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sábado, 2 de mayo de 2020

Hay esperanza


Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

El ejercicio que alguien tuvo a bien discurrir en el Gobierno federal, para que el 30 de abril el doctor Hugo López Gatell se dedicara a responder las preguntas e inquietudes de varios niños mexicanos de diferentes partes de la República mexicana, me pareció una idea muy buena,           casi podría decir genial, que bien se podría repetir con funcionarios de otros niveles y distintos ámbitos: resultó por demás aleccionadora y, sobre todo, enriquecedora y muy esperanzadora.
Sus preguntas dejaron en claro qué les preocupa de fondo a niñas y niños mexicanos en el marco de la pandemia, de la cuarentena, pero también dejaron en evidencia realidades dolorosas y cotidianas que revelan, por ejemplo, aunque se oiga rimbombante o técnico, la morbilidad infantil en México. ¿A qué me refiero? Niños con hemofilia, diabetes tipo uno, asma, entre otras afecciones o discapacidades.

Recorte de pantalla de la transmisión por YouTube.

Hicieron preguntas puntuales a las que el Dr. López Gatell respondió igual, puntualmente, con palabras sencillas y precisas entendibles para todos y muy útiles también para adultos con las mismas inquietudes, por ellos y/o por sus hijos. Por ejemplo, el niño sordo que lee los labios y de cómo hacerle para entender cualquier cosa si se está usando cubrebocas; o de cómo recoger la medicina en los centros de salud si de preferencia no hay que ir si no se trata de una urgencia; o de cuándo será posible asistir a las sesiones de terapia.
Preguntas vinculadas con el día a día de niños y niñas que, aparte del encierro, enfrentan otros problemas de salud y/o alguna discapacidad. Esto es un filón de información que se desprendió de la sesión del jueves 30 de abril.
Otro más tiene que ver con la educación de los niños, la educación de cortesía podría decir y la formal de conocimientos y manejo del lenguaje. Contrario a lo que hemos testificado en los últimos lustros y que lleva a la queja adulta de la mala educación de las nuevas generaciones, los niños que grabaron videos o le hicieron preguntas en tiempo real al subsecretario de Salud, acusaron todos, además de gracia y frescura, un manejo de lenguaje impecable para sus pocos años y, unos más que otros claro está, de acuerdo a sus preocupaciones e intereses, un conocimiento preciso (ahora sí que superior al de muchos adultos) de lo que es la enfermedad. Saludaron correctamente, fueron atentos y mostraron que saben de qué se trata.
Todas las preguntas fueron buenas, graciosas e inteligentes, incluyendo a la niña que cumplirá años el próximo 8 de mayo.

Alexandra

Otra vertiente está en el interés que mostraron varios de los pequeños que preguntaron, por ser médicos y/o epidemiólogos; o bien, el niño que preguntó qué enseñanza nos va a dejar esta pandemia como país y como niños y “¿cómo enfrentaremos el futuro a partir de ahora en cuestiones de salud? ¿es cierto que el mundo será diferente después del Covid-19?”. Digo, si el niño Giuseppe no es el autor de la pregunta y se la hicieron sus papás para que él la planteara, de todos modos, habla de una familia con preocupaciones profundas y hasta filosóficas podría decir. Y ni qué decir de la respuesta: “Esta es una pandemia que ha afectado a todo el mundo como no había antecedente en los últimos cien años; exactamente hace 101 años se presentó la pandemia de influenza que afectó muchísimo a todo el planeta, en ese momento había guerras, estaba la Primera Guerra Mundial, había hambrunas y unas condiciones muy difíciles. Hoy en el mundo sigue habiendo muchos de estos problemas, existe la guerra, la desnutrición, la injusticia y todas estas situaciones son indeseables y el mundo puede aprender, después de una pandemia, entre muchas otras cosas, que tenemos que lograr una sociedad más justa para que todos tengamos los recursos que necesitamos para alimentarnos, para conservar la salud, para una vivienda digna, para un trabajo respetado y bien remunerado”. Las otras enseñanzas que enumeró el Dr. López Gatell fueron las de un sistema de salud fuerte y suficiente para todos; estar preparados siempre en caso de pandemia con instalaciones y personal de salud capacitado y el aprendizaje de hábitos de higiene desde la infancia. Y el mensaje de cierre: a los niños hay que escucharlos, siempre, niñas y niños tienen una gran sabiduría, sentimientos muy profundos. Saberlos escuchar nos hará una mejor sociedad en todos los sentidos.
Finalmente, pero no menos importante, de todo este ejercicio quedó muy clara también la preocupación de niños y niñas por los adultos que no se quedan en casa: se aproxima el incremento más fuerte de acuerdo con los pronósticos matemáticos del equipo de científicos mexicanos que participan en esto, así que, una vez más, el llamado a hacer lo que nos toca, quedarnos en casa. #YoMeQuedoEnCasa.

Columna publicada en El Informador el sábado 2 de mayo de 2020.

domingo, 24 de marzo de 2019

Gestión y oficio político


Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Urgente como es, una de las primeras acciones de Andrés Manuel López Obrador como Presidente de México fue la presentación ante el Poder Legislativo, el 12 de diciembre de 2018, de su iniciativa de reforma educativa; como se anunció y se prometió en campaña, el principal punto era la abrogación de la anterior, una dizque reforma que en este espacio critiqué de principio a fin (2012-2018) en repetidas ocasiones por varias cuestiones, entre otras, porque no era educativa sino laboral; porque hasta las postrimerías del sexenio se empezó a abordar la parte de los contenidos con un “nuevo modelo” que se alcanzó a aplicar en formato piloto, apenas; y porque incluía una serie de elementos manipuladores de los mismos profesores como los métodos de evaluación, que a lo largo de todo el periodo generaron recurrentes manifestaciones, paros y bloqueos.
Y la critiqué sobre todo por la falta de gestión política para resolver un problema añejo que el mismo Estado mexicano creó. Otros puntos eran cuestionables como la tergiversación y criminalización que se urdieron desde los medios de comunicación contra los docentes y de cómo los puntos finos de sus protestas no trascendían. Una de las ideas torcidas favoritas era insistir en que los maestros se manifestaban porque no querían ser evaluados y esto no es exacto, el punto de la inconformidad era que mediante las evaluaciones se pretendía presionar y deshacerse de maestros incómodos para la dirigencia magisterial.
El gobierno de Peña nunca intentó un diálogo sincero para resolver el problema; nunca se instaló una mesa de negociaciones para escuchar, atender, proponer y, tal cual, negociar; nunca. La estrategia fue de descalificación permanente mediante juicios y prejuicios unilaterales y, reitero, de manipulación.
Esto no quiere decir tampoco que todos los maestros sean perfectos y todos sus reclamos, justos, de hecho, traigo aquí el caso reciente de los docentes de la CNTE que irresponsablemente se prestaron al juego de Silvano Aureoles en Michoacán y bloquearon en enero las vías férreas con una afectación de miles de millones de pesos. Hay profesores del sistema de educación pública que se resisten a perder los privilegios que el mismo Estado mexicano les otorgó, desde los años 30 y 40 del siglo pasado, para usarlos como carne de urna y que efectivamente no quieren someterse a evaluaciones porque no las librarían. Pero no son todos, ni son la mayoría.
Arreglar el entuerto de los antepasados políticos con respecto a su relación con el magisterio y cómo ha sido usado, nunca ha sido la intención ni el propósito de ningún mandatario, hasta ahora, porque han seguido la misma conducta que sus antecesores. Hoy hay visos de que las cosas pueden cambiar de fondo, de verdad.
De entrada, se ejerció oficio político y labores de gestión para que maestros de la CNTE que bloquearon el trabajo de los diputados justo cuando abordarían la iniciativa esta semana, levantaran la obstrucción y se sentaran a dialogar con las autoridades, tanto la Secretaría de Gobernación como la de Educación Pública. Esto cuenta y contó antes, la manera como abordó el conflicto el Presidente para no dejar opción a los maestros inconformes más que de moverse, sentarse y dialogar.
Decían o dicen los manifestantes que el jefe del Ejecutivo federal no está cumpliendo sus promesas de campaña de abrogar la anterior reforma educativa, pero es justo lo que está haciendo. No para simplemente borrarla, sino que se están planteando elementos que responden a las demandas de la mayoría de los docentes y corrigen las decisiones autoritarias de la anterior. Se expusieron a los maestros las diferencias entre una iniciativa y otra; además de que se garantizó que no habría represión ni autoritarismo contra sus reclamos, sino diálogo y transparencia; una invitación a proponer y participar en el proceso. No había manera de decir que no. Esto hizo falta en la administración anterior y ha hecho falta en general en los gobiernos de las últimas décadas: se ha desdeñado el poder y el sentir de la sociedad y de sus organizaciones, se ha minimizado y catalogado a los mexicanos de “menores de edad” con esta idea claramente autoritaria de que sólo ellos, los que están en el gobierno, saben cómo hacerlo.
El tema educativo dará mucho más de qué hablar los próximos días y la invitación es a estar atentos e involucrarnos porque creo que por primera vez habrá cambios de fondo, trascendentales, que contribuirán a que México salga de la mediocridad en materia educativa.

