desventajas de no ser ni indígenas ni peninsulares a lo largo de tres siglos; entre las concesiones y el proteccionismo de que “gozaban” los indios y los privilegios de los europeos, los criollos debían conformarse con las migajas y, además de todo, aguantar las ofensas que desde el Viejo Continente de manera cíclica se proferían contra todo lo que fuera americano.
No había pasado mucho tiempo desde que Buffon (1747),  Pauw (1768), Raynal (1770) y Robertson (1777) escribieron que todo lo americano era degenerado y estaba corrompido; que los seres humanos y hasta los animales eran inferiores a los europeos; débiles, menos valerosos, de inteligencia escasa, menor estatura, sin vello, degradados en todos los signos de virilidad, impotentes y cobardes y que la naturaleza era menos fértil. Así.
Con todo, hay que agradecerles, porque esas ofensas motivaron las más airadas, documentadas y extraordinarias defensas de lo americano y la reconfirmación del patriotismo criollo. Se elaboraron estudios e investigaciones que concluían, como otros antes, que las civilizaciones americanas eran de una grandeza sólo equiparable a la de las culturas egipcia y grecorromana.



De México, Francisco Xavier Clavigero (1780) no fue el único ni el primero, pero quizá sí el más notable y difundido. Su Historia Antigua de México, manuscrita en español e impresa en italiano en las postrimerías del siglo XVIII, durante el destierro al que fue obligado por Carlos III, está catalogada hoy como la obra precursora de la nacionalidad mexicana.
Antes del jesuita, incluso antes de que se publicara la Historia de América del escocés Robertson, Antonio Joaquín de Rivadeneira y Barrientos, inspirado en las ideas y convicciones de Juan de Palafox, preparó y leyó un documento conocido como la Representación de 1771, para defender a los criollos de los embates ejecutados por el visitador José de Gálvez quien cumplió más allá de al pie de la letra la aplicación de las reformas borbónicas.
La lista de agravios seguía en aumento, dolor y rencor acumulados por siglos hicieron explosión en un periodo corto, muy corto si nos situamos en una perspectiva de 300 años. Eran tiempos de por sí convulsos, confusos. A la guerra de Siete Años que perdió España le siguió la invasión napoleónica, mientras en América las nuevas disposiciones generaban las más airadas protestas, motines y revueltas, no nada más en la Nueva España, también en Perú con la revolución de Túpac Amaru convenientemente acallada y censurada en su momento. El horno no estaba para bollos. Resistencia e inconformidad cubrían todos los territorios hispanoamericanos.
Quiero compartir en este espacio un texto que preparé para mis clases de doctorado en Historia. Las reflexiones, después del conocimiento de aquella época, me remiten a esta. En historiografía eso se conoce como presentismo y no está mal, rechazar esa vertiente sería como aceptar que no soy de este mundo, ni de este país, ni de este tiempo. Los historiadores y, si me permiten (a riesgo de despertar polémica), los periodistas, somos seres históricos. Sé que Ryszard Kapuściński estaría de acuerdo. Así que, hasta aquí dejo la columna de hoy, pero no se la pierda porque a partir de ahora serán cuatro entregas en total, faltan tres. De entrada, lo invito a la reflexión que motiva esta afirmación: Nos han enseñado mal la historia. Y en general lo sabemos, y conocemos algún episodio o dos; algún que otro mito… Trato de ir un poco más allá. Sí creo que nos han enseñado mal la historia para que no tengamos conciencia de nuestra grandeza, de nuestra valentía, de nuestro valor.
No es un artículo, como por lo general lo hago, a propósito de alguna fecha emblemática, algún aniversario, son reflexiones a partir del conocimiento de nuestra historia de una forma mucho más profunda y ampliada. Surgió a raíz de darme cuenta de lo que nos han ocultado y tergiversado; y de cómo han usado (las clases políticas en México a lo largo del tiempo) a la historia para llevar agua a sus molinos.
La invitación es a leer sobre nuestra historia, de una postura y de otra, a quienes usan unas fuentes y otras; a los desconocidos, a muchos historiadores extranjeros que al escribir al margen de las dinámicas internas nos ofrecen información mucho más precisa y en muchos casos, más creíble. Por lo pronto, les recomiendo Orbe indiano de David Brading, pero ya. Y seguimos la próxima semana porque… nos han enseñado mal la historia.

Columna publicada en El Informador el sábado 13 de mayo de 2017.


