sábado, 18 de febrero de 2017

Inoculaciones

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

No han pasado ni dos semanas desde que en este mismo espacio hablé sobre unidad a propósito del llamado presidencial, sólo para decir que la unión, la solidaridad y la fuerza, deben ser de, por y para nosotros, exclusivamente.
Fue antes de la marcha fallida --por contaminada y pervertida-- de hace casi una semana. Sí, sé lo que escribí el sábado pasado y la conclusión a la que llego es que pese a la fuerza ciudadana que se ha demostrado en las últimas semanas, la capacidad de infiltración y boicot del Gobierno es muy poderosa. Reitero más que nunca que debemos estar muy despiertos.
Ya se ha escrito hasta la saciedad sobre lo que pasó con la marcha #VibraMéxico, las versiones varían pero todo fue un juego de manipulaciones, conveniencias, personajes maiceados y otros engañados para un resultado desafortunado desde cualquier punto de vista. Lejos de mostrar unidad se hizo gala de lo contrario. Lamentable. Perfectamente bien urdido desde el poder para pervertirlo como parece que es su objetivo y máxima aspiración en la vida: echarlo todo a perder.
Los mexicanos no merecemos un gobierno así. En realidad estamos hablando de traiciones cotidianas ejecutadas por quienes están ahí gracias a votos e impuestos y encima de todo, el que se supone lidera los intereses, preocupaciones y estrategias nacionales, afirma que no hay crisis, no estamos en crisis, es sólo un momento de desafío económico. Y claro que la parte social no cuenta para él, ni la educación, ni la salud, ni los altísimos niveles de corrupción que ensucian y pervierten todo, ni la vivienda, ni la precariedad del empleo, ni la violencia y la inseguridad.
No debería extrañarnos si el mandatario vive cómodamente gastándose cinco o tres millones de pesos por viajes de dos y tres días, en Nueva York o en cualquier ciudad de Europa junto con los vividores que integran su gabinete. Sí, reitero, la situación en México es intolerable y no se ve por ningún lado una solución a corto plazo, salvo la que salga de la misma sociedad, de todos nosotros en la medida en que recuperemos nuestra identidad, esa que enorgullece a los paisanos agredidos del otro lado del río Bravo que, por cierto, se fueron por la falta de oportunidades en su propia tierra, por la desigualdad en el reparto de la riqueza, por los abusos del poder, las injusticias, el desempleo, la pobreza en todos sus niveles (no deja de ser pobreza), la corrupción en las calles, en las escuelas, en las universidades, en los hospitales, en las oficinas para hacer cuanto trámite, en la marrullería de leyes injustas y madruguetes legislativos; por ir en busca del “sueño americano” en esa aspiración inoculada con rigor y disciplina en el inconsciente colectivo pero que ni es americano y mucho menos sueño (les recomiendo la película “American beauty” o “Belleza americana”, una autocrítica estadounidense; para adultos por supuesto).
Nuestra identidad mexicana es sólida y fuerte a pesar de los ataques constantes a que está expuesta: mediáticos, culturales, ideológicos, políticos, economicistas… Es como el agua o como la vida, se las ingenia para abrirse camino. Muchos han estudiado las características de la identidad mexicana, de la idiosincrasia, y han interpretado libremente y sin escrúpulos  razones, orígenes y motivos. Es raro que esas interpretaciones nos dejen bien parados. Cada vez estoy más convencida de que el discurso oficial, a lo largo de los años, ha difundido convenientemente lo más negativo de nuestra esencia mexicana, ya basta. Y no me cansaré de repetir que somos un pueblo maravilloso, creativo, noble e ingenioso, solidario, comprensivo y compasivo, con una historia rica y diversa, interesantísima, única; con expresiones técnicas, científicas y artísticas desde antes de la conquista suficientes para equiparar y superar, en muchos casos, a las grandes culturas de la Humanidad.
Lo fuimos, lo somos, falta que lo creamos. Que dejemos de lado por mentiroso y manipulador ese discurso que se nos ha inoculado también muy bien, que nos define como un pueblo violento, delincuente, tramposo y flojo. No es así. Es el discurso que se sabe de memoria Donald Trump y que ninguna autoridad ha tenido la valentía, la dignidad y el orgullo de callar. No somos eso. Quizá esta definición perversa aplica pero para la clase política abusiva y parásita.
Despiertos, acuérdense, despiertos, vacunados y dispuestos a una profunda y radical desparasitación.

Columna publicada en El Informador el sábado 18 de febrero de 2017.


