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viernes, 7 de junio de 2019

Guardia Nacional


Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Esta semana se ha generado abundante información relacionada con la Guardia Nacional porque se aprobaron, casi por unanimidad, cuatro leyes secundarias que complementan la iniciativa de marzo pasado, sin embargo, no ha recibido los espacios en medios de comunicación que el asunto merece, seguramente porque otros temas, polémicos y problemáticos, han ganado en la carrera mediática.
Los temas a que aludo son por lo menos tres: la renuncia de Germán Martínez como director del Instituto Mexicano del Seguro Social; la resolución de la Función Pública que multa e inhabilita a dos exfuncionarios de Petróleos Mexicanos, entre ellos al que fuera director, Emilio Lozoya, quien no podrá desempeñar cargo alguno en la administración pública en los próximos diez años y la difusión de la lista de 36 periodistas y sus empresas que en conjunto recibieron en la administración de Peña Nieto más de mil millones de pesos.
Sin duda no son asuntos menores, al contrario, todos y cada uno requieren reflexión, análisis, cuestionamientos y apuntes, pero no se puede ni debe perder de vista lo relativo a la Guardia Nacional que también nos atañe a todos y en un tema doloroso, sensible, urgente, como es la seguridad pública en nuestro país, en franco deterioro desde hace décadas con picos pronunciados de empeoramiento a partir de las tres primeras administraciones de este siglo: Fox, Calderón y Peña.
Me detengo aquí, primero, para invitar a leer las cuatro leyes secundarias que se aprobaron, en el Senado el martes y el jueves en la Cámara de Diputados, en un proceso muy rápido y prácticamente sin mayores discusiones; fueron rechazados puntos que proponían dos diputadas, una independiente y otra de Morena y eso fue todo. Se turnaron ya al Ejecutivo federal para su publicación en el Diario Oficial de la Federación. En cuanto eso suceda, entrarán en vigor. Esto será en los próximos días, sin embargo, se puede acceder a la Gaceta Parlamentaria del 23 de mayo de este año, en el sitio de la Cámara de Diputados, y leer los dictámenes donde se incluyen argumentos, razonamientos y consideraciones, todas pertinentes para comprender mejor de qué se trata.
Y, segundo, es importante tener en cuenta que hay puntos que organizaciones especializadas en seguridad pública y derechos humanos de la sociedad civil cuestionan, por ejemplo: “falta de transparencia en la letra pequeña” de la operación de la Guardia Nacional o bien, “que no vaya a estar sometida a un escrutinio independiente”. La Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU llama la atención sobre el uso de algunos términos poco precisos y con respecto a “regulación insuficiente e inconsistente” del principio de proporcionalidad y uso de la fuerza.
Así como el proceso de marzo, ahí sí, por unanimidad, lo que sucedió esta semana también puede calificarse de histórico porque los grupos parlamentarios, además de que están trabajando (como nunca en los últimos años, con una acción real, hasta ahora comprometida y dinámica, no como comparsas del Ejecutivo), son capaces de abordar las iniciativas con sentido crítico y responsable para mejorarlas y ajustarlas con la mira en el país y no en sus intereses particulares y partidistas. Esto es alentador.
Las leyes secundarias que se aprobaron son: Ley de la Guardia Nacional, Ley Nacional sobre el Uso de la Fuerza, Ley Nacional del Registro de Detenciones y Ley General del Sistema Nacional de Seguridad Pública.
En términos muy generales, la primera ley especifica que la Guardia Nacional desempeñará la función de seguridad pública en todo el país y que celebrará convenios temporales para participar en las áreas que corresponden a estados y municipios. Se reafirma —y esto es muy importante— el carácter civil de la institución.
En cuanto a la segunda, es la primera vez que México tiene una Ley sobre el Uso de la Fuerza y su propósito es regular, como su nombre dice, el uso de la fuerza por parte de las instituciones de seguridad pública y de las Fuerzas Armadas cuando actúen en esos términos.
La Ley Nacional del Registro de Detenciones regulará el registro, consistente en una base de datos que concentrará información a nivel nacional sobre las personas detenidas y, por último, la cuarta ley secundaria establece la obligación, para todas las instituciones de seguridad pública y de procuración de justicia en los tres órdenes de gobierno, de “generar, compartir, intercambiar, ingresar, almacenar y proveer información” de sus bases de datos e informáticas.
Es preciso involucrarnos más en estos procesos y ahora es mucho más fácil acceder a la información íntegra, sin filtros.

