sábado, 17 de septiembre de 2016

¡Viva México!

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

La arenga que Miguel Hidalgo y Costilla pronunció la madrugada del 16 de Septiembre de 1810 en Dolores Hidalgo fue muchas cosas, menos un grito de Independencia como entendemos la independencia hoy en día. Y claro que no estoy descubriendo el hilo negro ni nada por el estilo. Durante décadas, los gobiernos de nuestra nación, en ciernes siempre, han recurrido a una especie de reconstrucción histórica para legitimarse y para despertar en las masas sentimiento de identidad y conciencia nacional aun cuando ello haya implicado —y todavía— omitir y tergiversar información.
Al paso del tiempo y luego de cambios profundos en la manera de investigar, interpretar y escribir la historia de México, se han desvanecido mitos y leyendas y se han descubierto varias mentiras; y no es que todo sea perfecto actualmente, pero este ejercicio de muchos historiadores y divulgadores de la historia ha sido básico, fundamental para una nación joven, como somos, de manera que el conocimiento histórico de que disponemos es —y cada vez  más— muy cercano a lo que sucedió realmente (persiste toda una discusión historiográfica en esta materia, pero no alcanzaría este breve espacio para profundizar en ella) con interpretaciones innovadoras, libres y honestas. Una identidad o una conciencia nacional construidas sobre fantasías son endebles.
La arenga textual del padre Hidalgo se desconoce; no hay una versión escrita de puño y letra del cura de Dolores, así que hay muchas versiones y entre una y otra las diferencias son evidentes, sin embargo, hay frases que aparecen siempre, por ejemplo: “Viva Fernando VII”, “Viva la religión” y “Mueran los gachupines”. En mi trabajo como historiadora, para la elaboración de un ensayo, me encontré con un documento valiosísimo publicado en 1820 con lo que podría ser el contenido más preciso del grito de Hidalgo:
“… el sermón impreso predicado en Guanajuato en 7 de diciembre de 810 copia la sustancia de las proclamas sediciosas del Cura Hidalgo en los términos siguientes: Americanos oprimidos (decía este héroe de la impiedad), llegó ya el día suspirado de salir del cautiverio y romper las duras cadenas con que nos hacían gemir los Gachupines: la España se ha perdido, los Gachupines, por aquel odio con que nos aborrecen, han determinado degollar inhumanamente a los Criollos, entregar este floridísimo reino a los franceses e introducir en él las herejías: la Patria nos llama a su defensa: los derechos inviolables de Fernando VII nos piden de justicia que le conservemos estos preciosos dominios, y la Religión Santa que profesamos nos pide a gritos que sacrifiquemos la vida antes que ver manchada su pureza. Hemos averiguado estas verdades; hemos hallado e interceptado la correspondencia de los Gachupines con Bonaparte: ¡Guerra eterna, pues, contra los Gachupines! Y para pública manifestación de que defendemos una causa santa y justa, escogemos por nuestra Patrona a María Santísima de Guadalupe: ¡Viva la América! ¡Viva Fernando VII! ¡Viva la Religión, y mueran los Gachupines!”.
Se trata de una nota a pie de página en una obra que encontré en un repositorio digital de España y sinos atentemos a su contenido, si acaso había una intención de independencia, era con respecto a las autoridades peninsulares en la Nueva España (los Gachupines), no se pretendía dejar de ser súbditos del monarca español.
Desde hace unos 40 años esta nueva perspectiva ha prevalecido aunque, al parecer, sólo en el ámbito de los historiadores porque se sigue repitiendo que el 16 de Septiembre de 1810 inició el movimiento que nos llevó a emanciparnos del dominio hispano. No fue así exactamente y las precisiones son importantes. A lo largo de una década de guerra, guerra civil de hecho, las intenciones de los que ahora identificamos como insurgentes, mutaron: de una postura autonomista que pretendía defender al rey, a la religión y mantener a la Nueva España a salvo de los franceses, se transitó a una postura de separación de España. No fue fácil, ni terso ni inmediato. Incluso en los documentos de la Consumación no son claras las intenciones separatistas. Eso llegó poco después y con un ímpetu desconcertante: la determinación general por impedir que los españoles volvieran a sentar sus reales en tierras americanas fue clara y contundente.
Hidalgo nunca gritó “¡Viva México!” ni “¡Viva la independencia!” pero año tras año en las “ceremonias del Grito” se repite como si así hubiera sido.
Construir esta nación ha sido una tarea ardua, dolorosa, sangrienta, violenta y, ciertamente, inacabada. La independencia tiene que ver no sólo con sacudirse un poder extranjero, tiene que ver con todos y cada uno de los integrantes de la nación, con usted y conmigo, con nuestros hijos; también con nuestros miedos, valores y certezas, con nuestra nobleza y nuestra esencia de pueblo pacífico y con nuestras ansias de libertad en toda la extensión del concepto. Sólo en esa medida el grito trascenderá fechas y gobernantes y surgirá de lo más profundo de esta patria maravillosa: “¡Viva México!”.