domingo, 12 de febrero de 2017

Dialoguemos Jalisco

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

“La situación en México es intolerable” y esta afirmación es tan cierta que muchas cosas se mueven en diferentes puntos del país y en sectores de la sociedad que antes no habían demostrado una participación clara y abierta tendiente a cambiar para mejorar las cosas, en serio y, de una vez por mucho tiempo (imposible decir “por todas” aunque ganas no faltan).
Hay movimientos en Mexicali, en Hermosillo, en la Ciudad de México y aquí en Guadalajara, no son los únicos. Hay enojo, preocupación, indignación, desesperación, impotencia, dolor, pero también surgen sentimientos alentadores porque nos vamos dando cuenta del poder de la sociedad cuando nos unimos, la sociedad, la gente, los ciudadanos.
Al calor de esta crisis tremenda, sí puedo decir que una de las peores en la historia reciente de México, la sociedad se mueve para cambiar el estado de las cosas pero aparecen grupos que no tienen al país como su interés más elevado; grupos que simplemente aprovechan la situación para sacar provecho en una conducta que infortunadamente es muy frecuente en nuestra clase política y en sectores advenedizos y convenencieros que viven del sistema corrupto y podrido que tenemos. Por lo general quienes integran estos sectores son los que aportan los votos duros de los diferentes partidos políticos, gente sin escrúpulos y profundamente egoísta.
A la sociedad que está al margen del sistema, prácticamente al resto de mexicanos, estos grupos no nos son desconocidos y los identificamos cada vez mejor; hemos puesto barreras y límites a la manipulación y a las infiltraciones, a veces con éxito, a veces no, sin embargo, estamos en el proceso y aprendiendo con una rapidez impulsada por la misma crisis.
En medio de este caos, las intenciones honestas están saliendo a flote y de entre grupos de jóvenes que aman profundamente a su país y desean con pasión que México sea una nación en la que quepamos todos en igualdad de condiciones y de derechos, en términos de equidad en todas las materias: educativa, sanitaria, laboral, de vivienda, de justicia… están surgiendo iniciativas novedosas, inteligentes, confiables, sin contaminación político-partidista, responsables, maduras, valientes. En el caso de Jalisco, me refiero específicamente a la iniciativa total y absolutamente ciudadana  Dialoguemos Jalisco.
La claridad con la que emprenden el movimiento más las demás cualidades que acabo de citar, son una invitación a despojarnos de prejuicios por un lado y, por otro, a brincar los obstáculos que muchos nos hemos autoimpuesto para no hablar, para no salir a las calles, para no exponer, para no proponer, para no intentar, por lo menos, cambios profundos en los gobiernos, para aparentar que no nos interesa ni nos preocupa, para pensar que no sirve de nada…
Dialoguemos Jalisco pretende ser un espacio de expresión y de escucha de lo que tenemos que decir, de lo que nos ahogamos por decir, de lo que nos hemos callado porque la vida nos va viviendo, porque nos atrapan las necesidades y las urgencias cotidianas. Me enorgullece y emociona formar parte de un movimiento así y por lo pronto ya sabemos que hay un gran interés por participar. Un video en donde hablamos de la realidad nacional, en el que se aclaran puntos y se pintan rayas, circula en redes con la invitación al diálogo y hasta ahora la respuesta ha sido extraordinaria, emocionante y esperanzadora.
Los jóvenes que tuvieron la idea lo sabían. Sabían que el terreno es y está fértil, abonado, que necesitamos unirnos y hablar, con generosidad, sin mezquindades, sin egoísmo, sin miedo, con responsabilidad, con visión de futuro, con amor por México y por los mexicanos. Nos toca decir qué pasa, qué hacer, cómo hacerlo. Nos toca y pronto estarán los espacios abiertos para que lo hagamos.

Es preciso trascender divisiones y enfrentamientos entre nosotros. Lo he dicho y escrito muchas veces: nos necesitamos juntos. Es el momento. Y vamos a la marcha de mañana también. Hemos aprendido y estamos muy alertas, sabemos identificar convocatorias mañosas, pero puede ser una gran oportunidad, grande en verdad, para mostrar el músculo, la potencia, el poder, las ganas, la determinación. Somos grandes y maravillosos, somos un pueblo noble, creativo, con historia para sentirnos orgullosos, para aprender, para crecer. Sí, lo somos. Dialoguemos Jalisco.



Columna publicada en El Informador el sábado 11 de febrero de 2017.

sábado, 4 de febrero de 2017

Más allá del Juicio de Amparo

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Justo el día de hoy se cumplen 200 años del natalicio de Mariano Otero Mesta, un personaje de la historia nacional, jalisciense para mayores señas, cuya vida y obra han trascendido gracias al el Juicio de Amparo, una herencia de México al mundo; no obstante, sus aportaciones van mucho más allá, aunque por lo general, se desconocen. Tristemente, para muchos, sólo es una referencia vial en la zona metropolitana de Guadalajara, y ya.
Sin restarle importancia claro está, en las actuales circunstancias (clase política mexicana egoísta, corrupta y dividida; y gobierno estadounidense agresivo, violento, irracional y beligerante) me parece más útil y ejemplar recordar a Mariano Otero, que los cien años de la Constitución del 17 (se cumplirán mañana); la Carta Magna que con casi 700 reformas sigue vigente y en medio de la polémica por dos posturas encontradas: una, mantenerla y reformarla todas las veces que sea necesario (como quieran los legisladores en turno dada la ausencia de un proyecto de nación que trascienda trienios y sexenios) y, dos, de plano convocar a un constituyente para actualizar el marco de derecho sobre el que se sostiene nuestra nación.
Mariano Otero, “el Legislador de su país”, fue un joven prodigio en cuya corta vida (falleció a los 33 años de edad víctima del cólera) hizo aportaciones notables además de en la materia legislativa, en la defensa y conformación de la nación mexicana.