Ya no es como antes

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Los sindicatos ya no son como antes, cuando con el pretexto de proteger los derechos de los trabajadores amenazaban con huelga o paro e inmediatamente sus demandas eran atendidas. Esto estaba tan bien calculado que llegó a ser una obra de teatro con miles y miles de representaciones, pero por lo menos alguna ganancia para la clase trabajadora había: algún incremento salarial, alguna prestación recuperada, nueva o renovada, algo, lo que fuera que hiciera sentir que aquellos líderes sí se preocupaban por sus representados. Pero ya no.
Esta semana asistí a la presentación de una obra en dos tomos, una gran empresa en verdad, del Dr. Francisco Javier Aguilar García: El Estado mexicano, crecimiento económico y agrupaciones sindicales: del Porfirismo al periodo neoliberal en el siglo XXI editado por la UNAM. De entrada, la obra es útil y valiosa por el recuento de sexenios y administraciones del último siglo, poquito más, porque nos puede auxiliar en la ubicación de fechas, momentos y decisiones que aún ahora nos afectan, como la creación del IMSS o del Infonavit o de la introducción de los modelos de outsourcing… por ejemplo. Nos puede ayudar a identificar quién hizo qué, es decir, qué decisiones, leyes y medidas en materia laboral aprobó Cárdenas del Río o Miguel Alemán o Salinas o Peña Nieto incluso, a quien el autor le dedica el epílogo.
Mil 460 páginas en las que Aguilar se metió a fondo a investigar la situación laboral en México, cómo ha evolucionado o retrocedido; si ha mutado y la realidad de los sindicatos. En la presentación que fue en el CUCSH Belenes, participaron cinco académicos de la Universidad de Guadalajara con comentarios a las diferentes partes del trabajo.
Uno de los presentadores, el Dr. Jaime Tamayo, sociólogo especialista en temas políticos y de movimientos sociales, resumió en cuatro palabras lo que ha sucedido con los sindicatos en México en el periodo que se aborda en el libro: confrontación-cooptación-integración-sometimiento. Es fuerte, pero así es o ¿qué sindicato hoy en día, ya sea de trabajadores hijos de vecino o de empleados al servicio del Estado, burócratas pues, defiende los intereses correspondientes? ¿Qué sindicato ha negociado mejores condiciones laborales para los trabajadores mexicanos, los más trabajadores del mundo y que ni así les alcanza para vivir con holgura, con las necesidades básicas totalmente resueltas incluyendo la recreación, el vestido, la vivienda y la educación todo de calidad? ¿Cuál, quién? Desde hace algunos años, del periodo cuando en la presentación se dijo que los sindicatos “habían sido atacados” (léase gobiernos panistas) a la fecha, no ha pasado nada extraordinario con relación a las condiciones laborales de los trabajadores mexicanos, a su favor claro está, porque en contra, baste mencionar el gasolinazo que diluyó ipso facto el aumento “histórico” y “sin precedente” que había sido autorizado para el salario mínimo.
No, ya no es como antes. En la presentación del libro que comento se habló de conservadurismo, liberalismo, capitalismo y neoliberalismo, una sucesión de modelos económicos a los que México se ha sumado sin chistar y que en esencia, como han señalado algunos, nos han llevado a una especie de neoporfirismo que privilegia hoy en día a los más poderosos y a los más ricos, en detrimento de los que menos tienen y pagan porque pagan impuestos y todo lo que hay que pagar, es decir, una realidad muy parecida a la de finales del siglo XIX y principios del XX marcada por una desigualdad cada vez más profunda y criminal.
Y al decir ya no es como antes me refiero a los inicios del sindicalismo en México, quizá podríamos llegar, forzando un poco, a la mitad del siglo XX, pero una vez que se encumbraron y enriquecieron los líderes sindicales, pues ya no. Y de eso tenemos varios ejemplos contemporáneos porque además resulta que son longevos: Fidel Velázquez (y ahora vemos que no era de los peores), Jongitud Barrios, Elba Esther Gordillo, Napoleón Gómez Urrutia y Carlos Romero Deschamps por mencionar a los de infausta memoria, vivos o fallecidos, fugados, asilados o encarcelados, pero sí, súper millonarios ellos y sus descendencias.
Al final de la presentación me quedó un saborcito amargo en la boca, muy desagradable: en realidad, salvo contadísimas y honrosas excepciones, los líderes sindicales y los gobiernos a los que se alían, han usado a los trabajadores como han querido, como carne de urna y/o como amenaza para obtener poder y privilegios personales.

