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sábado, 30 de enero de 2021

Confianza

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)


 

Venimos de una historia de agravios constantes de la clase gobernante en México: corrupción, mentiras, fraudes, manipulación, engaños, promesas no cumplidas, desfalcos al erario, miles de casos de asesinatos y desapariciones sin resolver, agresiones directas, represión... Sí, es triste, doloroso e indignante hacer este recuento, pero la verdad espero que sirva para entender, primero, los niveles de desconfianza que, en general, tenemos los mexicanos; y, segundo, para darnos cuenta de los esfuerzos que se empeñan por hacer las cosas bien (recomiendo aquí la columna de Jorge Zepeda: "Otra manera de hacer patria").

No hemos tenido ni tendremos gobiernos perfectos, no existen en ninguna parte del mundo; hay dinámicas, procesos e inercias que desde atrás jalan la cuerda para impedir que muchas cosas cambien de fondo y que, en el planeta, país por país, ciudad por ciudad, tengamos mejores condiciones de vida. Las diferencias y desigualdades entre las naciones son tremendas y en un contexto de pandemia, lamentablemente se profundizan.

¿A qué voy con este preámbulo? A que sí, tenemos muchas razones para ser desconfiados, pero también para empezar a no serlo y albergar, aunque tímidas e incipientes, algunas perspectivas optimistas y esperanzadoras.

Desde que los países más avanzados empezaron a trabajar en el desarrollo de vacunas contra el SARS-CoV 2, México levantó la mano para participar con los recursos que fueran requeridos, económicos y humanos, de manera que nuestro país fuera uno de los primeros en recibir las vacunas en cuanto estuvieran listas. De esto se ha informado periódicamente desde el primer día. En diciembre del año pasado llegaron las primeras dosis para aplicarlas al personal de salud que está en la primera línea de atención, la de Pfizer, biológico que requiere refrigeración extrema y está diseñada en dos aplicaciones.

El lunes, el Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, informó sobre los acuerdos con Rusia para el suministro de 24 millones de vacunas Sputnik V (nada más como dato curioso, una de las acepciones de sputnik significa lo siguiente: “La persona que, junto con alguien, abre el camino”). En total son nueve los acuerdos de México con el mismo número de desarrolladores de vacunas y se nos ha dicho una y otra vez que los 126 millones de mexicanos que somos, con un plan que ya se dio a conocer, seremos vacunados.



República mexicana. Imagen: recorte de pantalla de Google earth.


Una de las críticas recurrentes en los últimos días y que siento que deja en evidencia la ausencia de reflexión sobre lo que implica una campaña de vacunación de emergencia en un país como el nuestro y también rebela un profundo desconocimiento de la logística (aparte de la mala entraña, por no decir más feo; mezquindad pues), es la formación de brigadas en las que participarán “servidores de la nación” para iniciar con la vacunación a los adultos mayores que viven en las zonas de más difícil acceso en México, que, sabemos, son cientos, dada la extensión de la República mexicana y las condiciones orográficas y geográficas bellísimas sí, diversas y ricas, pero que complican el proceso: desierto, selva, sierra, bosque, cañón, barranca...

En primer lugar, todavía no hay vacunas suficientes ¡en el mundo! Después de pasar las fases de rigor que tienen que pasar, falta elaborarlas y todos los países las queremos ya. Hay naciones como Italia, por ejemplo, que han iniciado procesos legales porque no se han surtido los pedidos. Y apenas el jueves la Unión Europea dio “un golpe en la mesa”, como se dice, para que tanto Pfizer como AstraZeneca cumplan con los contratos.

En segundo lugar, no hay fines electorales en el diseño de las brigadas: la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, explicó que se recurre a los “servidores de la nación” porque conocen el terreno, lo acaban de recorrer para el censo del INEGI, saben dónde están los rincones más recónditos del país donde hay adultos mayores. Me parece una decisión lógica y práctica.

Y, en tercer lugar, se insiste en que se recurra al Sistema Nacional de Vacunación, uno de los más eficientes en el mundo. Bueno, eso no es posible porque habría que acudir en persona a las instalaciones sanitarias, desde el más pequeño centro de salud hasta los grandes hospitales de este país y, parece que no saben quienes lo señalan, que eso está contraindicado justo por Covid-19. Aplicar las vacunas contra esa enfermedad no es tan sencillo como poner una palomita en la Cartilla Nacional de Vacunación, es una estrategia de emergencia, no de vacunación tradicional, y no se puede ni debe presionar más la infraestructura sanitaria.

Queremos ver moros con tranchete donde no hay “¡Es que es año electoral!”. Pues sí, un factor ajeno a este o a cualquier gobierno de cualquier orden: así está diseñado el sistema electoral mexicano y tocó en un contexto de pandemia que afecta al mundo, una perspectiva que se insiste en perder de vista.

Además de seguir en confinamiento en la medida de lo posible; y si no se puede, con todos los cuidados y precauciones habidos y por haber, nos toca confiar en que se están haciendo grandes esfuerzos para salir adelante de la pandemia que nos asola desde hace casi un año; hacer algo distinto, algo que se aparte de ese objetivo, sin duda será contraproducente.

Columna publicada en El Informador el sábado 30 de enero de 2021.

sábado, 8 de septiembre de 2018

Salario, mercado interno y TLC


Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)