Columna publicada en El Informador el sábado 17 de septiembre de 2016.

sábado, 10 de septiembre de 2016

"In crescendo"

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Todo está en aumento, en incremento, in crescendo. Y ojalá fueran cosas positivas, benéficas para todos, pero no. Recurro a la jerga musical (no pretendo en lo más mínimo pisarle los talones a mi gran y admirado amigo Jaime García Elías) para que la certeza no sea tan brutal. Crecen a pasos agigantados y de manera exponencial: la inseguridad, la indignación, el coraje, los precios de todo —el índice inflacionario es un promedio evidentemente manipulable; ese dos por ciento y poco es propio de una película de ficción y no de la dura y cotidiana realidad—, el desempleo, los empleos precarios, los ingresos de los más corruptos y de los más ricos; la pobreza y las enfermedades.
Crece la ineptitud en los gobernantes, la mala imagen del país, las bajas calificaciones para proyectos económicos y las pésimas decisiones, irreflexivas e irresponsables; aumentan la deuda, la desconfianza, la desesperanza, el descontento. También se recrudece la debilidad de la máxima autoridad en este país y de ahí, hacia donde volteemos.
La situación es grave. Desde algo tan simple y aparentemente sin importancia como la impunidad de la que goza el titular de la Conade, por sólo citar a uno; hasta el desdén, el menosprecio del Primer mandatario hacia su pueblo, al que representa, al que se debe. Que malinterpretamos a Trump, que no dijo lo que dijo sobre los mexicanos… La estulticia es descomunal y sabemos todos quiénes el que no habla y, por lo visto, tampoco entiende inglés.
Por si fuera poco, más o menos a un mes del regreso a clases, se informa a los padres de familia que pueden participar en los foros de consulta sobre el “Modelo educativo 2016”; en septiembre, cuando las clases ya empezaron, cuando los planes y programas de estudio están definidos; cuando se supone (oh sorpresa) que la convocatoria a tales foros fue en 2014. De pronto recordé aquellas mesas de consulta ciudadana que instaló el exgobernador Emilio González Márquez (qué desagradable traerlo a la memoria) a las que de plano renunciaron varios expertos en diferentes áreas porque en realidad ya todo estaba enjuagado o cocinado. Las mesas sólo fueron un parapeto para que se dijera que dizque ese gobierno sí atendía las ideas, propuestas y señalamientos de la sociedad civil. Ajá. Sucede ahora lo mismo. Es frecuente que los gobiernos así operen, después de todo “ellos saben cómo hacerlo”, “la gente votó por ellos” y los-mexicanos-somos-menores-de-edad… Claro.
Efectivamente, con una búsqueda simple, apareció en formato PDF el “Modelo Educativo 2016”, obvio, es la primera edición. Antes, clasificado como anuncio (es raro que alguien “entre” a tales anuncios), aparece un sitio del Gobierno de la República en donde se invita a quien le dé click a participar en los foros de consulta “que se llevarán a cabo de febrero a junio de 2014”. Anexo aquí la liga correspondiente para que, si puede, viaje en el tiempo y asista. Aquí dejó la liga para que constate las fechas de la convocatoria y los documentos del “Modelo educativo 2016” y de la “Propuesta curricular 2016”:  Modelo educativo 2016.
Este simple hecho, la falta de actualización del sitio, la invitación de hace unos días para emitir nuestra opinión en los foros de consulta, deja en evidencia que todo está hecho al aventón, como parapeto, para cubrir el expediente y asegurar que sí, que todo se hizo en tiempo y forma. El cinismo y la desfachatez también crecen.
Ahora bien, basta una revisión somera a los documentos que cito, para darnos cuenta de que no hay ninguna propuesta innovadora que en verdad nos conduzca a elevar el promedio educativo que como país tenemos, mucho menos si se obliga a los directivos escolares, tanto de plantes públicos como privados, a no reprobar a ningún niño o adolescente. Esto es real y el propósito es elevar, de manera ficticia claro está, tales promedios. Así que la falsedad y manipulación de datos también está in crescendo.
Deliberadamente quise profundizar un poco en el aspecto educativo, uno de los rezagos y problemas más sensibles, urgentes y complicados de nuestro México, pero lo cierto es que lo que crece en el país es preocupante y doloroso. No he hablado de las fallas en el sistema judicial que, por supuesto, inciden en un incremento en las injusticias; ni del pensamiento ese que cunde entre la clase política, relativo a “cortar una cabeza” (léase circo o Videgaray) para dizque contentar a las masas; o de la división popular que desde el poder se fomenta. In crescendo sí, toda esta realidad que no sólo cuenta y mucho, pesa y cada vez más.

Columna publicada en El Informador el sábado 10 de septiembre de 2016.


sábado, 3 de septiembre de 2016

¿Y nosotros qué?