Ya no es como antes… y eso que antes no era lo mejor.

Columna publicada en El Informador el sábado 6 de mayo de 2017.

sábado, 29 de abril de 2017

Tocar fondo

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Desde hace ya varios procesos electorales, tanto federales como locales, la ciudadanía ha manifestado su hartazgo con respecto al modus operandi de los partidos y políticos en campaña. En Jalisco, por ser una de las entidades con una especie de alternancia temprana, antes que en el gobierno federal, hemos estado por más tiempo expuestos al espectáculo de pacotilla de cada tres años.
Golpes bajos, guerra sucia, luchas en lodo —casi literal— exposición de intimidades, datos, videos y fotografías truqueadas o falseadas, descontextualizadas, acusaciones sin fundamento y otras con fundamento convenientemente reservadas para ventilarlas cuando se les puede sacar mayor provecho, siembra de dudas, trampas, “cuatros”, “chamaqueos” y cuanta marrullería se les ocurra elección tras elección, son reflejo del refinamiento que ha alcanzado la bajeza y la falta de escrúpulos en la clase política.
La degeneración cuestionada por la ciudadanía sigue inexorable y no se avizora en el corto plazo, mucho menos más allá, un cambio en las formas y los modos, al contrario. Vamos de mal en peor.
Este año no habrá elecciones en Jalisco, pero a través de los medios de comunicación también estamos expuestos y así todos los habitantes del país que ni siquiera cuando no hay comicios locales podemos descansar del basural que nos recetan los políticos mexicanos.
Más que las elecciones en Nayarit o en Coahuila que, dicho sea de paso, tienen lo suyo, el proceso del Estado de México es el que se lleva los reflectores, casi toda la atención, porque se supone que es el “laboratorio electoral” previo al proceso presidencial, en este caso, de 2018. Difiero de esa idea porque en el gobierno federal tenemos ejemplos de alternancia, desastrosa en ambos sexenios, pero alternancia al fin, y en el Estado de México, no.
¿Qué quieren decir con eso de laboratorio? Que quien gane en el Estado de México ganará la elección presidencial. Reitero mis dudas, sin embargo, creo que sí es un laboratorio de fraude y marrullería electoral, eso sí, sin duda. Es la entidad en donde se han perfeccionado las formas de fraude, específicamente la compra de votos.
No es raro si además de saber que se trata de una de las formas de fraude preferidas del PRI relacionamos el dato con el lugar que ocupa esa entidad en los niveles de pobreza: El Estado de México se ubica en las 15 entidades de la República con más pobreza en el país. Y esto, se supone, no debería ser así porque paradójicamente, es también uno de los estados que más aporta al PIB nacional: nada menos que el segundo lugar. Es cuando uno se convence de que el combate a la pobreza es sólo un conjunto de medidas paliativas pero no remediales, que no me digan por favor. Es conveniente para los políticos, del PRI en primer lugar, mantener a la gente en la pobreza y en la ignorancia, por eso también el fracaso de sus dizque reformas educativas.
Desde cuándo que en México se deberían registrar avances notables en la reducción de los niveles de pobreza con todos los programas sociales que se han emprendido por lo menos en los últimos treinta años y vamos de mal en peor también.
Y desde cuándo deberíamos avanzar en los estándares internacionales que miden la excelencia educativa y también vamos para atrás. Yo estoy convencida de que ambos rubros se manipulan con fines electorales y eso es criminal.
Bueno, pues además de estas herramientas que usa la clase política en México, está el chiquero en el que han convertido los procesos electorales. No les importan nuestras quejas, no les importa el enojo y el hartazgo ciudadano, mienten sin miramientos, no hay honor, ni dignidad, ni vergüenza, se enloda a los enemigos políticos aunque ello implique acabar con vidas y carreras y se manipula la aplicación de programas sociales, políticas públicas y la discusión y aprobación de leyes. El país se paraliza y en los funcionarios públicos priva el interés de quedar acomodado en el trienio o en el sexenio que viene.
Tenemos que romper con esto, no es posible. México no lo merece, no lo merecemos los ciudadanos que con nuestros impuestos mantenemos todo este tinglado, esta cloaca que no queremos y que no nos representa.

Urge que las prácticas político-electorales en México toquen fondo para purgar y empezar de nuevo.

Columna publicada en El Informador el sábado 29 de abril de 2017.