Los salarios de los trabajadores mexicanos ha sido un tema recurrente en este espacio: coyuntural, de reflexión, de demanda, de análisis… de todo, porque, efectivamente, en general, en México, los salarios son y están muy bajos, para que no quede duda. Y si bien estoy con la insistencia por lo menos desde hace 26 años, cuando empecé a escribir en esta sección editorial, recuerdo como si hubiera sido ayer que profundicé en el tema a partir de la crisis de 2008, aquella desatada por Estados Unidos, la crisis inmobiliaria y los bonos basura; y la que nos tocó de rebote como a todo el mundo, aunque en nuestro caso recargada con la pesadilla de la influenza AH1N1 de los dos años siguientes.
¿Por qué? Porque no puedo olvidar que para salir de aquella crisis en otros países como Brasil, las decisiones gubernamentales implicaban la reducción de impuestos y el aumento de los ingresos de los trabajadores para incentivar el mercado interno y con ello, imprimir dinamismo a su economía. En otras naciones se tomaron medidas similares, siempre para contrarrestar cualquier afectación derivada de la crisis global y profunda que nos recetó Estados Unidos; una de las más graves del capitalismo mundial en la historia de la humanidad. Así.
En México no se tomaron medidas ni siquiera cercanas. Al contrario. Así que más o menos desde entonces he estado al pendiente de los indicadores salariales aquí en comparación con los de otras naciones, sean miembros de la OCDE o no; de las posturas gubernamentales y empresariales al respecto, sí, esas que todos conocemos de que “no están las condiciones dadas”, “es inflacionario”, “va a elevar costos”, “es cosa de los empresarios” o “es cosa del gobierno”; y, hace un año exactamente, de las palabras (música para mis oídos) de Jerry Dias, líder sindical canadiense, cuando dijo con todas sus letras que el Gobierno en México mantenía a sus trabajadores pobres deliberadamente para ser, vía sacrificio salarial de su fuerza laboral, más competitivos en un contexto de Tratado de Libre Comercio.
Todavía en el inicio de las negociaciones del TLC para modernizarlo hace más de un año, el equipo mexicano se mostraba firme en no incluir ese tema en la agenda que porque Estados Unidos y Canadá no tenían qué decir nada, que no les correspondía y que era un atentado contra la soberanía nacional. Escribí sobre eso en su momento porque… (ahora resulta), salieron muy defensores de la soberanía cuando en otras áreas y recursos tiene la voluntad muy débil, léase minas y extracción de petróleo por ejemplo.
Salvo el dato de que tanto en México como en Perú bajaron los salarios al comparar los ingresos de 2016 con los de 2017 (¡bajaron!) no se había dicho mucho más con respecto a los salarios, porque además ya no hay líderes sindicales que estén duro y dale con ese asunto; y en el marco del TLC como que no se oía mucho ya después de que lo mencionó Jerry Dias, luego Justin Trudeau (adquirió otra dimensión) y más tarde Donald Trump cuando empezó a señalar a México por la competencia desleal en el manejo salarial de los trabajadores mexicanos: Como les pagan tan poco, decía (palabras más, palabras menos) las empresas se van a instalar allá y aquí no tenemos fuentes de empleo suficientes. Digo, aquí está el meollo de la reclamación.
Por supuesto que a estas alturas el lector sabe a dónde voy: al Acuerdo de Entendimiento bilateral de México-EEUU esta semana que incluye los siguientes dos aspectos, no ratificados aún, eso le corresponde a los órganos legislativos: uno, incrementar el porcentaje de contenido regional de los automóviles que se fabrican en la región y, dos: que entre 40 y 45 % de los autos debe ser fabricado por trabajadores que ganan mínimo 16 dólares la hora, es decir, unos 300 pesos ¡la hora!
Suena muy bien pero todavía no es un hecho, a pesar de que por motivaciones político-electorales (¡qué raro!) en Estados Unidos se habla del acuerdo como si ya hubiera sido ratificado y bilateral, es decir con Canadá fuera. Hay que esperar todavía.

Tomada de El País.

A mí en lo particular me alienta que sí entró el punto polémico del salario al que se resistían los negociadores mexicanos, es un primer paso y repercutirá más tarde en mejores ingresos (hay otras iniciativas encaminadas en ese mismo sentido). Canadá reconoció esta disposición de México como una “concesión” digna de ser tomada en cuenta y hasta de agradecer, de manera que las expectativas salariales para los mexicanos en general son buenas, están estrechamente vinculadas a la reanimación del mercado interno y en el marco de un acuerdo internacional, hay certidumbre.

Columna publicada en El Informador el 1 de septiembre de 2018.

sábado, 24 de marzo de 2018

Los necesitamos


Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Sin que sea resultado de ningún estudio o investigación exhaustiva sino más bien un asunto que tiene que ver con la intuición y con la información acumulada durante décadas, creo, estoy firmemente convencida, de que los jóvenes en el mundo han sido sistemáticamente sometidos y aplastados por diferentes vías más o menos desde 1968, cuando demostraron de lo que eran capaces en varias partes del mundo.
En México y en otros países fueron asesinados impunemente, pero creo que también fueron empujados al consumo de drogas para mantener esa fuerza inconmensurable, esa rebeldía poderosa y generadora de cambios, sumida en la apatía y en las adicciones. Por fortuna no son todos, ni siquiera una mayoría, pero si suficientes para que los intentos no pinten ni prosperen, al menos así ha sido en los últimos tiempos.
En el artículo del 3 de marzo cité un llamado que José Manuel Mireles hizo a los jóvenes en la UNAM: “[…] las drogas no benefician a nadie, se pueden sentir bien un ratito, pero lo mejor es tener la conciencia despierta y el conocimiento trabajando”. No puedo estar más de acuerdo.
Esta semana, Guillermo del Toro ofreció en Guadalajara (estrictamente, en Zapopan) tres master class a más de 10 mil jóvenes en su mayoría aunque estuvieron presentes niños y adultos, hombres y mujeres.
Más allá de la revelación generosa de sus técnicas, de sus ideas, de cómo surgieron sus proyectos, de cómo se ha movido en la industria internacional del cine, el cineasta compartió claves para lidiar con la vida y con la realidad que nos circunda, porque efectivamente no es nada terso, ni romántico, ni fácil.
Celebro y agradezco la forma en la que se dirigió a los jóvenes, a muchachos y muchachas adolescentes y veinteañeros, treintones, pero sobre todo los primeros, a quienes les compartió consideraciones simples, cero rebuscadas y como respuesta a preguntas expresas, sobre la frustración y la muerte por ejemplo. A jóvenes sensibles que tienden a tomar los obstáculos de la vida y los propios de este país como algo personal, les digo cómo superarlos, lo que se necesita; y los invitó a usar la rabia, esa rabia profunda que se lleva por dentro ante injusticias, desigualdades, falta de oportunidades, pobreza y corrupción, en sus propios proyectos, en alimentar la determinación para alcanzar objetivos, en la fuerza de carácter y en la perseverancia. No son las palabras textuales de Guillermo del Toro como podrán notar su vieron las tres clases maestras (si no, por favor, véanlas, aquí dejo la liga de la primera que los enlazará con las otras dos: primera máster class, a partir del minuto diez), pero en otras palabras así fue.
Dio respuestas sencillas para lidiar con la incertidumbre juvenil, con pensamientos que de pronto atormentan relacionados con la muerte y con la impotencia y ofreció consejos de conducta incluso, para saber cómo enfrentar las adversidades, empezando por el NO como el principal impulsor de iniciativas.
También reconoció el talento mexicano, particularmente del tapatío y aunque no lo dijo de manera expresa, Guillermo del Toro dejó una idea muy clara a lo largo de sus tres intervenciones: los necesitamos. Necesitamos a los jóvenes, su talento, su fuerza, su rebeldía, sus capacidades y habilidades, su entusiasmo, sus ganas de vivir, su inventiva, su ingenio, su alegría, su creatividad, su claridad de ideas.
Los necesitamos vivos, enteros, conscientes, despiertos, actuantes, contestatarios, inteligentes, ciertos, determinados, con sus metas y proyectos tan claros como los expresan y como los trabajan, sin esperar nada que no salga de cada uno, como les dijo Del Toro también para el manejo de expectativas.
Y con los jóvenes, la sociedad en pleno. Muchas veces lo he escrito en este espacio y en otros: Nos necesitamos juntos, en la familia, en la escuela, en los grupos de amigos, en la comunidad cercana, en la sociedad en general, en la nación. Nos necesitamos juntos para abrazar las causas de todos y cada uno, para apoyarlas, para impulsarlas.
Alguien por ahí, palabras más palabras menos dijo algo así de que “ya chole” con Guillermo del Toro. Y lo lamento de verdad. No había sido testigo hasta ahora, de que alguien que ha alcanzado el éxito a los más altos niveles, compartiera su experiencia profesional y de vida con tal generosidad y en esa magnitud y con la preocupación auténtica por este país y por todos nosotros, particularmente por los jóvenes mexicanos. Gracias.