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Esta semana fue intensa y no es que pasaran muchas cosas, como en otros momentos en los que las malas noticias cunden. Esta semana que está por terminar cierra, prácticamente, con un solo tema que ha permanecido en la agenda mediática con toda seguridad por el tamaño de la indignación generalizada entre los mexicanos.
Hombres, mujeres, niños, adolescentes, de todos los estratos y niveles educativos, con más o menos foro en medios de comunicación, se han manifestado de todas las maneras posibles para externar su vergüenza, indignación —repito—, coraje y decepción, por la visita de Donald Trump, candidato republicano a la Presidencia de Estados Unidos.
Propios y extraños, incluso colegas y comunicadores claramente situados del lado del PRI desde que volvió al poder, han criticado severamente a Enrique Peña Nieto por haber invitado a un individuo que ha construido su candidatura y su campaña presidencial con base en la ofensa y la denostación a los migrantes, pero particularmente a los mexicanos.
Historiadores, analistas, expertos en diplomacia y muchísima gente que si bien no tiene estudios pero sí un sentido común que ya lo quisiéramos varios, estuvieron de acuerdo en afirmar que el Presidente de México cometió un error histórico y si me apuran, hasta de deslealtad a los principios de su propio partido.
Esto se ha repetido toda esta semana, las voces se suceden y hasta pareciera que se quitan la palabra, todos quieren hablar primero para señalar y también para lanzar preguntas que hasta el momento no han sido respondidas de manera suficiente. Antes de que se consumara la reunión, varios “opinadores” coincidieron en afirmar que la única manera de que el mandatario saliera bien librado del error, era que exigiera a Trump una disculpa pública y el cese de su discurso de odio. ¿Y qué pasó? Todos lo sabemos, en resumidas cuentas Peña dijo que el muro no lo pagarían los mexicanos, sólo para que horas después, en Arizona, el candidato republicano, en un claro tono de burla y desdén, dijera que el muro lo pagaríamos los mexicanos aun cuando no lo supiéramos todavía.
Fue cuestionado abiertamente por esa determinación de invitar a los candidatos (Hillary Clinton, la abanderada demócrata declinó) y la respuesta ha sido, desde el titular de la Presidencia hasta la fila de funcionarios que han salido en su defensa, que la postura del Gobierno mexicano estaba siempre a favor del diálogo.
No tenía por qué hacerlo en este caso en particular. Fue a destiempo en una decisión desafortunada, muy similar a aquella otra de reunirse con Barack Obama.
Dicho sea de paso (imposible no detenerme aquí) ¿cómo está eso de que están a favor del diálogo siempre? ¿Con Trump sí y con los maestros no? ¿Con Trump sí y con los legisladores no? ¿Con Trump sí y con periodistas críticos no? La incongruencia es descomunal y se suma a la sarta de malas decisiones que lo hunden más en las arenas movedizas de las que, todo parece indicar, ya no saldrá.
Estas malas decisiones: la invitación a los candidatos estadounidenses, el envío del Informe y los spots ajenos a la realidad; la reunión para un dizque diálogo con jóvenes; la ratificación de funcionarios como el titular de la Conade: la disculpa insustancial con relación al tema de la casa blanca; el alza en la gasolina y en la energía eléctrica y la respuesta que dio a uno de los jóvenes el jueves pasado en el sentido que su compromiso había sido malinterpretado, entre otras decisiones muchas desconocidas, representan los “esfuerzos” por salir del lodazal con el claro resultado de un mayor hundimiento en lugar de una salvación.

De malas a pésimas las decisiones y una evidencia contundente e incuestionable: al Presidente no le importamos. Lo que digamos o pensemos los mexicanos, lo que opinemos o sugiramos, las llamadas de atención, el rechazo, la preocupación, la indignación, el coraje, la impotencia, la vergüenza que sentimos todos aun cuando algunos traten denodadamente por ocultarlo; el sentimiento de haber sido traicionados, los mexicanos en esta tierra y los que viven allende las fronteras, todos (salvo amigos, funcionarios cercanos y familiares claro, todos los privilegiados) estamos fuera de los intereses, ocupaciones y preocupaciones de la Presidencia de la República. Nuestros juicios no pesan como para que quien nos representa los tome en cuenta y actúe en consecuencia. ¿Y nosotros qué? ¿Cuál representación popular? ¿En dónde está pues la apuesta por el diálogo? En un diálogo, escuchar es indispensable. La crisis de autoridad empeora.

Columna publicada en El Informador el sábado 3 de septiembre de 2016.

sábado, 27 de agosto de 2016

Honor e integridad

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Para nuestra clase política, lamentablemente, estas dos palabras: honor e integridad, son arcaicas. Y en realidad, en aras de la precisión, debería decir los conceptos, porque como palabras aparecen en discursos demagógicos sí pero cada vez menos en las acciones.
El domingo pasado, la periodista Carmen Aristegui anunció temprano y durante todo el día, que al terminar la clausura de los Juegos Olímpicos, en su sitio web se daría a conocer un reportaje sobre la verdad académica del Presidente Peña Nieto.
Aristegui generó altas expectativas que quizá con un video de cinco, casi seis minutos, no fueron llenadas. En lo personal me quedé con ganas de más, sin embargo, tras un somero análisis la verdad es que el trabajo detrás de esos cinco minutos fue, sin duda, arduo. Este es uno punto al que regresaré enseguida, pero antes quiero comentar las reacciones: hubo quienes, con una dureza inusitada, criticaron a Aristegui porque a la hora de la hora presentó un video muy cortito; otros, como yo, manifestaron su deseo de que ojalá hubiera más, por ejemplo, información relativa a la casa de estudios del Presidente, la Universidad Panamericana; sobre su director de tesis o sus sinodales; otros, sin dudas, juzgaron severamente al mandatario por la falta de honestidad académica, una práctica que se castiga con la expulsión en casi todas las universidades que se precian de serlo y se preocupan por mantener nombre y prestigio, honor e integridad.
En el primer tipo de reacciones realmente no se hizo una distinción entre criticar a la periodista y el fondo del contenido, todo contra Aristegui; en el segundo, en algunos casos sí y en otros no, igual que en el tercer tipo de reacciones.
Sobre el primero percibo una especie de campaña clara y directa contra la periodista porque se deja de lado el contenido del video: el plagio, una práctica reprobable por donde se le vea, es un delito, se trata de robar las ideas, las creaciones de otros y hacerlas pasar como propias. En el reportaje se indica que 29 % de la tesis se podría catalogar de plagio porque las fuentes no están citadas adecuadamente y se trata de copias casi fieles de los textos originales. Con base en este porcentaje, muchas personas dijeron que ni siquiera llegaba a la mitad. ¿La deducción implícita? No es tan grave.
Honor e integridad. Me doy cuenta con pesar que ambas virtudes no sólo no aparecen en el código de conducta de los políticos, sino que la ausencia se ha extendido entre varios ciudadanos de a pie. ¿¡No es tan grave!? ¡Es gravísimo! El plagio es gravísimo, así haya sido uno por ciento. Sobre esto quiero llamar la atención para que se valore en su justa medida el hecho y el fondo de la realidad que deja expuesto el trabajo periodístico. Es gravísimo, reitero, y no veo sino reacciones enfocadas en minimizar la gravedad, en descalificar a la periodista y a su equipo y, hasta con prisa, darle vuelta a la hoja, más aún si surgió información que pone o podría poner en entredicho a políticos de partidos distintos al PRI, específicamente Movimiento Ciudadano y Acción Nacional, aquí en Jalisco. Me refiero a la detención de Sergio K. Schmidt Sandoval y a las temibles consecuencias de lo que se ha dado conocer hasta el momento.
En otros países (siempre es un sueño) por plagiar partes de sus tesis, primeros ministros han renunciado. El tema no es menor y ahora sí vuelvo al punto del trabajo que implicó llegar a las conclusiones: localizar la tesis, leerla toda e identificar a quiénes pertenecían los textos, es una labor que seguro implicó semanas de lectura, comparación y análisis; así como conocimiento del tema y de la bibliografía que no está adecuadamente citada.
Ahora, con base en la respuesta de la Presidencia, se trata de errores de estilo y si esta afirmación es verdadera, entonces se deja en evidencia una falta de capacidad, también grave, en el procesamiento de textos académicos, amén de la ineficiencia tanto de la institución como de los sinodales y del director de la tesis.