Columna publicada en El Informador el sábado 23 de marzo de 2019.

sábado, 5 de mayo de 2018

Pobreza crónica


Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)


Con todo y la manipulación que se ha hecho en los métodos para la medición de la pobreza en México, la cifra aumentó; de manera que ni por decreto estadístico fue posible para la actual administración pública federal reducir un indicador que es reflejo incuestionable del desastre que ha sido este sexenio en el que sólo empeoró la situación con respecto a administraciones anteriores desde hace lustros a la fecha.
Deliberadamente no digo desastre económico ni situación económica, porque la pobreza más mucho más allá de los ingresos de las familias. En México la pobreza es crónica y no se puede ocultar ni maquillar ni simular porque ha sido impulsada para que crezca, alimentada por el sistema para que permanezca porque de los mexicanos que viven en esas condiciones, la clase política en México siempre saca provecho.
En comentarios anteriores he abordado el tema y regreso a él, no sólo porque hay nuevos datos del Coneval (“entre 2008 y 2016 la pobreza aumentó en 3.9 millones de personas” para un total de 53.4 millones de mexicanos hace dos años: boletín), sino porque la pobreza en México se ha manejado desde hace años como cifras; se han cambiado las formas de medición para seguir sustentando la simulación y para evitar toma de conciencia y trabajo responsable pero no he sabido de nadie en el gobierno que asuma de manera integral el problema y lo enfrente para efectivamente atajarlo sin precisiones rebuscadas como decir hay menos mexicanos en pobreza extrema pero más en pobreza no extrema… Es pobreza, punto.
Regreso también, porque quienes formamos parte de la clase media (en singular, a pesar de que ya se inventaron subcategorías), enfrascados como estamos en trabajar, estudiar y sacar adelante a nuestras familias, con frecuencia no vemos o no queremos ver a los millones de mexicanos que viven en esas condiciones; y nos pasa de noche —sin que esto implique un juicio o una crítica, en lo absoluto— no se diga quienes están en las clases altas, que ser pobre es una problemática compleja y crónica que se viene arrastrando en México por décadas.
Los problemas asociados a la pobreza son muchos y diversos y a veces, dependiendo de los casos, resulta difícil saber qué fue primero: empleos precarios o desempleo a secas; sin acceso a la educación (el hecho de que dizque sea gratuita no garantiza que todos los mexicanos tengan un lugar en las aulas; además de la calidad… otra historia); sin servicios de salud; vivienda precaria, pisos de tierra, sin servicios como agua potable o recolección de basura o seguridad; adicciones varias; desnutrición crónica; hogares disfuncionales, familias desintegradas, violencia intrafamiliar, explotación infantil, embarazos no deseados, delincuencia, depresión, desesperanza, altos índices de enfermedad y muerte y resentimiento social profundo.
Definitivamente no queremos saber, es demasiado doloroso, pero la pobreza como condición con todos estos conflictos asociados, en nuestro país, es añeja, por lo tanto crónica y se hereda de generación en generación. ¿Se conocen acaso las consecuencias de la desnutrición crónica? Por lo general no, si acaso especialistas en la materia, activistas y defensores de derechos humanos, pero no es un asunto que por interés particular nos estemos desviviendo por investigar. Anexo aquí la liga de un informe de la UNICEF (publicación) para tener por lo menos esa conciencia y hacer lo que nos toque para atajarla, para exigir que los gobiernos cumplan en sus promesas de combate y que las cifras, sin manipulación alguna, efectivamente bajen; que la pobreza no sea un negocio para los más ricos y para los políticos sin escrúpulos que elección tras elección saben que tienen un grupo cautivo a quien comprar sus votos y que las grandes televisoras tampoco se aprovechen.
Un niño con desnutrición no dispone en su organismo de los nutrientes necesarios para la vida, para que su cuerpo funcione correctamente, su cerebro para empezar, sus huesos, sus articulaciones, su corazón. Y son niños que seguramente nacieron de mamás con desnutrición que llegaron a este mundo en las mismas condiciones. Son presa fácil de enfermedades y si acaso tienen acceso a la educación, el desempeño es deficiente por lo mismo.
La pobreza en México es de atención (debería ser) prioritaria y urgente, no sólo una realidad para comprar votos, para manipular y para justificar programas paliativos y no de erradicación. Y todavía se les juzga y muchos afirman que viven así porque quieren. Por favor. 