Columna publicada en El Informador el sábado 17 de marzo de 2018.




domingo, 4 de febrero de 2018

¿Quién dijo yo?

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Uno de los problemas más graves de México y que, por lo mismo, reclama urgente resolución, es la desigualdad económica y social. El asunto es viejo y de seguro los lectores habrán escuchado en lemas y “propuestas” o promesas de campaña el combate a la desigualdad o a la pobreza y la implementación de medidas para equilibrar la distribución o el reparto de la riqueza. Suena hasta como pasado de moda, de tan viejo que es esto, pero actual y lacerante como nunca, de hecho, empeora.
Esta semana se dio a conocer el informe de Oxfam México que se titula “México justo. Propuestas de políticas públicas para combatir la desigualdad” escrito por Diego Alejo Vázquez Pimentel, Milena Dovalí Delgado y Máximo Jaramillo Molina. Oxfam, como se indica en el informe, es un movimiento que trabaja en más de 90 países “para poner fin a la injusticia de la pobreza y acabar con la desigualdad”. Su trabajo, pues, no se reduce a hacer un estudio y diagnóstico de las variables que combate, que no es poco, sino que proponen una serie de medidas atendibles todas para erradicar pobreza y desigualdad, erradicar, sí, no paliar ni maquillar ni usar ni manipular como se ha hecho por lustros en México. El estudio está disponible en línea por si quieren leerlo completo y archivarlo: México justo.
Antes de presentar la información para México, se expone brevemente la situación de la desigualdad en el mundo; el problema efectivamente es global y grave, pero resulta que nuestro país está en la cuarta parte del total de naciones con más desigualdad en el orbe: “Las brechas entre ricos y pobres son tan marcadas, que vive el hombre más rico de América Latina (lo fue del mundo) junto con más de 50 millones de personas pobres. La situación en México es dramática: el ingreso del 5 % más pobre en México es igual al del 2 % más pobre del mundo. Al mismo tiempo, el ingreso del 5 % más rico es similar al ingreso del 5 % más rico en países desarrollados”. Es decir, con estas cifras se podría decir que en México están los más ricos y los más pobres del mundo. Dramático sin duda.
El párrafo a continuación es demoledor pero expresa una realidad que todos conocemos y sufrimos, menos la clase política y… “El modelo económico mexicano beneficia sólo a las élites económicas. Con base en las últimas cifras de Forbes, la riqueza de los mexicanos más ricos en 2017 fue de 116 mil millones de dólares: las 10 personas mexicanas más ricas tienen la misma riqueza que el 50 % más pobre de México. Así, los grupos de interés económico ejercen influencia desmedida sobre diferentes políticas públicas para mantener privilegios. Eso constituye una captura política del Estado”. Tómala.
Entre 1996 y 2016, es decir, en 30 años, de la administración de Zedillo a la de Peña incluyendo las nefastas experiencias panistas, “los niveles de pobreza y desigualdad han permanecido casi constantes”. El rezago va más allá de la década de los noventa y por supuesto persiste. En el mismo estudio se reconoce un “leve” avance en el combate a la pobreza pero enseguida se indica que “el ingreso de la mayoría de los hogares mexicanos ha caído”.
Hasta aquí, de manera general y resumida, los resultados, sin embargo, me parece importante incluir las propuestas porque ahora que estamos en campañas disfrazadas de precampañas alguien, por favor, podría hacerlas suyas: Consolidar un sistema de seguridad social universal y efectivo; incrementar los recursos de los cinco estados más pobres para mejorar la infraestructura escolar y de salud y aumentar las becas para estudiantes de bajos ingresos; a nivel nacional, enfocar los recursos a incentivar la matriculación escolar en el nivel medio superior; una nueva política industrial para que la clase trabajadora mexicana pueda insertarse en el mercado internacional con empleos dignos y de calidad; elevar el salario mínimo hasta la línea de bienestar seguido de aumentos graduales de acuerdo a la inflación; creación de mecanismos innovadores para la exigencia de transparencia y rendición de cuentas, empezando por la correcta implementación del Sistema Nacional Anticorrupción; restablecimiento de un impuesto a la herencia; mejor recaudación del  impuesto predial; mayores impuestos a rendimientos de instrumentos en mercados de capital y evaluar y diseñar un programa piloto para implementar el Ingreso Básico Universal.
¿Quién dijo yo?

Columna publicada en El Informador el sábado 27 de enero de 2018.


martes, 26 de septiembre de 2017

Desde lejos...

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Es difícil explicar por qué se siente y resiente más lo que pasa en y con México desde lejos. Cuando llegué a Madrid el 8 de septiembre, me recibió la noticia del sismo en Oaxaca. Me alarmé, sí, pero seguramente sufría los efectos anestésicos del famoso jet lag; establezco el parámetro y la diferencia con el segundo. Fue en una zona de pobreza extrema, marginada: Juchitán; se me aparecieron en un segundo las mujeres protagonistas de un matriarcado inimaginable, poderosas, guerreras, fuertes, decididas… Mujeres inconmensurables que conocí cuando cubría la Caravana zapatista a principios de 2001. No ha pasado tanto pero parece que es mucho y que se ha olvidado. Ojalá que ellas y sus familias estén bien.
Las muestras de solidaridad en cuanto conocían mi nacionalidad fueron inmediatas, cálidas. Me sorprendieron primero. Hay un amor especial por México y los mexicanos, aunque de pronto cueste trabajo creerlo. Es un interés y un conocimiento que emociona y pone la piel de gallina. Se siente por dentro la solidaridad y la pesadumbre por las desgracias en nuestro país, incluyendo los daños que causa a la gente la clase política que tenemos.
A doce días del sismo, cuando eran las ocho de la noche del otro lado del charco, volvió a temblar en México. Lo saben, no tengo que decirlo, lo sufren y lo viven; cuando me enteré dos horas después apenas se conocían generalidades de lo sucedido y se ignoraba aún la magnitud plena de los daños y los muertos… La información empezó a llegar y fue cuando sentí una combinación de emociones inéditas hasta ese momento: preocupación, dolor, miedo, compasión, incertidumbre. Me dormí muy tarde, no podía conciliar el sueño y quería saber más de lo que pasaba en mi país. Me dormí un poco mientras en México seguían trabajando ya, de inmediato, la gente, cientos de voluntarios, elementos de protección civil, en mover escombros para salvar a personas atrapadas.
Fotografía: Alejandro Velázquez.