Mariano Otero Mesta
Liberal, federalista y republicano, era sin embargo moderado y trató en todo momento, tanto en Jalisco como en la ciudad de México, de conciliar para que el país estuviera en condiciones de progresar.
Apenas con 20 años de edad, graduado ya como abogado, escribió las biografías de fray Antonio Alcalde, obispo de Guadalajara y Francisco Javier Gamboa. Se distinguió como orador y como escritor particularmente para la expresión de sus propias ideas, de su pensamiento político; publicó varias obras, trabajó como editor y redactor del periódico El Siglo XIX, catalogado como órgano de difusión de los liberales, esto ya en la ciudad de México. En 1842, a los 25 años, publicó Ensayo sobre el verdadero estado de la cuestión social y política que se agita en la República mexicana en el que expresaba sus preocupaciones por las posturas ideológicas que separaban a la sociedad y, específicamente, por la crisis que se desató a raíz del pronunciamiento de Jalisco.
En esa obra, prácticamente desconocida por el público en general (el Congreso del Estado anunció una reedición de 500 ejemplares a propósito de esta fecha), cuatro años antes de la invasión estadounidense, Mariano Otero advirtió sobre lo que ya era una amenaza.
Según la interpretación de la historiadora Adela Vázquez Trejo, con la que coincido: “El diputado jalisciense llegó a considerar que la nación vivía un largo periodo de inestabilidad política, iniciada desde 1824, por lo que hace notar que la diversidad de corrientes ideológicas que persisten han sido heredadas de la lucha por la Independencia; por lo tanto, reconoce que es necesaria la unión de los mexicanos, más allá de la posición política, para tomar el camino del progreso”. Más actualidad no podrían tener estas consideraciones y ni qué decir de su convicción férrea y para algunos temprana, de compromiso con México.
Mariano Otero —he aquí el ejemplo que quiero destacar— fue uno de los cuatro diputados que votó contra la capitulación de México ante el invasor estadounidense. Otero se pronunció por continuar la guerra en una muestra de dignidad y amor por la patria que urge hoy en la clase política que dice que nos representa. Manifestó que no quería una paz bajo la presión del enemigo estadounidense “pues era oprobioso que el pueblo mexicano entero no pudiera desbaratar a menos de diez mil invasores. Ramiro Villaseñor escribió a propósito: “Este grito de patriotismo de Otero, fue su canto del cisne pero dejó una marca muy honda en la historia de México”.

Personajes y momentos de nuestra historia como estos son los que debemos rescatar, recuperar para alimentar nuestra memoria colectiva, para avivar el fuego de la dignidad nacional, despertar el espíritu público que extrañaba tanto el legislador cuando apenas tenía 25 años y sobreponernos como sociedad a la mezquindad de nuestra clase política que en estos momentos no ayuda en nada a enfrentar el trace, al contrario. Los mexicanos no somos así y está en nosotros reencontrarnos con el espíritu auténticamente patriótico de mexicanos ilustres como Mariano Otero.

Columna publicada en El Informador el sábado 4 de febrero de 2017.

sábado, 28 de enero de 2017

Muy despiertos

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Entre las agresiones —violencia franca— de Donald Trump contra nuestro país; y las malas decisiones de Enrique Peña Nieto, los mexicanos estamos en una situación extraordinaria aunque no inédita que amerita, entre nosotros, con urgencia y más que en otros momentos, unión, solidaridad y fuerza.
En realidad no es mucho pedir. Si hacemos un repaso breve de nuestra historia reciente, el pueblo mexicano ha demostrado en diferentes circunstancias esas cualidades, hacia el interior y más allá de nuestras fronteras. El sistema político y la intensidad con la que se filtra en nuestro día a día han contribuido a profundizar divisiones y a radicalizar posturas, sin embargo, y por lo visto hasta ahora, después de las  primeras decisiones de Donald Trump, está en nuestra genética: la unión para nuestra defensa.
Hay sólo una cuestión que no comprendo ¿por qué se pide apoyo para Enrique Peña Nieto? ¿O por qué se piensa que esta unión nacional es para apoyarlo? No comprendo las expresiones de cerrar filas en torno al presidente y sí creo que todo es parte de una manipulación mediática para ver si acaso sube unos puntitos en sus niveles de aprobación, actualmente en 12 %, el indicador más bajo en la historia de los presidentes de México desde que inició tal medición. Y esta es una de las razones por las que llamo la atención hacia la necesidad de estar muy despiertos. No podemos ni debemos equivocarnos.
Tenemos encima los efectos del primer gasolinazo, en unos días se aplicará el segundo, para un incremento acumulado en el precio de las gasolinas cercano a 30 % y solamente los muy pero muy insensibles consideran que ya chole con el tema.
La eliminación del subsidio a las gasolinas con una carga impositiva de ese tamaño no implica costos sólo para quien tiene auto, por favor. Con un poquito de conocimiento, ya no digamos conciencia, sobre las dinámicas económicas, se sabría que este incremento repercute en los precios de absolutamente todo porque estos combustibles se usan para producción y distribución de cuanto producto, servicio y mercancía. Pero bueno. No estamos nada contentos con Peña Nieto en general y sí creo que en gran medida la crisis con el vecino del Norte se debe a las malas decisiones diplomáticas que ha tomado el actual Gobierno mexicano.
No puedo pensar tampoco que el anuncio de Peña de que no asistiría a la reunión del próximo martes sea un triunfo ¿de qué? Y perdón por el pesimismo y la desconfianza, pero la llamada de ayer tampoco me alienta. Trump insiste en que fue “muy fuerte” y luego añade que siente gran respeto por la gente de México. Es difícil creer en un individuo cuyo discurso es violento y contradictorio; y de parte de México se informa, ya no el Presidente en persona, que se dialogará sobre el muro pero no de manera pública. Bueno, o sea que el Gobierno mexicano podría finalmente doblar las manos para pagarlo sin que nadie se entere, bonita cosa. No puedo confiar en algo así. De manera que el apoyo no tendría que ser para Peña, además ¿cómo? ¿Echándole porras? ¿Gritándole que sí se puede? ¿O cómo? Si le dijéramos exactamente qué hacer como preguntó, lo más probable es que no nos hiciera caso porque así ha sido durante todo su mandato.
El apoyo, la unión, la fuerza y la solidaridad deben ser de nosotros para nosotros, entre los mexicanos, todos menos la clase política. Este es un asunto de la sociedad y sí incluyo a los empresarios porque muy bien podrían sacrificar un poco, sólo un poco, sus utilidades para aumentar salarios por ejemplo e inyectarle energía al poder adquisitivo con el propósito de reactivar el mercado interno. Hay otras medidas para lograrlo, ayer las expuso en conferencia de prensa Carlos Slim: manos a la obra. Esto no tiene que ver con apoyar a Peña, tiene que ver, más bien, con ponerlo a trabajar y a todo su equipo de haraganes privilegiados que hasta ahora no han tomado buenas decisiones; no están los tiempos para que el Gobierno mexicano se use como escuelita y saben a quién me refiero. Son necesarios los mejores y vaya que hay talentos en todas las áreas.
¿Por qué digo que no es inédita la situación actual? Guardadas todas las proporciones, cuando México se estrenaba como nación, tuvo que enfrentar los conflictos internos que eran complejos y fuertes (pronunciamientos, asonadas, golpes, muertos) en el proceso de constituir a México como nación pero además, los persistentes intentos de Fernando VII por reconquistar su antigua y rica y maravillosa Nueva España. Salimos adelante después de 300 años de colonia ¿no podremos hacerlo ahora? Claro que sí, pero necesitamos estar muy despiertos.