Columna publicada en El Informador el sábado 5 de mayo de 2018.

sábado, 24 de marzo de 2018

Los necesitamos


Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Sin que sea resultado de ningún estudio o investigación exhaustiva sino más bien un asunto que tiene que ver con la intuición y con la información acumulada durante décadas, creo, estoy firmemente convencida, de que los jóvenes en el mundo han sido sistemáticamente sometidos y aplastados por diferentes vías más o menos desde 1968, cuando demostraron de lo que eran capaces en varias partes del mundo.
En México y en otros países fueron asesinados impunemente, pero creo que también fueron empujados al consumo de drogas para mantener esa fuerza inconmensurable, esa rebeldía poderosa y generadora de cambios, sumida en la apatía y en las adicciones. Por fortuna no son todos, ni siquiera una mayoría, pero si suficientes para que los intentos no pinten ni prosperen, al menos así ha sido en los últimos tiempos.
En el artículo del 3 de marzo cité un llamado que José Manuel Mireles hizo a los jóvenes en la UNAM: “[…] las drogas no benefician a nadie, se pueden sentir bien un ratito, pero lo mejor es tener la conciencia despierta y el conocimiento trabajando”. No puedo estar más de acuerdo.
Esta semana, Guillermo del Toro ofreció en Guadalajara (estrictamente, en Zapopan) tres master class a más de 10 mil jóvenes en su mayoría aunque estuvieron presentes niños y adultos, hombres y mujeres.
Más allá de la revelación generosa de sus técnicas, de sus ideas, de cómo surgieron sus proyectos, de cómo se ha movido en la industria internacional del cine, el cineasta compartió claves para lidiar con la vida y con la realidad que nos circunda, porque efectivamente no es nada terso, ni romántico, ni fácil.
Celebro y agradezco la forma en la que se dirigió a los jóvenes, a muchachos y muchachas adolescentes y veinteañeros, treintones, pero sobre todo los primeros, a quienes les compartió consideraciones simples, cero rebuscadas y como respuesta a preguntas expresas, sobre la frustración y la muerte por ejemplo. A jóvenes sensibles que tienden a tomar los obstáculos de la vida y los propios de este país como algo personal, les digo cómo superarlos, lo que se necesita; y los invitó a usar la rabia, esa rabia profunda que se lleva por dentro ante injusticias, desigualdades, falta de oportunidades, pobreza y corrupción, en sus propios proyectos, en alimentar la determinación para alcanzar objetivos, en la fuerza de carácter y en la perseverancia. No son las palabras textuales de Guillermo del Toro como podrán notar su vieron las tres clases maestras (si no, por favor, véanlas, aquí dejo la liga de la primera que los enlazará con las otras dos: primera máster class, a partir del minuto diez), pero en otras palabras así fue.
Dio respuestas sencillas para lidiar con la incertidumbre juvenil, con pensamientos que de pronto atormentan relacionados con la muerte y con la impotencia y ofreció consejos de conducta incluso, para saber cómo enfrentar las adversidades, empezando por el NO como el principal impulsor de iniciativas.
También reconoció el talento mexicano, particularmente del tapatío y aunque no lo dijo de manera expresa, Guillermo del Toro dejó una idea muy clara a lo largo de sus tres intervenciones: los necesitamos. Necesitamos a los jóvenes, su talento, su fuerza, su rebeldía, sus capacidades y habilidades, su entusiasmo, sus ganas de vivir, su inventiva, su ingenio, su alegría, su creatividad, su claridad de ideas.
Los necesitamos vivos, enteros, conscientes, despiertos, actuantes, contestatarios, inteligentes, ciertos, determinados, con sus metas y proyectos tan claros como los expresan y como los trabajan, sin esperar nada que no salga de cada uno, como les dijo Del Toro también para el manejo de expectativas.
Y con los jóvenes, la sociedad en pleno. Muchas veces lo he escrito en este espacio y en otros: Nos necesitamos juntos, en la familia, en la escuela, en los grupos de amigos, en la comunidad cercana, en la sociedad en general, en la nación. Nos necesitamos juntos para abrazar las causas de todos y cada uno, para apoyarlas, para impulsarlas.
Alguien por ahí, palabras más palabras menos dijo algo así de que “ya chole” con Guillermo del Toro. Y lo lamento de verdad. No había sido testigo hasta ahora, de que alguien que ha alcanzado el éxito a los más altos niveles, compartiera su experiencia profesional y de vida con tal generosidad y en esa magnitud y con la preocupación auténtica por este país y por todos nosotros, particularmente por los jóvenes mexicanos. Gracias.

Columna publicada en El Informador el sábado 17 de marzo de 2018.




miércoles, 27 de diciembre de 2017

Tenemos tiempo

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

¿Será posible? ¿No se supone que habíamos superado las prácticas autoritarias y dictatoriales? ¿Que la democracia había adquirido carta de residencia? ¿Que simplemente se trataba de perfeccionar y consolidar? Una vez más, nuestro sistema político electoral queda en evidencia con las prácticas que le conocemos tan bien al PRI y al más puro y viejo estilo el “dedazo” hace su aparición en escena.
Lo peor de todo es que amplios sectores de la sociedad se tragan el cuento. No los juzgo. Lo he dicho y escrito en otras ocasiones: el sistema está diseñado para mantener a las mayorías en pobreza y pobreza extrema y sin educación o con educación de pésima calidad. En un entorno así no se genera conciencia y es fácil “convencer” con tarjetas de cien o de quinientos pesos y también infundiendo miedo. Lo tienen tan probado y con tal éxito, que ahora se regresa a los tiempos del cinismo y la desfachatez con un dedazo vil y vulgar.
A quienes de pronto sí juzgo son a los que, desde ambientes hasta cierto punto privilegiados, repiten el discurso inventado por el mismo sistema de: no-importa-el-partido-sino-las-personas o el-candidato-es-lo-que-cuenta y aberraciones por el estilo, con todo y que está más que probado que el sistema es el mismo, no ha cambiado ni siquiera con la alternancia, una de las mayores farsas de nuestra historia reciente.
Tenemos tiempo de aquí a las elecciones de 2018 para cambiar las cosas. Para cambiar nosotros mismos nuestras percepciones, pararnos desde otro sitio y ser capaces de detectar las malas intenciones, la manipulación, la tergiversación de dichos y hechos de los otros. De despertar pues, en otras palabras.
Tenemos tiempo para estar atentos a personas y procesos y con calma y hasta con frialdad, tomar las mejores decisiones que de verdad signifiquen mejores condiciones de vida para los mexicanos.
Sé que no es la primera vez que lo digo y que hasta ahora no ha funcionado, pero creo en que hay que insistir, en no podemos ni debemos cansarnos, no quitar el dedo del renglón y volver a intentarlo. El poder es un asunto complejo. Los mejores intencionados terminan absorbidos por él y cooptados por el sistema. Y hablo de México y el mundo. Una vez instalados, cobijados por la buena vida y un sistema que los sobreprotege, entonces la sociedad deja de estar en el foco de sus intereses y la soberbia y la mezquindad campean. Las necesidades sociales son algo hasta estorboso y no se nos ocurra a periodistas y ciudadanos hacer la más leve crítica porque entonces viene la intolerancia y las descalificaciones de quienes considerábamos eran las mejores opciones en el espectro electoral.
Es muy difícil, desde adentro (seguro habrá quienes lo hayan intentado, sin éxito hasta ahora) y no se diga desde afuera, pero no queda otra. Hay que seguir y tenemos tiempo. Apenas se van definiendo candidatos y mientras no modifiquemos radicalmente el sistema es lo que hay. Es una vergüenza pero es lo que tenemos; y de pronto parece un callejón sin salida pero llegará el día, porque además hay generaciones de jóvenes que verdaderamente alimentan esperanzas de que es posible y de que sucederá más temprano que tarde.

No merecemos este gobierno. Nadie vota conscientemente por el peor y constantemente desde diferentes trincheras se señalan errores y omisiones, hay marchas, manifiestos, expresiones de descontento, ideas y propuestas concretas desde la academia. A muchos nos agobia la impotencia pero hay que insistir, México es un país de gente trabajadora y noble; gente pacífica que merece un mejor futuro, una realidad distinta; merecemos vivir en paz, con justicia, con ingresos suficientes para la satisfacción de las necesidades y no mínimamente, bien; con buenos trabajos y buenos sueldos; con acceso a una buena educación, a salud, a recreación; a sistemas de transporte y de disposición de desechos sólidos modernos; con seguridad para nosotros y para nuestros hijos; merecemos una sociedad con oportunidades, en donde sea posible albergar proyectos personales y familiares realizables; en donde la desigualdad se abata paulatina y constantemente y entonces sí nos sintamos cómodos con una democracia real y efectiva. Es posible y estamos a tiempo.