A través de redes sociales me he enterado de cómo se organizan para la ayuda, la gente, reitero. La preocupación fue desplazada por una emoción profunda, parecía que llegaba desde la tierra, cualquier tierra: la certeza de nuestra fuerza. Solidaridad, entrega, fortaleza, aplomo, ingenio e inteligencia, compasión, generosidad. Las manos de los mexicanos unidas en una misma tarea, una misma causa. Nos necesitamos juntos, así funcionamos muy bien, que nadie se atreva a detener ni reprimir las iniciativas y las acciones que nacen de la gente, del México profundo, del México grande y poderoso que somos.
Desde lejos también me entero de la mezquindad de la clase política y de las marrullerías mediáticas. Qué vergüenza. Es evidente más que nunca la distancia entre la sociedad mexicana grande, fuerte, sólida… y la clase gobernante abusiva, huidiza, inservible e insensible. Las imágenes ridículas de un mandatario con la señora pasando paquetes, el silencio de los políticos, las noticias falsas para distraer…
Si me molesta siempre la conducta negligente y prepotente de la clase política en México, ahora me enerva: la pasada de paquetes, el manejo manipulador de Televisa del caso “Frida Sofía” (en general la “cobertura” de las dos grandes televisoras indigna); enterarme de cómo desde la autoridad se impide que llegue ayuda a los lugares más afectados con casi la obligación de entregar todo en centros de acopio para desde ahí controlar; enterarme también de los oídos sordos al clamor ciudadano de destinar el presupuesto de los partidos políticos para los damnificados…
Desde la comodidad de sus mansiones no se percatan de lo que pasa en las calles, con la gente; las repercusiones de los sismo las sufrirán sin duda alguna en 2018, el único asunto que les preocupa en estos momentos, las elecciones, por eso están callados. Si la clase política mexicana fuera otra, ya estaría trabajando en leyes y decretos para agilizar la ayuda, para garantizar los recursos, para facilitar, sin aspavientos, lo que les toca simplemente, ese trabajo que se hace por amor, sin concesiones, sin condiciones, sin mezquindad ni marrullerías. Es mucho pedir.
Desde lejos todo se siente más y confirmo y reconfirmo cuánto amo a mi país y vivo y recibo el amor que otros le tienen por su grandeza, su nobleza, su generosidad, su alegría, su fuerza, su trabajo. Cuando tembló el 19, me lo dijeron, la gente que ya me conocía aquí, pensó en mí, en la mexicana que acaban de conocer, en si mis familiares estaban bien y qué había pasado en mi ciudad. Ese dolor solidario conmueve y salva las distancias.


Columna publicada en El Informador el sábado 23 de septiembre de 2017.

domingo, 12 de febrero de 2017

Dialoguemos Jalisco

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

“La situación en México es intolerable” y esta afirmación es tan cierta que muchas cosas se mueven en diferentes puntos del país y en sectores de la sociedad que antes no habían demostrado una participación clara y abierta tendiente a cambiar para mejorar las cosas, en serio y, de una vez por mucho tiempo (imposible decir “por todas” aunque ganas no faltan).
Hay movimientos en Mexicali, en Hermosillo, en la Ciudad de México y aquí en Guadalajara, no son los únicos. Hay enojo, preocupación, indignación, desesperación, impotencia, dolor, pero también surgen sentimientos alentadores porque nos vamos dando cuenta del poder de la sociedad cuando nos unimos, la sociedad, la gente, los ciudadanos.
Al calor de esta crisis tremenda, sí puedo decir que una de las peores en la historia reciente de México, la sociedad se mueve para cambiar el estado de las cosas pero aparecen grupos que no tienen al país como su interés más elevado; grupos que simplemente aprovechan la situación para sacar provecho en una conducta que infortunadamente es muy frecuente en nuestra clase política y en sectores advenedizos y convenencieros que viven del sistema corrupto y podrido que tenemos. Por lo general quienes integran estos sectores son los que aportan los votos duros de los diferentes partidos políticos, gente sin escrúpulos y profundamente egoísta.
A la sociedad que está al margen del sistema, prácticamente al resto de mexicanos, estos grupos no nos son desconocidos y los identificamos cada vez mejor; hemos puesto barreras y límites a la manipulación y a las infiltraciones, a veces con éxito, a veces no, sin embargo, estamos en el proceso y aprendiendo con una rapidez impulsada por la misma crisis.
En medio de este caos, las intenciones honestas están saliendo a flote y de entre grupos de jóvenes que aman profundamente a su país y desean con pasión que México sea una nación en la que quepamos todos en igualdad de condiciones y de derechos, en términos de equidad en todas las materias: educativa, sanitaria, laboral, de vivienda, de justicia… están surgiendo iniciativas novedosas, inteligentes, confiables, sin contaminación político-partidista, responsables, maduras, valientes. En el caso de Jalisco, me refiero específicamente a la iniciativa total y absolutamente ciudadana  Dialoguemos Jalisco.
La claridad con la que emprenden el movimiento más las demás cualidades que acabo de citar, son una invitación a despojarnos de prejuicios por un lado y, por otro, a brincar los obstáculos que muchos nos hemos autoimpuesto para no hablar, para no salir a las calles, para no exponer, para no proponer, para no intentar, por lo menos, cambios profundos en los gobiernos, para aparentar que no nos interesa ni nos preocupa, para pensar que no sirve de nada…
Dialoguemos Jalisco pretende ser un espacio de expresión y de escucha de lo que tenemos que decir, de lo que nos ahogamos por decir, de lo que nos hemos callado porque la vida nos va viviendo, porque nos atrapan las necesidades y las urgencias cotidianas. Me enorgullece y emociona formar parte de un movimiento así y por lo pronto ya sabemos que hay un gran interés por participar. Un video en donde hablamos de la realidad nacional, en el que se aclaran puntos y se pintan rayas, circula en redes con la invitación al diálogo y hasta ahora la respuesta ha sido extraordinaria, emocionante y esperanzadora.
Los jóvenes que tuvieron la idea lo sabían. Sabían que el terreno es y está fértil, abonado, que necesitamos unirnos y hablar, con generosidad, sin mezquindades, sin egoísmo, sin miedo, con responsabilidad, con visión de futuro, con amor por México y por los mexicanos. Nos toca decir qué pasa, qué hacer, cómo hacerlo. Nos toca y pronto estarán los espacios abiertos para que lo hagamos.

Es preciso trascender divisiones y enfrentamientos entre nosotros. Lo he dicho y escrito muchas veces: nos necesitamos juntos. Es el momento. Y vamos a la marcha de mañana también. Hemos aprendido y estamos muy alertas, sabemos identificar convocatorias mañosas, pero puede ser una gran oportunidad, grande en verdad, para mostrar el músculo, la potencia, el poder, las ganas, la determinación. Somos grandes y maravillosos, somos un pueblo noble, creativo, con historia para sentirnos orgullosos, para aprender, para crecer. Sí, lo somos. Dialoguemos Jalisco.



