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sábado, 1 de febrero de 2020

La suprema ley


Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Aun cuando se trata de un principio del Derecho romano, aquí en Guadalajara es una máxima que conocemos muy bien gracias a fray Antonio Alcalde y Barriga, quien se rigió por ella hasta su último aliento, literalmente, al dedicar su vida a trabajar por la salud del pueblo (y por la educación también, pero ese es otro tema) y dedicar una de sus grandes obras, el Hospital Civil, “A la humanidad doliente”.
La salud del pueblo es la suprema ley no es una afirmación que haya caducado, prescrito o pasado de moda, ha sobrevivido más de dos mil años porque su vigencia y respeto deberían ser cotidianos y una regla de conducta para cualquier gobierno ahora en estos tiempos. Alcalde lo hizo, sin embargo, en las últimas décadas, el mandato se ha desdibujado.
En octubre del año pasado se publicó en estas páginas un reportaje que celebré por el contenido: una investigación que arrojó datos sobre los robos de equipo, medicamentos y materiales en el Seguro Social y, además, sobre las medidas que se están tomando al respecto. Destaqué entonces en este espacio, que se hubiera dado a conocer un sistema de corrupción que no es nuevo, pero permanecía por la simulación, el contubernio y el miedo.
Algo similar está pasando ahora con la información que recién se generó esta semana y tiene que ver con la manipulación de datos, en primer lugar; con las reacciones ante la aplicación de “purgas” indeseables y las resistencias, justamente, a dejar ir un modus operandi y vivendi que representaba para todos los involucrados ganancias multimillonarias en detrimento del erario y, sobre todo, de los derechohabientes en los diferentes servicios públicos de salud: entre otros, IMSS, ISSSTE e instituciones para población conocida como abierta, es decir, que no tenían protección de ningún tipo, garantizada, hasta el surgimiento del Seguro Popular ahora Insabi.
¿Cómo dejar ir, así como así, tal nivel de ganancias? Y debo decir que, en el ámbito de los médicos, con honrosísimas excepciones, el asunto del dinero se les da muy bien para cobrar altas consultas, ordenar estudios costosísimos y recibir comisiones por todo; las redes de intereses en el mundo de la medicina son fuertes e intrincadas también. Ese mundo de la medicina incluye, por mencionar a cuatro grandes actores, a los profesionales de la salud y todo el escenario hospitalario, los laboratorios, las farmacéuticas y los fabricantes de equipos de los más diversos, desde los más simples hasta los más sofisticados.
Hace años, varios años ya, entrevisté para estas páginas a un ilustre médico jalisciense, que en paz descanse, quien me abrió los ojos sobre la realidad del mundo de la medicina; entonces me decía que el cáncer tenía cura, al igual que otras enfermedades, pero el negocio era muy grande y estaba en plena expansión. Estamos hablando de finales de los años ochenta principios de los noventa del siglo pasado.
En estos últimos lustros los avances tecnológicos han sido notables en la materia; sin duda alguna en muchos casos, en muchos, se han salvado vidas, pero en otros no, en otros sólo es negocio en cuyo bienestar sí que piensan los integrantes del sistema, como cuando desde el Poder Legislativo se ponen trabas para el reconocimiento de medicinas alternativas, por ejemplo, con todo y que en México se reconocen más que en otros países.
Me queda claro que destrabar este nudo gigantesco y enredado no está resultando nada fácil; las repercusiones negativas ya se están experimentando en la calidad y oportunidad de la atención de cientos de miles de mexicanos que a diario demandan servicios en clínicas y hospitales, y las reacciones no se hacen esperar.
Desde el Gobierno federal creo que esto se tiene que implementar con mayor celeridad y eficiencia de manera que, en el ínterin, o sea, mientras se barren, sacuden y desinfectan los cimientos, no se afecte la atención; equilibrio, decisiones sensatas, sentido común... para atender primero con sentido de urgencia y no tener que estar apagando fuegos porque además cierta información escasea y deja el campo propicio para la especulación y las malas interpretaciones.
Y a los médicos, al gremio en general, una exhortación (no quiero pecar de ingenua, pero...) a dejar de lado el interés económico como el principal interés; una invitación a recordar la esencia de la profesión, a honrarla, a ejercerla con integridad y ética; a no ocultar la medicina, ni venderla a terceros; a revisar las relaciones y lealtades; a cumplir con el mandato: la salud del pueblo es la suprema ley.

Columna publicada en El Informador el sábado 25 de enero de 2020.

jueves, 26 de diciembre de 2019

Golpes


Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Desde hace lustros, Vicente Fox y Felipe Calderón, más el primero que el segundo por lo menos mediáticamente, han criticado y perseguido a Andrés Manuel López Obrador con argumentos, desde siempre, débiles. Se valieron del poder que han llegado a tener para combatirlo con éxito, hasta 2018 cuando los excesos y barbaridades tanto del PRI como del PAN (insisto en que no tenemos mala memoria), entre otros factores, dieron el resultado que dieron en el proceso electoral de ese año.
Nada menos el sábado pasado le dediqué el comentario a Vicente Fox y a su mezquindad, no con el Presidente, sino con el país, porque además todas sus críticas carecen de posturas sólidas, se queda a nivel de epítetos y frases ingeniosas --según él-- en redes sociales, que se le empiezan a revertir. Lejos de aportar o tener por lo menos la intención de que las cosas vayan mejor en México, como él no lo logró, sus comentarios enrarecen, enturbian el ambiente.
En el caso de Felipe Calderón, pues está el antecedente de 2006 y todo lo que sabemos y recordamos más sus críticas también en redes sociales, como si su sexenio hubiese sido perfecto y tuviera toda la autoridad para cuestionar cuando en realidad el desastre de inseguridad y violencia se lo debemos a él, más a él que a ningún otro.
Pues en una semana, poco más, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, aun cuando intervinieron actores ajenos --en teoría-- al radio de influencia del Presidente, recibió dos noticias que no pueden ser sino buenas (golpes) contra dos personajes nefastos por donde se le vea. Primero contra Fox. Aquí sí, desde el Gobierno federal, se da a conocer a través de una filtración que la Unidad de Inteligencia Financiera lo investiga por un presunto y millonario fraude al fisco. Lo comenté la semana pasada. Curiosamente, a partir de esto el expresidente se ausenta de redes sociales, Twitter específicamente, y reaparece para ¡felicitar a AMLO! por los avances en el T-MEC (antes Tratado de Libre Comercio o TLC, como lo nombró Fox en su mensaje). Lo que hay que ver y lo que tiene que hacer este individuo para tratar de salvar el pellejo.
El golpe contra Felipe Calderón, quien aparentemente no se da por aludido, ha tenido dos etapas, una light, por así decirlo, aunque no por eso superficial o desdeñable. Me refiero a los cuestionamientos por la “estela de luz”. Se presentó una denuncia en su contra ante la Fiscalía General de la República donde se le acusa de abuso de autoridad, usurpación de funciones y ejercicio indebido del servicio público. El asunto salta desde un ámbito privado por así decirlo pero conduce al terreno de lo público y mediático, algo que estaba en las inconformidades ciudadanas que acumulamos desde hace tiempo: el altísimo costo de una obra inútil, sin significado ni valor simbólico; de 200 millones de pesos que se presupuestaron en el inicio (y es mucho) se pasó, por lo menos, a más de mil 300 millones de pesos, un incremento fuera de toda proporción, escandaloso, una barbaridad, una ofensa.
La segunda etapa del golpe (heavy), de la que abiertamente Calderón se dice no enterado, es la detención de Genaro García Luna, un hecho iniciado y consumado en el vecino país del norte y del que se espera, como no ha sucedido en México y, por lo tanto, sería histórico, un “maxiproceso”. Vamos a ver.
Están saliendo muchas cuestiones a la luz y más que aparecerán, como, por ejemplo, que definitivamente el expresidente tenía conocimiento de la presunta extorsión que hacía García Luna al Cártel de Sinaloa, nada más y nada menos (también se maneja como soborno del segundo con respecto al primero, la conceptualización es totalmente distinta y no es cosa menor, se tendrá que aclarar).
Son dos golpes muy fuertes ahora sí que contra acérrimos enemigos o adversarios como le gusta decir al Presidente (ya no tendrá justificación ese discurso) sin embargo, el asunto no es, no debe ser ese, el librarse de dos personajes perjudiciales e incómodos, sino de que se haga justicia. Colegas que han investigado estos temas, sobre todo los relativos a la detención de García Luna, habían sido desoídos sistemáticamente.
Una conclusión real y apegada a derecho en estos casos específicos, justa, por fin justa, sí nos daría noticia de un cambio de fondo en el orden de las cosas, algo que los mexicanos esperamos desde hace mucho tiempo, más allá de simplemente golpes mediáticos o incompletos o efímeros.

