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sábado, 8 de septiembre de 2018

Salario, mercado interno y TLC


Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)


Los salarios de los trabajadores mexicanos ha sido un tema recurrente en este espacio: coyuntural, de reflexión, de demanda, de análisis… de todo, porque, efectivamente, en general, en México, los salarios son y están muy bajos, para que no quede duda. Y si bien estoy con la insistencia por lo menos desde hace 26 años, cuando empecé a escribir en esta sección editorial, recuerdo como si hubiera sido ayer que profundicé en el tema a partir de la crisis de 2008, aquella desatada por Estados Unidos, la crisis inmobiliaria y los bonos basura; y la que nos tocó de rebote como a todo el mundo, aunque en nuestro caso recargada con la pesadilla de la influenza AH1N1 de los dos años siguientes.
¿Por qué? Porque no puedo olvidar que para salir de aquella crisis en otros países como Brasil, las decisiones gubernamentales implicaban la reducción de impuestos y el aumento de los ingresos de los trabajadores para incentivar el mercado interno y con ello, imprimir dinamismo a su economía. En otras naciones se tomaron medidas similares, siempre para contrarrestar cualquier afectación derivada de la crisis global y profunda que nos recetó Estados Unidos; una de las más graves del capitalismo mundial en la historia de la humanidad. Así.
En México no se tomaron medidas ni siquiera cercanas. Al contrario. Así que más o menos desde entonces he estado al pendiente de los indicadores salariales aquí en comparación con los de otras naciones, sean miembros de la OCDE o no; de las posturas gubernamentales y empresariales al respecto, sí, esas que todos conocemos de que “no están las condiciones dadas”, “es inflacionario”, “va a elevar costos”, “es cosa de los empresarios” o “es cosa del gobierno”; y, hace un año exactamente, de las palabras (música para mis oídos) de Jerry Dias, líder sindical canadiense, cuando dijo con todas sus letras que el Gobierno en México mantenía a sus trabajadores pobres deliberadamente para ser, vía sacrificio salarial de su fuerza laboral, más competitivos en un contexto de Tratado de Libre Comercio.
Todavía en el inicio de las negociaciones del TLC para modernizarlo hace más de un año, el equipo mexicano se mostraba firme en no incluir ese tema en la agenda que porque Estados Unidos y Canadá no tenían qué decir nada, que no les correspondía y que era un atentado contra la soberanía nacional. Escribí sobre eso en su momento porque… (ahora resulta), salieron muy defensores de la soberanía cuando en otras áreas y recursos tiene la voluntad muy débil, léase minas y extracción de petróleo por ejemplo.
Salvo el dato de que tanto en México como en Perú bajaron los salarios al comparar los ingresos de 2016 con los de 2017 (¡bajaron!) no se había dicho mucho más con respecto a los salarios, porque además ya no hay líderes sindicales que estén duro y dale con ese asunto; y en el marco del TLC como que no se oía mucho ya después de que lo mencionó Jerry Dias, luego Justin Trudeau (adquirió otra dimensión) y más tarde Donald Trump cuando empezó a señalar a México por la competencia desleal en el manejo salarial de los trabajadores mexicanos: Como les pagan tan poco, decía (palabras más, palabras menos) las empresas se van a instalar allá y aquí no tenemos fuentes de empleo suficientes. Digo, aquí está el meollo de la reclamación.
Por supuesto que a estas alturas el lector sabe a dónde voy: al Acuerdo de Entendimiento bilateral de México-EEUU esta semana que incluye los siguientes dos aspectos, no ratificados aún, eso le corresponde a los órganos legislativos: uno, incrementar el porcentaje de contenido regional de los automóviles que se fabrican en la región y, dos: que entre 40 y 45 % de los autos debe ser fabricado por trabajadores que ganan mínimo 16 dólares la hora, es decir, unos 300 pesos ¡la hora!
Suena muy bien pero todavía no es un hecho, a pesar de que por motivaciones político-electorales (¡qué raro!) en Estados Unidos se habla del acuerdo como si ya hubiera sido ratificado y bilateral, es decir con Canadá fuera. Hay que esperar todavía.

Tomada de El País.

A mí en lo particular me alienta que sí entró el punto polémico del salario al que se resistían los negociadores mexicanos, es un primer paso y repercutirá más tarde en mejores ingresos (hay otras iniciativas encaminadas en ese mismo sentido). Canadá reconoció esta disposición de México como una “concesión” digna de ser tomada en cuenta y hasta de agradecer, de manera que las expectativas salariales para los mexicanos en general son buenas, están estrechamente vinculadas a la reanimación del mercado interno y en el marco de un acuerdo internacional, hay certidumbre.

