sábado, 13 de mayo de 2017

Nos han enseñado mal la historia I

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

El rey Fernando VII empeñó lo que le quedaba de vida en su propósito de reconquistar la Nueva España, ese reyno rebelde que no había sido posible pacificar desde que revoltosos y sediciosos se rebelaron contra los gachupines en 1810. Como decía mi abuela, los criollos ya tenían el hígado lleno de piedritas y ese rechazo a la vida, tan cándida y auténticamente ofrecida para salvar al monarca de los herejes franceses, fue el colmo. La lealtad se desmoronó.
Los criollos habían soportado las desventajas de no ser ni indígenas ni peninsulares a lo largo de tres siglos; entre las concesiones y el proteccionismo de que “gozaban” los indios y los privilegios de los europeos, los criollos debían conformarse con las migajas y, además de todo, aguantar las ofensas que desde el Viejo Continente de manera cíclica se proferían contra todo lo que fuera americano.
No había pasado mucho tiempo desde que Buffon (1747),  Pauw (1768), Raynal (1770) y Robertson (1777) escribieron que todo lo americano era degenerado y estaba corrompido; que los seres humanos y hasta los animales eran inferiores a los europeos; débiles, menos valerosos, de inteligencia escasa, menor estatura, sin vello, degradados en todos los signos de virilidad, impotentes y cobardes y que la naturaleza era menos fértil. Así.
Con todo, hay que agradecerles, porque esas ofensas motivaron las más airadas, documentadas y extraordinarias defensas de lo americano y la reconfirmación del patriotismo criollo. Se elaboraron estudios e investigaciones que concluían, como otros antes, que las civilizaciones americanas eran de una grandeza sólo equiparable a la de las culturas egipcia y grecorromana.



De México, Francisco Xavier Clavigero (1780) no fue el único ni el primero, pero quizá sí el más notable y difundido. Su Historia Antigua de México, manuscrita en español e impresa en italiano en las postrimerías del siglo XVIII, durante el destierro al que fue obligado por Carlos III, está catalogada hoy como la obra precursora de la nacionalidad mexicana.
Antes del jesuita, incluso antes de que se publicara la Historia de América del escocés Robertson, Antonio Joaquín de Rivadeneira y Barrientos, inspirado en las ideas y convicciones de Juan de Palafox, preparó y leyó un documento conocido como la Representación de 1771, para defender a los criollos de los embates ejecutados por el visitador José de Gálvez quien cumplió más allá de al pie de la letra la aplicación de las reformas borbónicas.
La lista de agravios seguía en aumento, dolor y rencor acumulados por siglos hicieron explosión en un periodo corto, muy corto si nos situamos en una perspectiva de 300 años. Eran tiempos de por sí convulsos, confusos. A la guerra de Siete Años que perdió España le siguió la invasión napoleónica, mientras en América las nuevas disposiciones generaban las más airadas protestas, motines y revueltas, no nada más en la Nueva España, también en Perú con la revolución de Túpac Amaru convenientemente acallada y censurada en su momento. El horno no estaba para bollos. Resistencia e inconformidad cubrían todos los territorios hispanoamericanos.
Quiero compartir en este espacio un texto que preparé para mis clases de doctorado en Historia. Las reflexiones, después del conocimiento de aquella época, me remiten a esta. En historiografía eso se conoce como presentismo y no está mal, rechazar esa vertiente sería como aceptar que no soy de este mundo, ni de este país, ni de este tiempo. Los historiadores y, si me permiten (a riesgo de despertar polémica), los periodistas, somos seres históricos. Sé que Ryszard Kapuściński estaría de acuerdo. Así que, hasta aquí dejo la columna de hoy, pero no se la pierda porque a partir de ahora serán cuatro entregas en total, faltan tres. De entrada, lo invito a la reflexión que motiva esta afirmación: Nos han enseñado mal la historia. Y en general lo sabemos, y conocemos algún episodio o dos; algún que otro mito… Trato de ir un poco más allá. Sí creo que nos han enseñado mal la historia para que no tengamos conciencia de nuestra grandeza, de nuestra valentía, de nuestro valor.
No es un artículo, como por lo general lo hago, a propósito de alguna fecha emblemática, algún aniversario, son reflexiones a partir del conocimiento de nuestra historia de una forma mucho más profunda y ampliada. Surgió a raíz de darme cuenta de lo que nos han ocultado y tergiversado; y de cómo han usado (las clases políticas en México a lo largo del tiempo) a la historia para llevar agua a sus molinos.
La invitación es a leer sobre nuestra historia, de una postura y de otra, a quienes usan unas fuentes y otras; a los desconocidos, a muchos historiadores extranjeros que al escribir al margen de las dinámicas internas nos ofrecen información mucho más precisa y en muchos casos, más creíble. Por lo pronto, les recomiendo Orbe indiano de David Brading, pero ya. Y seguimos la próxima semana porque… nos han enseñado mal la historia.

Columna publicada en El Informador el sábado 13 de mayo de 2017.