Columna publicada en El Informador el sábado 14 de diciembre de 2019.


viernes, 11 de octubre de 2019

Cloaca


Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Quién sabe cuándo o cómo tocaremos fondo en México en materia de corrupción. Cada vez nos enteramos de cosas peores con nombres y datos de personas que no imaginábamos; en algunos casos sí, pero no tanto. Esta semana han salido a la luz varios asuntos relativos al mazacote de corrupción en México, que ha ido creciendo desde hace décadas hasta convertirse en un monstruo gigantesco y amorfo con miles de cabezas y tentáculos que nos afecta a todos.
Primero, gracias a la insistencia de la organización Fundar, se liberó información relacionada con condonaciones y cancelaciones de impuestos a casi 10 mil beneficiarios, “hijos predilectos del régimen” como diría el Presidente Andrés Manuel López Obrador, por miles de millones de pesos que no pagaron sus contribuciones entre 2007 y 2015, es decir, en los sexenios de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. Cada año se incluían estos mecanismos, los de condonación y cancelación en las leyes de ingresos, de manera que eran legales, pero totalmente inmorales e injustos. Noticia de que en México hay mexicanos de primera, de segunda y de tercera, por lo menos. Un dato preciso y contundente del por qué de la desigualdad en nuestro país. (Aquí se pueden descargar los documentos de Fundar: Privilegios fiscales).
Y a propósito de esa “legalidad”, el Presidente revela otras reformas legales increíbles, como la eliminación de la corrupción como delito grave en los tiempos de Ernesto Zedillo, nada más y nada menos; entre otras decisiones tomadas por el Legislativo en aras de la impunidad, como autorizarle a Pemex una partida ¡para pagar fianzas! De verdad, creía que lo había visto todo.
Después, nos enteramos de que quien está considerado como uno de los máximos traficantes de influencias, además de que resultó beneficiado con condonación de impuestos (aparece en las listas en poder de Fundar), Diego Fernández de Cevallos, no ha pagado por muchos años el impuesto predial de una de sus propiedades en el municipio de Colón, en Querétaro. Debe por ese concepto casi ¡mil millones de pesos! El hombre lo reconoce y todavía dice que va a renegociar tal deuda o que por lo menos lo intenta. Eso es desfachatez, incongruencia y cinismo en verdad. No sé cómo se le abren espacios para criticar cuando tiene una cola más larga que el cacomixtle.
En el tema de las condonaciones y cancelaciones de impuestos aparecen nombres y empresas que uno no cree, pero ahí están; legal el asunto, pero inmoral, reitero y creo que no sólo los que están vinculados al Estado o al gobierno actual deben dar explicaciones, sino todos y, por supuesto, la práctica se debe suspender de inmediato.
Por si fuera poco, mientras procesábamos esta información, tómala: el jueves en la tarde se da a conocer la renuncia sorpresiva casi para todos, del ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Eduardo Medina Mora. Un personaje vinculado al PAN y al PRI desde hace tiempo, cuyo nombramiento en la administración pasada causó polémica, y del que recientemente se dan a conocer presuntos vínculos que podrían ser catalogados de lavado de dinero.
Salvador García Soto, periodista jalisciense para mayores señas, publicó en su columna “Serpientes y Escaleras” que aparece en El Universal, todas las razones de la renuncia y, como seguramente el lector, ya sabe, Medina Mora está vinculado, además, con un ex funcionario de Televisa al que se atribuye la orquestación de la “campaña negra” contra López Obrador en las campañas del año pasado, como esa supuesta serie sobre el Populismo en América Latina donde se incluía al ahora Presidente de México.
Desde junio de este año García Soto presentó la relación de las transferencias multimillonarias de Medina Mora catalogadas como “actividad sospechosa” según la National Crime Agency del Reino Unido, por millones de libras esterlinas y dólares, equivalentes a 102 millones de pesos, una cantidad que rebasa, según el comentario del columnista, los ingresos de Medina Mora como ministro de la Suprema Corte, que son todo menos exiguos.
El ministro renuncia y espero, espero, espero, que sea para enfrentar a la justicia y aclarar lo que haya que aclarar y pagar lo que corresponda. Ojalá.
En vía de mientras, si bien lo que queda en evidencia con todo esto, lo anterior y lo que falta, pues parece que estamos parados en una cloaca de dimensiones inconmensurables. Lo único que alienta es eso, que se destapó y que lo que sigue ahora es el proceso de limpia, es de esperar que a fondo.