Columna publicada en El Informador el 1 de septiembre de 2018.

domingo, 5 de noviembre de 2017

Escandalosos

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Comentaré hoy dos asuntos sobre los que me llama la atención Jaime Tamayo luego de que vi su intervención en Báscula La otra versión de C7 (además no me lo pierdo y lo recomiendo ampliamente): el caso de Santiago Nieto y el informe reciente de la CEPAL y la OIT sobre los salarios en América Latina.
Ambos asuntos me parecen escandalosos y creo que ya es hora de que se rompa el patrón que normalmente se sigue en México y que por lo general aceptamos, de que nos indignamos y despotricamos los primeros días, luego la vida nos llama y volvemos a la rutina con un coraje soterrado más que se acumula en nuestro interior. Y así, hasta el siguiente escándalo.
¿Qué tendría que pasar para que fuera diferente? En primer lugar, Santiago Nieto, ahora ex titular de la Fepade (Fiscalía Especializada en Delitos Electorales), debería seguir en su cargo investigando las denuncias, por lo menos tres, que señalan a Emilio Lozoya, exdirector de Pemex, como el operador de Enrique Peña Nieto que presuntamente recibió 10 millones de dólares para la campaña presidencial a cambio de concesiones claro está, de facilidades para operar en México de la empresa Odebrecht, cuyo modus operandi es un escándalo internacional y alcanza a altos funcionarios no sólo de nuestro país.
Lo normal sería eso, que la investigación siguiera su curso, esperar los resultados, aceptarlos y actuar en consecuencia; y los mexicanos deberíamos tener plena confianza en que las instituciones de las que tanto habla el presidente funcionan, están al servicio de la sociedad que las mantiene y en que se hará justicia.
Esto sucede en otros países y no tendría por qué México ser la excepción ¿qué tendríamos que hacer para cambiar las cosas? Por lo menos insistir, difundir hasta donde se pueda lo que ha pasado que es irregular por donde se le vea; no acostumbrarnos, no dejarlo pasar por cansancio, porque por lo general no pasa nada. Es seguro que algo anda mal para que Nieto, que quería regresar a su puesto haya renunciado a tal pretensión; algo pasó para que en el Senado le dieran carpetazo, se largaran de vacaciones como si nada y citaran para el martes 7 de noviembre para nombrar al sustituto de Nieto. Qué fácil y qué cómodo. Algo pasó y no puedo sino sospechar de operaciones oscuras.
Y el segundo tema no debería ser tema. ¿No salen a cada rato los políticos a decir que México está en los cuernos de la luna? ¿que aumentaron los niveles salariales después de décadas? ¿que vivimos mejor gracias a ellos? ¿que México es líder en esto y lo otro y lo otro? ¿qué vivimos Casi en el Paraíso (¿recuerdan a Luis Spota?)?
Bueno, pues por si no lo viviéramos en carne propia día con día, de 2016 a 2017 los salarios en México ¡bajaron! Y también en Perú. Sólo en estos dos países de la región, según el estudio citado y del que anexo aquí la liga (CEPAL). (Encontré otro estudio y aquí dejo la liga también OIT).
No es mentira ni hay que agregar “presuntamente”. Son estudios que se hacen con periodicidad, con herramientas claras y transparentes, se trata de organismos internacionales apartidistas y les creo, no como un acto de fe, sino porque la realidad comprueba punto por punto el contenido de tales informes.
No es la primera vez que lo digo. Recientemente cité al líder sindical de Canadá, Jerry Dias, porque señaló con acritud algo que he venido diciendo desde hace tiempo: en México se mantiene a la gente pobre deliberadamente. Y no se hable de incrementos salariales extraordinarios porque los empresarios ponen el grito en el cielo. ¿De qué manera se les puede hacer entender que con mejores salarios se reactivaría en niveles insospechados el mercado interno? ¿que nos iría mejor a todos? ¿que viviríamos mejor y estaríamos más contentos? ¿que además de trabajar muchas horas como ya lo hacemos, aumentarían los niveles de productividad? ¿que se generaría un círculo virtuoso y los empresarios no verían mermados sus ingresos?
Es escandaloso el caso de Nieto y es escandaloso el nivel salarial en México, el de las mayorías claro está. Urge poner remedio, es cosa de voluntad. Hay que romper patrones, a todos nos conviene.