Para la Presidencia, si la sabiduría, el sentido común, el criterio y el buen juicio no son valores ni principios que formen parte del bagaje del aspirante, ni el honor y la integridad, estamos en problemas. Y si a estas virtudes y cualidades se les resta importancia, si se minimizan, la situación empeora. No debemos perder, como sociedad, el sentido del honor ni de la integridad, con respecto a nosotros mismos y a quienes gobiernan. Nunca.

Columna publicada en El Informador el sábado 27 de agosto de 2016.

sábado, 20 de agosto de 2016

¡Qué difícil!

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Primera: Todo parece indicar que la participación de México en los Juegos Olímpicos de Río es la peor en la historia. Y como es la peor y casi no han caído medallas, pues la información relativa a la corrupción, a la falta de apoyos y a la obsolescencia de las políticas deportivas no se ha hecho esperar.
Segunda: Desde que inició agosto, entró en vigor el incremento más alto en los últimos 18 años en el precio de la gasolina; es decir, el más alto desde la administración zedillista pasando por las dos panistas. De esta noticia se derivan varias, podríamos hablar de 2.1 y 2 punto al infinito y más allá con todos los aumentos que día con día se registran en los bienes y servicios básicos que consumimos o usamos los mexicanos: ¿Alimentos? La carne de res, un producto fundamental más allá de preferencias alimenticias, ha abandonado cientos de miles de mesas de familias mexicanas. Que el precio de la carne de res, dicho sea de paso, se ha incrementado de manera exponencial desde hace varios años, en proporciones de más del cuádruple con respecto a los índices inflacionarios.
Tercera: Próximamente se cumplirán dos años de la desaparición de 43 jóvenes normalistas del Estado de Guerrero, sin que hasta el momento se haya hecho justicia o se haya respondido, con información creíble claro, a los padres de los estudiantes. Justo esta semana el abogado de los deudos anunció que se rompía el diálogo con la PGR porque los representantes de la dependencia se resisten a determinar la responsabilidad de Tomás Zerón en el presunto encubrimiento de evidencia. Y luego la titular de la PGR afirma que se trabaja con exhaustividad en el caso Iguala ¿qué sería si no? El mes que entra se cumplirán, repito, dos años.
Cuarta: Puerto Vallarta, uno de los principales destinos turísticos de nuestro país, es escenario de un secuestro que en realidad es consecuencia del enfrentamiento entre grupos criminales en la zona.
Quinta: En el Estado de México se enfrentaron policías y delincuentes. ¿El saldo? Una persona muerta y ocho detenidas, esto apenas el día de ayer.
Sexta: Los diputados están investigando los hechos en Nochixtlán e interrogaron a tres de los policías que participaron. De entrada, uno de ellos, apodado José, con explicaciones ambiguas reconoció que sí traía pistola, cuando el jefe de Seguridad en México aseguró primero que estaban desarmados. Es importantísimo que no se le eche tierra a este caso (como a tantos otros ¿verdad?): murieron ¡ocho personas! Y cientos resultaron heridas. La creación de una Comisión Especial de Seguimiento en el Congreso, la verdad no sé si es buena o mala noticia, más bien creo que es mala. Así que es derivada de la muy mala noticia que se generó el 19 de junio cuando se abrió fuego contra profesores manifestantes sin que hasta el momento las explicaciones desde la autoridad sean lógicas y creíbles.
Séptima: Por si fuera poco, un presidente municipal apenas electo en Hidalgo, fue detenido por presunto peculado. Resulta que ya había sido alcalde años antes y fue la procuraduría del Estado la que cumplió con la orden de aprehensión.
También se señalaron desvíos de recursos en la Universidad del Estado de Morelos; los empresarios justifican el uso de la fuerza si se impide el reinicio de clases el próximo lunes y la CNTE, ante la falta de acuerdos, reitera que se mantendrá en paro; la clase política está en plena guerra sucia de cara a las elecciones de 2018; y, entre muchas otras malas y peores noticias, la Comisión Nacional de Derechos Humanos denuncia el asesinato de 26 civiles a manos de policías federales, esto en Michoacán, en mayo del año pasado: el caso de Tanhuato.
Todas estas malas noticias son de los últimos días, ni siquiera de las últimas semanas. Algunas sucedieron hace uno y dos años; en ese caso son peores porque no se han resuelto. Son muchos los pendientes: Tanhuato, Nochixtlán, Iguala, CNTE... En estas condiciones resulta difícil, muy difícil, encontrar para difundir y sostener, buenas noticias. Simplemente no hay, o no son del calibre e intensidad de las malas. Ahora, que baje el precio del gas LP ¿es una buena noticia si la gente no tiene qué cocinar? ¿Ni agua qué calentar?