Columna publicada en El Informador el sábado 28 de enero de 2017.

sábado, 21 de enero de 2017

De luto

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

La verdad no sé si sea parte de la condición humana, o no, esta tendencia o proclividad a buscar lo positivo aun cuando no dispongamos de elementos ciertos para ello; queremos ver las situaciones con optimismo y encontrar esperanzas en los rincones más recónditos de los más oscuros y densos panoramas; y si de plano no las hallamos, pues hacemos corte o evadimos o bloqueamos… Sí, debe ser condición humana y creo que encajo, quizá como muchos, en esta percepción.
Sin embargo, a veces no es posible. De pronto la realidad nos aplasta a un grado que nos deja casi sin aliento, sin espacio para el optimismo. Así me siento hoy y lo comparto porque son asuntos que nos atañen a todos, porque a unos más que a otros nos preocupan, nos duelen, nos asustan o nos indignan y encontrar un reflejo con frecuencia ayuda precisamente a localizar pequeños nichos para la esperanza.
De luto, porque hace casi una semana, el día 15 de enero, asesinaron a uno de los activistas con más foro en la lucha por defender los bosques de la Sierra Tarahumara. Isidro Baldenegro, heredero de la causa que enarboló su padre, Julio, asesinado también, en 1986, recibió seis tiros que acabaron con su voz y sus acciones enfocadas en rescatar una de las sierras más ricas y bellas del mundo y, por lo mismo, altamente codiciada. El narcotráfico ha ganado terreno en la zona. Irónicamente, Baldenegro estuvo preso acusado falsamente de transportar drogas. El domingo pasado lo mataron. Así como de los periodistas, los homicidios de activistas defensores de diversas causas en México son frecuentes y por lo general quedan impunes ¿qué ha dicho alguien sobre este caso? Me refiero a autoridades responsables porque la indignación nacional e internacional en el ambiente de los ecologistas, es mayúscula. Isidro Baldenegro defendía la Sierra Tarahumara no por un interés personal, esos recursos naturales son patrimonio de todos los mexicanos.
De luto porque en México tenemos un Presidente desconectado de la realidad que no sólo da la espalda a los mexicanos de manera contumaz mientras mira hacia el vecino del Norte, sino que manda, como si de una ofrenda se tratara, al narcotraficante fugado dos veces en un hecho que analistas de otros países leen como una clara y vergonzosa sumisión a lo que disponga Donald Trump ahora ya presidente de Estados Unidos. Acepta la extradición de Joaquín Guzmán y plantea un discurso conciliador con quien ha ofendido y humillado a los mexicanos de forma recurrente y que no muestra ni un nano signo de apertura hacia el diálogo y las conversaciones: cierre total de comercio y fronteras con México.
De luto, porque no tenemos un Presidente con carácter que imponga límites y hable fuerte ante tales amenazas o que sea líder para encabezar las acciones que sin ayuda de nadie nos conducirían a mejores estadios de desarrollo. No hay.
De  luto, porque la manipulación mediática para bajar los ímpetus de los ciudadanos inconformes con tantas y tan malas decisiones está recargado despertando miedos y temores a la represión y la violencia que practican personajes filtrados y bien pagados en cuanta manifestación.
De luto por la impunidad, por el silencio y las omisiones del gobierno, porque desprecia las manifestaciones sociales, las propuestas y los justos reclamos.
De luto porque ya tomó posesión el cuadragésimo quinto presidente de la Unión Americana.
Y de luto por Monterrey. Con el corazón expuesto y el alma constreñida, con las lágrimas a punto de brotar; porque no son aceptables ni concebibles estas manifestaciones de soledad y violencia en ninguna parte del mundo, porque estamos cometiendo graves errores como sociedad; porque nadie lo merece empezando por los niños, pero tampoco los padres; porque la autoridad es omisa y perversa; porque el sistema global (México no se escapa y nadie hace nada para salvarlo) ha llevado a las familias de diversa índole a la separación y a la disfunción; porque quizá alguien se regocija con nuestros miedos, con nuestras derrotas, con el horror frente al que estamos inermes. El dolor es descomunal. Pienso en los padres del chico ahora muerto, víctima total; en sus hermanos, en sus compañeros; en todos nosotros.
Por fortuna el luto es un estado temporal y la fortaleza de nuestro pueblo, nuestra riqueza y creatividad, hallarán como en un desierto, el minúsculo nicho por el que se colará, pronto espero, un hilo de agua limpia, cierta, transparente, refrescante y nuestra. Mañana es 22.

Columna publicada en El Informador el sábado 21 de enero de 2017.