Columna publicada en El Informador el sábado 11 de febrero de 2017.

sábado, 28 de enero de 2017

Muy despiertos

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Entre las agresiones —violencia franca— de Donald Trump contra nuestro país; y las malas decisiones de Enrique Peña Nieto, los mexicanos estamos en una situación extraordinaria aunque no inédita que amerita, entre nosotros, con urgencia y más que en otros momentos, unión, solidaridad y fuerza.
En realidad no es mucho pedir. Si hacemos un repaso breve de nuestra historia reciente, el pueblo mexicano ha demostrado en diferentes circunstancias esas cualidades, hacia el interior y más allá de nuestras fronteras. El sistema político y la intensidad con la que se filtra en nuestro día a día han contribuido a profundizar divisiones y a radicalizar posturas, sin embargo, y por lo visto hasta ahora, después de las  primeras decisiones de Donald Trump, está en nuestra genética: la unión para nuestra defensa.
Hay sólo una cuestión que no comprendo ¿por qué se pide apoyo para Enrique Peña Nieto? ¿O por qué se piensa que esta unión nacional es para apoyarlo? No comprendo las expresiones de cerrar filas en torno al presidente y sí creo que todo es parte de una manipulación mediática para ver si acaso sube unos puntitos en sus niveles de aprobación, actualmente en 12 %, el indicador más bajo en la historia de los presidentes de México desde que inició tal medición. Y esta es una de las razones por las que llamo la atención hacia la necesidad de estar muy despiertos. No podemos ni debemos equivocarnos.
Tenemos encima los efectos del primer gasolinazo, en unos días se aplicará el segundo, para un incremento acumulado en el precio de las gasolinas cercano a 30 % y solamente los muy pero muy insensibles consideran que ya chole con el tema.
La eliminación del subsidio a las gasolinas con una carga impositiva de ese tamaño no implica costos sólo para quien tiene auto, por favor. Con un poquito de conocimiento, ya no digamos conciencia, sobre las dinámicas económicas, se sabría que este incremento repercute en los precios de absolutamente todo porque estos combustibles se usan para producción y distribución de cuanto producto, servicio y mercancía. Pero bueno. No estamos nada contentos con Peña Nieto en general y sí creo que en gran medida la crisis con el vecino del Norte se debe a las malas decisiones diplomáticas que ha tomado el actual Gobierno mexicano.
No puedo pensar tampoco que el anuncio de Peña de que no asistiría a la reunión del próximo martes sea un triunfo ¿de qué? Y perdón por el pesimismo y la desconfianza, pero la llamada de ayer tampoco me alienta. Trump insiste en que fue “muy fuerte” y luego añade que siente gran respeto por la gente de México. Es difícil creer en un individuo cuyo discurso es violento y contradictorio; y de parte de México se informa, ya no el Presidente en persona, que se dialogará sobre el muro pero no de manera pública. Bueno, o sea que el Gobierno mexicano podría finalmente doblar las manos para pagarlo sin que nadie se entere, bonita cosa. No puedo confiar en algo así. De manera que el apoyo no tendría que ser para Peña, además ¿cómo? ¿Echándole porras? ¿Gritándole que sí se puede? ¿O cómo? Si le dijéramos exactamente qué hacer como preguntó, lo más probable es que no nos hiciera caso porque así ha sido durante todo su mandato.
El apoyo, la unión, la fuerza y la solidaridad deben ser de nosotros para nosotros, entre los mexicanos, todos menos la clase política. Este es un asunto de la sociedad y sí incluyo a los empresarios porque muy bien podrían sacrificar un poco, sólo un poco, sus utilidades para aumentar salarios por ejemplo e inyectarle energía al poder adquisitivo con el propósito de reactivar el mercado interno. Hay otras medidas para lograrlo, ayer las expuso en conferencia de prensa Carlos Slim: manos a la obra. Esto no tiene que ver con apoyar a Peña, tiene que ver, más bien, con ponerlo a trabajar y a todo su equipo de haraganes privilegiados que hasta ahora no han tomado buenas decisiones; no están los tiempos para que el Gobierno mexicano se use como escuelita y saben a quién me refiero. Son necesarios los mejores y vaya que hay talentos en todas las áreas.
¿Por qué digo que no es inédita la situación actual? Guardadas todas las proporciones, cuando México se estrenaba como nación, tuvo que enfrentar los conflictos internos que eran complejos y fuertes (pronunciamientos, asonadas, golpes, muertos) en el proceso de constituir a México como nación pero además, los persistentes intentos de Fernando VII por reconquistar su antigua y rica y maravillosa Nueva España. Salimos adelante después de 300 años de colonia ¿no podremos hacerlo ahora? Claro que sí, pero necesitamos estar muy despiertos.

Columna publicada en El Informador el sábado 28 de enero de 2017.

martes, 27 de septiembre de 2016

Sociedad civil y desparasitación

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

La sociedad civil en México ha madurado de una manera extraordinaria en los últimos años  y quizá se deba a la clase política de quinta que opera en México; y digo quizá porque, como la vida, los pueblos se abren camino más tarde o más temprano, con estímulos o sin ellos. Creo que esto es lo que está pasando en México desde hace algunos lustros y la esperanza es que al final el estado de cosas mejore y a las presentes generaciones nos toque verlo.
Escuché, incluso muy emocionada hacia el final cuando dijo “grandeza”, la entrevista que Ernesto Ledesma hizo a Edgardo Buscaglia en Rompeviento.tv. No es la primera vez que cito al investigador y activista, conocedor profundo de México y quien actúa a nuestro favor particularmente en materia de defensa de derechos humanos y de generación de conciencia ciudadana.
Su diagnóstico sobre la situación que se vive en nuestro país no puede ser más clara, dolorosa y contundente, pero real, tan real, que la invitación —así lo tomo— es, primero, al conocimiento de lo que está sucediendo; segundo: a la reflexión en torno a los temas urgentes de nuestra nación y, tercero, a la acción.
A reserva de que el lector tenga la oportunidad de ver la entrevista en internet (Rompeviento) quiero abordar aquí algunas de las cuestiones que se trataron porque me parecen pertinentes, necesarias. Por ejemplo, Buscaglia afirma (como lo ha venido repitiendo desde hace años) que en México se vive una “orgía de corrupción política” y que mientras no se abran los procesos de elección de candidatos en los partidos, en todos, seguiremos votando por porquería o por porquería; y sin juzgar ni criticar (algo que deberíamos aprender) explica por qué por ejemplo, la sociedad civil en México no ha actuado como sí lo ha hecho en países como Brasil.
Se remite a nuestra historia y concluye que los mexicanos hemos vivido y sufrido gobiernos autoritarios pero con estabilidad a lo largo de unos 80 o 90 años, a diferencia de lo que ha pasado en el gigante sudamericano con alternancias no entre partidos, sino entre dictadores, demócratas, corruptos y pseudo-demócratas.
Sostiene que Brasil, hoy por hoy, está sometido a un intenso y traumático proceso de limpieza y si bien la destitución de Dilma Rousseff fue una acción contraria al pueblo brasileño, es parte de la purga porque los que deben ser desechados se resisten, exactamente como los efectos de un tratamiento de desparasitación: Las alimañas no quieren abandonar el organismo ya enfermo del que han vivido durante décadas.
En Brasil, dice Buscaglia, hay empresarios muy poderosos en la cárcel y también políticos, porque hay una sociedad civil que audita, vigila, se manifiesta y es capaz de paralizar ciudades enteras. Y no siempre se tiene éxito, es cierto. El activismo de la sociedad brasileña no es garantía de que las cosas se van a resolver de inmediato, pero se lucha sin descanso.
¿Qué pasa en México? Además de la costumbre de la estabilidad está, por un lado, la represión, fuerte, violenta, la criminalización de los grupos más activos, las desapariciones forzosas, el miedo, las acusaciones falsas, los asesinatos, los periodistas despedidos o asesinados o comprados pero silenciados y el desdén sistemático de cualquier manifestación ciudadana; y por otro,  la cooptación de activistas, sí, los que son atrapados por el sistema, de uno o de otro partido y que la sociedad termina perdiendo irremediablemente.
Quiero pensar que no falta mucho para que en México empecemos pronto el proceso de desparasitación. La sociedad civil se las ha ingeniado para resurgir una vez y otra vez y otra vez. Falta arreciar las manifestaciones, mantener las demandas, las exigencias, las críticas, los deseos de una vida mejor, es posible. Implica sacrificios, paciencia, determinación, pero lo creo posible, más posible que nunca.