Finalmente, la cuestión no es si se inunda el país con malas o buenas noticias; es la realidad la que nos ahoga.

Columna publicada en El Informador el sábado 20 de agosto de 2016.

¿Ya chole?

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Esta semana se publicó en The Guardian, periódico británico, un reportaje en donde se asegura que la esposa del Presidente de México, Angélica Rivera, utiliza un departamento en Miami que pertenece al Grupo Pierdant, compañía que concursa para construir puertos marítimos aquí en el país.
Esto fue apenas el día 9 de agosto y de inmediato la Presidencia de la República, a través de la Vocería, salió a desmentir y a lamentar el texto en The Guardian. Se afirma por supuesto que nada es cierto y que además los reporteros del diario no buscaron la versión oficial antes de sacar a la luz el trabajo periodístico.
Si mal no recuerdo y creo que varios el lector lo tendrá en mente también, apenas el 18 de julio el Presidente Peña pidió perdón por el asunto de la Casa Blanca. Cito: “Si queremos recuperar la confianza ciudadana todos tenemos que ser autocríticos, tenemos que vernos en el espejo, empezando por el propio Presidente de la República. En noviembre de 2014, la información difundida sobre la llamada Casa Blanca causó gran indignación. Este asunto me reafirmó que los servidores públicos además de ser responsables de actuar conforme a derecho y con total integridad también somos responsables de la percepción que generamos con lo que hacemos, y en esto reconozco que cometí un error. No obstante que me conduje conforme a la ley, este error afectó a mi familia, lastimó la investidura presidencial y dañó la confianza en el gobierno. En carne propia sentí la irritación de los mexicanos, la entiendo perfectamente, por eso, con toda humildad, les pido perdón; reitero mi sincera y profunda disculpa por el agravio u la indignación que les causé”.
Este mea culpa se dio en el marco de la promulgación del Sistema Nacional Anticorrupción (peor es nada) sin embargo, a tres semanas de entonces una vez más la integridad de la primera dama se somete a juicio de la opinión pública porque, a estas alturas, aunque se haya negado, la credibilidad, escasa a estas alturas de la administración, muy escasa, esmirriadita, terminó por precipitarse casi hasta la extinción o evaporación o la figura que mejor le plazca para ilustrar que, lejos de trata de recuperar la “confianza en el gobierno”, al parecer se dedican a lo contrario. ¿O qué pensaban? ¿Qué una vez solicitado el perdón —no me di cuenta de que nadie se lo otorgara— ya tenían como permiso para hacer cualquier cosa?
El 18 de julio pasado el titular del Ejecutivo federal hizo hincapié en que se condujo dentro de la ley, aun así solicitó perdón porque no se había percatado de la responsabilidad que también tienen los servidores públicos en cuanto a la percepción de los gobernados. Bueno, pues en menos de un mes estas afirmaciones se cayeron aparatosamente. De por sí, el nivel de aceptación del mandatario va en picada: entre 15 y 34 % si se consideran, en el primer caso, líderes de opinión y en el segundo, población en general. Igual la calificación, con las mismas acotaciones va de 3.3 a 4.7 en ambos casos en una escala de diez, es decir, reprobadísimo.
¿Volverá a pedir perdón o nos tocará regañada de la primera dama? El asunto es cuestionable por donde se le vea. Y no es moral, ni sano, ni considerado con  los mexicanos, con un pueblo cuya mayoría vive en pobreza y pobreza extrema (con todo y que quieran cambiar las fórmulas de conteo y evaluación). Es cínico, es descuidado, desaseado y todos los calificativos que pasen por la mente.
Y después de esto, atenta a reacciones en medios de comunicación, me llevo una sorpresa mayúscula cuando escucho a “presuntos” radioescuchas llamar a las estaciones y decir que “ya chole” con el asunto del departamento en Miami, que para qué se aborda el tema, que para qué se informa, que no sirve de nada, que mejor los dejemos gobernar y expresiones por el estilo.
Si el gobierno no se conduce sobre bases de honestidad y transparencia, de integridad y apego a la ley según el discurso de Peña Nieto ¿entonces qué? ¿Ya? ¿Nos resignamos a que cunda la corrupción? ¿A que la familia presidencial haga de las suyas? ¿Aguantaremos estoicamente, mientras todo sube menos los salarios, que nos vuelvan a regañar por malpensados y criticones o que nos pidan perdón pero no en un auténtico acto de contrición y arrepentimiento con penitencia?
Nada de que “ya chole”, urge una rendición de cuentas auténtica. Los mexicanos no merecemos menos.