22 de Abril

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Veinticinco años se dice fácil sobre todo para quienes no alcanzaron a desarrollar una conciencia real y profunda de lo que pasó el 22 de abril de 1992 en Guadalajara. Las heridas, quizá cauterizadas, siguen abiertas, algunas supuran, muchas duelen, porque nadie en el Estado mexicano ha tenido la valentía de reconocer la negligencia criminal y pedir perdón. Y porque los damnificados no han sido resarcidos del todo.
Nunca es tarde para reconocer ni para enmendar. Las autoridades son otras, cierto, muy probablemente por eso las nuevas generaciones de políticos podridos y baratos no se sienten aludidos cuando se trata de cumplir con compromisos y promesas para los damnificados, pero les toca. ¿Qué no se dicen respetuosos de las leyes y del orden institucional? ¿No repiten, cada vez que pueden, la cantaleta de la urgencia de fortalecer y respetar a las instituciones?
Imagen de las explosiones del 22 de Abril en el Sector Reforma de Guadalajara. Fotografía: Desmesura.org
Una forma de hacerlo sería, de entrada, ser ejemplo. Hay un dicho muy viejo, muy sabio, muy trillado y poco atendido, que encaja aquí a la perfección: “el buen juez por su casa empieza”.
Aunque nunca lo reconoció, y es un secreto a voces, fue Pemex. Pagó indemnizaciones y luego se lavó las manos. Y las otras instituciones que por compromisos y promesas de los políticos en turno tenían programas de atención a las personas damnificadas, a veces cumplen, a veces no y siempre con displicencia, sin ganas, con desdén, como si estuvieran haciendo un favor.
Las dudas sobre el total de muertos persisten porque la cifra oficial de poco más de 200 no es creíble. Este también es un asunto pendiente, una cuenta que se tendría que saldar. Y no se diga la atención médica que la mayoría de los sobrevivientes requiere y para la que no tendrían que imponerse obstáculos ni regateos. Merecen todo sin restricciones, lo que pidan y aun así persistirían deudas por las pérdidas totales, de seres queridos, de la salud, del patrimonio, de la tranquilidad, de la seguridad.
No se valora exactamente lo que se perdió desde afuera, mucho menos si se trata del gobierno. Es su trabajo ponerse en el lugar de los otros para, con esa comprensión, ser atinados y precisos en las acciones y en las políticas públicas. Lamentablemente no tenemos políticos de esos, ni para atender a los afectados por las explosiones del 22 de Abril, ni a la ciudadanía en general.
Las explosiones del 22 de Abril, como alguna vez dijo Lilia Ruiz Chávez, una de las lideresas más persistentes y perseverantes de frente a la clase política, estuvieron politizadas desde un principio y aniversario tras aniversario, sobre todo si coincide con algún proceso electoral, los políticos están prestos, pagan porque los alquilen y ofrecen el cielo, la luna y las estrellas; pero si no hay elecciones en puerta, son omisos y prepotentes.
El testimonio de Lilia Ruiz, en una entrevista hace dos años con el periodista Alberto Osorio, es emblemático: Aristóteles Sandoval fue capaz de darle su número de celular para estar en contacto, y al principio sí, como ningún otro gobernador desde 1992, pero después ya no contestaba hasta que cambió de número y Lilia se quedó sin el dato para mantener el contacto directo. Ejemplo de político convenenciero y mediático, claro. Si en estos momentos no puede ya capitalizar su atención a los damnificados del 22 de Abril ¿entonces para qué? Así opera la clase política en general y es un abuso y una bajeza.
A 25 años de distancia no se han resarcido todos los daños, no se han hecho las correcciones posible en su totalidad, no se ha pedido perdón,  no se han dejado a un lado conveniencia e ineficiencia y a los damnificados, a la sociedad en pleno, por todo lo que significa, no se les ha respondido con honestidad y responsabilidad al cien por ciento como debería ser ante quien no tuvo culpa de nada.
Un cuarto de siglo, cinco lustros o como se quiera medir, las cuentas no se han saldado y se tendría que trascender el interés político-electoral para actuar sólo con la intención de otorgar y conceder lo más posible a quienes perdieron tanto  por obra y gracia de la corrupción.

Un abrazo solidario a los damnificados del 22 de Abril de 1992, a los afectados por las explosiones en el Sector Reforma, del Barrio de Analco y mis deseos de consuelo y fortaleza, a los que perdieron a sus familiares, padres, hijos, abuelos, hermanos, amigos y a los que sufrieron y padecen aún, el abandono de salud, estabilidad y justicia.