Columna publicada en El Informador el sábado 9 de diciembre de 2017.

sábado, 29 de abril de 2017

Tocar fondo

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Desde hace ya varios procesos electorales, tanto federales como locales, la ciudadanía ha manifestado su hartazgo con respecto al modus operandi de los partidos y políticos en campaña. En Jalisco, por ser una de las entidades con una especie de alternancia temprana, antes que en el gobierno federal, hemos estado por más tiempo expuestos al espectáculo de pacotilla de cada tres años.
Golpes bajos, guerra sucia, luchas en lodo —casi literal— exposición de intimidades, datos, videos y fotografías truqueadas o falseadas, descontextualizadas, acusaciones sin fundamento y otras con fundamento convenientemente reservadas para ventilarlas cuando se les puede sacar mayor provecho, siembra de dudas, trampas, “cuatros”, “chamaqueos” y cuanta marrullería se les ocurra elección tras elección, son reflejo del refinamiento que ha alcanzado la bajeza y la falta de escrúpulos en la clase política.
La degeneración cuestionada por la ciudadanía sigue inexorable y no se avizora en el corto plazo, mucho menos más allá, un cambio en las formas y los modos, al contrario. Vamos de mal en peor.
Este año no habrá elecciones en Jalisco, pero a través de los medios de comunicación también estamos expuestos y así todos los habitantes del país que ni siquiera cuando no hay comicios locales podemos descansar del basural que nos recetan los políticos mexicanos.
Más que las elecciones en Nayarit o en Coahuila que, dicho sea de paso, tienen lo suyo, el proceso del Estado de México es el que se lleva los reflectores, casi toda la atención, porque se supone que es el “laboratorio electoral” previo al proceso presidencial, en este caso, de 2018. Difiero de esa idea porque en el gobierno federal tenemos ejemplos de alternancia, desastrosa en ambos sexenios, pero alternancia al fin, y en el Estado de México, no.
¿Qué quieren decir con eso de laboratorio? Que quien gane en el Estado de México ganará la elección presidencial. Reitero mis dudas, sin embargo, creo que sí es un laboratorio de fraude y marrullería electoral, eso sí, sin duda. Es la entidad en donde se han perfeccionado las formas de fraude, específicamente la compra de votos.
No es raro si además de saber que se trata de una de las formas de fraude preferidas del PRI relacionamos el dato con el lugar que ocupa esa entidad en los niveles de pobreza: El Estado de México se ubica en las 15 entidades de la República con más pobreza en el país. Y esto, se supone, no debería ser así porque paradójicamente, es también uno de los estados que más aporta al PIB nacional: nada menos que el segundo lugar. Es cuando uno se convence de que el combate a la pobreza es sólo un conjunto de medidas paliativas pero no remediales, que no me digan por favor. Es conveniente para los políticos, del PRI en primer lugar, mantener a la gente en la pobreza y en la ignorancia, por eso también el fracaso de sus dizque reformas educativas.
Desde cuándo que en México se deberían registrar avances notables en la reducción de los niveles de pobreza con todos los programas sociales que se han emprendido por lo menos en los últimos treinta años y vamos de mal en peor también.
Y desde cuándo deberíamos avanzar en los estándares internacionales que miden la excelencia educativa y también vamos para atrás. Yo estoy convencida de que ambos rubros se manipulan con fines electorales y eso es criminal.
Bueno, pues además de estas herramientas que usa la clase política en México, está el chiquero en el que han convertido los procesos electorales. No les importan nuestras quejas, no les importa el enojo y el hartazgo ciudadano, mienten sin miramientos, no hay honor, ni dignidad, ni vergüenza, se enloda a los enemigos políticos aunque ello implique acabar con vidas y carreras y se manipula la aplicación de programas sociales, políticas públicas y la discusión y aprobación de leyes. El país se paraliza y en los funcionarios públicos priva el interés de quedar acomodado en el trienio o en el sexenio que viene.
Tenemos que romper con esto, no es posible. México no lo merece, no lo merecemos los ciudadanos que con nuestros impuestos mantenemos todo este tinglado, esta cloaca que no queremos y que no nos representa.

Urge que las prácticas político-electorales en México toquen fondo para purgar y empezar de nuevo.

Columna publicada en El Informador el sábado 29 de abril de 2017.

sábado, 18 de marzo de 2017

¿Revolución educativa? No hay manera

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Esta semana se presentó el  modelo educativo que entrará en vigor en el ciclo escolar 2018-2019. La verdad no sé a qué le apuesta el Gobierno federal. No es más que un reciclaje del dizque modelo educativo 2016 y un teatro ni siquiera bien montado para justificar mediocridad e ineptitud.
A ver, vamos por partes. Como he escrito y dicho antes, el rezago educativo en México es uno de los pendientes más añejos y urgentes porque desde hace más de setenta años los gobiernos autoritarios decidieron adoctrinar en lugar de educar y gradualmente, como si se hubieran puesto de acuerdo (luego por eso tienen tanto éxito las teorías conspiracionistas), le fueron restando calidad reforma tras reforma, sexenio tras sexenio.
Al mismo tiempo el sindicato de maestros se fortalecía y se convertía en uno de los sectores más poderosos del PRI, capaz de ejercer presión para obtener beneficios para la cúpula sindical vía el uso de los docentes como carne de urna. Con el acceso precario y deficiente a esquemas más democráticos, la alternancia por ejemplo, se registraron cambios político-sindicales que ahora tienen a una de las mujeres más corruptas del mundo en la cárcel, a Elba Esther Gordillo; pero fue por cuestiones políticas, no para hacer justicia, y la prueba más contundente es que ahora el comité directivo del SNTE es un cero a la izquierda. En realidad, peor que eso, porque a sus representados los ha dejado solos mientras goza de la administración de las cuotas sindicales y otros mecanismos para el enriquecimiento por nada.
Con una rimbombancia que hasta parecía de verdad, el gobierno de Peña Nieto anunció las grandes reformas estructurales para su sexenio, entre ellas, la educativa que, como sabemos, se redujo a una cuestión laboral que afectaba seriamente a los profesores particularmente a los que son trabajadores y no se prestan para ser comparsas del sistema, maestros incómodos pues; y luego, fue un operación ahora sí que trapera, porque si los maestros están mal capacitados es porque provienen de un sistema deliberadamente deficiente creado por el mismo gobierno sexenio tras sexenio; y ahí está el gravísimo e irresuelto conflicto de la educación normal.
En realidad los profesores, la mayoría, los de verdad, son víctimas del sistema; y los demás, se han adaptado tan bien que se conforman y son mediocres y desobligados, ahí tienen a los comisionados, a los que tienen doble y triple plaza y a los aviadores.
La corrupción y la descomposición alcanzan niveles inconmensurables y en este panorama desolador una vez más pretenden vernos la cara (tristemente en muchos casos lo consiguen) con un modelo educativo que ¿cómo dijo? “Ese es el Sistema Educativo que veo hacia adelante, y por el que trabajamos todos los días para hacerlo realidad” si bueno, el mismo que ya habían dicho que privilegiaría los recursos pedagógicos para que el alumno “aprenda a aprender”; para que “la escuela sea el centro de la transformación educativa” (¿y antes cuál era el centro?); para asegurar “equidad e inclusión” en el Sistema Educativo Nacional (desde hace varios años esto ya estaba definido y se ha llevado a la práctica con grandes dificultades, tendrían mejor que atender cómo se está implementando); el que le dará “alta prioridad a la participación de todos los actores involucrados” (¿todos? ¿quiénes? ¿están todos los que son y son todos los que están?) y para cerrar con broche de oro, el “nuevo” modelo “fortalece la formación y el desarrollo profesional docente”.
Hablan como si se partiera de cero, como si no viniéramos de todo un sexenio de cuestionamiento puntual y constante a las malas decisiones que se han tomado desde el gobierno, con un secretario que dice “ler”, un Presidente que a lo mejor sí sabe, pero no lo hace; recursos docentes desdeñados y abusados y un sindicato que sólo sirve para el enriquecimiento cupular.
¿Y el modelo que se presentó en 2016? ¿Alguien sabía de los foros a los que se dizque convocó desde 2014? ¿Se van a estar cambiando el modelo ciclo tras ciclo o de qué se trata? Nada nuevo, mucho menos revolucionario y no creo que efectivo.
El reciclaje es burdo, presentan como nuevo y de “vanguardia” un modelo gastado y reciclado mientras un día sí y otro también, se siguen descubriendo fosas clandestinas y restos de seres humanos en Veracruz en una de las realidades más espeluznantes y dolorosas que la corrupción en México nos prescribe. No puede ser que se mantenga la imagen de un México casi perfecto y en el mundo se sabe de estos horrores.
Alguien que no reconoce esta ni otras realidades terribles, que simula que todo está bien, no puede emprender cambios, ni reformas, mucho menos revoluciones educativas en las que podamos creer o confiar. No hay manera.