Columna publicada en El Informador el sábado 5 de octubre de 2019.

viernes, 21 de diciembre de 2018

Acabar con la corrupción


Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)


Una de las ideas reiteradas de Andrés Manuel López Obrador ha sido esta, la de acabar con la corrupción. Por casualidad, hace unos días, me encontré en mi propio archivo un audio del hoy Presidente de México pero de 2007, en el que se refería a la corrupción que ha imperado; ya con una búsqueda exprofeso, resulta que conservo otras grabaciones y textos de coberturas añejas, tanto de él como de Vicente Fox, Francisco Labastida, Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo, entre otras (hay una del cardenal Juan Sandoval Íñiguez), todas contra la corrupción o con promesas de combate.
Lo sabemos, el diagnóstico está hecho y es algo que vivimos y sufrimos cotidianamente como víctimas de corrupción o como actores de ese tipo de prácticas, todas relacionadas, a su vez, con la actuación u omisión de las autoridades.
Es difícil, muy, dudo que sea posible en un sexenio acabar con la corrupción y no creo que en el Poder Ejecutivo se ignore tal complejidad y todas las variables asociadas. Lo sabemos, pero además de que cada quien haga su parte tendría que haber una especie de reconocimiento de que no es posible, para no alimentar falsas expectativas (hay quienes lo creen) por un lado y, por otro, tampoco alimentar el discurso hasta burlesco de la oposición.
Por supuesto que la corrupción no es un asunto cultural en el sentido en que lo dijo alguna vez el expresidente Peña, dando a entender, incluso, que formaba parte de nuestra idiosincrasia. No concuerdo con eso, sin embargo, si hay antecedentes históricos muy antiguos que dan cuenta de estas prácticas, siempre en las esferas de poder y las burocracias.
En una investigación por demás interesante de cuatro historiadores publicada por el Instituto de Historia de Simancas de la Universidad de Valladolid, se narra cómo desde fines del siglo XV, cuando el surgimiento del imperio español, se dieron prácticas de corrupción  para hacer valer el “poderío real absoluto”, es decir, en términos actuales, la corrupción está estrechamente vinculada con gobiernos autoritarios (despóticos o absolutistas… son parientes). La siguiente cita es emblemática y significativa: “Si se define corrupción de forma general, como transgresión de normas por parte de agentes de vigilar el bien público en detrimento de este bien público, encontramos que ya desde la antigüedad existen normas que reglamentan el ejercicio de la función pública, ya sea por legislación civil, ya sea por normas éticas y religiosas […]. Lo esencial de estas normas se refiere a la imparcialidad de la justicia cuya violación se censura siempre”. Es pues, algo añejo.
En el mismo artículo académico se hace referencia a la maquinaria administrativa, a funcionarios y a gestión burocrática y términos por el estilo que confirman la relación de autoridades y/o gobernantes y sus respectivas burocracias, con la corrupción.
En  la medida en que las instituciones funcionen como deben, que no sea necesario para los burócratas pedir  ni para los ciudadanos ofrecer, que se resuelven los trámites en tiempo y forma, con la tardanza normal derivada de la demanda rutinaria, no tendría por qué haber prácticas corruptas; si además las cabezas son ejemplo de honestidad y cumplimiento del deber, las cosas se podrían facilitar y acelerar, pero sigo pensando que es difícil.
Hace unas semanas, en la Cumbre de Negocios que se celebró aquí en Guadalajara, uno de los ponentes fue Max Kaiser, encargado del área de Anticorrupción del Instituto Mexicano de la Competitividad. Él dijo lo siguiente. “La frase acabar con la corrupción está destinada al fracaso”. Y propuso, para empezar a combatirla con éxito, cuatro acciones muy claras: contener, controlar, reducir el impacto y hacerla más cara. En el caso de la primera, se trata de contener su expansión, es decir, que no cunda más; la segunda, el control, implica implementar mecanismos de vigilancia y de supervisar con lupa, por ejemplo, el sistema de contrataciones de servidores públicos; la reducción del impacto, dijo Kaiser, quiere decir reducir el número de casos y acortar hasta detener su permanencia y, finalmente, que sea más cara, es decir, que los castigos o sanciones por casos de corrupción sean verdaderamente inhibidores de caer en esas prácticas o de seguirlas ejerciendo, detenerlas cuanto antes. Por ejemplo, que pierdan sus empleos y la capacidad “de volver a hacer daño al Estado” además de quitarles lo que se llevaron.
Me parece imprescindible que el equipo de AMLO considere estas propuestas que no sólo son eso, sino que además incluyen método y estructura. Tendrían que aplicarse estas cuatro acciones de manera simultánea junto con la operación transparente y eficiente de las instituciones y el ejemplo. Sólo así se podría pensar en acabar con la corrupción, en empezar a acabar con la corrupción, mejor dicho.

Columna publicada en El Informador el sábado 15 de diciembre de 2018.

sábado, 24 de noviembre de 2018

Adiós


Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Estamos a una semana de que se termine el sexenio de Enrique Peña Nieto y es, con base en datos concretos y mediciones demotécnicas, el peor presidente que ha tenido México en su historia contemporánea; para la historia pero no para el orgullo, ni para el honor, ni para la gloria.
Fue un sexenio de imagen y ni siquiera bien conseguida. Y de simulación. A las primeras de cambio se dejó en claro que serían seis años en los que el Revolucionario Institucional retomaría sus costumbres y su modus operandi: autoritarismo, corrupción, nepotismo, cinismo, privilegios, prepotencia, en fin, lo que le conocemos a ese partido desde hace tantos años.
Esta realidad que desde el poder sistemáticamente se niega, se materializó en el voto multitudinario a favor de una opción política distinta. Esa manifestación popular de alrededor de 30 millones de mexicanos ha seguido expresándose de diversas maneras del mes de julio a la fecha, porque las malas decisiones, la información sobre más actos de corrupción y las declaraciones mentirosas sobre lo que en realidad ha sido el sexenio, han no sólo mantenido sino incrementado el coraje y el resentimiento contra el Ejecutivo federal aún en funciones.
Para las personas encuestadas por De Las Heras Demotecnia, 64 % no aprueba el trabajo realizado por Peña y en esa misma proporción contestaron que lo consideran un “mal presidente” más 12 % que respondió que fue “regular”.
A la pregunta “¿Qué tanto cumplió Enrique Peña Nieto con sus promesas de campaña?” 90 % respondió que cumplió algunas pero no todas (64) y que de plano no cumplió ninguna de sus promesas de campaña (26). Estos mismos mexicanos encuestados respondieron que la generación de empleos, la educación pública, el combate a la pobreza, la economía nacional y el combate a la inseguridad, empeoraron. ¿Los porcentajes? De 54 a 81 % de las respuestas para concluir que ninguno de esos aspectos mejoró realmente según la mayoría.
Esta percepción contrasta como de la noche al día con las declaraciones del propio Peña y aquí en Guadalajara, de que cumplió 97 % de sus compromisos y deja un mejor país, mejor que hace seis años.
Durante su sexenio hubo constantes incrementos pero en la delincuencia, en el número de personas desaparecidas, en el  número de muertos, mexicanos asesinados en un marco de violencia e inseguridad; feminicidios y otros hechos asociados con el crimen organizado por un lado, lo peor claro está; pero también aumentaron los hechos delictivos producto de la descomposición social, de resentimientos e insatisfacciones, desempleo o empleos abusivos y mal pagados, más las pésimas condiciones de salud y educación por ejemplo, pese a que a ambos rubros se destinan las mayores partidas presupuestales.
Aumento la desconfianza y la corrupción, la impunidad y las ineficiencias del Estado en general, desde la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa hasta la Casa Blanca y los casos relacionados con Odebrecht y la Estafa maestra. Se suman a este recuento, los casos recientemente dados a conocer sobre presunta corrupción y favoritismos para políticos o ¿será empresarios? que disfrutan de inversiones y sus ganancias en Valle de Guadalupe, muy visionarios claro.
Esto se acaba y es un gusto decirle adiós. Fue un sexenio, además, de atentados claros contra la libertad de expresión, y de la “desaparición” simbólica y real de comunicadores críticos; del gasto mil millonario en publicidad para dar una imagen de lo que no es en medios de comunicación y de esa desesperante conducta persistente de no reconocer los errores y corregir el rumbo.
Se acaba el sexenio de las reformas “estructurales” que no fueron tales y dejaron problemas en todos los ámbitos: energética con los precios más altos en gas y gasolina, no sé hasta cuándo dolerá el gasolinazo; educativa que implicó más bien cambios laborales en el magisterio, sin socialización y con la clara intención de manipular para quitar del camino maestros incómodos por ser críticos y opositores al sistema establecido; la fiscal que se dedica a ensañarse con los causantes cautivos y a reducir los ingresos de los trabajadores; y la laboral que extendió carta de legalización a esquemas de subcontratación  que afectan las prestaciones y los derechos de los trabajadores en general. Sólo desatinos y desastres. El peor sexenio en toda la historia del país si pensamos en función de sexenios ¿o el segundo peor? Para el caso, es lo mismo. Adiós.