Ya no es como antes

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Los sindicatos ya no son como antes, cuando con el pretexto de proteger los derechos de los trabajadores amenazaban con huelga o paro e inmediatamente sus demandas eran atendidas. Esto estaba tan bien calculado que llegó a ser una obra de teatro con miles y miles de representaciones, pero por lo menos alguna ganancia para la clase trabajadora había: algún incremento salarial, alguna prestación recuperada, nueva o renovada, algo, lo que fuera que hiciera sentir que aquellos líderes sí se preocupaban por sus representados. Pero ya no.
Esta semana asistí a la presentación de una obra en dos tomos, una gran empresa en verdad, del Dr. Francisco Javier Aguilar García: El Estado mexicano, crecimiento económico y agrupaciones sindicales: del Porfirismo al periodo neoliberal en el siglo XXI editado por la UNAM. De entrada, la obra es útil y valiosa por el recuento de sexenios y administraciones del último siglo, poquito más, porque nos puede auxiliar en la ubicación de fechas, momentos y decisiones que aún ahora nos afectan, como la creación del IMSS o del Infonavit o de la introducción de los modelos de outsourcing… por ejemplo. Nos puede ayudar a identificar quién hizo qué, es decir, qué decisiones, leyes y medidas en materia laboral aprobó Cárdenas del Río o Miguel Alemán o Salinas o Peña Nieto incluso, a quien el autor le dedica el epílogo.
Mil 460 páginas en las que Aguilar se metió a fondo a investigar la situación laboral en México, cómo ha evolucionado o retrocedido; si ha mutado y la realidad de los sindicatos. En la presentación que fue en el CUCSH Belenes, participaron cinco académicos de la Universidad de Guadalajara con comentarios a las diferentes partes del trabajo.
Uno de los presentadores, el Dr. Jaime Tamayo, sociólogo especialista en temas políticos y de movimientos sociales, resumió en cuatro palabras lo que ha sucedido con los sindicatos en México en el periodo que se aborda en el libro: confrontación-cooptación-integración-sometimiento. Es fuerte, pero así es o ¿qué sindicato hoy en día, ya sea de trabajadores hijos de vecino o de empleados al servicio del Estado, burócratas pues, defiende los intereses correspondientes? ¿Qué sindicato ha negociado mejores condiciones laborales para los trabajadores mexicanos, los más trabajadores del mundo y que ni así les alcanza para vivir con holgura, con las necesidades básicas totalmente resueltas incluyendo la recreación, el vestido, la vivienda y la educación todo de calidad? ¿Cuál, quién? Desde hace algunos años, del periodo cuando en la presentación se dijo que los sindicatos “habían sido atacados” (léase gobiernos panistas) a la fecha, no ha pasado nada extraordinario con relación a las condiciones laborales de los trabajadores mexicanos, a su favor claro está, porque en contra, baste mencionar el gasolinazo que diluyó ipso facto el aumento “histórico” y “sin precedente” que había sido autorizado para el salario mínimo.
No, ya no es como antes. En la presentación del libro que comento se habló de conservadurismo, liberalismo, capitalismo y neoliberalismo, una sucesión de modelos económicos a los que México se ha sumado sin chistar y que en esencia, como han señalado algunos, nos han llevado a una especie de neoporfirismo que privilegia hoy en día a los más poderosos y a los más ricos, en detrimento de los que menos tienen y pagan porque pagan impuestos y todo lo que hay que pagar, es decir, una realidad muy parecida a la de finales del siglo XIX y principios del XX marcada por una desigualdad cada vez más profunda y criminal.
Y al decir ya no es como antes me refiero a los inicios del sindicalismo en México, quizá podríamos llegar, forzando un poco, a la mitad del siglo XX, pero una vez que se encumbraron y enriquecieron los líderes sindicales, pues ya no. Y de eso tenemos varios ejemplos contemporáneos porque además resulta que son longevos: Fidel Velázquez (y ahora vemos que no era de los peores), Jongitud Barrios, Elba Esther Gordillo, Napoleón Gómez Urrutia y Carlos Romero Deschamps por mencionar a los de infausta memoria, vivos o fallecidos, fugados, asilados o encarcelados, pero sí, súper millonarios ellos y sus descendencias.
Al final de la presentación me quedó un saborcito amargo en la boca, muy desagradable: en realidad, salvo contadísimas y honrosas excepciones, los líderes sindicales y los gobiernos a los que se alían, han usado a los trabajadores como han querido, como carne de urna y/o como amenaza para obtener poder y privilegios personales.

Ya no es como antes… y eso que antes no era lo mejor.

Columna publicada en El Informador el sábado 6 de mayo de 2017.