Columna publicada en El Informador el sábado 18 de marzo de 2017.



lunes, 26 de diciembre de 2016

Sueños desde el siglo XVIII

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Cuando México se estrenaba como nación independiente, desde antes de hecho, gracias a la preocupación de ilustrados de la talla de Francisco Xavier Clavigero (así, con g, es la ortografía correcta del apellido), se empezaron a promover cambios en materia educativa y pedagógica. En aquellos años, y estamos hablando de fines del siglo XVIII, sabios y eruditos trataba de lograr que la instrucción llegara a las masas.
En las primeras publicaciones tapatías, los escritores de los artículos, particularmente los “polares” a los que he citado en columnas anteriores, expresaban la necesidad urgente de que la gente se instruyera, que saliera de las tinieblas de la ignorancia y se hiciera una con la nación que estaba llamada a formar parte del grupo de naciones civilizadas del orbe.
El progreso era la máxima aspiración, sueños de modernidad que persistieron (a la par que las tradiciones más arraigadas) a lo largo del siglo XIX, con la educación como bandera siempre, bajo un tono u otro. Entre los auténticos amantes de la nueva nación no sólo se manifestaban las preocupaciones sino que se actuaba en consecuencia y ahí tenemos a cinco grandes de Jalisco como Francisco Severo Maldonado, Juan de Dios Cañedo, Prisciliano Sánchez, Mariano Otero y Tadeo Ortiz de Ayala. No son los únicos, me refiero a ellos como los principales de la primera mitad del siglo XIX y por las obras que dejaron para la posteridad. Entre estos cinco está el editor de El Despertador Americano (por cierto, el 20 de diciembre se cumplieron 206 años de la aparición del primer número), un diputado ante las Cortes de Cádiz (Madrid), el primer gobernador de Jalisco autor del Pacto Federal del Anáhuac, el coautor del derecho de amparo —aportación de México al mundo— y un individuo que fue clave para México en los últimos años de la revolución que llevó a la independencia ante otras naciones. El tema me apasiona y la verdad es que no me quiero extender demasiado, pero sí apuntar datos ciertos del tiempo que hace que ilustres mexicanos se han preocupado y ocupado por nuestra educación con la certeza de que es la única manera de que el pueblo se integre, desarrolle un sentido de pertenencia y de defensa de su patria y sus derechos.

Juan de Dios Cañedo. Imagen tomada de Esto pasó.

Escribo esto porque recién se dieron a conocer los resultados de la prueba Pisa que la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) manda hacer. Nos fue mal, muy mal. Y bueno, lamentablemente, es la realidad.
Sé que la prueba es cuestionada porque sólo califica ciertos aspectos, sin embargo, los resultados que arroja sí son representativos de la calidad educativa en los países que estudia. Las materias que evalúa son Matemáticas, Ciencias y Lectura. Básicas para el desarrollo de otras habilidades y para enfrentar el mercado laboral diseñado además para reforzar precisamente esas áreas. Las preocupaciones por impulsar otras capacidades y com-pe-ten-cias son apenas recientes y las desigualdades entre países desarrollados y subdesarrollados siguen siendo descomunales. Todos sabemos los intereses del gran capital (sí, sé a qué sueno pero es cierto) para formar masas de obreros y empleados capacitados para cumplir con ciertas tareas, logros, retos, metas y demás parafernalia empresarial desarrollista y globalizadora de ganar/ganar y cosas por el estilo, especialmente si esas masas viven en países pobres, América Latina para no ir muy lejos, digo, aquí estamos.
Estos resultados deberían ser un referente para cambiar las cosas, pero no ha funcionado así, al menos no en México. De 2012 a 2015 México cayó varios lugares en las tres disciplinas y de 70 se ubica en el lugar 58 en Ciencias; 55 en Lectura y 56 en Matemáticas; es decir, de la mitad para abajo.
Lo peor de todo, lo más desalentador, es que Aurelio Nuño, el titular de la SEP, lleva agua a su molino y afirma que por eso es tan urgente la reforma educativa; claro, es urgente una reforma educativa pero no la vigente ya obsoleta. A ver si se animan y dan varios pasos más adelante; habría que salirse de las filas globalizantes, emprender una reforma que sorprenda al mundo, que rompa esquemas y patrones de atraso y mediocridad, que verdaderamente promueva el talento y la creatividad que ya tenemos y que, como soñaban los ilustrados del XVIII y del XIX nos lleve a estadios superiores de desarrollo y progreso, simplemente, para vivir mejor, sin corrupción, sin atrasos, sin desigualdades, sin abusos, sin egoísmo.
Mientras tanto y por lo pronto, con todo mi cariño y los mejores deseos ¡Feliz Navidad!