Columna publicada en El Informador el sábado 24 de noviembre  de 2018.

lunes, 29 de octubre de 2018

Ahora resulta


Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)


Sí, Gerardo Fernández Noroña se pasó de la raya y llevó al terreno de lo personal una discusión que implicaba cuestionar a una funcionaria cuya actuación como servidora pública está en entredicho, y con pruebas, aun cuando ella las desdeñe. Había otras maneras de decirlo. De hecho, creo que la forma como planteó el asunto el diputado del PT distrae con respecto a lo importante y sin duda habrá quienes cambien de idea o de bando sólo por las expresiones desafortunadas del legislador.
Ojalá las cosas no queden ahí porque incluso mujeres de las que preguntaban a Rosario Robles, titular de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu),  sobre los resultados de la Auditoría Superior de la Federación reaccionaron a la metida de pata de Noroña ¿cómo se le ocurre?
Claro que la misma Rosario Robles no se quedó atrás cuando aseguró que la investigación es ejemplo de “violencia política de género”. ¿Entonces qué? ¿Ser mujer garantiza impunidad? ¿Se dio cuenta de lo que dijo? Ahora resulta…
Esta afirmación fue un error garrafal, un ardid grotesco, grosero y burdo, para desviar los señalamientos. Imposible algo así dada la magnitud del fraude que está documentado en medios de comunicación y confirmado por la Auditoria. Quien, paradójicamente, vino a ayudarla fue nada menos y nada más que Fernández Noroña. Ni cuenta se dio pero generó un efecto perverso que como político experimentado debería haber calculado con precisión milimétrica. Y no, le ganó el estilo de diputado de oposición que sigue manteniendo a pesar de que no lo es.
Para efectos de que se haga justicia no es relevante la vida personal de los funcionarios hombres o mujeres, a menos que las parejas estén coludidas y, en todo caso, debió plantearse de otra manera, de una forma que la palabra “amante” no atrajera la atención de defensores y críticos. Esto por un lado y, por otro, entre los argumentos válidos, sin duda alguna, está el de que no se ha hecho pública en estos términos, una relación similar de un político varón para incluirla en los cuestionamientos con respecto a una actuación pública en particular; y vaya que hay ejemplos, aquí en Jalisco para no ir muy lejos y de décadas atrás.
Fernández Noroña, si sigue así, hará un daño terrible al país porque no está argumentando de una manera que dé noticia de que las cosas van a cambiar en el Poder Legislativo con la composición actual. Sus discursos y señalamientos son del mismo tipo de los que lanzaba en la calle y puede obstaculizar con epítetos y notas personales, preguntas y cuestionamientos reales que tienen como propósito indagar y hasta acorralar a una funcionaria que, se sabe, es corrupta.
Ahora bien, respecto a la postura de Rosario Robles y sus dichos, son indignantes; lo he dicho antes en este mismo espacio, es una mujer que ha traicionado la causa feminista de equidad de género y paridad en las responsabilidades políticas y de servicio público; y se ha desempeñado en un escenario alejado de las necesidades sociales reales, avalando paliativos como protagonista de diez y nota en materia de simulación y corrupción.
Dice que da la cara y que qué bueno que van a investigar. Si los datos del fraude están a la vista de todos y la ASF ya los comprobó, la única manera en la que me explico su seguridad es que está tan bien armado el desfalco, con prestanombres y prácticas de esta naturaleza, que difícilmente, con todo y pruebas, podrán ir por ella para que pague por las acusaciones en su contra, hasta ahora, en el terreno de lo mediático.
Tania Montalvo, editora de Animal Político, el medio que publicó el reportaje “La estafa maestra” puso el dedo en la llaga con la afirmación de Robles de que era violencia de género: “Habría que recordarle a la funcionaria lo delicado que es hablar de violencia de género en un país en el que los cálculos más conservadores hablan de siete feminicidios diarios (y subrayo que son cálculos, porque no hay estadísticas suficientes para saber cuántos son en realidad). Un país en el que hay jueces que consideran que solo cuando hay mutilaciones en el cuerpo de la mujer y agresión sexual antes del asesinato se trata de un feminicidio […] Eso nada tiene que ver con el desvío millonario de recursos públicos. Porque la corrupción no tiene género” (El País, https://elpais.com/internacional/2018/10/17/mexico/1539781400_825007.html). Ahora resulta.


Columna publicada en El Informador el sábado 20 de octubre de 2018.

Una golondrina...


Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Esta semana, el coordinador de la bancada de Morena en el Senado de la República, Ricardo Monreal, anunció una serie de pasos que se darán próximamente para investigar el caso de la “Estafa maestra” y otro, vinculado, que identifican como el “robo del siglo”; ambos involucran específicamente a Rosario Robles como titular de la Secretaría de Desarrollo Social y de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, Sedesol y Sedatu respectivamente, claro, en diferentes momentos; y, de pasada, a José Antonio Meade porque al parecer se trata de un mecanismo fraudulento que presuntamente ha operado, por lo menos, durante 10 años y las carteras que le ha tocado encabezar en ese lapso están señaladas en las investigaciones periodísticas, por lo pronto, en la “Estafa maestra” (Animal Político (https://www.animalpolitico.com/estafa-maestra/).
Lo que acaba de anunciar el senador Monreal es que, primero, se presentará un punto de acuerdo para la creación de una comisión legislativa especializada, después, ya con la comisión operando, se llamará a comparecer a las actuales autoridades de la Auditoría y a los que fueron despedidos justo cuando salió a la luz la “Estafa maestra”. Si de este ámbito que es el político y legislativo surge información suficiente para presentar denuncias, se hará y se pasará al campo jurídico para que se proceda como se tenga que proceder, según advirtió Monreal el miércoles pasado.
Muy bien, todo me parece perfecto. Me gusta que se tenga la intención, con acciones incluidas, de limpiar, de “no permitir que las viejas prácticas de corrupción y deshonestidad simplemente se olviden y se entierren; eso no es conveniente para nadie, es necesario transparentar, investigar y dar paso a una investigación profunda […] que nos deje satisfechos a todos” según dijo Monreal; añadió que México no se merece que esto quede en una anécdota mediática y que “el Senado no se va a callar en estos casos”.
La cuestión no es para nada menor, es de hecho, una bomba, porque además, con el “robo del siglo” están ampliando el tamaño del fraude a niveles inéditos. Si con la “Estafa maestra” se trataba de un presunto desvío por 450 millones de pesos, más o menos, con el “robo del siglo”, Alejandro Armenta, senador por Morena, habla de 2.4 billones de pesos con datos de la Comisión de Hacienda del Congreso.
Es una cantidad ofensiva en un país donde la mitad de la población vive en pobreza; y donde sus políticos se ocupan más de impedir, con una efusividad que parece que se les fuera la vida en ello, que Estados Unidos y Canadá opinen sobre el salario de los mexicanos.
La “Estafa maestra” dijo Armenta, es el hilito de una madeja mucho mayor, devanada por lo menos durante una década, con los ingresos extraordinarios que han sido canalizados a 350 fideicomisos de dos mil 400 que fueron creados en este y el anterior sexenio, y que no son fiscalizables, es decir, escapan a la rendición de cuentas, a la transparencia y a otros mecanismos que se han inventado para que no se haga mal uso de los recursos públicos. Pues ni con todo y eso. En esta presunción de la bancada de Morena no hay claridad respecto al manejo de 2.4 billones de pesos.
Ricardo Monreal, cuando dio a conocer esto, habló de la cuarta transformación, del  mandato del pueblo, de la exigencia de la gente para que se combate la corrupción y se extirpe, y está muy bien, pero la verdad, cada sexenio hay un chivo expiatorio y luego no pasa nada. Y al chivo expiatorio después no le va tan mal, digo, Elba Esther Gordillo salió de prisión como si hubiera regresado de un hotel/hospital de reconstrucción integral.
La cuestión aquí es que no se limiten sólo a este caso, que persigan todos los que haya que perseguir si esquilmaron las arcas públicas, si abusaron y se enriquecieron ilegalmente; que vayan al fondo, hasta sus últimas consecuencias y que esto que ahora anuncian, en un tiempo, además, que no sé si sea el más oportuno, no sea una golondrina. Ya sabemos, una golondrina no hace verano, dice el refrán; pero es que aparte en este sexenio que fenece, creo que la oportunidad permitiría cazar una parvada por los altísimos niveles de corrupción a los que se ha llegado.
Ir por todos sin concesiones ni pactos ni conveniencias; que se rindan cuentas de verdad de aquí en adelante y que se desmantelen los mecanismos barrocos y complejos que se inventaron para robar. Que se desmonte esa estructura. Eso necesitamos.

Columna publicada en El Informador el sábado 15 de septiembre de 2018.

sábado, 11 de agosto de 2018

Reacciones, pendientes y rendición de cuentas


Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

El resultado electoral del 1 de julio pasado, tan contundente que no dejó lugar a dudas, nos ha llevado a reaccionar de muy diversas maneras porque además, el ahora sí Presidente electo ha tenido actividades casi todos los días con reuniones, declaraciones y acciones que han motivado (*) una andanada de opiniones a favor y en contra, sobre todo en contra; y, estas últimas, como si López Obrador ya fuera hubiera rendido protesta.
Me llamó la atención una específicamente, que ejemplifica cómo se está percibiendo esta coyuntura de transición, larguísima por cierto (habría que pensar en un cambio legal): una señora llamó a una estación de radio para afirmar que AMLO no había cumplido con su promesa de aumentar los apoyos a los adultos mayores, estos de 60 o 70 y más. ¿Ignorancia? ¿Confusión? ¿Bots?
La otra, de casi todos conocida, y surgida apenas esta semana, justo el día en que el candidato ganador recibió su constancia de mayoría (un mes antes del plazo límite que tenía el TEPJF), es la de atribuir la liberación de Elba Esther Gordillo a un presunto pacto entre AMLO y Peña. Al principio de la detención y encarcelamiento de quien fuera la lideresa del SNTE, varias voces opinaron que saldría de inmediato, porque la acusación no debió ser “lavado de dinero”, sin embargo, los opositores de AMLO, que no son pocos en el mundo de los opinadores profesionales, no tardaron en asegurar que era producto de arreglos y componendas, de esas que el propio López Obrador ha dicho que no tolerará.
Así están las cosas y así van a seguir por un tiempo hasta que el Presidente electo rinda protesta y empiece a actuar y a cumplir sus planes y proyectos en la medida de lo posible, porque aun cuando se ha escrito al respecto, los pendientes y retos que deja el gobierno de Peña Nieto no son menores.
En lo personal me preocupa la economía nacional y las finanzas públicas, a ver cómo las deja; es uno de los asuntos que debería ser prioritario para el equipo de transición de manera que no se repita por ningún motivo el escenario Salinas-Zedillo entre 1994 y 1995. Hasta estos momentos todo ha sido casi ideal (parte de las reacciones diversas), el triunfo del candidato de Morena no repercutió en devaluación ni caídas financieras ni nada por el estilo como aseguraban muchos; con todo, creo que no hay que perder de vista el tema, particularmente quienes empezarán a ejercer como gobierno a partir de diciembre.
Claro que no es el único asunto preocupante, son muchos más. Por ejemplo: apenas en esta semana y después de la insistencia casi feroz de grupos de la sociedad zacatecana, se decretó alerta de género en esa entidad vecina. Están matando a muchas mujeres, la mayoría jovencitas. Sabemos que esto pasa en casi todo el país en mayor o menor medida. Desde los asesinatos de mujeres en Juárez es una realidad lacerante que no ha cambiado en realidad. Llama la atención, porque parece que siempre es así y en todos lados, la resistencia de la autoridad a que se emita la alerta; el mensaje es “no es tan importante y no me interesa”.
Este ejemplo forma parte del universo de la violencia en México, uno de los grandes pendientes, dificilísimo de enfrentar y atenuar primero, hasta erradicar, no será sencillo, reitero, no terso; y en este entendido, con esta idea, es fundamental que todos nos sumemos a los esfuerzos e iniciativas para que esto cambie a nuestro favor.