Columna publicada en El Informador el sábado 22 de abril de 2017.

Esperanzas

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Entre atentados terroristas y uso de armas poderosísimas que siembran y alimentan el miedo; entre los locos, poderosos y fanáticos que gobiernan el mundo; entre la estulticia y corrupción de la clase política mexicana, las amenazas del crimen organizado, la pobreza y las crisis de todo tipo que enfrentamos y que son reales, no un producto de nuestra imaginación, entre todo esto, que es grave y es fuerte, la vida se abre camino y aparentemente de la nada las manifestaciones sociales y populares son un reflejo de la vitalidad, de la bondad, de la solidaridad y de la fuerza ciudadanas.
Podría parecer poca cosa, sin embargo, creo que de las pequeñas cosas están hechas las más grandes y trascendentales. Me refiero a esta iniciativa particular y vecinal de organizar la Semana Santa en el Barrio de Analco de Guadalajara que se ha convertido en símbolo de unión, de voluntad y de solidaridad, más allá del contenido religioso y devocional, que no es menor.

Damas de negro en el inicio de la Procesión del Silencio y  Vía Dolorosa en el Barrio de Analco.
Fotografía: Laura Castro Golarte
El Barrio de Analco, con su bagaje histórico fundacional y patrimonial, pese a su antecedente como República de Indios, se ha desarrollado a lo largo de los años como un espacio relegado y supeditado al crecimiento y evolución de Guadalajara. Más aún, con esta división reflejo y legado perverso de tiempos y prejuicios, de la calzada para allá y de la calzada para acá, y su respectiva carga discriminatoria que lamentablemente y en muchos sentidos, persiste hasta nuestros días.
Este mismo Barrio de Analco es hoy escenario de un esfuerzo ciudadano al que se han tenido que sumar las autoridades tanto del Gobierno del Estado como de los ayuntamientos metropolitanos, específicamente Guadalajara y Zapopan, porque la idea surgió no sólo con el propósito de revivir una tradición religiosa añeja y fomentar fervor y devoción, sino con el de contribuir a la restitución y fortaleza del tejido social, por un lado; y, por otro, de lograr que Analco sea percibido por todos los tapatíos como un espacio propio, de una gran belleza colonial y profundas raíces históricas.
Con todo y la premura con la que se organizaron las actividades de la Semana Santa en Analco, todo el programa que concluirá mañana, por cierto, con una convivencia familiar en los jardines de San José y de San Sebastián de Analco, se ha desarrollado sin mayores contratiempos y con una participación alentadora, tanto de vecinos de la colonia como de habitantes de otros puntos de la zona metropolitana.
La idea fue de don René Rivial León, empresario de amplio reconocimiento por sus aportaciones a Guadalajara por su gran interés y amor a nuestra historia y nuestras tradiciones (él logró que la idea del Encuentro del Mariachi germinara y persiste desde hace más de 20 años), como él dice, cayó en terreno fértil porque, efectivamente, los vecinos de Analco la hicieron propia y hoy es una realidad.
Hay un antecedente que es importante reconocer: hace dos años aproximadamente, líderes vecinales y los presbíteros tanto de San Sebastián como de San José, iniciaron con un esfuerzo que rinde frutos y se titula “Renovando el corazón de Analco”, que surgió, precisamente, con la idea de rescatar el barrio, el tejido social y las actividades para niños y jóvenes con fines educativos y de impulso al talento. Esto llevó al emprendimiento de organizaciones cuya efectividad quedó en evidencia con todas las actividades del programa para esta Semana Santa que tenía ante sí el reto de, en tan sólo dos meses, conjuntar voluntades y recursos con un mismo fin.
Contra diversas adversidades y obstáculos, el programa se ha cumplido al cien por ciento; con disciplina y entrega que los mismos visitantes reconocen y exaltan. Ha sido una labor de decenas de personas involucradas, loable y digna de reconocimiento en épocas de crisis, difíciles e inciertas.
En este panorama atemorizante y desolador de lo que pasa en nuestro planeta y en nuestro país, estos pequeños esfuerzos cotidianos que resultan del encuentro entre seres humanos, de la conjunción de voluntades, de buenas voluntades y de entregas incondicionales, son siempre avivadores de esperanzas. Felicitaciones al Barrio de Analco y un agradecimiento por lanzarse a esta empresa que ojalá se mantenga a través de los años.

Columna publicada en El Informador el sábado 15 de abril de 2017.