sábado, 29 de abril de 2017

Tocar fondo

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Desde hace ya varios procesos electorales, tanto federales como locales, la ciudadanía ha manifestado su hartazgo con respecto al modus operandi de los partidos y políticos en campaña. En Jalisco, por ser una de las entidades con una especie de alternancia temprana, antes que en el gobierno federal, hemos estado por más tiempo expuestos al espectáculo de pacotilla de cada tres años.
Golpes bajos, guerra sucia, luchas en lodo —casi literal— exposición de intimidades, datos, videos y fotografías truqueadas o falseadas, descontextualizadas, acusaciones sin fundamento y otras con fundamento convenientemente reservadas para ventilarlas cuando se les puede sacar mayor provecho, siembra de dudas, trampas, “cuatros”, “chamaqueos” y cuanta marrullería se les ocurra elección tras elección, son reflejo del refinamiento que ha alcanzado la bajeza y la falta de escrúpulos en la clase política.
La degeneración cuestionada por la ciudadanía sigue inexorable y no se avizora en el corto plazo, mucho menos más allá, un cambio en las formas y los modos, al contrario. Vamos de mal en peor.
Este año no habrá elecciones en Jalisco, pero a través de los medios de comunicación también estamos expuestos y así todos los habitantes del país que ni siquiera cuando no hay comicios locales podemos descansar del basural que nos recetan los políticos mexicanos.
Más que las elecciones en Nayarit o en Coahuila que, dicho sea de paso, tienen lo suyo, el proceso del Estado de México es el que se lleva los reflectores, casi toda la atención, porque se supone que es el “laboratorio electoral” previo al proceso presidencial, en este caso, de 2018. Difiero de esa idea porque en el gobierno federal tenemos ejemplos de alternancia, desastrosa en ambos sexenios, pero alternancia al fin, y en el Estado de México, no.
¿Qué quieren decir con eso de laboratorio? Que quien gane en el Estado de México ganará la elección presidencial. Reitero mis dudas, sin embargo, creo que sí es un laboratorio de fraude y marrullería electoral, eso sí, sin duda. Es la entidad en donde se han perfeccionado las formas de fraude, específicamente la compra de votos.
No es raro si además de saber que se trata de una de las formas de fraude preferidas del PRI relacionamos el dato con el lugar que ocupa esa entidad en los niveles de pobreza: El Estado de México se ubica en las 15 entidades de la República con más pobreza en el país. Y esto, se supone, no debería ser así porque paradójicamente, es también uno de los estados que más aporta al PIB nacional: nada menos que el segundo lugar. Es cuando uno se convence de que el combate a la pobreza es sólo un conjunto de medidas paliativas pero no remediales, que no me digan por favor. Es conveniente para los políticos, del PRI en primer lugar, mantener a la gente en la pobreza y en la ignorancia, por eso también el fracaso de sus dizque reformas educativas.
Desde cuándo que en México se deberían registrar avances notables en la reducción de los niveles de pobreza con todos los programas sociales que se han emprendido por lo menos en los últimos treinta años y vamos de mal en peor también.
Y desde cuándo deberíamos avanzar en los estándares internacionales que miden la excelencia educativa y también vamos para atrás. Yo estoy convencida de que ambos rubros se manipulan con fines electorales y eso es criminal.
Bueno, pues además de estas herramientas que usa la clase política en México, está el chiquero en el que han convertido los procesos electorales. No les importan nuestras quejas, no les importa el enojo y el hartazgo ciudadano, mienten sin miramientos, no hay honor, ni dignidad, ni vergüenza, se enloda a los enemigos políticos aunque ello implique acabar con vidas y carreras y se manipula la aplicación de programas sociales, políticas públicas y la discusión y aprobación de leyes. El país se paraliza y en los funcionarios públicos priva el interés de quedar acomodado en el trienio o en el sexenio que viene.
Tenemos que romper con esto, no es posible. México no lo merece, no lo merecemos los ciudadanos que con nuestros impuestos mantenemos todo este tinglado, esta cloaca que no queremos y que no nos representa.

Urge que las prácticas político-electorales en México toquen fondo para purgar y empezar de nuevo.

Columna publicada en El Informador el sábado 29 de abril de 2017.

22 de Abril

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Veinticinco años se dice fácil sobre todo para quienes no alcanzaron a desarrollar una conciencia real y profunda de lo que pasó el 22 de abril de 1992 en Guadalajara. Las heridas, quizá cauterizadas, siguen abiertas, algunas supuran, muchas duelen, porque nadie en el Estado mexicano ha tenido la valentía de reconocer la negligencia criminal y pedir perdón. Y porque los damnificados no han sido resarcidos del todo.
Nunca es tarde para reconocer ni para enmendar. Las autoridades son otras, cierto, muy probablemente por eso las nuevas generaciones de políticos podridos y baratos no se sienten aludidos cuando se trata de cumplir con compromisos y promesas para los damnificados, pero les toca. ¿Qué no se dicen respetuosos de las leyes y del orden institucional? ¿No repiten, cada vez que pueden, la cantaleta de la urgencia de fortalecer y respetar a las instituciones?
Imagen de las explosiones del 22 de Abril en el Sector Reforma de Guadalajara. Fotografía: Desmesura.org
Una forma de hacerlo sería, de entrada, ser ejemplo. Hay un dicho muy viejo, muy sabio, muy trillado y poco atendido, que encaja aquí a la perfección: “el buen juez por su casa empieza”.
Aunque nunca lo reconoció, y es un secreto a voces, fue Pemex. Pagó indemnizaciones y luego se lavó las manos. Y las otras instituciones que por compromisos y promesas de los políticos en turno tenían programas de atención a las personas damnificadas, a veces cumplen, a veces no y siempre con displicencia, sin ganas, con desdén, como si estuvieran haciendo un favor.
Las dudas sobre el total de muertos persisten porque la cifra oficial de poco más de 200 no es creíble. Este también es un asunto pendiente, una cuenta que se tendría que saldar. Y no se diga la atención médica que la mayoría de los sobrevivientes requiere y para la que no tendrían que imponerse obstáculos ni regateos. Merecen todo sin restricciones, lo que pidan y aun así persistirían deudas por las pérdidas totales, de seres queridos, de la salud, del patrimonio, de la tranquilidad, de la seguridad.
No se valora exactamente lo que se perdió desde afuera, mucho menos si se trata del gobierno. Es su trabajo ponerse en el lugar de los otros para, con esa comprensión, ser atinados y precisos en las acciones y en las políticas públicas. Lamentablemente no tenemos políticos de esos, ni para atender a los afectados por las explosiones del 22 de Abril, ni a la ciudadanía en general.
Las explosiones del 22 de Abril, como alguna vez dijo Lilia Ruiz Chávez, una de las lideresas más persistentes y perseverantes de frente a la clase política, estuvieron politizadas desde un principio y aniversario tras aniversario, sobre todo si coincide con algún proceso electoral, los políticos están prestos, pagan porque los alquilen y ofrecen el cielo, la luna y las estrellas; pero si no hay elecciones en puerta, son omisos y prepotentes.
El testimonio de Lilia Ruiz, en una entrevista hace dos años con el periodista Alberto Osorio, es emblemático: Aristóteles Sandoval fue capaz de darle su número de celular para estar en contacto, y al principio sí, como ningún otro gobernador desde 1992, pero después ya no contestaba hasta que cambió de número y Lilia se quedó sin el dato para mantener el contacto directo. Ejemplo de político convenenciero y mediático, claro. Si en estos momentos no puede ya capitalizar su atención a los damnificados del 22 de Abril ¿entonces para qué? Así opera la clase política en general y es un abuso y una bajeza.
A 25 años de distancia no se han resarcido todos los daños, no se han hecho las correcciones posible en su totalidad, no se ha pedido perdón,  no se han dejado a un lado conveniencia e ineficiencia y a los damnificados, a la sociedad en pleno, por todo lo que significa, no se les ha respondido con honestidad y responsabilidad al cien por ciento como debería ser ante quien no tuvo culpa de nada.
Un cuarto de siglo, cinco lustros o como se quiera medir, las cuentas no se han saldado y se tendría que trascender el interés político-electoral para actuar sólo con la intención de otorgar y conceder lo más posible a quienes perdieron tanto  por obra y gracia de la corrupción.