Columna publicada en El Informador el sábado 4 de noviembre de 2017.

sábado, 23 de septiembre de 2017

Salarios y razones

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Ahora resulta que la discusión de los bajos salarios en México dentro de las negociaciones del TLC es un asunto de soberanía y que ni Estados Unidos ni Canadá, independientemente de sus razones, explícitas o no, auténticas o no, pueden meterse ni opinar porque México no lo hace. Aquí sí les preocupa la soberanía y no en otras áreas como la energética y la alimenticia por mencionar sólo dos (muy importantes siempre, en crisis ahora, particularmente la energética, dicho sea de paso).
Según Gerardo Gutiérrez Candiani, empresario y ahora funcionario responsable de las Zonas Económicas Especiales, México no puede ir más allá de su Constitución ni de sus leyes laborales en materia de salarios a propósito de las posturas de los socios del Norte; para Bosco de la Vega, presidente del Consejo Nacional Agropecuario, los negociadores estadounidenses y canadienses se están inmiscuyendo en temas que sólo competen a México. Por supuesto, la línea viene de arriba: Ildefonso Guajardo, secretario de Economía, ya dijo que ese punto no forma parte de las negociaciones porque es política interna.
El martes concluyó la segunda ronda y realmente no hubo novedades con respecto a la cuestión laboral, nada que haya  salido a la luz pública porque, es cierto y lo sabemos por el presidente del Consejo Coordinador Empresarial, muchos asuntos se están manejando en secreto, hasta ofreció disculpas a la sociedad por esa “secrecía”: es-que-las-cosas-así-tienen-que-ser- y bla bla bla.
No puede ni debe ser un tema de política interna en el marco de un tratado comercial trilateral en este caso y las razones de los representantes de Estados Unidos y Canadá son una muestra clara de ello, nos gusten o no las motivaciones de cada parte; en ambos casos la vinculación con cuestiones comerciales, de competitividad y productividad es indiscutible.
Estados Unidos insiste en una revisión de los salarios en México porque, afirma, nuestro país tiene más competitividad por esa vía y su intención es reducirla; es una amenaza para los empleos en la Unión Americana, de manera que anuncia que presionará para que se incrementen los ingresos de los trabajadores mexicanos. Las razones de esta postura son que las empresas estadounidenses se queden en su país. Los salarios en México, nada más para tenerlo presente (digo, por si acaso no estábamos enterados o no nos habíamos dado cuenta en este país de sueños y fantasías en el que vivimos), son de los más bajos en el mundo.
El argumento del Gobierno mexicano, además del riesgo de atentar contra nuestra soberanía por supuesto, es que nuestro país perdería competitividad y en este punto es en el que quiero destacar las declaraciones del líder del sindicato más importantes de ese país, Jerry Dias, quien no es negociador pero sí alguien muy cercano a Justin Trudeau, el primer ministro canadiense.
Claro que la difusión de sus consideraciones es escasa. Cuando las leí por primera vez me nació un “gracias” desde el fondo de mi corazón, porque con esa afirmación de que México deliberadamente mantiene a su población en la pobreza confirmé lo que, por otras razones, he señalado varias veces en este espacio: Jerry Dias sostiene que es deliberado para que (con otras palabras claro) el gobierno mexicano grite a los cuatro vientos que genera miles y miles de empleos. De pésima calidad y para mantener a toda costa una competitividad que va en detrimento de la calidad de vida de los mexicanos (yo he dicho que, además, para tener a quién comprar votos fácilmente, pobreza y mala educación intencionales).
El líder sindical de Canadá también dijo que los salarios tan bajos en México favorecen la pobreza y no la productividad (¿están oyendo?), su argumento coincide con la postura estadounidense (ejemplificó con este dato: México tiene 8 % del mercado automotriz y 45 % de los empleos del sector, pero los trabajadores de esa industria ganan nueve veces menos que lo que ganan empleados por un trabajo igual en EEUU y Canadá) pero aparte fue capaz de decir sin ambages que no tiene con quién hablar en México porque los sindicatos son débiles, sin legitimidad y trabajan a la par del gobierno, no de sus representados; y que esta política laboral de México no tiene sentido y es indignante.

Esto es cierto pero en nuestro país, ni por los empresarios ni por el gobierno es posible hablar de un incremento salarial sustancial (el de la CTM dijo que era “un sueño guajiro”) porque se desgarran las vestiduras. No quieren aceptar que mejoraría la calidad de vida de la población y que se reactivaría el mercado interno: estas deberían ser las razones en México y de paso mejoraría la relación con los socios comerciales. A ver qué pasa en la tercera ronda, esto no termina aún.

Columna publicada en El Informador el sábado 9 de septiembre de 2017.

Crónica sincrónica

México: un tiempo nuevo     Laura Castro Golarte     El aguacero estaba a punto. Amenazó todo el día y los charcos en las esqu...