Columna publicada en El Informador el sábado 13 de agosto de 2016.

sábado, 6 de agosto de 2016

Inteligencia y humildad

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Después de tres años de manifestaciones, muertos y heridos, paros, bloqueos, vandalismo, infiltrados, manipulación, días sin clases y, apenas hace unas semanas, mesas de negociación, las cúpulas empresariales se movilizan también, pero para ampararse y amenazar con presentar declaraciones de impuestos sí, pero en ceros, por las pérdidas que para ellos representa la inconformidad de la CNTE, sobre todo en estados del sur-sureste de México, por la mal llamada reforma educativa.
Cómo me gustaría que expresiones de esta naturaleza, tan contundentes, fuertes y escandalosas, se repitieran para otros asuntos y siempre que fueran necesarias cuando las acciones u omisiones de la esfera gubernamental estén equivocadas y causen más daños que beneficios.
Este año llevamos por lo menos dos, amén de las reuniones privadas que seguramente se han celebrado entre representantes empresariales y gubernamentales. La primera, seguramente la recuerdan, se dio cuando en el paquete de cambios legislativos por la famosa Ley 3de3, empresarios muy trajeados se manifestaron en el Ángel de la Independencia de la Ciudad de México porque a los legisladores se les ocurrió incluir, como actores responsables, justamente a empresarios que hicieran negocios con el gobierno, es decir, cuando hubiera recursos públicos involucrados. Bueno, pues lograron que se diera marcha atrás.
En ese momento celebré la medida y añoré el activismo de la IP de hace unos 20 o 30 años. Ahora recurren a instrumentos legales y exponen sin ambages que el Gobierno mexicano no ha sido capaz de enfrentar el problema con los profesores disidentes.
En este caso, y menos aún después de Nochixtlán, creo que la estrategia empresarial complica la situación lejos de ayudar a resolverla. Imprime presión y abiertamente se señala la necesidad del uso de la fuerza. A ver ¿es por ahí? Si las preocupaciones son reales, para empezar creo que podrían haber emprendido una acción similar para exigir una reforma educativa integral, es decir, que contemplara mejorar los contenidos y los recursos pedagógicos; contenidos y enseñanza, pues, no nada más la situación de los docentes que sin duda alguna debe ajustarse.
Las fallas del gobierno a la hora de abordar este asunto complejo, añejo, doloroso y peligroso, son claras y evidentes, hay en esto plena coincidencia, pero la propuesta y las insinuaciones de la IP conducirían a una escalada de violencia que contrasta o choca con las pretensiones de nación moderna y civilizada inmersa en-un-mundo-democrático-globalizado-que-aspira-a-la-protección-de-los-derechos-humanos-como-sea. También podría ser el permiso ideal para continuar con las acciones represivas (si los empresarios lo piden…).
Sería ideal que a partir de esta realidad que amenaza con rebasarnos (no se puede dejar de lado que el gasolinazo, el incremento en la energía eléctrica, la pobreza galopante, la inflación, el golpazo al poder adquisitivo, el desempleo y el empleo precario, la inseguridad… están generando más angustia, inconformidad y molestias ciudadanas) de una vez por todas el Gobierno mexicano asumiera su responsabilidad como artífice e iniciador del conflicto y lo resolviera con inteligencia y humildad. Es muy difícil. Lo fácil es recurrir a la violencia y a la represión, pero no queda otra. Inteligencia y humildad son la clave y en esa medida se encontrarán respuestas de la otra parte.
Energía sí, contundencia también, pero en una mesa de diálogo. Hay maneras y en el gobierno lo saben, pero persiste la postura (en ambas partes) de no ceder ni dar su brazo a torcer. Es el peor de los escenarios, la receta perfecta para caminar en círculos. En alguien debe caber la cordura.
Después de los muertos en Nochixtlán y de las mesas de diálogo que hasta entonces atinaron a instalar en Gobernación, los encuentros se han dado con altibajos y la situación ahora amenaza una vez más con desbordarse. El regreso a clases está a la vuelta de la esquina y los profesores disidentes ya dijeron que no permitirán el inicio del ciclo escolar si no se atienden sus demandas.

Se requieren altas dosis de inteligencia y humildad en las dos partes en conflicto en este caso y también en las de los sectores de la sociedad que han intervenido con sus propias demandas y señalamientos.

Columna publicada en El Informador el sábado 6 de agosto de 2016.