La energía ahí está: dispersa, dividida en causas antónimas, pero está. Falta un click o que caiga un veinte para que nos sumemos en una sola causa y lograr que la clase política nos voltee a ver, renuncie a su “orgía de corrupción” e inicie la purga, la limpia, la desparasitación. 

Columna publicada en El Informador el sábado 24 de septiembre de 2016.

sábado, 20 de agosto de 2016

¿Ya chole?

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Esta semana se publicó en The Guardian, periódico británico, un reportaje en donde se asegura que la esposa del Presidente de México, Angélica Rivera, utiliza un departamento en Miami que pertenece al Grupo Pierdant, compañía que concursa para construir puertos marítimos aquí en el país.
Esto fue apenas el día 9 de agosto y de inmediato la Presidencia de la República, a través de la Vocería, salió a desmentir y a lamentar el texto en The Guardian. Se afirma por supuesto que nada es cierto y que además los reporteros del diario no buscaron la versión oficial antes de sacar a la luz el trabajo periodístico.
Si mal no recuerdo y creo que varios el lector lo tendrá en mente también, apenas el 18 de julio el Presidente Peña pidió perdón por el asunto de la Casa Blanca. Cito: “Si queremos recuperar la confianza ciudadana todos tenemos que ser autocríticos, tenemos que vernos en el espejo, empezando por el propio Presidente de la República. En noviembre de 2014, la información difundida sobre la llamada Casa Blanca causó gran indignación. Este asunto me reafirmó que los servidores públicos además de ser responsables de actuar conforme a derecho y con total integridad también somos responsables de la percepción que generamos con lo que hacemos, y en esto reconozco que cometí un error. No obstante que me conduje conforme a la ley, este error afectó a mi familia, lastimó la investidura presidencial y dañó la confianza en el gobierno. En carne propia sentí la irritación de los mexicanos, la entiendo perfectamente, por eso, con toda humildad, les pido perdón; reitero mi sincera y profunda disculpa por el agravio u la indignación que les causé”.
Este mea culpa se dio en el marco de la promulgación del Sistema Nacional Anticorrupción (peor es nada) sin embargo, a tres semanas de entonces una vez más la integridad de la primera dama se somete a juicio de la opinión pública porque, a estas alturas, aunque se haya negado, la credibilidad, escasa a estas alturas de la administración, muy escasa, esmirriadita, terminó por precipitarse casi hasta la extinción o evaporación o la figura que mejor le plazca para ilustrar que, lejos de trata de recuperar la “confianza en el gobierno”, al parecer se dedican a lo contrario. ¿O qué pensaban? ¿Qué una vez solicitado el perdón —no me di cuenta de que nadie se lo otorgara— ya tenían como permiso para hacer cualquier cosa?
El 18 de julio pasado el titular del Ejecutivo federal hizo hincapié en que se condujo dentro de la ley, aun así solicitó perdón porque no se había percatado de la responsabilidad que también tienen los servidores públicos en cuanto a la percepción de los gobernados. Bueno, pues en menos de un mes estas afirmaciones se cayeron aparatosamente. De por sí, el nivel de aceptación del mandatario va en picada: entre 15 y 34 % si se consideran, en el primer caso, líderes de opinión y en el segundo, población en general. Igual la calificación, con las mismas acotaciones va de 3.3 a 4.7 en ambos casos en una escala de diez, es decir, reprobadísimo.
¿Volverá a pedir perdón o nos tocará regañada de la primera dama? El asunto es cuestionable por donde se le vea. Y no es moral, ni sano, ni considerado con  los mexicanos, con un pueblo cuya mayoría vive en pobreza y pobreza extrema (con todo y que quieran cambiar las fórmulas de conteo y evaluación). Es cínico, es descuidado, desaseado y todos los calificativos que pasen por la mente.
Y después de esto, atenta a reacciones en medios de comunicación, me llevo una sorpresa mayúscula cuando escucho a “presuntos” radioescuchas llamar a las estaciones y decir que “ya chole” con el asunto del departamento en Miami, que para qué se aborda el tema, que para qué se informa, que no sirve de nada, que mejor los dejemos gobernar y expresiones por el estilo.
Si el gobierno no se conduce sobre bases de honestidad y transparencia, de integridad y apego a la ley según el discurso de Peña Nieto ¿entonces qué? ¿Ya? ¿Nos resignamos a que cunda la corrupción? ¿A que la familia presidencial haga de las suyas? ¿Aguantaremos estoicamente, mientras todo sube menos los salarios, que nos vuelvan a regañar por malpensados y criticones o que nos pidan perdón pero no en un auténtico acto de contrición y arrepentimiento con penitencia?
Nada de que “ya chole”, urge una rendición de cuentas auténtica. Los mexicanos no merecemos menos.