Un abrazo solidario a los damnificados del 22 de Abril de 1992, a los afectados por las explosiones en el Sector Reforma, del Barrio de Analco y mis deseos de consuelo y fortaleza, a los que perdieron a sus familiares, padres, hijos, abuelos, hermanos, amigos y a los que sufrieron y padecen aún, el abandono de salud, estabilidad y justicia.

Columna publicada en El Informador el sábado 22 de abril de 2017.

Esperanzas

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Entre atentados terroristas y uso de armas poderosísimas que siembran y alimentan el miedo; entre los locos, poderosos y fanáticos que gobiernan el mundo; entre la estulticia y corrupción de la clase política mexicana, las amenazas del crimen organizado, la pobreza y las crisis de todo tipo que enfrentamos y que son reales, no un producto de nuestra imaginación, entre todo esto, que es grave y es fuerte, la vida se abre camino y aparentemente de la nada las manifestaciones sociales y populares son un reflejo de la vitalidad, de la bondad, de la solidaridad y de la fuerza ciudadanas.
Podría parecer poca cosa, sin embargo, creo que de las pequeñas cosas están hechas las más grandes y trascendentales. Me refiero a esta iniciativa particular y vecinal de organizar la Semana Santa en el Barrio de Analco de Guadalajara que se ha convertido en símbolo de unión, de voluntad y de solidaridad, más allá del contenido religioso y devocional, que no es menor.

Damas de negro en el inicio de la Procesión del Silencio y  Vía Dolorosa en el Barrio de Analco.
Fotografía: Laura Castro Golarte
El Barrio de Analco, con su bagaje histórico fundacional y patrimonial, pese a su antecedente como República de Indios, se ha desarrollado a lo largo de los años como un espacio relegado y supeditado al crecimiento y evolución de Guadalajara. Más aún, con esta división reflejo y legado perverso de tiempos y prejuicios, de la calzada para allá y de la calzada para acá, y su respectiva carga discriminatoria que lamentablemente y en muchos sentidos, persiste hasta nuestros días.
Este mismo Barrio de Analco es hoy escenario de un esfuerzo ciudadano al que se han tenido que sumar las autoridades tanto del Gobierno del Estado como de los ayuntamientos metropolitanos, específicamente Guadalajara y Zapopan, porque la idea surgió no sólo con el propósito de revivir una tradición religiosa añeja y fomentar fervor y devoción, sino con el de contribuir a la restitución y fortaleza del tejido social, por un lado; y, por otro, de lograr que Analco sea percibido por todos los tapatíos como un espacio propio, de una gran belleza colonial y profundas raíces históricas.
Con todo y la premura con la que se organizaron las actividades de la Semana Santa en Analco, todo el programa que concluirá mañana, por cierto, con una convivencia familiar en los jardines de San José y de San Sebastián de Analco, se ha desarrollado sin mayores contratiempos y con una participación alentadora, tanto de vecinos de la colonia como de habitantes de otros puntos de la zona metropolitana.
La idea fue de don René Rivial León, empresario de amplio reconocimiento por sus aportaciones a Guadalajara por su gran interés y amor a nuestra historia y nuestras tradiciones (él logró que la idea del Encuentro del Mariachi germinara y persiste desde hace más de 20 años), como él dice, cayó en terreno fértil porque, efectivamente, los vecinos de Analco la hicieron propia y hoy es una realidad.
Hay un antecedente que es importante reconocer: hace dos años aproximadamente, líderes vecinales y los presbíteros tanto de San Sebastián como de San José, iniciaron con un esfuerzo que rinde frutos y se titula “Renovando el corazón de Analco”, que surgió, precisamente, con la idea de rescatar el barrio, el tejido social y las actividades para niños y jóvenes con fines educativos y de impulso al talento. Esto llevó al emprendimiento de organizaciones cuya efectividad quedó en evidencia con todas las actividades del programa para esta Semana Santa que tenía ante sí el reto de, en tan sólo dos meses, conjuntar voluntades y recursos con un mismo fin.
Contra diversas adversidades y obstáculos, el programa se ha cumplido al cien por ciento; con disciplina y entrega que los mismos visitantes reconocen y exaltan. Ha sido una labor de decenas de personas involucradas, loable y digna de reconocimiento en épocas de crisis, difíciles e inciertas.
En este panorama atemorizante y desolador de lo que pasa en nuestro planeta y en nuestro país, estos pequeños esfuerzos cotidianos que resultan del encuentro entre seres humanos, de la conjunción de voluntades, de buenas voluntades y de entregas incondicionales, son siempre avivadores de esperanzas. Felicitaciones al Barrio de Analco y un agradecimiento por lanzarse a esta empresa que ojalá se mantenga a través de los años.