Columna publicada el sábado 24 de diciembre de 2016.


sábado, 19 de noviembre de 2016

Hay esperanza

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Es mucho más que una anécdota y, por supuesto, da pie para una reflexión que trasciende el simple hecho de un error y una corrección. Antes de empezar con la redacción de la columna cambié la foto de mi página en Facebook: quité un mapa histórico de las elecciones en Estados Unidos y en su lugar subí la foto de la niña Andrea. De inmediato, una persona comentó que no era para tanto lo que había sucedido en la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil en la Ciudad de México, que porque es la “forma de hablar de muchos mexicanos”.
Esa publicación fortaleció la idea de escribir sobre el error del secretario de Educación y la corrección que tan valiente y oportunamente hiciera la niña Andrea. De entrada, que una pequeña de ocho años se atreviera a corregir al funcionario ya es alentador, hay esperanza. Y no sólo por su valentía y atención, sino porque en entrevistas posteriores dijo que lo volvería a hacer si se diera el caso; que no le gusta la frase “lo bueno casi no se cuenta” porque, dijo Andrea, con sus ocho añitos, “lo bueno no se debe contar, se debería ver” y porque le preocupa que el Presidente “no sepa tanto”.
¿Tenemos acaso una idea de cuántos niños hay cómo Andrea? ¿A cuántos les preocupa que sus autoridades “no sepan tanto” y “hablen mal”? Estoy segura de que muchos más de los que nos imaginamos y es ahí en donde radica mi esperanza.
Y no dudo que salgan ahora con que se trata de una niña prodigio o que sus papás son de izquierda o cualquier justificación para minimizar el hecho de que Andrea es una niña despierta, atenta, honesta, transparente, preocupada por México, valiente, determinada, con claridad de ideas y ¡¡convicciones!! ¿Será acaso la única en este país?

Fuente: El Debate.
Claro que no, lo que pasa es que los niños por lo general son desdeñados desde siempre a pesar de lustros y lustros de campañas y programas para la protección y defensa de la infancia y sus derechos; de “elecciones” para escucharlos, para conocer sus opiniones; de iniciativas costosas e inocuas. Para los políticos todo es escenario, parapeto y ocasión para sacar provecho y obtener ventajas. Para lucirse si se puede, siempre que no haya niños como Andrea. No es la primera vez que algo así sucede. Este año ha pasado en varios momentos. Los niños tienen mucho que decir pero no son escuchados y mucho menos atendidos.
A reserva de volver a este punto, toca ahora abordar lo que dejó en evidencia el secretario de Educación. El mismo que se ha negado a dialogar con los maestros porque afirma que la evaluación no es negociable. Claro que la evaluación es importante, muy importante, pero, no es lo único que se requiere para mejorar la educación en México, mucho menos si se usa ese sistema para manipular los resultados y deshacerse de maestros incómodos, asunto que los docentes disidentes han denunciado una y otra vez. Ahora ¿cómo puede alguien que dice ler (como ira en lugar de mira o edá en lugar de verdad) exigir calidad en la enseñanza? Está claro que el buen juez por su casa empieza, así que ¿cómo es que está en donde está en primer lugar? No me parece relevante en lo absoluto el argumento de la persona ya citada en el sentido que muchos mexicanos hablan así. Bueno, muchos mexicanos no son secretarios de Educación; muchos mexicanos no exigen una evaluación marrullera para acabar con la disidencia magisterial que nació como resultado de la corrupción en la cúpula sindical gracias a sus alianzas con los gobiernos en turno; muchos mexicanos no tienen ni el foro ni el poder que tiene Aurelio Nuño; y muchos mexicanos no están bien educados precisamente porque funcionarios como Nuño no hacen bien su trabajo y vamos de mal en peor.
De manera que es relevante, es pertinente, es cuestionable y ojalá esta realidad que nos aplasta y se suma a otras, sirviera para corregir de fondo y en serio, nada de disculpas insulsas e inútiles. Aurelio Nuño debe renunciar y quien tiene la responsabilidad de conminarlo a tal decisión es ese Presidente que no sabe tanto y que prefiere que las cosas cuenten a que se noten.
Admiro a la niña Andrea y sí creo que forma parte de una generación notable que algún día tomará las riendas de este país, por eso pienso que hay esperanza aun cuando a muchos no nos toque ver lo que estos niños harán a favor de México y los mexicanos.


Columna publicada en El Informador el sábado 19 de noviembre de 2016.

sábado, 10 de septiembre de 2016

"In crescendo"

Ciudad Adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Todo está en aumento, en incremento, in crescendo. Y ojalá fueran cosas positivas, benéficas para todos, pero no. Recurro a la jerga musical (no pretendo en lo más mínimo pisarle los talones a mi gran y admirado amigo Jaime García Elías) para que la certeza no sea tan brutal. Crecen a pasos agigantados y de manera exponencial: la inseguridad, la indignación, el coraje, los precios de todo —el índice inflacionario es un promedio evidentemente manipulable; ese dos por ciento y poco es propio de una película de ficción y no de la dura y cotidiana realidad—, el desempleo, los empleos precarios, los ingresos de los más corruptos y de los más ricos; la pobreza y las enfermedades.
Crece la ineptitud en los gobernantes, la mala imagen del país, las bajas calificaciones para proyectos económicos y las pésimas decisiones, irreflexivas e irresponsables; aumentan la deuda, la desconfianza, la desesperanza, el descontento. También se recrudece la debilidad de la máxima autoridad en este país y de ahí, hacia donde volteemos.
La situación es grave. Desde algo tan simple y aparentemente sin importancia como la impunidad de la que goza el titular de la Conade, por sólo citar a uno; hasta el desdén, el menosprecio del Primer mandatario hacia su pueblo, al que representa, al que se debe. Que malinterpretamos a Trump, que no dijo lo que dijo sobre los mexicanos… La estulticia es descomunal y sabemos todos quiénes el que no habla y, por lo visto, tampoco entiende inglés.
Por si fuera poco, más o menos a un mes del regreso a clases, se informa a los padres de familia que pueden participar en los foros de consulta sobre el “Modelo educativo 2016”; en septiembre, cuando las clases ya empezaron, cuando los planes y programas de estudio están definidos; cuando se supone (oh sorpresa) que la convocatoria a tales foros fue en 2014. De pronto recordé aquellas mesas de consulta ciudadana que instaló el exgobernador Emilio González Márquez (qué desagradable traerlo a la memoria) a las que de plano renunciaron varios expertos en diferentes áreas porque en realidad ya todo estaba enjuagado o cocinado. Las mesas sólo fueron un parapeto para que se dijera que dizque ese gobierno sí atendía las ideas, propuestas y señalamientos de la sociedad civil. Ajá. Sucede ahora lo mismo. Es frecuente que los gobiernos así operen, después de todo “ellos saben cómo hacerlo”, “la gente votó por ellos” y los-mexicanos-somos-menores-de-edad… Claro.
Efectivamente, con una búsqueda simple, apareció en formato PDF el “Modelo Educativo 2016”, obvio, es la primera edición. Antes, clasificado como anuncio (es raro que alguien “entre” a tales anuncios), aparece un sitio del Gobierno de la República en donde se invita a quien le dé click a participar en los foros de consulta “que se llevarán a cabo de febrero a junio de 2014”. Anexo aquí la liga correspondiente para que, si puede, viaje en el tiempo y asista. Aquí dejó la liga para que constate las fechas de la convocatoria y los documentos del “Modelo educativo 2016” y de la “Propuesta curricular 2016”:  Modelo educativo 2016.
Este simple hecho, la falta de actualización del sitio, la invitación de hace unos días para emitir nuestra opinión en los foros de consulta, deja en evidencia que todo está hecho al aventón, como parapeto, para cubrir el expediente y asegurar que sí, que todo se hizo en tiempo y forma. El cinismo y la desfachatez también crecen.
Ahora bien, basta una revisión somera a los documentos que cito, para darnos cuenta de que no hay ninguna propuesta innovadora que en verdad nos conduzca a elevar el promedio educativo que como país tenemos, mucho menos si se obliga a los directivos escolares, tanto de plantes públicos como privados, a no reprobar a ningún niño o adolescente. Esto es real y el propósito es elevar, de manera ficticia claro está, tales promedios. Así que la falsedad y manipulación de datos también está in crescendo.
Deliberadamente quise profundizar un poco en el aspecto educativo, uno de los rezagos y problemas más sensibles, urgentes y complicados de nuestro México, pero lo cierto es que lo que crece en el país es preocupante y doloroso. No he hablado de las fallas en el sistema judicial que, por supuesto, inciden en un incremento en las injusticias; ni del pensamiento ese que cunde entre la clase política, relativo a “cortar una cabeza” (léase circo o Videgaray) para dizque contentar a las masas; o de la división popular que desde el poder se fomenta. In crescendo sí, toda esta realidad que no sólo cuenta y mucho, pesa y cada vez más.