Por fin

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Ya que los empresarios organizados alzan la voz, las manifestaciones ciudadanas adquieren otra dimensión. Es como si de pronto los mexicanos de a pie, los que trabajamos y trabajamos para vivir al día; y pagamos impuestos y todo lo que hay que pagar, casi sin rechistar y con los ojos cerrados, nada más porque somos derechos y cumplidos, hubiéramos recibido un espaldarazo solidario y empático de parte de la Coparmex (Confederación Patronal de la República Mexicana).
Por cultura, por historia, por manipulación y conveniencia más que por ideología y/o convicciones, los empresarios caminan por una vía y la gente por otra, incluso si son sus propios trabajadores. Patrones y trabajadores, salvo honrosas excepciones, son como agua y aceite para usar una metáfora del dominio público y con la que difícilmente podemos estar en desacuerdo.
Claro que no lo digo yo ni estoy descubriendo el hilo negro, pero así es. Hay diferencias en todos los sentidos: orígenes, educación, ingresos, formación, habilidades técnicas y tecnológicas, filosofía de vida, intereses, necesidades, metras, proyectos… en fin; pero ambos están estrechamente vinculados, se necesitan mutuamente.
La postura de la Coparmex, digna, valiente, honesta, firme y contundente, ante la invitación a firmar un pacto, como tantos, de dientes para afuera, sin nada de sustancia, es en realidad un apoyo para el resto de los mexicanos que nos hemos manifestado contra el gasolinazo, una medida que, a estas alturas, ya es símbolo y paradigma.
La oposición al incremento de 20 % en las gasolinas ha dado pie a que los mexicanos de diferentes niveles económicos y educativos salgamos a las calles a expresar el enojo que se ha ido acumulando por la vergüenza de tener un mandatario ignorante, que no lee (para empezar) y que llegó a tal puesto con muy escasa legitimidad; por los abusos de la clase política que desde la cabeza se han permitido, tolerado y hasta fomentado; por el manejo tramposo de las dizque reformas estructurales como si fueran la gran cosa cuando sabemos que no es así porque no se notan en ninguna de las materias que abordan (sólo dos ejemplos: la energética y la educativa), digo, no se notan para bien, sí en cambio los prejuicios, la inconformidad y las repercusiones nocivas como, justamente, el gasolinazo; por la “casa blanca”, los vestidos de 20 mil dólares de Angélica Rivera y la vida de lujos como si de una monarquía se tratara; por las omisiones, por ese dejar hacer y dejar pasar a zánganos y parásitos como los diputados y los senadores (la mayoría, sí, hay también honrosas excepciones), los gobernadores como los Duarte y otros que con el cuento de la alternancia y de la “libertad y soberanía” de las entidades han hecho lo que han querido esquilmando y expoliando a su electores.
Esto y más está en los gritos y en las mantas de los mexicanos que hemos salido a las calles, en los pasos y en los puños, en la frente en alto y en la determinación; pero a diferencia de lo que sucedió en 2012 con el movimiento #YoSoy132, ahora los empresarios sí pusieron un límite, por fin. Y no sólo eso: además de decirle que no a Peña, a un acuerdo hechos sobre las rodillas, a todas luces mediático y del que recibieron la información correspondiente dos horas antes de que iniciara la ceremonia para su firma, lanzaron una contrapropuesta con medidas reales y precisas agrupadas en tres grandes ejes que sí, resumen los problemas gravísimos que enfrentamos en México: 1.- Promoción del Estado de derecho y combate real a la corrupción; 2.- Impulso a la economía familiar y a la creación de empleos; 3.- mejora de las finanzas públicas.

Las marchas y las diferentes expresiones ciudadanas tienen un gran valor porque además están saliendo a las calles personas que normalmente no lo hacen: amas de casa, médicos, dentistas, arquitectos, estilistas, jóvenes y niños de todos los grados escolares; burócratas ¡sí! burócratas… Pero si además de estas manifestaciones y expresiones diversas y tupidas en redes sociales, los mexicanos contamos con el apoyo de un empresariado organizado y poderoso, consciente y honesto de frente a la sociedad, preocupado más allá de por sus intereses por el destino de la nación, las correcciones en el rumbo, que urgen, pueden hacerse más rápido y de mejor manera. Sí, por fin.

Columna publicada en El Informador el sábado 14 de enero de 2017.

domingo, 8 de enero de 2017

Trascender el miedo

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)