Columna publicada en El Informador el sábado 15 de abril de 2017.

sábado, 8 de abril de 2017

¿Qué sigue?

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

¿Qué sigue?

Quién sabe qué sigue, es difícil saber qué va a pasar después de los hechos violentos y demoledores de esta semana. Nuestra fragilidad, nuestra vulnerabilidad como seres humanos está al descubierto y como una losa de plomo nos aplasta el hecho de que estamos a merced de locos y enfermos, de estúpidos, fanáticos e inconscientes con poder.
No he sido capaz de ver las imágenes del presunto ataque con armas químicas en Siria. No puedo con eso. Y no sé, porque no se sabe (de ahí que se insista en usar los adjetivos “presunto” y “supuesto”) si fue eso, un ataque, o un accidente según la versión rusa, pero en cualquier caso, la conclusión es la misma: estamos mal. Mal por almacenar armas químicas, mal por fabricarlas pensando en usarlas contra la población, mal porque hay gobiernos en este mundo capaces de transgredir leyes y acuerdos que ponen en riesgo la estabilidad de esta Tierra y de sus habitantes; mal por la falta de humanidad, por la barbarie. Lo que ha pasado esta semana son metáforas de canibalismo o de cáncer, de lo que implique ir contra nosotros mismos. E importa. Aquí y en el pueblo más alejado y aislado importa y nos atañe, es nuestro planeta y son seres humanos.
De manera recurrente he pensado en la película Wag de Dog que en México se tituló “Cortina de humo”. Y no he sido la única. El analista de temas internacionales Carlos Guerra la citó en una entrevista que le hicieron en Radio Red. Si no la han visto la recomiendo porque revela de qué son capaces los gobiernos y de cómo se las ingenian para distraer a los medios de comunicación. En Estados Unidos “perro” es sinónimo de periodista y la traducción literal del título de la cinta es “Agita al perro” (distráelo). Es fácil hacer grandes producciones.
Si fue ataque o fue un accidente es claro que la tendencia es hacia el genocidio y la respuesta de Estados Unidos no es mejor. Salvo los tradicionales aliados del vecino del Norte, el ataque desmedido (59 misiles) y sorpresivo ha despertado reacciones de condena pero también de miedo: fue abrupto y es peligroso y lo que significa es una declaración de guerra a un país soberano (así lo calificó Rusia) mediante un claro atentado contra el derecho internacional y, además, sin permiso del Legislativo estadounidense.
¿Qué va a pasar? Las acusaciones y las acciones son similares a las que se emprendieron contra Irak hace algunos años, cuando se dejó en evidencia que no había tales armas químicas. Sabemos cómo se las gastan allende el río Bravo; Donald Trump no es el primero en actuar de esta forma.
¿Qué va a pasar ante la condena de Rusia y de otros países no involucrados como Bolivia al ataque estadounidense? ¿Guerra? ¿Guerra fría? Sabemos de los intereses en los conflictos y no hay que perder de vista lo que se discutía en Estados Unidos con la presunta relación con agentes rusos, de gente vinculada con Donald Trump durante la campaña.
Después del presunto ataque con armas químicas que dejó casi 90 muertos, una cuarta parte niños, Francia solicitó una reunión de emergencia de la ONU pero eso no sucedió sino hasta el día de ayer y a raíz del ataque estadounidense. Bolivia (miembro no permanente) y Rusia solicitaron la sesión y el resultado es apenas un llamado del secretario General, António Guterres, a la contención, a la solución del conflicto por la vía política y no la bélica. El representante de Bolivia ante el Consejo de Seguridad de la ONU, Sacha Llorenti, no faltó al estilo diplomático para señalar con toda la claridad, que el ataque estadounidense no sólo viola el derecho internacional, sino que amenaza la seguridad y la paz mundiales, porque fue unilateral, porque no había  aún resultados de las investigaciones sobre las armas químicas y porque se dio justo cuando en la ONU se analizaba la emisión de un dictamen relativo a los hechos del martes de esta semana en Idlib.
Y el mundo, como espectador de piedra, inerme e impotente ante las decisiones viscerales, inconscientes e irresponsables de los poderosos.
¿Qué sigue? Esperar, creer que en alguien cabrá la cordura, y que efectivamente, más allá de que el llamado sea tibio y timorato, la solución política supere a la bélica, irracional e irreflexiva, siempre y cuando, en este mundo al revés, el ataque ilegal de Estados Unidos a Siria no sea considerado como triunfo político para Trump y entonces sí, ni esperanza, ni nada.

Columna publicada en El Informador el sábado 8 de abril de 2017.