Columna publicada en El Informador el sábado 10 de septiembre de 2016.


sábado, 9 de abril de 2016

México no es Islandia

Ciudad adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

A raíz de la cloaca que destapó el trabajo periodístico de dimensiones esperanzadoras y alentadoras conocido como los papeles de Panamá, hemos sido testigos en medios de comunicación y en redes sociales, de la diversidad de reacciones en todo el mundo, desde las posturas y actitudes de los directamente involucrados hasta el público en general.
A las mayorías nos ha provocado por lo menos asombro y no se diga indignación aun cuando ya sabemos cómo se las gastan las clases políticas de todos los países, algunos empresarios y gente de la farándula que no tienen empacho, pese a su altísimo poder económico, en brincarse las trancas recaudatorias de sus respectivos países con las manos en la cintura, los ojos cerrados y una sonrisa cínica casi permanente hasta que se dieron a conocer de manera global, los documentos en cuestión, relacionados particularmente con la participación de negocios fantasma y los paraísos fiscales.
¿Qué procede? Rendir cuentas, tomar cartas en el asunto, modificar leyes y reglamentos, poner orden en pocas palabras, porque esta práctica no es nueva, digo, la hemos visto hasta en películas con lujo de detalles, y el tráfico de influencias y los nexos entre los involucrados de seguro han implicado, por lo menos, que los más más poderosos en este mundo, estuvieran enterados ¿no se supone que los mandamases del mundo lo saben toooodo?

Imagen: BBC.
Algo tiene que pasar, a pesar de que la empresa afectada, por ejemplo, se escuda en que los documentos se obtuvieron vía filtración, que eso está fuera de la ley, que habrá demandas y que además Mossack Fonseca no es responsable del comportamiento de sus clientes, bla bla bla.
De parte de los “inversionistas” la mayor parte ha guardado silencio bajo el paraguas de que todo fue producto de una filtración, algunos incluso han negado cualquier participación; es fácil achacar a una noticia de estas dimensiones trasfondo político y, en consecuencia, descalificar, minimizar y desdeñar (aunque bueno, es algo que no se puede descartar del todo, me refiero al uso político-electoral de la información). Otros como el futbolista Messi amenazan con demandar (ya anunció un comunicado para el próximo lunes) y los menos, podríamos decir, el único en asumir la responsabilidad y con ello, dar por buena la información difundida por el equipo de periodistas que trabajó con once millones de documentos, es el primer ministro de Islandia que nunca dimitió, hay que decirlo, sino que se separó temporalmente del cargo. Me refiero a Sigmundur Daviᵭ Gunnlaugsson.
Hubo manifestaciones multitudinarias y en todo el mundo, literal, creímos que había dimitido, sin embargo, a los días se aclaró que no, algo así como que dijo su mamá que siempre no, que nomás por mientras. Digo, en contraste con Macri, Cameron, Putin y otros, algo es algo.
No obstante y hacia allá el foco de mi comentario, en redes sociales sobre todo se ha hecho un comparativo demoledor entre México e Islandia. Para empezar, son dos países diferentes, la cultura, la historia, las tradiciones, la madurez política, la educación, todo es distinto y creo que Islandia nos lleva delantera. Claro que con esto no intento evadir ninguna responsabilidad ni justificar nada, pero luego resulta que nos empezamos a reclamar entre nosotros mismos ¿y la autoridad? Bien gracias. Hay otras maneras de exigir, de manifestarse, aparte de las tradicionales que, en el caso de México, han bajado. No sé si lo han notado, pero son menos, incluso las de los maestros tan activos y contestatarios ¿será acaso que se resolvieron los problemas? Vía violación de garantías individuales y de derechos civiles, de desapariciones forzadas, amenazas, represión, cooptación, corrupción y otras “armas” del poder, nos hemos ido callando ¿o no?
No se puede ni debe comparar a México con Islandia y realmente con ningún país. La realidad que vivimos es en muchos sentidos de impotencia, injusticia, desigualdad, abusos, engaños, cinismo, corrupción, desfachatez. Nos tenemos que conformar con el anunció de que las autoridades hacendarias investigarán la información de los papales de Panamá y conformarnos también con la impunidad de los más poderosos y entre ellos, los más corruptos.
México no es Islandia, allá la educación es una herramienta para mejorar las condiciones de vida de sus habitantes, aquí no. Y un pueblo mal educado, como una estrategia del Estado, desde hace décadas y décadas y décadas, no reaccionará igual que la gente de países con otros niveles y calidades de educación.
Y si otra vez caímos en la tentación de criticarnos y juzgarnos a nosotros mismos por lo que se hace o no se hace, además cómodamente sentados frente a una computadora, pues para el Estado, para la clase política, para los corruptos, a todo dar.

Columna publicada en El Informador el sábado 9 de abril de 2016.