Fuente: 4 Vientos... Periodismo en red.
Son muchos más los pendientes por supuesto, pero mencionaré dos más: la corrupción y la pobreza y desigualdad. La corrupción, todos los sabemos y lo vivimos, ha llegado a niveles impresionantes; está extendida y se ha diseminado por la administración pública de todos los órdenes y ha repercutido en asesinatos y violencia contra funcionarios públicos y candidatos pero ha permeado en diferentes sectores de la sociedad, no sólo públicos. Necesitamos instituciones que funcionen para empezar a combatir la corrupción.
En cuanto a la pobreza y la desigualdad, así, unidas como están, es el reto más grande porque en la medida en que se vaya resolviendo incidirá favorablemente en el mejoramiento de otros aspectos: menos delincuencia, mejor calidad de vida, movilidad social, esperanzas, proyectos posibles, bueno, hasta mejoraría nuestro estado de ánimo y, estoy segura, había por lo menos más productividad y menos violencia; se abatiría la insatisfacción social.
Antes de que tome posesión AMLO creo que es fundamental no dejar ir así como así a la administración todavía en funciones; hay muchas cuentas que rendir.

(*) En el texto original "me comí" la palabra motivado y en la edición impresa aparece "sido". Lo correcto es como lo presento aquí. 

Columna publicada en El Informador el sábado 11 de agosto de 2018.

sábado, 28 de julio de 2018

Memoria


Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Siempre he estado contra las ideas generalizadas que muchos aplican a todos los mexicanos. No creo, por ejemplo, que todos seamos transas, flojos, corruptos, desmemoriados, inconscientes o ignorantes; estoy convencida de que son los menos y de esos tipos no sólo hay en México.
Tampoco creo que baste un triunfo deportivo para que nos olvidemos de todos los agravios de la clase política. No lo creo y voy a insistir en ello hasta que nos creamos lo que verdaderamente somos: un pueblo inteligente, noble, trabajador, pacífico, ingenioso, creativo, alegre, solidario, compasivo, devoto, responsable, luchón, generoso, culto, sabio, con raíces, historia y valores.
De entre todos los defectos que nos achacan y nos creemos, al que quiero referirme hoy es el de la desmemoria. No estoy de acuerdo, sí tenemos memoria y hablo de los mexicanos de a pie como usted y como yo.
Me acuerdo, por ejemplo, de que hace muchos años, desde que tengo memoria periodística, líderes empresariales y académicos pugnaban siempre que podían porque se hiciera efectiva la descentralización. El tema era recurrentemente abordado también por historiadores porque se trata de un mal añejo en estas tierras: época prehispánica, colonia y actualidad.
Otro asunto de los preferidos de los partidos de oposición (aun como comparsas del sistema), de los mismos líderes empresariales y de la academia, era la necesidad de “adelgazar” el aparato burocrático… Recuerdo que se hicieron intentos, vanos todos, porque siempre aparecía el obstáculo de los sindicatos pero sobre todo, porque los políticos sabían bien que quien controlaba la burocracia fortalecía y consolidaba espacios de poder nada despreciables. Claro que esto sigue vigente.
En 2009, David Arellano Gault escribió: “La administración pública mexicana ha sido durante muchos años la principal arena de la lucha política, un importante espacio de representación social y el mecanismo o instrumento de poder más valioso y manejable del ejecutivo federal”. Así de sencillo (el artículo completo, muy interesante por cierto, está disponible aquí: "La burocracia mexicana...").
Los argumentos de los diferentes actores sociales para demandar al Gobierno federal medidas a favor de la descentralización y de la reducción del aparato burocrático se han sustentado en conceptos como eficiencia, productividad, sanidad administrativa, menos cotos de poder, reducción de espacios para el corporativismo, menores posibilidades de usar a la burocracia como carne de urna; reducción presupuestal enfocada en gasto corriente y, por ende, liberalización de recursos para gasto productivo; reducción de costos y duplicidades que repercutirían en beneficios para los sectores productivos por eficiencia, eficacia y productividad, menos horas hombre perdidas, menos corrupción, en fin.
De la mano con estos reclamos estaban los correspondientes a la reducción de los sueldos de la burocracia dorada, un asunto que se empezó a descomponer a partir del sexenio de Salinas y empeoró a niveles insostenibles con los panistas Fox y Calderón (aquí en Jalisco con González Márquez especialmente).

Fuente: AEI Noticias.
Y las posturas a favor de la descentralización se han centrado en desahogar a la Ciudad de México, antes Distrito Federal, de la carga poblacional, menos dinero en subsidios para los habitantes de la gran capital, lógica en la distribución de los recursos administrativos, eficiencia también, productividad, salud mental incluso...
Pues bueno, ahora resulta que ambas medidas, anunciadas desde la campaña y detalladas un poco más por el candidato presidencial ganador de las elecciones del 1 de julio pasado, Andrés Manuel López Obrador, y por algunos miembros de su equipo, están siendo duramente cuestionadas por quienes antes las exigían de manera airada. ¿De verdad no se acuerdan? ¿O de qué se trata?
Esto por un lado y, por otro, está el hecho de que AMLO todavía no toma posesión y se están haciendo reclamos en redes sociales como si sus anuncios fueran ley; hay quienes dicen que “empezó” con “tropezones” como califican a estas dos propuestas. ¿Empezó? ¿Qué no será hasta el uno de diciembre?
De verdad, el llamado aquí es a la claridad de miras y a hacer acopio, para tenerlo siempre a la mano, del amor que le tenemos a México y de las que fueron nuestras demandas y preocupaciones de tantas décadas de rezagos, corrupción y malos manejos, de negligencia y cotos de poder, de burocracia perezosa e ineficiente. Alguien viene y propone cambios largamente anhelados y se cuestionan y se combaten, con todo, y que sí tenemos memoria.