No es suficiente

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Las dos últimas semanas han estado cargadas de malas noticias. El panorama no es nada alentador porque además, exponemos, criticamos, nos desgañitamos y desde el poder el desdén es aterrador. Menosprecio y descalificación, y esas conductas recurrentes en los gobernantes es verdaderamente ofensiva. ¿Qué nos queda? No perderlo de vista, ni cansarnos, ni dejar de exponerlo ni de intentar cambios, vía la denuncias ciudadanas en los medios que sea posible, en el modus operandi de la clase política mexicana.
¿Lo bueno cuenta? No lo suficiente para darnos cuenta de la descomposición y deterioro del tejido social, de la corrupción en las instituciones, de la negligencia criminal, de la deshonestidad, de la información falsa o maquillada, de esta persistente simulación que oculta ante los ojos de los dizque servidores públicos, la realidad que nos ahoga.
Tres periodistas fueron asesinados y otros dos atacados, uno de Veracruz también y otro de Baja California Sur que hoy luchan por sobrevivir. Cecilio Pineda de Guerrero, Ricardo Monlui Córdova de Veracruz y Miroslava Breach de Chihuahua fueron acallados para siempre en lo que va de 2017. La cuenta de comunicadores asesinados en México ha servido para ubicar al país en el tercer lugar entre los peores en esta materia, sólo después de Siria y Afganistán, naciones en guerra.
Tampoco es suficiente para desdeñar, como tan bien hacen los gobiernos federal y estatales, la decisión del juez Anuar González Hemadi, de otorgar un amparo a un violador integrante de la banda de los Porkys, de Veracruz. Los argumentos del juez que no voy a repetir aquí, son verdaderamente inconcebibles y significan un golpe durísimo contra el Estado de derecho en México. Veracruz es México, independientemente de cuestiones jurisdiccionales. Esta noticia le dio la vuelta al mundo y la vergüenza y el dolor son mayúsculos por la impunidad y la injusticia, por la falta de seguridad para nuestros menores de edad, hombres y mujeres.
Claro que eso no es suficiente para pensar, ni siquiera considerar que en México no hay paz, ni tranquilidad, ni prevalece el Estado de derecho.
Tampoco para juzgar los hechos ahora revelados, desde hace tiempo vaticinados, de la corrupción que se le atribuye al exgobernador de Chihuahua, César Duarte, el otro Duarte, actualmente prófugo de la justicia.
Lo bueno no puede contar ante este panorama de corrupción, impunidad y descomposición social. El 28 de marzo, después del asesinado de los periodistas; de la decisión del juez veracruzano en el caso Porkys; del hallazgo de miles y miles de restos en fosas clandestinas de ese estado; del chiquero partidista que no cesa y después de las fugas de los dos exgobernadores Duarte y de las noticias sobre sus redes de complicidad, el Presidente de México dice que todo está bien. Que todo marcha sobre ruedas: educación, lucha contra la desigualdad, crecimiento económico y paz y tranquilidad. Es ofensivo.
Porque, en primer lugar, habla de ficciones. Lo que dice que está casi resuelto no cubre a la mayoría en México (educación, salud, vivienda, alimentación) y para quienes hablamos de crisis, no sólo económica (política, social, cultural, de identidad, de autoridad), el mensaje es también, ofensivo: “Quienes les digan que vivimos en un país que está en crisis, crisis es seguramente lo que pueden tener en sus mentes, porque no es lo que está pasando”.
¿Lo bueno cuenta? No lo suficiente para obviar la información difundida ayer en esta casa editorial con relación al trabajo de la Secretaría de la Función Pública: De 2006 a 2017, la dependencia presentó 27 mil  876 denuncias penales pero sólo emitió cuatro mil 15 sanciones contra funcionarios de la administración federal por corrupción: abuso de poder, nepotismo, influyentismo, desvío de recursos, robo, fraude y otras linduras por el estilo. Pero… para el Presidente todo está bien. Tampoco mancha el panorama presidencial color de rosa la detención en Estados Unidos de quien fuera fiscal del Estado de Nayarit y la cloaca que con tal arresto se destapó. No es suficiente y es ofensivo.

Columna publicada en El Informador el sábado 1 de abril de 2017.

domingo, 26 de marzo de 2017

Contador de muertos

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)


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Miroslava Breach Velducea. Foto: Facebook.

Empezamos a contar los muertos porque no los estaban contando bien. Como siempre, como es usual y propio de los gobiernos autoritarios, la información oficial sobre los mexicanos muertos en la guerra contra el crimen organizado desde el sexenio pasado y a la fecha, fue y sigue siendo ambigua, parcial, confusa y se tergiversa a la primera oportunidad.
Por eso surgieron iniciativas ciudadanas para contar a los muertos, a los desaparecidos, a los secuestrados, a los asesinados catalogados como “falsos positivos” y los feminicidios.
Los cadáveres que se exhuman en Veracruz seguramente darán al traste con las cuentas de los gobiernos estatales y del Gobierno federal. ¿Cuántos seres humanos habrá ahí? Y no digo mexicanos porque hay antecedentes de fosas clandestinas en donde encontraron a muchos que eran migrantes de Centro y Sudamérica.
Hombres y mujeres de quienes desconocemos sus vidas, a sus familias, si tenían hijos, padres, abuelos, amores; si tenían sueños y proyectos; no tenemos idea de sus necesidades ni de por qué o cómo fue que se vieron envueltos en circunstancias de las que no salieron vivos ¿cómo fue su muerte? ¿Estaban en el lugar equivocado? ¿Fueron víctimas de extorsión, de secuestro, de violación? ¿Eran delincuentes? ¿Y por qué eran delincuentes? ¿Quiénes eran?
Ahora son tantos los muertos y los desaparecidos en México que hasta hemos perdido la cuenta; ya no sabemos si van 26 mil o 57 mil, ni cuántos corresponden al sexenio de Calderón y cuántos al de Peña Nieto; luego hay que separar por situación geográfica, por edad, por sexo, por ocupación; si el homicidio está relacionado para bien o para mal con el crimen organizado o con la delincuencia común; o si fueron ajustes personales, celos, maltrato conyugal, accidente; si eran activistas, defensores de derechos humanos, maestros disidentes o periodistas valientes críticos y exponentes de corrupción y malos manejos.
El jueves asesinaron a una periodista, tenía 54 años de edad y llevaba a la escuela a su hijo. Los asesinos la acribillaron delante del joven. Me llamó la atención que en las primeras notas con esta dolorosa y terrible noticia, se destacaba que ya sumaban tres asesinatos de periodistas en lo que van del año y el de uno había sido apenas el día anterior, el miércoles de esta semana.
Esta “suma”, este “total” de periodistas asesinados fue la entrada, la cabeza y el resumen que se destacó prácticamente en todos los medios de comunicación. ¿Es malo? No, estrictamente no es malo llevar la cuenta, mucho menos si, como dije, la información se oculta y se disfraza, pero de pronto sentí, este jueves, al conocer del asesinato de Miroslava Breach, que los muertos en México, por hechos violentos producto de los altísimos niveles de inseguridad e impunidad en los que vivimos, son números, cifras para la estadística, datos para documentar el horror y para comparar y calcular cuántos muertos más se esperan al cierre del sexenio de Peña.
Estamos mal. Nos hemos dejado atrapar por el mismo sistema engañoso y tramposo que impone el gobierno. Al contar los muertos, al hacer ese trabajo con el propósito de vencer a la impunidad y exponer al gobierno lo que no ha hecho y lo que ha hecho mal, nos quedamos girando en la vorágine de los números porque además ya son muchos, son miles, decenas de miles de los que no tenemos información.
Son mexicanos, son seres humanos, hermanos latinoamericanos y quién sabe si de otras nacionalidades. Son personas, esposos, esposas, parejas, padres, madres, hijos, hijas, nietos de alguien.