Columna publicada en El Informador el sábado 13 de agosto de 2016.

miércoles, 13 de julio de 2016

Promesas imposibles

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

¿Se acuerdan? Yo estoy segura de que sí. ¿Cómo olvidar las promesas de que con la reforma energética bajarían las tarifas de la energía eléctrica y el gas? ¿Cómo olvidar el anuncio aquel de que la gasolina ya no subiría cada mes y que a partir de 2016 de plano ya no aumentaría? ¿O la frase enfática y contundente de que en 2016 seguirían quitando obstáculos para dizque “mover a México”?
Esto sí es música para los oídos, particularmente en un país en donde la mayor parte de la población ve mermados sus ingresos netos y además, su poder adquisitivo; el daño a la economía familiar va en ambas vías. Muchos recibimos estas “buenas nuevas” con desconfianza pero ¿era posible hacer algo para garantizar que esas promesas se cumplirían? ¿Es posible hacer algo ahora? ¿Cuántos otros antes han hecho promesas similares?
El caso es que volvemos a caer exactamente en donde mismo, si no es que varios metros atrás, porque el retroceso económico —y me refiero clara y directamente al de las familias mexicanas— es notorio y angustiante.
Mientras esto sucede, mientras estas promesas no se cumplen y además siguen los problemas con el magisterio en Oaxaca, Guerrero y Chiapas, desde la Presidencia se mueven las piezas en un sentido que no puede ser calificado más que de burla y cinismo ¿o cómo entender que quien anunció —con la venia desde Los Pinos claro— los incrementos en materia energética y que además participó en la reforma educativa que no es reforma educativa como se ha dicho hasta el cansancio, sino laboral, es premiado con el nombramiento, digo, prácticamente, de dirigente nacional del PRI?
Prácticamente porque todavía falta que se monte el teatro que a todos los contribuyentes nos cuesta, de la dizque elección de la dirigencia después de la renuncia de Manlio (no podía ser de otra manera) con la sobada, trillada y nada creíble fórmula del “candidato de unidad”.
Estoy hablando de un individuo que aparece en el primer plano de la escena nacional, sólo después de haber comparecido ante los senadores para explicar (ajá) el porqué del incremento en las tarifas (ese incremento que no iba a suceder; ese obstáculo que se iba a retirar para o afectar la economía de por sí precaria de los mexicanos, de la mayoría claro): Enrique Ochoa Reza.
Ya renunció a la Dirección general de la Comisión Federal de Electricidad, un puesto, como todos los de su tipo, con un altísimo salario y no se digan las prestaciones de privilegio extraordinarias, esas que claramente dividen a los habitantes de este país, por decir lo menos, en mexicanos de primera y de segunda.
En su momento Enrique Ochoa fue el artífice de que la reforma energética se aplicara y bajaran las tarifas. ¿Hubo reducción? Podría decir que sí aunque, y amerita revisión a fondo, también se dieron casos y muchos hasta donde he podido observar, de supresión de tarifas subsidiadas, así que, unas por otras, como para compensar ¿no?
Y de pronto, con el conque (como decía mi abuelita) de que los precios de los combustibles para la generación de energía subieron, pues no quedaba otra que aumentar las tarifas, pese a la reforma energética ¿qué quiere decir esto? Que se trataba de promesas imposibles de cumplir porque, efectivamente, se depende de las fluctuaciones de estos productos a nivel internacional. ¿Se nos hizo esa advertencia? Sí, la verdad es que sí, pero no desde el gobierno, sino desde los grupos de académicos y expertos que una y otra vez llamaron la atención sobre este punto pero no fueron escuchados.

Este mismo Enrique Ochoa, me voy enterando, participó en los más altos niveles del diseño de la reforma educativa que ahora genera tantos problemas. Podríamos considerar también como promesas imposibles de cumplir, las que se hicieron a los maestros cuando la reforma se fraguaba. Y no es que Ochoa sea totalmente responsable, pero de que participó, participó. Y ahora se enfila, contra muchos priistas, como su próximo líder y promete: “Tenemos que cambiar y escuchar a la ciudadanía […] Tenemos que ser un partido (el PRI) más transparente que encabece cambios y que atienda las solicitudes de los ciudadanos que quieren tener un mejor país”. ¿Promesas imposibles?

Columna publicada en El Informador el sábado 9 de julio de 2016.

sábado, 21 de mayo de 2016

Empleo en México… datos para llorar

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Aunque son los datos correspondientes al primer trimestre de este año, por supuesto que los resultados no se darían a conocer en el marco del Día del Trabajo, si de por sí, la situación está que arde, se hubiera puesto peor con esta información que ahora entrega el INEGI y que el gobierno, ni tardo ni perezoso, se ha encargado de manipular, por supuesto, para su beneficio y para mantener el velo de la simulación y el engaño sobre la mayor parte de la población, en lugar de reconocer que la tan llevada y traída reforma laboral ha sido contraproducente.
Anexo aquí, antes que otra cosa, la liga para consultar íntegro el comunicado del INEGI porque son varios los indicadores y los positivos, los menos, sin embargo, como ya sabemos, son los que el gobierno a través de sus voceros se encarga de difundir como si fueran la gran cosa, va: ENOE 2016.
Bueno, de entrada y en resumidas cuentas, el empleo en México es cada vez de menor calidad, cada vez más precario, vulnerable y mal pagado. Los resultados coinciden con la realidad. Podemos estar de acuerdo en que la situación es grave, en que hay desempleo, subempleo, que los ingresos de las personas cayeron; que de buenos empleos las personas se ven en la necesidad de aceptar malos empleos y que la informalidad ha crecido.
No me alienta saber que el empleo ha crecido si se trata de trabajo de baja calidad; empleos que se ofrecen a través de empresas de outsourcing y que por lo tanto, no otorgan las prestaciones de ley; empleos mal pagados, sin ninguna garantía para los trabajadores porque la demanda es tanta que a muchos patrones no les importa la inconformidad y los bajos salarios de sus empleados.
¿Qué revela la encuesta? Es curioso que el INEGI, dada su autonomía, emita primero un boletín en donde únicamente se refiere a los cuatro indicadores “positivos”, a saber: 1.- La Población Económicamente Activa (PEA) en México es de 52.9 millones de personas; en el primer trimestre de 2016, 50.8 millones de mexicanos se encontraban ocupados, es decir, 973 mil más que en el primer trimestre de 2015. 2.- La población subocupada llegó a cuatro millones para una tasa de 7.9 %, menor a la de 2015 que fue de 8.1 % (¡huy cuánto!). 3.- La población desocupada se situó en 2.1 millones de personas y la tasa de desocupación correspondiente fue de 4 % de la PEA; porcentaje menor al mismo periodo del año pasado, cuando fue de 4.2 % (¡¡¡!!!) y 4.- “Con series desestacionalizadas (a ver quién les entiende) en el trimestre en cuestión la tasa de desocupación registró un descenso frente al trimestre anterior (4.2 % vs 4.3 %)”. Sin ser experta en lo absoluto, basta ver los cuatro indicadores, así, a vuelo de pájaro, para concluir que los resultados de la reforma laboral no son los prometidos, no se acercan ni tantito. Y mucho menos si entramos a revisar los otros resultados, los que no se mencionan: 1.- el empleo precario se incrementó y llegó al peor nivel de los últimos diez años (¿y la reforma laboral pues?). 2-. Aumentó el número de personas con bajos salarios y se redujo el grupo de los mejores ingresos. 3.- 62 % de las personas ocupadas, es decir, casi 32 millones de mexicanos ¡no tienen acceso a servicios de salud! 4.- Y el empleo informal también creció en 1.5 %, representa ¡más de la mitad, casi 60 % de la población ocupada!, es decir, estamos hablando de 28millones 814 mil personas.
Cuatro contra cuatro y creo que los primeros quedan anulados con los segundos. Y, si me apuran, con los niveles de incremento o disminución tan bajos de los primeros, todos, todos, están para llorar.