La semana pasada traté de desmenuzar los dichos repetidos hasta la náusea del secretario de Hacienda, para justificar el gasolinazo. Y digo traté no porque no lo haya logrado, sino por la brevedad del espacio. Con todo y de manera resumida, creo que lo hice, la cuestión es que, dadas las manifestaciones multitudinarias en todo el país y después de sus inmerecidas vacaciones, el Presidente salió a responder en dos momentos: cuando anunció los cambios en el gabinete y en el mensaje de Año nuevo que de buenos augurios y buenos deseos no traía nada.
Ahora, eso de responder es un decir, porque el texto está plagado de trampas, detecté por lo menos unas 10 y se suma a la sarta de ofensas contra los mexicanos que viene armando cuidadosamente desde que asumió como titular del Ejecutivo.
Antes de adentrarme en las trampas, no puedo dejar de comentar una de las decisiones de Peña que más ha indignado a los mexicanos: el nombramiento de Videgaray como canciller; el funcionario que ahora seguramente está muerto de la risa porque regresó contra muchos pronósticos disfrazado con un halo de santidad que lo llevó a decir, con toda la desfachatez, que él de relaciones exteriores no sabe nada (¿por qué tenemos que pagar los costos de su aprendizaje y quién sabe?).
Ejemplo claro, este nombramiento, de que Peña no escucha, ni sabe ni quiere. Vamos a las trampas. Primera: Se trata de un aumento que viene del exterior y descarta su relación con la reforma energética y más impuestos. Remito al lector al proyecto de paquete fiscal y al análisis inicial (septiembre de 2016) que se realizó en el Poder Legislativo páginas 4 y 5: “Se propone que a partir de enero de 2017 se adelante la liberalización del precio de las gasolinas y el diésel, de manera gradual y ordenada, siendo la CRE y COFECE quienes determinen el ritmo de la liberalización de los precios para las distintas regiones del país. Con ello, se busca garantizar una apertura ordenada, basada en el análisis de dos instituciones con capacidad técnica; mientras entra en vigor la liberación total, se mantendrá la política de precios máximos vigente”. Es como si un Ejecutivo hubiera mandado esta propuesta y otro, el gasolinazo.
La segunda trampa tiene que ver con los argumentos que ha venido repitiendo el secretario Meade, es decir, de todas manera se han incrementado impuestos; la deuda ha crecido más de 50 % en lo que va de la administración peñista y se han recortado programas sociales.
Tercera: las equivalencias para ponderar el gasto adicional que se tendría que hacer si no se ordenaba el gasolinazo, son un claro intento de manipulación: paralizar cuatro meses el IMSS (¿qué no está casi paralizado?); interrumpir dos años completos los apoyos de Prospera a casi siete millones de familias (¿y si mejor se trabaja para que efectivamente salgan de la pobreza?) y suspender el Seguro Popular (¿qué no escribió Peña que era un parche?). Mejor hubiera hecho equivalencias con respecto al gasto corriente. Por cierto, habló de una reducción pero en realidad se incrementó por encima del gasto público destinado a acciones productivas (“México en camino de aumentar el gasto en burócratas en 2017”, Expansión/CNN).
Cuarta: la pregunta de qué hubiéramos hecho nosotros; quinta: que el incremento en las gasolinas afecta a los ricos y no a los pobres porque los pobres no tienen automóviles. Por Dios. ¿Y las repercusiones del incremento en los precios de todo lo demás, de los productos de la canasta básica, del transporte público?; sexta: las referencias al sexenio anterior. Y no defiendo para nada a Calderón pero de eso a que Peña sí haga lo que critica como omisión en el otro, hay un mundo de distancia, un hoyo negro; séptima: que dizque nos van a defender de abusos y van a vigilar que no aumente todo (claro, como son tan eficientes) pero la peor de todas es la de la estabilidad económica y las cuatro cosas que dice que pasarían si se perdiera: mexicanos perderían sus empleos; jóvenes graduados no encontrarían trabajo; familias no podrían pagar su vivienda y a las amas de casa no les alcanzaría su gasto. ¿De verdad, en serio? Lo que hizo fue describir esa realidad que se niega a aceptar, la misma que lo lleva a tomar decisiones aberrantes y a mantenerse en ellas a pesar de que el país literalmente se le ha echado encima. ¿Cuál estabilidad económica con el peso cayendo frente al dólar? Y no es por el entorno internacional como pretenden que creamos desde el jefe del Ejecutivo hasta acomedidas como la ignorante de Claudia Delgadillo, presidenta del PRI Guadalajara. ¿Y para qué es todo esto? ¿Para que luego se suelten llorando como López Portillo?
Qué desgracia en verdad pero sigo creyendo que los mexicanos trascenderemos el miedo.

Columna publicada en El Informador el sábado 7 de enero de 2017.

sábado, 31 de diciembre de 2016

Hoy es el día

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

El gasolinazo que entrará en vigor mañana no es más que el culmen de las decisiones que contra los mexicanos ha tomado desde 2012 (no me alcanzaría el espacio para remitirme a los pésimos gobernantes que hemos tenido en el pasado) Enrique Peña Nieto. Esta no es una decisión del secretario de Hacienda, es del Presidente, en todo caso está de acuerdo y la presenta como propia.
Desde el anuncio esta semana las reacciones populares han ido en aumento y me llama la atención positivamente la organización que se está dando en los ciudadanos a través de las redes sociales para manifestarse contra la medida. Ayer hubo un plantón afuera del Congreso de Jalisco y en diferentes puntos de la geografía nacional ha sucedido lo mismo. Para el lunes 2 de enero a las 14:30 en la Glorieta Minerva está convocada una marcha y otra el 9 de enero en la Ciudad de México. No creo que sean las únicas y siempre será esperanzadora la movilización de la gente contra un atraco en despoblado particularmente cuando son los que dizque nos representan los que lo avalan.
Hay dos casos emblemáticos en los que la ciudadanía tuvo éxito en sus manifestaciones opositoras y fue aquí en Jalisco. Quiero creer que podemos y lograremos detener esta alza que convenientemente se publica hasta el 26 de diciembre en el Diario Oficial de la Federación, en plenas vacaciones, a punto de terminar el año y después de que fue presentado, revisado y aprobado el Paquete Fiscal de la Federación para 2017.
¿Se acuerda el lector de esos dos casos? Uno fue el “placazo” en 2010 y otro la “macrolimosna”, ambos durante la muy desagradable y lamentable administración de Emilio González Márquez.
Así se publicó en su momento el triunfo de la gente contra la medida que pretendía imponer el entonces gobernador: “Guadalajara, Jal., 31 de octubre. El gobernador Emilio González Márquez reculó en su intención de aplicar el año próximo un programa de re-emplacamiento por el cual esperaba cobrar mil 200 pesos por cada uno de los 2.3 millones de automotores en la entidad. El mandatario argumentó que abandonó el proyecto por el descontento que causó entre la ciudadanía, que este miércoles se manifestó ante el palacio de gobierno por cuarta ocasión en una semana”.
En cuanto a la “macrolimosna”, dos años antes, mentada de por medio, también se cayó por el descontento y las manifestaciones de la gente. González Márquez entregó 90 millones del erario público para la construcción del Santuario de los Mártires y los jaliscienses se movilizaron de una manera impresionante hasta que fue necesario que la Arquidiócesis de Guadalajara regresara el dinero.
¿Es posible entonces? Tiene que ser, de otra forma no podríamos presumir que vivimos en una democracia (digo, en realidad no tenemos muchos elementos para eso) y entonces sí el tinglado del sistema caería estrepitosamente.
Como siempre, como opera un gobierno alejado de sus representados, la medida se tomó prácticamente en la clandestinidad, fue una operación a escondidas, con movimientos sigilosos estilo serpiente, con los tres agravantes de cualquier delito o acto antiético y tramposo: premeditación, alevosía y ventaja. Según una tesis del Sistema Judicial de la Federación, existen dos clases de alevosía: “la primera, consiste en la sorpresa intencional de improviso o acechanza de la víctima, figura que coincide siempre con la premeditación, puesto que requiere actos preparatorios, y la segunda, en el empleo de otros medios que no le den lugar a defenderse ni a evitar el mal”, en ambos casos, quien la comete, tiene ventaja para operar así.
Todavía ayer leí una nota breve pero sin duda reveladora de cómo fue urdido todo: el secretario de Hacienda (decían que era presidenciable), José Antonio Meade, dijo que esta medida la agradecerán nuestros hijos y nuestros nieto (¡vaya!) y que se tomó por tres cosas que, es claro, dejan en evidencia las deficiencias descomunales en la tarea de gobernar y administrar que constitucionalmente les corresponde: “si queríamos mantener el precio por debajo de lo que nos está costando, si no queríamos reflejar el incremento en el costo, teníamos o que endeudarnos, o que recortar programas, o que subir impuestos. Y no estamos haciendo ninguna de las tres cosas”.  ¿Ah no?
Excuso decir que contengo la indignación: sobre la deuda, aumentó 52 % de diciembre de 2012 a diciembre de 2015 (falta el dato de este año); en cuanto al recorte de programas, Hacienda propuso para 2017, un “ajuste” de 38 % en el presupuesto de programas sociales, aproximadamente, 81 mil 380 millones de pesos menos; y, finalmente, en materia de impuestos, ¿qué es si no el incremento en las gasolinas?
Espero, deseo fervientemente que estas medidas nos lleven a una organización social que repercuta en un cambio en las decisiones que toma la clase política. Y hoy es el día perfecto para los deseos.