No podemos ni debemos permitir que todo se reduzca a hacer una contabilidad de asesinatos con mayor razón si hasta ahora no ha servido para gran cosa; no hay proporción entre los asesinados y los actos de justicia correspondientes ¿o quiénes son los asesinos de los 121 mil muertos en el sexenio de Calderón? ¿Y de los 67 mil que van en la administración Peñista? Nos orillan, nos empujan hacia la insensibilidad y hacia la resignación y lo que se necesita es parar con esta violencia criminal y justicia.

Columna publicada en El Informador el sábado 25 de marzo de 2017.

sábado, 18 de marzo de 2017

¿Revolución educativa? No hay manera

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Esta semana se presentó el  modelo educativo que entrará en vigor en el ciclo escolar 2018-2019. La verdad no sé a qué le apuesta el Gobierno federal. No es más que un reciclaje del dizque modelo educativo 2016 y un teatro ni siquiera bien montado para justificar mediocridad e ineptitud.
A ver, vamos por partes. Como he escrito y dicho antes, el rezago educativo en México es uno de los pendientes más añejos y urgentes porque desde hace más de setenta años los gobiernos autoritarios decidieron adoctrinar en lugar de educar y gradualmente, como si se hubieran puesto de acuerdo (luego por eso tienen tanto éxito las teorías conspiracionistas), le fueron restando calidad reforma tras reforma, sexenio tras sexenio.
Al mismo tiempo el sindicato de maestros se fortalecía y se convertía en uno de los sectores más poderosos del PRI, capaz de ejercer presión para obtener beneficios para la cúpula sindical vía el uso de los docentes como carne de urna. Con el acceso precario y deficiente a esquemas más democráticos, la alternancia por ejemplo, se registraron cambios político-sindicales que ahora tienen a una de las mujeres más corruptas del mundo en la cárcel, a Elba Esther Gordillo; pero fue por cuestiones políticas, no para hacer justicia, y la prueba más contundente es que ahora el comité directivo del SNTE es un cero a la izquierda. En realidad, peor que eso, porque a sus representados los ha dejado solos mientras goza de la administración de las cuotas sindicales y otros mecanismos para el enriquecimiento por nada.
Con una rimbombancia que hasta parecía de verdad, el gobierno de Peña Nieto anunció las grandes reformas estructurales para su sexenio, entre ellas, la educativa que, como sabemos, se redujo a una cuestión laboral que afectaba seriamente a los profesores particularmente a los que son trabajadores y no se prestan para ser comparsas del sistema, maestros incómodos pues; y luego, fue un operación ahora sí que trapera, porque si los maestros están mal capacitados es porque provienen de un sistema deliberadamente deficiente creado por el mismo gobierno sexenio tras sexenio; y ahí está el gravísimo e irresuelto conflicto de la educación normal.
En realidad los profesores, la mayoría, los de verdad, son víctimas del sistema; y los demás, se han adaptado tan bien que se conforman y son mediocres y desobligados, ahí tienen a los comisionados, a los que tienen doble y triple plaza y a los aviadores.
La corrupción y la descomposición alcanzan niveles inconmensurables y en este panorama desolador una vez más pretenden vernos la cara (tristemente en muchos casos lo consiguen) con un modelo educativo que ¿cómo dijo? “Ese es el Sistema Educativo que veo hacia adelante, y por el que trabajamos todos los días para hacerlo realidad” si bueno, el mismo que ya habían dicho que privilegiaría los recursos pedagógicos para que el alumno “aprenda a aprender”; para que “la escuela sea el centro de la transformación educativa” (¿y antes cuál era el centro?); para asegurar “equidad e inclusión” en el Sistema Educativo Nacional (desde hace varios años esto ya estaba definido y se ha llevado a la práctica con grandes dificultades, tendrían mejor que atender cómo se está implementando); el que le dará “alta prioridad a la participación de todos los actores involucrados” (¿todos? ¿quiénes? ¿están todos los que son y son todos los que están?) y para cerrar con broche de oro, el “nuevo” modelo “fortalece la formación y el desarrollo profesional docente”.
Hablan como si se partiera de cero, como si no viniéramos de todo un sexenio de cuestionamiento puntual y constante a las malas decisiones que se han tomado desde el gobierno, con un secretario que dice “ler”, un Presidente que a lo mejor sí sabe, pero no lo hace; recursos docentes desdeñados y abusados y un sindicato que sólo sirve para el enriquecimiento cupular.
¿Y el modelo que se presentó en 2016? ¿Alguien sabía de los foros a los que se dizque convocó desde 2014? ¿Se van a estar cambiando el modelo ciclo tras ciclo o de qué se trata? Nada nuevo, mucho menos revolucionario y no creo que efectivo.
El reciclaje es burdo, presentan como nuevo y de “vanguardia” un modelo gastado y reciclado mientras un día sí y otro también, se siguen descubriendo fosas clandestinas y restos de seres humanos en Veracruz en una de las realidades más espeluznantes y dolorosas que la corrupción en México nos prescribe. No puede ser que se mantenga la imagen de un México casi perfecto y en el mundo se sabe de estos horrores.
Alguien que no reconoce esta ni otras realidades terribles, que simula que todo está bien, no puede emprender cambios, ni reformas, mucho menos revoluciones educativas en las que podamos creer o confiar. No hay manera.