Colaboración publicada en El Informador el sábado 25 de mayo de 2019.

jueves, 28 de febrero de 2019

Histórico


Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Justo esta semana escuché a dos historiadores, de verdad historiadores y además divulgadores científicos, en desacuerdo respecto a sus preferencias políticas pero de acuerdo en que dos meses y medio, casi tres, son insuficientes para juzgar con profundidad y mucho menos acierto, lo que está pasando en México, específicamente con las decisiones del Presidente de la República.
Pedro Salmerón y Alejandro Rosas, en el programa de Julio Hernández (“Astillero”), debatían sobre el periodo de gobierno de la presente administración pública federal; mientras Rosas decía que se parecía un poco al periodo de Cárdenas del Río; Salmerón dejó sobre la mesa un punto que he aprendido en el posgrado: es un mito eso de que estudiar historia sirve para no cometer los mismos errores del pasado; o de que la  historia se repite. No existe tal cosa, sin embargo, sí veo algunas cuestiones parecidas a las de la gestión de Tata Lázaro como la creación de centrales obreras (es otro tema, sí, pero ojo).
Bien, más allá de que estuvo bueno el debate, Rosas pronunció una frase que es la que quiero rescatar: “quienes hemos estudiado historia sabemos que todo son procesos” y, parafraseando, dos meses o tres meses no son nada, para nada. La afirmación me llevó a la reflexión inmediata porque es cierta y es cierto. En el análisis de hechos del pasado se revisan periodos que necesariamente están inmersos en otros o que responden a procesos cuyos antecedentes se remontan a veces a décadas o siglos atrás (tales repercusiones pueden tener nuestras decisiones); y resulta además que se prolongan en el tiempo muchos años después de que sucedieron.
Pensé en la teoría del tiempo histórico de Reinhart Koselleck, un historiador alemán cabeza de la historia de los conceptos que encontró dos perspectivas que cambian dependiendo de los movimientos sociales (una revolución, un movimiento de independencia o una guerra civil): el espacio de experiencia y el horizonte de expectativas. En la medida en que se amplía el primero, se reduce el segundo y viceversa, siempre a partir de un momento que rompe con el estado de cosas.
Aplicado a nuestras circunstancias y de manera simple, se puede decir que el espacio de experiencia es mínimo, porque todo es nuevo: el gobierno federal, el estatal, los municipales… y no sólo porque se modifica cada seis años, sino que los que son los gobernantes hoy proceden de partidos que antes no habían gobernado en los puestos en los que se desempeñan ahora. No tienen ni tenemos experiencia, en términos generales, en su ejercicio de gobierno considerando las nuevas responsabilidades o a partir de las elecciones del primero de julio del 18; el espacio de experiencia se puede ver influido por información del pasado reciente, pero todo es nuevo y todos, empezamos a experimentar de manera que el horizonte de expectativas se extiende más allá de lo que alcanzamos a ver; algunos lo verán con nubarrones y otros límpido y claro; otros más verán un poco de todo, como un horizonte de verano en Cancún.
Pues bien, todo esto que es un poco teórico pero muy útil para la explicación de lo que vivimos en el día a día, para revisar nuestras propias reacciones y juicios, lo expongo para expresar mi gratísima sorpresa --a pesar de que es pronto y estamos inmersos en procesos-- al constatar la actuación histórica, definitivamente histórica, del Senado de la República en torno a la iniciativa presidencial de la Guardia Nacional. El Legislativo actuó como contrapeso, para lo que es un Legislativo; y por primera vez senadores de todos los partidos se pusieron de acuerdo ¡todos! para trabajar en un proyecto que los llevó a privilegiar los intereses nacionales por encima de los personales, coyunturales y de partido.
Como ciudadana, por primera vez me siento representada y si este será el patrón de conducta por lo menos en el Senado, hay motivos para la esperanza y el aliento de que por fin en México estamos viviendo experiencias que nos conducirán a ampliar el horizonte de expectativas en sentido positivo, constructivo, civilizado, consciente y generoso en beneficio de los mexicanos de hoy y de generaciones futuras. Son noticias de que es posible ejercer el oficio político y la pericia legislativa en favor de la nación. Es buena noticia también la reacción del titular del Ejecutivo federal que anunció su respecto a la decisión de los legisladores de la Cámara alta, en un claro mensaje también a los diputados.
La votación fue por unanimidad, histórica, quiero pensar que así será de aquí en adelante, ojalá, ojalá, ojalá.

Columna publicada en El Informador el sábado 23 de febrero de 2019.



Crónica sincrónica

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