sábado, 5 de marzo de 2016

Crisis de derechos humanos

Ciudad adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Los señalamientos contra el Gobierno mexicano, desde diversas instancias y desde hace varios años, por las violaciones de derechos humanos en nuestro país, son añejos y recurrentes. Al día de hoy, con base en el informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) presentado apenas el miércoles de esta semana, la situación es crítica y “extremadamente grave” según la calificó el presidente de la CIDH, James Cavallaro, en respuesta al rechazo del documento por parte del Gobierno federal a través de Relaciones Exteriores y otras instancias.
En cuanto se dio a conocer el informe, prácticamente sin transición, sin que mediara análisis alguno ni reflexión al respecto, de parte del Gobierno mexicano se firmó un comunicado conjunto para rechazar el contenido, particularmente el método, aunque la titular de la SRE, Claudia Ruiz Massieu, también se refirió a él como un documento subjetivo y desequilibrado y que se deberían reconocer los avances en la materia.
Esta última objeción deja en evidencia que ni siquiera se leyó completo. Sí se reconoce lo que se ha hecho para mejorar en materia de defensa de los derechos humanos en México: en el sitio web de la OEA (Organización de Estados Americanos), a  la que está adscrita la Comisión como “órgano principal y autónomo” se especifican los problemas pero también los aciertos, en contraste con uno de los reclamos de la secretaria. Ahora, los mentados “avances” no son más que en cumplimiento de obligaciones del Estado mexicano y en todo caso, han sido a medias e insuficientes a todas luces, porque no se nota, en el terreno de los hechos y en el informe de la Comisión se da cuenta de ello (consultar el Informe 2016: http://www.oas.org/es/cidh/informes/pdfs/Mexico2016-es.pdf). Hace días comenté sobre la falta de medidas para prevenir, por ejemplo, las desapariciones forzadas, antes que una Red de búsqueda, necesaria sí en el nivel reactivo, pero no puede ni debe ser lo único, lo complejo es impedirlas.
A propósito de la reacción del Gobierno mexicano al informe citado, la Red Jalisciense de Derechos Humanos emitió un comunicado del que transcribo un párrafo: “En lugar de una respuesta razonada y fundada, los funcionarios de la Subsecretaría de Relaciones Exteriores […]; de la Procuraduría General de las República y de la Secretaría de Gobernación que suscribieron ayer el ‘comunicado conjunto’ de rechazo al Informe de la CIDH, cayeron en una réplica visceral, subjetiva y unilateral, en nuestra opinión reprobable e inaceptable, pues el gobierno federal intenta tapar el sol “con un dedo” y restarle méritos al informe hemisférico con un “berrinche”, impropio de los gestores del bien común de la Nación y la Sociedad. Asegurar que el Informe de la CIDH parte de premisas y diagnósticos erróneos y refutar la metodología utilizada por ser sesgada, revela que el gobierno federal ignora y encubre la realidad objetiva prevaleciente en el país. No se puede enfrentar la crisis generalizada de los DH en México, con exabruptos y réplicas improvisadas”.
Este solo párrafo no tiene desperdicio y resume de manera clara y sin rodeos, cómo fue la reacción del Gobierno mexicano a una crisis que lejos de resolverse, pese a los avances que la misma CIDH y la OEA reconocen, se enquista cada vez más. Con esta actitud de rechazo y repudio a una realidad específica, concreta y lacerante, difícilmente en México sus habitantes podemos albergar la esperanza de que las cosas cambiarán para bien, al contrario, ni en esta ni en otras materias, con todo y la insistencia falsa y machacona (perdón por la redundancia) de “para mover a México”.
¿En desacuerdo con el método? Por favor, si la realidad se nos viene encima. No hace falta más que repasar los datos de las mismas autoridades con respecto únicamente a las personas desaparecidas que llega casi a 30 mil y que según la CIDH, se trata de un problema generalizado en todo el territorio nacional. Hay otros conflictos de derechos humanos ubicados en determinados estados o zonas, pero las desapariciones forzadas son un problema ge-ne-ra-li-za-do.
Como siempre, lo más desalentador es que con este rechazo inmediato, no se tomarán cartas en el asunto porque queda claro que siguen instalados en el México perfecto y de fantasía en el que viven y quieren hacernos creer a propios y extraños que es real; tan cómodo desde sus posiciones en donde no se siente hambre, ni frío. Y que la secretaria no hable del dizque compromiso de la Presidencia de la República con los derechos humanos, si así fuera, no estaríamos ante esta crisis que tratan de tapar, efectivamente, con un dedo.


Columna publicada en El Informador el sábado 5 de marzo de 2016.

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