Columna publicada en El Informador el sábado 18 de marzo de 2017.



sábado, 11 de marzo de 2017

Descubrir y describir

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Esta semana la escena informativa local estuvo dominada por la circulación del video de un profesor de la Universidad de Guadalajara cuyas expresiones fácilmente llevaron a una buena parte de los espectadores a juzgarlo y condenarlo de inmediato. En lo personal, lo que vi en ese primer video me chocó al instante ¿o quién podría estar de acuerdo con el lenguaje altisonante y las expresiones despectivas, abusivas y groseras que profirió?
En cuanto el video empezó a circular, la regidora de Zapopan, presidenta de la Comisión de Derechos Humanos e Igualdad de Género, Tzitzi Santillán Hernández, promovió una causa, a través de Change.org para que se investigara. La solicitud es así de específica, sin embargo, la promoción de la causa, video incluido, despertó las más airadas y radicales reacciones a favor y en contra.
Las posturas no fueron sólo así, en blanco y negro, sino que se presentaron con algunos matices. Hubo quienes dudaban del profesor y otros, de los alumnos; algunos prefirieron estar atentos pero al margen y no opinar; muchos se desbocaron al señalar al profesor, cuestionarlo y pedir su cabeza y otros más se pronunciaron por atender el contexto, escuchar al profesor y no lincharlo.
En redes sociales este tema alcanzó niveles extraordinarios de virulencia y me tocó leer francos enfrentamientos entre protagonistas de las dos posturas.
Mi colega Vanesa Robles, con su extraordinaria pluma, puso los puntos sobre las íes y llamó la atención sobre nuestra falta de responsabilidad como usuarios de las redes sociales con toda la razón; y la regidora de Zapopan, después de conocer la versión del profesor, no guardó silencio y expresó, en la misma causa, una postura que llama la atención a todos, para tomar la experiencia como lección, no dejarla pasar, que valga la pena.
Con la causa que logró más de tres mil firmas, la respuesta de las autoridades universitarias fue someter al profesor a un proceso de investigación para determinar si alguna sanción o medida en su contra tendría lugar. Eso está encaminado, sin embargo, no se ha tenido noticia de que del otro lado, del de los estudiantes, se esté investigando para determinar por qué se editó el video y se subió a internet, particularmente luego de que se hiciera público que presuntamente fue un estudiante miembro de la Federación de Estudiantes de Guadalajara quien lo hizo.
Si la idea es determinar las responsabilidades y conocer la verdad, lo mejor es que el proceso se transparente y que la sociedad en su conjunto conozca los resultados; y lo más sano será que efectivamente se haga, que no se recurra al “tiempo y un ganchito” ni a la “tierrita” porque-en-medios-los-temas-tienen-una-vida-muy-corta y mañana nadie lo recordará parafraseando a Cruela de Vil. Creo que este sería el principal aprendizaje para todos: transparentar y hacernos cargo de nuestra manera de usar las redes sociales, qué creemos y qué no,  así como la importancia de verificar y conocer las dos versiones antes de juzgar (que ni deberíamos).
Destaco, en un entorno en el que la violencia en general, pero sobre todo contra las mujeres se ha incrementado alarmantemente, la rápida reacción de la regidora y su respuesta al conocer la versión del docente: “Sin duda es un asunto penoso. Es una pena que la trayectoria de un maestro (no soy quién para ponerlo en duda) se haya puesto en entre dicho. Es una pena que las mujeres tengamos que vivir la violencia, desde la simbólica hasta la física a diario. Es una pena que las mujeres que hacen visible esta violencia, sean blanco del odio. El profesor ha explicado su postura en las redes y ha ofrecido disculpas. Yo explico la mía y si él considera que le he ofendido estoy dispuesta a ofrecerle una disculpa, porque no pretendí ofenderle. Pero también lo invito a él como a todos a reflexionar sobre el hecho, sobre la postura de quienes critican su actuación. Escribo esto con la profunda convicción de que todas y todos tenemos algo que aprender de lo sucedido”.
Para garantizar el aprendizaje y conocer todas las versiones, les recomiendo buscar en Change.org la causa; el texto de Vanesa Robles titulado “¿Lo difamé con un click? Usted tiene la culpa por existir” y la carta del profesor Ramón Bernal que pueden buscar en internet y redes.

El contexto es fundamental. Ahora que estudio Historia he aprendido que no se trata simplemente de conocer el entorno, el momento histórico o las características del espacio; no. Tiene que ver con la realidad, la formación, los intereses y las preocupaciones de los involucrados; también con emociones y sentimientos, es decir, con toda la subjetividad de la que somos capaces. Solamente con esas herramientas en la mano, después de investigar y corroborar, estaremos en condiciones de, más que de juzgar (a ver si nos vamos quitando la costumbre), descubrir y describir.

Columna publicada en El Informador el sábado 11 de marzo de 2017.