domingo, 3 de enero de 2016

Estamos solos

Ciudad adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

Los niveles de incertidumbre con respecto a asuntos públicos de diversa índole nos sitúan en general, en una situación de inseguridad e incluso de miedo. En materia económica, cuando los políticos y líderes empresariales empiezan a decir que 2016 será terrible pero para México no tanto, es como el preludio de una época, efectivamente, de terror; y ni qué decir en materia de libertad de expresión, seguridad, salud, educación, vivienda, abasto y derechos humanos. Digo, el primer dato es la paridad peso-dólar de los últimos días del año pasado.
Es tan obvio que claro que no soy la primera en decir que no sólo 2015 sino toda la administración de Peña Nieto ha estado marcada por la crisis y no me refiero únicamente a la económica que no hemos logrado superar desde hace décadas y se refleja en el incremento en diversos indicadores de pobreza, en la pérdida de poder adquisitivo, sino a la crisis política que desde el gobierno no se percibe… parece.
Para quienes están en los altos mandos en este país, en un signo clásico de autoritarismo y despotismo, la realidad de los mexicanos está muy lejos de su alcance y comprensión; y si acaso llegan a dudar, el desdén inmediato es la actitud. Dicho en otras palabras que un Presidente hizo famosas: “A otra cosa mariposa”. Los cubre una especie de barrera para que nada se convierta en preocupación.
No puedo decir lo contrario porque las decisiones serían otras, las políticas públicas estarían diseñadas exprofeso para resolver necesidades puntuales y urgentes de la población; y el contenido de los discursos y declaraciones sería distinto si la conexión entre gobernantes y gobernados fuera real y dinámica, participativa y efectiva.
No es así y tristemente lo comprobamos cada día que pasa, desde la reducción en los precios de las gasolinas que raya en lo ridículo hasta las declaraciones en el sentido que en mayo de este año que comienza estará resuelto el asunto de Ayotzinapa.
Están las perspectivas personales que para muchos pueden ser halagüeñas y esperanzadoras, sin embargo, el factor público o gobierno siempre está presente porque nos afecta en mayor o menor medida en cualquier cosa que emprendamos. Así que si la pretensión es olvidar y desdeñar como hacen ellos, los asuntos públicos, no podemos, para empezar, con el pago de impuestos y de ahí, la recolección de basura, la calidad de las calles, del alumbrado, la seguridad, los precios de gas y gasolina, de los alimentos básicos, la precariedad del empleo, las injusticias, la negligencia, la corrupción… todo nos afecta y repercute directamente en nuestra calidad de vida.
De ahí la insistencia, que en realidad pasa a convertirse en sueño guajiro, en que el gobierno funcione como debiera. Y no nos queda de otra a quienes tomamos esa decisión, pero no se puede juzgar a quienes optan por mantenerse al margen lo más posible.
Si como ciudadanos no nos involucramos, malo, y si sí, también, porque luego viene la criminalización, la represión y el desdén, los del gobierno hacen como si los activistas no existieran o estuvieran equivocados en sus demandas, siempre pensando, en lugar de resolver, en que algún día se cansarán y a ver quién aguanta más. ¿Por qué no simplemente resuelven? ¿Por qué no se concretan a cumplir con su trabajo? ¿Con respetar el mandato constitucional? La sentencia “…y si no, que la Nación me lo demande” ni a calor les llega. Ante este panorama las incertidumbres para los mexicanos se incrementan y eso no está bien. Nos toca enfrentar lo mejor posible con nuestras propias capacidades lo que sea que se avecine, lo que sea que esté por venir e independientemente de que el gobierno se lo atribuya a la inestabilidad mundial (nunca reconocerán sus malas decisiones).
En realidad estamos solos, no contamos con autoridad alguna para superar los obstáculos en camino que nos afectan como colectividad. Por eso, una vez más insisto en que nos necesitamos juntos y ese quizá sea el mayor reto y la más grande aspiración: impedir que nos dividan como sociedad, mantenernos unidos; y tener conciencia de que estamos solos quizá nos sea útil para lograrlo.


Columna publicada en El Informador el domingo 3 de enero de 2016.

sábado, 19 de diciembre de 2015

Modelo para armar

Ciudad adentro

LAURA CASTRO GOLARTE (lauracastro05@gmail.com)

De verdad que todavía me cuesta trabajo asimilar la cantidad de información, entrevistas, recomendaciones, anuncios, advertencias, cursos de capacitación y casi seminarios y diplomados que se ha estado difundiendo para “orientar” a la pobrecita gente que con el apagón analógico no sabe qué hacer y se está quedando sin televisión. Dios.
Y me imagino que esta avalancha “informativa” se debe a que diputados muy atentos y preocupados por el bienestar de los mexicanos, no lograron la prórroga que proponían inspirados en que la pobrecita gente no iba a saber cómo resolver lo del apagón y se iba a quedar sin tele.
Me duele el estómago y el alma ante una realidad así. Es cuestionable por donde se le vea y claro que me gustaría que hubiera “ilustrados” como los de antes, preocupados por educar a la gente y combatir el embrutecimiento (así, con esta palabra) al que había estado sometida la población de estas tierras antes de la independencia del dominio español, por obra y gracia del despotismo, del coloniaje.
Apenas en octubre pasado, a propósito de la pésima calidad educativa en México y de la insignificancia que para combatir eso representa la tan llevada y traída reforma educativa, escribí un artículo sobre La Estrella Polar, un periódico del siglo XIX que se publicó en Guadalajara, en donde los editores manifestaban desde el primer número sus intenciones de contribuir a la educación de la gente para que aprendiera a defender sus derechos.
Hoy regreso a este ejemplo y compartiré por lo menos otro, en donde queda en evidencia el interés de los escritores de entonces, por sacar de la ignorancia a las masas, sometidas a lo largo de siglos de dominación y manipulaciones de todo tipo. Y regreso, porque este asunto del apagón analógico me indigna sobremanera. No sólo la “información oficial” que se repite en medios de comunicación, particularmente los electrónicos claro, sino la abundancia y atiborramiento de entrevistas, notas y reportajes por iniciativa de los mismos medios con igual propósito.
No recuerdo, por ningún otro tema, una campaña tan persistente e insistente como esta. Quizá el asunto de la influenza en 2008 cuando se paralizó al país por una cuestión sobre la que se mantienen dudas y cierto sospechosismo todavía. Con todo, era un caso relacionado con la salud ¿pero el apagón analógico? ¿Qué se imaginarán los políticos y los directivos de las televisoras que puede pasar si la gente se queda sin tele? ¿Que piense? ¿Que despierte? ¿Que desarrolle un sentido crítico, profundo y participativo? ¿Qué se desamodorre de las décadas de embrutecimiento al que ha estado sujeta? Todo parece indicar que efectivamente estos son sus temores por el interés frenético en que la pobrecita gente no se quede sin tele.
Un dato, sólo uno de tantos que se han difundido últimamente: la SCT informó el jueves que para entregar los 9.7 millones de televisores a las personas de escasos recursos registradas en el padrón de la Sedesol (ah pero no hay fines políticos ni electorales en lo absoluto) han desarrollado una importante capacidad logística para entregar tres aparatos por segundo: “Durante nueve horas, un promedio de 80 mil televisores diarios, los siete días de la semana…”. Impresionante.
¿No será posible, acaso, desarrollar una importante capacidad logística para resolver otras necesidades, éstas sí reales y básicas, como una buena educación, servicios de salud eficientes y suficientes, alimentación, vivienda y oportunidades de empleo? Con una décima parte del nivel de preocupación porque la pobrecita gente no se quede sin tele, sería posible resolver gran cantidad de asuntos pendientes en nuestro país. El apagón analógico, específicamente lo relativo a que los mexicanos se quedarán sin tele, linda en lo espeluznante; definitivamente es una aberración y parece que muy pocos nos damos cuenta. Qué vergüenza.


El otro ejemplo es un fragmento del periódico La Fantasma que editó en Guadalajara a principios del XIX, Pedro Lissaute: “Es evidente que cuando los legisladores dan la libertad a un pueblo oprimido por el despotismo, se proponen con esto destruir a sus tiranos: el objeto de estos ha sido tener a los hombres sumidos en la ignorancia de sus derechos, para garantir (sic) con esta barbarie su execrable tiranía. Luego los Legisladores liberales tienen siempre que constituir hombres más o menos ignorantes, más o menos estúpidos: y si no ¿Cuál sería su mérito?”. Encaja, perfecto, como un modelo para armar.

Columna publicada en El Informador sábado 19 de diciembre de 2015.

  

Crónica sincrónica

México: un tiempo nuevo     Laura Castro Golarte     El aguacero estaba a punto. Amenazó todo el día y los charcos en las esqu...