Columna publicada el sábado 28 de julio de 2018 en El Informador.


lunes, 11 de junio de 2018

Menos de un mes


Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Hace tres semanas escribí que las encuestas ni los debates eran herramientas confiables para basar en ellas una decisión trascendental como la que tomaremos los electores mexicanos el próximo 1 de julio y también me referí a la guerra sucia, un elemento que lejos de “ayudar” a definir por quién votar, está generando confusión, más enojo social y grandes divisiones en todos los niveles y tipos de relación.
A menos de un mes de la jornada electoral la guerra sucia desde casi todos los frentes se ha recrudecido. Esta semana, dos asuntos específicos afectaron, por un lado, al candidato de la coalición PAN, PRD y Movimiento Ciudadano y, por otro, al de la coalición Morena, PES y PT; ambos, todo parece indicar, urdidos por el Gobierno de Peña Nieto, al que se ha acusado directamente.
Por supuesto, llama la atención que esto salga y se difunda con especial generosidad en los medios de comunicación, cuando no había pasado ni una semana de la emisión del reportaje en Aristegui Noticias en donde se revela que Meade, en su calidad de secretario de Energía, permitió un “quebranto” en Pemex por un proyecto de Odebrecht.
El quebranto está calculado en mil 900 millones correspondientes a los primeros meses de operación de Etileno XXI. La aprobación data del sexenio de Felipe Calderón (PAN) cuando Meade desoyó y/o desestimó a otros funcionarios que advirtieron sobre las afectaciones a Pemex con un acuerdo de esa naturaleza; y la puesta en marcha es de este sexenio, de la administración de Peña (PRI). Imposible no pensar en una simbiosis o integración siamesa.
La diferencia de este tema que afecta a Meade con respecto a los otros dos, contra Ricardo Anaya y Andrés Manuel López Obrador, es que el de Meade es resultado de una investigación periodística y de Méxicoleaks (a lo que no ha respondido, dicho sea de paso); y los otros dos se atribuyen directamente a operativos del gobierno peñista; se hace responsable al mismo PRI con todos los recursos y privilegios de que dispone, por ejemplo, para financiar una campaña telefónica anónima contra AMLO y una página titulada "Caso Anaya" con la proyección del video que ha generado gran revuelo en medios de comunicación, particularmente electrónicos, mientras el asunto de Etileno XXI pasó al olvido. Por cierto, incluyo aquí la liga del reportaje de Aristegui Noticias porque (reportaje) por cierto, no contó con la difusión que sí tuvo y tiene el video de Juan Barreiro que involucra directamente a Anaya.
Ahora, ya inmersos en franca guerra sucia, también llama la atención cómo el Frente y su candidato Anaya están asegurando que hay un pacto de impunidad entre AMLO y Peña. Digo, ya se le han descubierto varias mentiras a este candidato (ver Verificado.mx) pero esta particularmente podría incluirse en el script de una comedia barata y de ficción, además.
Me parece desafortunada la ‘acusación’ porque, de tan increíble, lejos de beneficiar al candidato del Frente, lo perjudica: en un intercambio de opiniones con algunas personas, varias de ellas anayistas, hay quienes creen que estuvo y está muy mal que sostengan tal despropósito porque deja entrever desesperación al no lograr incremento en los porcentajes de las preferencias electorales que se han difundido hasta ahora; y les preocupa que su candidato recurra a señalamientos así porque esa conducta fácilmente puede ser interpretada de obsesiva por sus enemigos políticos.
Este es el ambiente de las campañas políticas en México, terrible, de dar vergüenza y pena ajena, sin embargo, no es lo peor: aunque se ha difundido caso por caso, poco se ha profundizado con respecto a los asesinatos de políticos en este proceso electoral. Las elecciones de este año, ya, se ganaron la etiqueta de las más violentas de la historia. Ciento diez políticos de todos los partidos, asesinados: 95 hombres y 15 mujeres (ayer atentaron contra un excandidato en Torreón que se encontraba delicado al momento de escribir esta columna); del total, 69 políticos, 28 precandidatos y 13 candidatos; de todos los casos, siete en el Estado de México, 13 en Puebla, 18 en Oaxaca, ocho en Veracruz y 24 en Guerrero. Y los partidos más afectados, en ese orden: PRI, PRD, PAN y Morena (politico.mx).
A menos de un mes del día de las elecciones, ojalá los mismos políticos dejen a la ciudadanía un tiempo de serenidad y calma para tomar decisiones razonadas y bien documentadas; nos toca informarnos bien, es lo menos que podemos hacer por México en un espacio en donde el margen de operación del ciudadano es corto y está bajo presión.

Columna publicada en El Informador el sábado 9 de junio de 2018.

domingo, 5 de noviembre de 2017

Escandalosos

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Comentaré hoy dos asuntos sobre los que me llama la atención Jaime Tamayo luego de que vi su intervención en Báscula La otra versión de C7 (además no me lo pierdo y lo recomiendo ampliamente): el caso de Santiago Nieto y el informe reciente de la CEPAL y la OIT sobre los salarios en América Latina.
Ambos asuntos me parecen escandalosos y creo que ya es hora de que se rompa el patrón que normalmente se sigue en México y que por lo general aceptamos, de que nos indignamos y despotricamos los primeros días, luego la vida nos llama y volvemos a la rutina con un coraje soterrado más que se acumula en nuestro interior. Y así, hasta el siguiente escándalo.
¿Qué tendría que pasar para que fuera diferente? En primer lugar, Santiago Nieto, ahora ex titular de la Fepade (Fiscalía Especializada en Delitos Electorales), debería seguir en su cargo investigando las denuncias, por lo menos tres, que señalan a Emilio Lozoya, exdirector de Pemex, como el operador de Enrique Peña Nieto que presuntamente recibió 10 millones de dólares para la campaña presidencial a cambio de concesiones claro está, de facilidades para operar en México de la empresa Odebrecht, cuyo modus operandi es un escándalo internacional y alcanza a altos funcionarios no sólo de nuestro país.
Lo normal sería eso, que la investigación siguiera su curso, esperar los resultados, aceptarlos y actuar en consecuencia; y los mexicanos deberíamos tener plena confianza en que las instituciones de las que tanto habla el presidente funcionan, están al servicio de la sociedad que las mantiene y en que se hará justicia.
Esto sucede en otros países y no tendría por qué México ser la excepción ¿qué tendríamos que hacer para cambiar las cosas? Por lo menos insistir, difundir hasta donde se pueda lo que ha pasado que es irregular por donde se le vea; no acostumbrarnos, no dejarlo pasar por cansancio, porque por lo general no pasa nada. Es seguro que algo anda mal para que Nieto, que quería regresar a su puesto haya renunciado a tal pretensión; algo pasó para que en el Senado le dieran carpetazo, se largaran de vacaciones como si nada y citaran para el martes 7 de noviembre para nombrar al sustituto de Nieto. Qué fácil y qué cómodo. Algo pasó y no puedo sino sospechar de operaciones oscuras.
Y el segundo tema no debería ser tema. ¿No salen a cada rato los políticos a decir que México está en los cuernos de la luna? ¿que aumentaron los niveles salariales después de décadas? ¿que vivimos mejor gracias a ellos? ¿que México es líder en esto y lo otro y lo otro? ¿qué vivimos Casi en el Paraíso (¿recuerdan a Luis Spota?)?
Bueno, pues por si no lo viviéramos en carne propia día con día, de 2016 a 2017 los salarios en México ¡bajaron! Y también en Perú. Sólo en estos dos países de la región, según el estudio citado y del que anexo aquí la liga (CEPAL). (Encontré otro estudio y aquí dejo la liga también OIT).
No es mentira ni hay que agregar “presuntamente”. Son estudios que se hacen con periodicidad, con herramientas claras y transparentes, se trata de organismos internacionales apartidistas y les creo, no como un acto de fe, sino porque la realidad comprueba punto por punto el contenido de tales informes.
No es la primera vez que lo digo. Recientemente cité al líder sindical de Canadá, Jerry Dias, porque señaló con acritud algo que he venido diciendo desde hace tiempo: en México se mantiene a la gente pobre deliberadamente. Y no se hable de incrementos salariales extraordinarios porque los empresarios ponen el grito en el cielo. ¿De qué manera se les puede hacer entender que con mejores salarios se reactivaría en niveles insospechados el mercado interno? ¿que nos iría mejor a todos? ¿que viviríamos mejor y estaríamos más contentos? ¿que además de trabajar muchas horas como ya lo hacemos, aumentarían los niveles de productividad? ¿que se generaría un círculo virtuoso y los empresarios no verían mermados sus ingresos?
Es escandaloso el caso de Nieto y es escandaloso el nivel salarial en México, el de las mayorías claro está. Urge poner remedio, es cosa de voluntad. Hay que romper patrones, a todos nos conviene.