Columna publicada en El Informador el sábado 31 de diciembre de 2016.


lunes, 26 de diciembre de 2016

Sueños desde el siglo XVIII

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Cuando México se estrenaba como nación independiente, desde antes de hecho, gracias a la preocupación de ilustrados de la talla de Francisco Xavier Clavigero (así, con g, es la ortografía correcta del apellido), se empezaron a promover cambios en materia educativa y pedagógica. En aquellos años, y estamos hablando de fines del siglo XVIII, sabios y eruditos trataba de lograr que la instrucción llegara a las masas.
En las primeras publicaciones tapatías, los escritores de los artículos, particularmente los “polares” a los que he citado en columnas anteriores, expresaban la necesidad urgente de que la gente se instruyera, que saliera de las tinieblas de la ignorancia y se hiciera una con la nación que estaba llamada a formar parte del grupo de naciones civilizadas del orbe.
El progreso era la máxima aspiración, sueños de modernidad que persistieron (a la par que las tradiciones más arraigadas) a lo largo del siglo XIX, con la educación como bandera siempre, bajo un tono u otro. Entre los auténticos amantes de la nueva nación no sólo se manifestaban las preocupaciones sino que se actuaba en consecuencia y ahí tenemos a cinco grandes de Jalisco como Francisco Severo Maldonado, Juan de Dios Cañedo, Prisciliano Sánchez, Mariano Otero y Tadeo Ortiz de Ayala. No son los únicos, me refiero a ellos como los principales de la primera mitad del siglo XIX y por las obras que dejaron para la posteridad. Entre estos cinco está el editor de El Despertador Americano (por cierto, el 20 de diciembre se cumplieron 206 años de la aparición del primer número), un diputado ante las Cortes de Cádiz (Madrid), el primer gobernador de Jalisco autor del Pacto Federal del Anáhuac, el coautor del derecho de amparo —aportación de México al mundo— y un individuo que fue clave para México en los últimos años de la revolución que llevó a la independencia ante otras naciones. El tema me apasiona y la verdad es que no me quiero extender demasiado, pero sí apuntar datos ciertos del tiempo que hace que ilustres mexicanos se han preocupado y ocupado por nuestra educación con la certeza de que es la única manera de que el pueblo se integre, desarrolle un sentido de pertenencia y de defensa de su patria y sus derechos.

Juan de Dios Cañedo. Imagen tomada de Esto pasó.