Y para seguir llorando y que no nos mareen con sus dizque explicaciones, aquí la definición, un fragmento de hecho, de empleo precario según la OIT: “Es el trabajo que se realiza en la economía formal e informal y que se caracteriza por niveles variables y grados de particularidades objetivas (situación legal) y subjetivas (sensación) de incertidumbre e inseguridad […] se lo suele definir por la incertidumbre que acarrea en cuanto a la duración del empleo, la presencia de varios posibles empleadores, una relación de trabajo encubierta o ambigua, la imposibilidad de gozar de la protección social y los beneficios que por lo general se asocian con el empleo, un salario bajo y obstáculos considerables tanto legales como prácticos para afiliarse a un sindicato y negociar colectivamente”. Este indicador es el peor en los últimos diez años… para llorar.

Columna publicada en El Informador el sábado 21 de mayo de 2016.

Extra: anexo aquí la liga de la OIT de donde obtuve la definición, un fragmento, de empleo precario, es un informe muy interesante por lo demás, de ese tipo de documentos que por lo general no se difunden de manera masiva. Aquí la liga: Del trabajo precario al trabajo decente.

sábado, 14 de mayo de 2016

Amenaza tormenta

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

El secretario de Educación Pública lo dijo cuando se refirió a las resistencias que genera desde su aprobación e implementación, la reforma educativa: “Son intereses de algunos líderes sindicales, por ejemplo, que no quieren perder sus privilegios de seguir vendiendo o heredando plazas, o de controlar la vida de los maestros para tener utilidad política o económica”.
¡Uff! ¿Por dónde empiezo? Antes, nada más quiero recordar al amable lector que está anunciada para mañana, Día del Maestro, una marcha multitudinaria en la Ciudad de México protagonizada por profesores de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, organismo independiente del SNTE; y por estudiantes de Politécnico Nacional en solidaridad con los docentes, aun cuando los jóvenes tienen sus propias demandas y su propio proceso de exigencias a las autoridades educativas.
Está anunciada la marcha y además un paro a partir del lunes 16 de mayo particularmente en las entidades en donde la CNTE es muy fuerte como Oaxaca, Guerrero y Chiapas, pero es probable que se dé en otros estados, aunque no de manera total.
¿Desde cuándo está en la memoria colectiva el magisterio? ¿Sus necesidades, sus demandas, sus manifestaciones, sus paros y sus marchas? ¿Desde cuándo? Formalmente la CNTE se fundó en 1979, estamos hablando de 37 años aun cuando los antecedentes datan de más atrás, cuando para el Estado y los líderes sindicales era fácil acallar voces disidentes con diversos métodos, desde la cooptación y la amenaza hasta la desaparición forzada e indefinida.
He abordado el tema en otros comentarios pero creo que es importante insistir porque es evidente (la frase entre comillas del primer párrafo es elocuente) que las autoridades, cuya tarea esencial y trascendental es la educación pública de este país, están instaladas en un mundo irreal, en el eterno juego de la simulación y en la negación de la grandísima responsabilidad que el Estado mexicano tiene en esta materia.
¿Acaso Alfonso Nuño se escuchó? ¿O el funcionario es de generación espontánea? ¿O cómo es posible que esté al frente de la SEP sin tener antecedentes de cómo se ha manipulado desde el Estado, al magisterio y a la educación? ¿Creerá acaso que todos los demás coincidimos con él?
Nada más con la afirmación de que los que se resisten a la reforma son líderes que quieren seguir controlando la vida de los maestros para tener utilidades económicas y políticas me pregunto si no se mordió la lengua, como solemos decir cuando cojeamos del mismo pie pero no queremos darnos cuenta.
El sistema, particularmente el PRI, gobierno tras gobierno a lo largo de su hegemonía de entre 60 y 70 años; y los presidentes panistas que no se quedaron atrás pero en lo absoluto, sin olvidar al amplio y versátil mosaico de gobernadores, han utilizado al magisterio como se les ha dado la gana.
Los profesores son carne de urna, capital electoral; son útiles para manifestarse o para replegarse; para cumplir y no cumplir los programas de estudio, dependiendo de qué se necesite; para bloquear, boicotear o apoyar, lo que sea que les ordenen sus “líderes”. Fueron dotados de prestaciones jugosas y privilegios nada desdeñables que ahora se les retiran (¡y está bien! pero no lo han sabido manejar); fue tolerada y hasta alentada la corrupción en las cúpulas sindicales, en cada sección del SNTE a lo largo y ancho de este país, pero en  su momento, las demandas del magisterio para acceder a una mejor capacitación y actualización constante, fueron desoídas, desdeñadas, ninguneadas; ni qué decir de las demandas salariales y las disparidades entre lo que gana un maestro frente a grupo y el comisionado, el secretario de una comisión en la mesa directiva y el secretario general; o los que tienen hasta tres plazas y licencias con goce de sueldo sin ton ni son; y claro, los que venden plazas, una práctica ante la que la autoridad había navegado de muertito durante lustros.
Y de pronto, como si nada hubiera pasado, como si no existiera una historia de la educación en México perversa y pervertida, llega el gobierno de Peña Nieto a imponer una reforma que pretende ahogar al monstruo que el sistema al que pertenece creó y alimentó desde hace décadas, pero ese monstruo ha sido usado, manipulado, mal pagado, mal capacitado, discriminado y tratado injustamente en contraste con los “consentidos” de las mesas directivas, los lambiscones, los arrastrados por lo general comisionados y perezosos que no se han partido la vida frente a grupo, en donde se abren otros problemas y conflictos que no alcanzaré a abordar. 
Es un monstruo enojado y con hambre y sed de justicia. Un monstruo creado por el mismo Estado que sólo el Estado puede controlar, pero no cortándole la cabeza porque, como Hydra, le saldrán más sin remedio. El problema es que no se está atacando el problema de raíz ni desde una postura de reconocimiento de los usos del pasado, de los errores, de los abusos que se han cometido al calor de un sistema podrido.

Amenaza tormenta, lo que hemos testificado hasta ahorita, apenas llega a chubasco.

Columna publicada en El Informador el sábado 14 de mayo de 2016.

Crónica sincrónica

México: un tiempo nuevo     Laura Castro Golarte     El aguacero estaba a punto. Amenazó todo el día y los charcos en las esqu...