lunes, 2 de abril de 2018

Jóvenes, más que un tema de campaña


Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Es cierto que la apatía juvenil en materia electoral tiene que ver con la ausencia de propuestas para jóvenes en las campañas. Así ha sido siempre. Y a eso se suma, claro, que no haya casi jóvenes entre los candidatos a diferentes puestos de elección popular, sin embargo, creo que la escasa participación de este sector mayoritario en México tiene raíces más profundas que se han ido transmitiendo de generación en generación.
Los jóvenes menores de 30 años en las elecciones de 2012 fueron los que menos participaron; hoy tienen seis años más y de acuerdo a diversos estudios y encuestas, siguen siendo “apáticos” en esta materia; los que van a votar por primera vez sí acuden a las casillas en buen número y esto está documentado desde hace años: el hecho de que sea la “primera vez” siempre cuenta e imprime hasta emoción en muchachos y muchachas, pero se podría decir que esto aplica sólo para los que tienen 18 años o están por cumplirlos.
Entre las causas de la escasez en la participación como electores aparecen dos como las principales: sienten que su voto no sirvió, que no fue útil (80 %); y que los políticos no los representan (70 %).
Por lo general, los jóvenes que no quieren o se resisten a ir a votar y que con frecuencia ni siquiera manifiestan opiniones al respecto, al contrario de los adultos que se explayan con expresiones viscerales, son señalados y criticados por apáticos. El calificativo implica un juicio y, claro, una descalificación, sin embargo, basta con hacer una revisión mental somera a la situación de los jóvenes en México… y no es para menos.
A la falta de oportunidades, realidad de por sí agresiva, hay que agregar la violencia real contra los jóvenes en general y las amenazas constantes a las que están sometidos. Están en riesgo constante y la situación empeora.
Hace casi dos semanas de la desaparición de los tres estudiantes del CAAV. No ha habido novedades con respecto a su paradero. Solicitudes de responsabilidad y exhortaciones a las autoridades y a los medios de comunicación para no criminalizar ni re victimizar a los muchachos sí, incluso por parte de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, pero no hay noticias.
Y el llamado es porque, como nos hemos convertido en una sociedad de jueces implacables, no falta quien diga que andaban en malos pasos o la clásica de que ellos se lo buscaron. Aun cuando así fuera, habría que preguntarse por qué y la respuesta conduce a una clase política egoísta y corrupta que ha permitido y hasta propiciado que el tejido social esté roto; que no haya oportunidades suficientes ni en cantidad ni en calidad; porque campea la pobreza, porque cuesta mucho estudiar y mantenerse estudiando, porque además los trabajos son precarios, mal pagados y escasos, porque no se aprecia el talento, porque se les ha dejado solos, porque se les juzga de todo… Ningún muchacho en México tendría que pasar por ninguno de estos escenarios. No son responsables de la descomposición social ni de la corrupción, en ningún caso.
A raíz de estos hechos se nos vienen encima las cifras de muertos y desaparecidos en México en los últimos años y con ellas la realidad aplastante de la cantidad de jóvenes de los que se desconoce si están vivos o muertos o dónde están: tres de cada diez desaparecidos son jóvenes menores de 25 años. ¿Y qué es de ellos? ¿Están muertos? ¿O fueron reclutados para la prostitución infantil y juvenil o para engrosar las filas del crimen organizado? ¿Qué seguridades se les pueden dar? ¿Qué garantías de un futuro vivible con más o menos ciertas perspectivas de desarrollo?
Los jóvenes en México, su fuerza, su talento, su valentía, su inteligencia, merecen todo el cuidado, todo el respeto, todo el apoyo. Deben ser vistos más allá de las próximas elecciones, deben ser más que un tema de campaña y más que un reto para los partidos políticos que buscan sus votos ahora pero luego los olvidan y los abandonan.
Se necesitan políticas de largo alcance para los jóvenes, de fondo; y medidas para garantizarles seguridad, para mejorar sus perspectivas de futuro, para ampliar sus oportunidades, para hacer este México más vivible para ellos y los que vienen, para todos. Como en otros asuntos, quienes están en el poder reaccionan y se inventan paliativos, pero nos estamos quedando por encimita. Se necesitan cambios radicales, profundos, duraderos. La realidad de los jóvenes es, debe ser más que un tema de campaña.

Columna publicada en El Informador el sábado 31 de marzo de 2018.


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