Escribo esto porque recién se dieron a conocer los resultados de la prueba Pisa que la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) manda hacer. Nos fue mal, muy mal. Y bueno, lamentablemente, es la realidad.
Sé que la prueba es cuestionada porque sólo califica ciertos aspectos, sin embargo, los resultados que arroja sí son representativos de la calidad educativa en los países que estudia. Las materias que evalúa son Matemáticas, Ciencias y Lectura. Básicas para el desarrollo de otras habilidades y para enfrentar el mercado laboral diseñado además para reforzar precisamente esas áreas. Las preocupaciones por impulsar otras capacidades y com-pe-ten-cias son apenas recientes y las desigualdades entre países desarrollados y subdesarrollados siguen siendo descomunales. Todos sabemos los intereses del gran capital (sí, sé a qué sueno pero es cierto) para formar masas de obreros y empleados capacitados para cumplir con ciertas tareas, logros, retos, metas y demás parafernalia empresarial desarrollista y globalizadora de ganar/ganar y cosas por el estilo, especialmente si esas masas viven en países pobres, América Latina para no ir muy lejos, digo, aquí estamos.
Estos resultados deberían ser un referente para cambiar las cosas, pero no ha funcionado así, al menos no en México. De 2012 a 2015 México cayó varios lugares en las tres disciplinas y de 70 se ubica en el lugar 58 en Ciencias; 55 en Lectura y 56 en Matemáticas; es decir, de la mitad para abajo.
Lo peor de todo, lo más desalentador, es que Aurelio Nuño, el titular de la SEP, lleva agua a su molino y afirma que por eso es tan urgente la reforma educativa; claro, es urgente una reforma educativa pero no la vigente ya obsoleta. A ver si se animan y dan varios pasos más adelante; habría que salirse de las filas globalizantes, emprender una reforma que sorprenda al mundo, que rompa esquemas y patrones de atraso y mediocridad, que verdaderamente promueva el talento y la creatividad que ya tenemos y que, como soñaban los ilustrados del XVIII y del XIX nos lleve a estadios superiores de desarrollo y progreso, simplemente, para vivir mejor, sin corrupción, sin atrasos, sin desigualdades, sin abusos, sin egoísmo.
Mientras tanto y por lo pronto, con todo mi cariño y los mejores deseos ¡Feliz Navidad!

Columna publicada el sábado 24 de diciembre de 2016.


sábado, 17 de diciembre de 2016

Desaliento a la quinta

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

¿Quién podría estar enojado porque en este año se ha creado un millón de empleos? Nadie. Cómo enojarse por un anuncio que revela ¡por fin! que se alcanzó la meta de generación de empleos que necesita México desde la década de los noventa del siglo pasado, por lo menos. Imposible.
¿Quién puede reclamarle al Presidente algo, ante tales cifras extraordinarias? Y no sólo se trata de un millón de empleos este año, sino que la mayoría, dijo el mandatario, alrededor de 65 % de estos trabajos, están inscritos en el Instituto Mexicano del Seguro Social, es decir, se consideran empleos permanentes ¿y qué creen? Claro que no todo queda ahí: ¡ganan más de dos salarios mínimos! ¡Wow! ¿Cómo enojarse o emitir cualquier desacuerdo?
Por si de pronto no queda claro —los malos entendidos y las sub interpretaciones están a la orden del día— estoy siendo sarcástica. Quisiera creerlo y no cuestionar ni una coma de lo dicho por Peña Nieto esta semana, pero resulta imposible.
El desaliento ante tales datos manipulados y manipuladores (mucha gente se lo cree) se profundiza, primero, porque una vez más queda en evidencia que mientras el país se desmorona en la Presidencia de la República no quieren darse cuenta. Se despedaza entre la violencia, la corrupción rampante, la ineficiencia de los servicios burocráticos (educación, salud, vivienda, tramitología, recaudación), el recrudecimiento de la desigualdad (el inequitativo reparto de la riqueza), la pobreza extrema, los miles de desaparecidos, la impunidad y la simulación. Todo esto pasa en México, es nuestro día a día, pero en Los Pinos no quieren escuchar, ver ni saber.
Segundo, porque para el Presidente es la gran cosa la creación de un millón de empleos este año, para un total de dos millones 500 mil en lo que va del sexenio, es decir, si la meta es de un millón anual, el rezago es de un millón y medio sin contar el acumulado de sexenios anteriores y sin considerar los matices de tal cantidad. ¿Cuáles matices? Resulta que no necesariamente se trata de empleos nuevos sino de formalización de trabajos ya existentes, no estaban inscritos ante el IMSS. El secretario del Trabajo lo explicó días antes del discurso presidencial de esta semana.
Tercero, porque del total que maneja el mandatario, es preciso tomar en cuenta que alrededor de 70 % de los empleos dizque generados en el sexenio son precarios, es decir, los mexicanos que se desempeñan en ellos ganan entre uno y dos salarios mínimos, en otras palabras, sus ingresos no superan los cinco mil pesos mensuales, ni siquiera llegan a los seis que aquel secretario Cordero decía que eran suficientes para vivir bien.
Cuarto, porque dijo el Presidente que al ganar más de dos salarios mínimos (ese “más” es relativo, no son dos y medio, ni tres, o sea, a penas) y con el incremento a 80 pesos diarios a partir de enero de 2017, textual: “es la primera vez en 40 años que los trabajadores recuperarán cerca de 15 por ciento de su poder adquisitivo”. No bueno. Seguramente nos volveremos locos con tantísimo dinero.
Y quinto, porque se omitieron datos que influyen en ese frágil y vulnerable poder adquisitivo como el índice inflacionario, los abusos, la paridad peso-dólar e incluso las expectativas de crecimiento económico al cierre de 2016.
Seguramente eso no cuenta, porque si contara, entonces sí se caería todo el tinglado que tienen armado en donde cada día (ya van para las mil 500 representaciones) todo es perfecto. Lo único malo viene de afuera: todo es culpa de Trump y de la globalización; y también de los mexicanos criticones e inconformes que nos enojamos por la “creación” de un millón de empleos este año. Somos de lo peor.
El desaliento es pues, cada día más grande alcanzando ya la calidad de descomunal, porque no hay para dónde voltear. Aferrados al poder y a una realidad ficticia cómodamente sentados en sus sueldos, sus aguinaldos, sus bonos, sus prebendas y privilegios, no pueden ni quieran darse cuenta de lo que sucede en el México profundo.
Antes de terminar quiero recomendar un artículo que se publicó en The New York Times apenas ayer sobre la corrupción, de hecho, sobre “el lado positivo de la corrupción” (artículo) (corrijo: el lado positivo de los últimos escándalos de corrupción). La pregunta es: ¿y aquí cuándo?

Columna publicada en El Informador el sábado 17 de diciembre de 2016.