sábado, 30 de julio de 2016

Mientras Hillary... la pobreza

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Aunque parezca increíble, todavía me sorprende la forma en que muchos colegas y analistas abordan los diferentes temas que están en el candelero; y también cómo los medios de comunicación en general podrían ser sinónimo de efímero y, por asociación, de pasajero o superficial.
La confirmación de Hillary Clinton como candidata demócrata a la presidencia de Estados Unidos es “la nota” y el tópico central de todos los géneros editoriales: columna, artículo de fondo, comentario… Sí, sí, que si la vecindad, que si el TLC, que si la reforma migratoria, que si la mano dura de la señora, que a lo mejor es peor que Trump, en fin; claro que debo decir que hablé sobre ella y el candidato republicano la semana pasada, pero más que sobre ellos, sobre la ridiculez de la reunión Peña-Obama. El caso es que analistas y colegas están enfrascados en disquisiciones que a la hora de la hora ni fu ni fa, ni pa’tras ni pa’delante. ¿O servirán de algo?
Y así, mientras Hillary es la protagonista indiscutible en los medios de comunicación de México y del mundo, el Gobierno federal anuncia que próximamente se recrudecerá la crisis y, por lo tanto, que aumentará la pobreza. Las consecuencias son lógicas, pero vivos y marrulleros como son, antes de confirmar el gasolinazo que viene, modificaron las fórmulas barrocas para medir la pobreza.
Con ganas de que la información relativa pasara inadvertida, apenas se ha hablado y escrito al respecto. Ante la magnitud de la pobreza en nuestro país, la ineptitud y displicencia para erradicarla y una evidente determinación por no reconocerla en su justa dimensión, se opta por cambiar las de por sí complicadas y rebuscadas ecuaciones para medirla, de manera que sea posible, legal y oficial, tapar el sol con un dedo.
Qué fácil: 2016 se convierte en el año cero y ni siquiera será posible llevar un registro histórico de los niveles de pobreza en el país.
¿Para qué se mide la pobreza? El objetivo meta de esta herramienta es conocer exactamente el problema para estar en condiciones de afrontarlo con éxito, por un lado; y por otro, para evaluar los programas oficiales enfocados, precisamente, en abatirla primero y luego erradicarla. Claro que suena utópico, pero los propósitos no pueden ser menores. Son asuntos relacionados con el desarrollo de un país, las condiciones y la calidad de vida y la eficiencia del aparato gubernamental, entre otros.
¿Por qué lo cambian ahora después de varios años de aplicar el sistema anterior? Porque los resultados actuales no dejan bien parado al gobierno de Peña Nieto. Un ejemplo: entre 2012 y 2014, el número de personas pobres en México subió de 53.3 a 55.3 millones. Dos millones de mexicanos más con esa calidad de vida, como quien dice la mitad de la población (46.2 %).
Y luego afirman que no es cierto que el esquema de medición se modifica para manipular. ¿Ah no? ¿Entonces para qué sí cambia? ¿Cuál es la nueva utilidad? Reitero: tapar el sol con un dedo y que la administración pública federal no tenga en su haber tan malos resultados, pésimos de hecho. Y claro que en ese mismo tenor fue que se dio la renuncia del responsable del área dentro del INEGI, Miguel Cervera, otrora titular de la Dirección General de Estadísticas Sociodemográficas. Pobre.  
Con los cambios, de un plumazo desaparecerán más o menos diez millones de mexicanos viviendo en pobreza. Si se trata de ocultar a toda costa la realidad pues de una vez que los desaparezcan a todos.
Las estadísticas ficticias nunca han servido para nada y si no, que les pregunten a los griegos. Digo, no sirven para nada bueno. Para ocultar, tergiversar, aparentar, manipular, sí, para eso sí sirven, la cuestión es que más tarde o más temprano sale la verdad a flote y se pagan las consecuencias, como las verdaderas intenciones de Hillary Clinton con respecto a México si es que gana las elecciones de noviembre; como el golpe para la economía nacional, macro y micro, que asestará el gasolinazo de agosto, el mayor en los últimos 18 años; como el auténtico fondo de la dizque reforma educativa…

De modo que mientras Hillary sí o no, cuya candidatura y personalidad han operado como una especie de cortina de humo, la pobreza aumenta y a la realidad que implica, dolorosa y lacerante, se le echa tierrita oficializada.

Columna publicada el sábado 30 de julio de 2016.

No sé

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Después de una solicitud de perdón inútil e incomprensible creí que no vería otra escena presidencial extraña, mucho menos en la misma semana (normalmente las representaciones están  espaciadas). Lo sorprendente ahora es que está involucrado nada menos y nada más que el presidente Barack Obama. Se trata de la visita de Peña a Estados Unidos dizque para motivar al voto hispano anti-Trump en las elecciones que próximamente se celebrarán en el vecino país del norte.
No sé. Hay analistas que opinan que con esta reunión simbólica en realidad arranca una estrategia sólida de presión para que la importancia de México y su relación con Estados Unidos sea valorada en su justa medida; para que los mexicanos y descendientes de mexicanos en la Unión Americana cierren filas en torno a la candidatura de Hillary Clinton, no tanto por la ex secretaria de Estado en sí, sino porque es la opositora de Donald Trump, xenófobo millonario que ha hecho del “odio” a México su principal estrategia electoral, como todos sabemos.
No sé. Los millones de mexicanos y sus descendientes que viven en Estados Unidos, hasta donde se conoce, no están precisamente orgullosos del Gobierno peñista. Y aun cuando en la Unión Americana no se han registrado muestras de repudio como en varias ciudades europeas contra el titular del Ejecutivo federal, es fácil deducir los sentimientos de los compatriotas que viven del otro lado del río Bravo. Sí creo que la cercanía y la información acrecientan la inconformidad y el enojo que prevalece en territorio nacional.
No sé. Esta nueva disposición de Barack Obama, al cuarto para las doce, cuando México ha estado fuera de su discurso, cuando está a punto de abandonar la presidencia, no me genera confianza. Siempre lo hacen. Si en el fondo están los fines electorales, entonces sí, de otra manera, pasan cuatro y ocho años y nada cambia ¿este acercamiento ofrece garantías de concreción de la reforma migratoria? Claro que no.
No sé, porque además no estoy segura de si el triunfo de Hillary Clinton represente para la vecindad alguna ventaja en términos de relaciones comerciales, industriales y migratorias. A la hora de la hora, así como Obama, guardan las promesas en un cajón que abren, si acaso, cada cuatro o cada ocho años.
Ahora, si el presidente estadounidense tomó la iniciativa de invitar a su homólogo mexicano con la idea de incidir en el voto hispano, fundamentalmente mexicano, no estoy segura si conoce la situación en México, más bien podría pensar que le falta información de calidad.
No me parece algo muy positivo que digamos; tampoco que, a estas alturas de la contienda estadounidense, la incidencia sea definitiva y exitosa a favor de los demócratas. Al contrario de analistas que celebran o destacan el encuentro Peña-Obama, aunque sea tarde, hay otros que no olvidan (y es mi caso) el silencio del Gobierno mexicano ante los insultos de Trump quien alimentó en el pueblo estadounidense lo que el Dr. Jaime Tamayo define como racismo genético, particularmente contra los mexicanos.
El electorado en general, no se diga el estadounidense, es impredecible. Con frecuencia basta un rumor, una información tergiversada aun cuando después se aclare o un hecho real pero ficticio, para que se derrumbe el capital político de una o de otro. Todo puede pasar. Sinceramente no creo que la visita y la reestructuración de la estrategia mexicana-demócrata sirvan de mucho, sin embargo, nada es descartable.
Aun así, no sé qué pasará en las elecciones presidenciales de Estados Unidos el próximo noviembre, pero las expectativas no son favorables en ningún sentido. Una opción es peor que otra, pero ninguna alentadora como para pensar que las relaciones entre los gobiernos de ambos países y entre los habitantes de uno y de otro lado del Bravo, serán mejores. Es muy difícil aventurar un escenario así. Ni Obama ni Peña han tomado medidas notables para resolver problemas y pendientes añejos y, no sé, pero sí estoy segura de que un proceso electoral no es ni será suficiente para enmendar conductas, iniciativas y actitudes que siempre, siempre, nos han dejado en desventaja en esta vecindad.