Columna publicada en El Informador el sábado 4 de noviembre de 2017.

viernes, 3 de noviembre de 2017

Muy sencillo

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Lo más fácil para no hacer nada, desde el gobierno, es echarnos la culpa de todo, incluida la corrupción. Y como nos sentimos culpables, después ya nadie dice nada mientras la corrupción continúa, crece, empeora y se afianza.
Con ese cuento que nos vendieron tan bien de que la corrupción somos todos, en realidad, fíjense bien lo que voy a decir, la han propiciado; hemos caído en el juego y como para muchos es más fácil dar una “mordida” que perder todo un día en el pago de la multa, pues ya está, se cierra el círculo y nada qué hacer.
¿Por qué existe la “mordida”, “cochupo”, dádiva o soborno? Porque las instituciones, esas que desde que me acuerdo están tratando de fortalecer, otra vez esta semana para no ir muy lejos, no funcionan. Porque la burocracia es un mazacote insondable cuya ineficiencia e inoperancia no hace sino generar costos a la sociedad.
Hace muchos años el empresario Arturo Márquez lo explicó con tal claridad que no lo he olvidado; lo grave es que el problema persiste como si fuera ayer y nadie, de ningún partido, ha hecho nada por empezar a atacar este cáncer de fondo, para erradicarlo. Ninguno, pero ninguno ha tenido los tamaños para entrarle porque siempre hay un cálculo electoral y la burocracia vende caro sus votos. Y ya.
Entonces, que venga el señor Presidente a decir que es un asunto cultural y que también ahí está la gente colgada del cable con los diablitos, no tiene nombre pero voy a intentar hacer una descripción: es el reflejo inobjetable de la falta de sensibilidad y de la distancia como de aquí a la Luna o más allá, entre la clase gobernante y la población.
A ver. ¿Quiénes se roban la luz? No justifico a quienes lo hacen de ninguna manera pero no estaría de más hacer un análisis y revisar la situación económica de las personas que incurren esa actitud tan reprobable. ¿Por qué se la roban? No dudo que haya vivales, siempre hay y en todo el mundo, pero por lo general quienes se roban la luz es porque no tienen servicio o porque no lo pueden pagar; y si no lo pueden pagar es porque viven en la pobreza; no tienen trabajo o ganan muy poquito. En lugar de echar culpas y señalar que “la gente también” ¿por qué no se ponen a trabajar en soluciones de fondo para erradicar la pobreza, la mala educación, los pésimos servicios de salud y mejorar el funcionamiento de la burocracia?
Los impuestos que pagamos alcanzan para pagar a un aparato gigante y obeso que dizque adelgazó y fue reestructurado, se vendieron empresas paraestatales también cuando Salinas ¿se acuerdan? ¿Y? Lo que se vendió fue o es monopolio y las “instituciones” que se conservan siguen en la inoperancia total. ¿O qué sí funciona?
El día en que sea fácil pagar una multa, es más probable que no se ofrezca mordida al agente de tránsito; y si el agente tiene un buen sueldo (porque ahí también está el problema, en las diferencias salariales entre la burocracia de abajo y la dorada) no la va a aceptar y mucho menos a pedir. Y así con todo, en realidad es sencillo, pero nadie lo quiere ver. El sistema es cómodo para los que están más arriba y para la gente es una solución que impide retrasos, más costos, pérdida de tiempo, corajes y frustración. Esto es lo que se tiene que resolver cuanto antes y le toca a quienes viven de nuestros impuestos.
Les toca poner orden en el funcionamiento de la burocracia y no lo hacen, nunca lo han hecho; los intentos hasta ahora son de risa y, si acaso, duran un trienio o un sexenio y quién sabe, se me hace mucho.
¿Qué vemos corrupción detrás de todo lo que sucede? ¿Por qué será? ¿Y cómo es que todos? ¿Cómo es que el Presidente puede generalizar con respecto a algo que para él es falso o una exageración?
Simple y sencillamente no hay voluntad ni valentía en la cabeza de ninguna administración pública (federal, estatal y municipal) para enfrentarse a sindicatos, cotos de poder, intereses añejos. Y que ni digan que les preocupa que haya paros y esas cosas, lo que les preocupa es que no llevarán a todo su gremio a votar por ellos. Es una mezquindad descomunal y del mismo tamaño la cobardía, de todos los integrantes de la clase política.
Sueño con el surgimiento de líderes que efectivamente antepongan el interés general al personal y las cosas funcionen en México, en Jalisco, en Guadalajara: la luz, el servicio de transporte, la infraestructura vial; el sistema educativo y el de salud; la recolección de basura y a disposición responsable de los desechos; que todos ganemos bien y estemos contentos con nuestros trabajos. Muy sencillo.

Columna publicada en El Informador el sábado 21 de octubre de 2017.


Crónica sincrónica

México: un tiempo nuevo     Laura Castro Golarte     El aguacero estaba a punto. Amenazó todo el día y los charcos en las esqu...