Columna publicada en El Informador el sábado 23 de julio de 2016.



domingo, 17 de julio de 2016

Impunidad e ingenio

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Podría pensar que es buena noticia la decisión que se tomó ayer en el Congreso del Estado, relativa al fuero. No es lo máximo y quién sabe si logre concretarse en su totalidad, pero sí, algo es algo, para no pecar de inconforme pues. Algo se mueve.
Ahora lo que sigue es que los iniciadores del proyecto no quiten el dedo del renglón y la determinación de retirar el fuero a servidores públicos, no sólo sea aprobada por los ayuntamientos de Jalisco (se trata de una propuesta de reforma constitucional), sino que llegue a nivel federal, de lo contrario, con ciertos servidores como el gobernador y los diputados federales no tendrá ningún sentido.
La eliminación del fuero, si mal no recuerdo, es una de las demandas sociales más añejas, motivada por los altísimos niveles de corrupción e impunidad en la clase política. Definitivamente es un avance del Poder Legislativo jalisciense, particularmente de los impulsores que hicieron suyo este reclamo social.
No se trata ahorita de echar las campanas al vuelo porque, como decía, falta que por lo menos 63 ayuntamientos avalen la reforma —tienen 30 días para hacerlo— y todos sabemos cómo se las gastan en los municipios por la lejanía, la autonomía, los diferentes niveles de involucramiento de los gobernados, distintas concepciones de honestidad, transparencia y servicio público.
Aparte, una vez que se cumpla ese paso, restaría modificar la norma federal, situación todavía mucho más complicada porque, en ese caso, afectaría a todos los funcionarios públicos susceptibles de que se les retire el fuero, no sólo a los de Jalisco. Ya veremos, ya veremos. Hay que estar atentos. Si se logra, realmente sería una reforma trascendental y para festejar, porque se constituiría en una herramienta de combate a la impunidad en términos generales y quizá, sólo quizá, podría servir para purgar a la clase política, limpiarla, sanearla.
Y a propósito de impunidad, no puedo dejar de comentar (tenía tiempo con la intención pero los temas se multiplican) el spot del Senado de la República en donde prácticamente se ubica como a los únicos responsables de la impunidad en México, que alcanza niveles estratosféricos, a los ciudadanos, que porque denuncian delitos.
Desde que tengo memoria, gobiernos van, gobiernos vienen, de uno y de otro partido, y se diseñan programas y campañas para promover la cultura de la denuncia, que porque dizque nos falta. ¿Deseos de que no se haga justicia? ¿Falta de ganas? ¿O es que acaso queremos ser cómplices de los delincuentes?
En escasos 30 segundos, el creativo contratado por el Senado de la República nos echa toda la culpa: “nueve de cada diez delitos no se denuncian en México”. Y luego que es uno de los países con mayores niveles de impunidad en el mundo. Que lo que no se denuncia no se investiga y, por ende, no se sanciona, que la responsabilidad es de todos “la inseguridad es responsabilidad de todos, tú también puedes prevenirla denunciando al crimen; si denunciamos acabamos con el delito y acorralamos a los delincuentes; juntos podemos cambiar, si todos cambiamos, México cambia”. Ajá. Y no es que yo quiera impedir o inhibir o promover que no se denuncie, claro que no, al contrario. Siempre será bueno promover la cultura de la denuncia pero ¿y al Poder Judicial no le toca hacer nada?
Datos apenas de 2015, publicados en Forbes, revelan que México es el segundo de un listado de 59 países, con mayor impunidad; y no le atribuyen la responsabilidad a los ciudadanos por no denunciar, sino a las deficiencias en el sistema de justicia: 46 % de la población detenida carece de una sentencia condenatoria, por ejemplo. El Índice Global de Impunidad recomienda la operación de 17 jueces por cada 100 mil habitantes; el dato para México es de cuatro jueces por cada 100 mil habitantes. Y claro que no se trata de abultar la burocracia judicial, sino de hacerla más eficiente y que el indicador “se hizo justicia” se dispare. Ajá.
Según el Senado todo se debe a que no denunciamos ¿y por qué las cárceles están llenas?  ¿Serán todos culpables? ¿Todos tienes sentencia? ¿No es la impunidad en México resultado de un sistema podrido y pervertido?

Por lo general, lo he notado, gobiernos deficientes le echan la culpa de todos los males a su población, que dizque no participamos, ni denunciamos, ni pagamos impuestos. Por si fuera poco, ahora se difunde un spot de que gracias al gobierno los mexicanos creemos en nuestro ingenio. No bueno. Así los niveles de impunidad e ineficiencia. Respecto al retiro del fuero, hasta no ver no creer.

Columna publicada en El Informador el sábado 16 de julio de 2017.